Para Vicent (24) era especialmente importante que su cita de ‘First Dates’ cumpliera con dos requisitos: que fuese alguien religioso e intenso. Y es que este joven gay, católico y seguidor del movimiento Hakuna, un grupo originalmente vinculado al Opus Dei, no ha conseguido establecer hasta ahora una relación seria en una sociedad donde prima el «aquí te pillo, aquí te mato».Una dificultad que, en su caso, también tiene que ver con cómo entiende su propia fe. «No está muy bien visto ser joven y católico porque yo puedo salir de fiesta, hacer cochinadas y la gente me dice: ‘Qué poco católico’. Y realmente no es así. Tú puedes tener tus valores e ideas y a la vez disfrutar de la vida como locos», reivindicó.Al programa de citas de Mediaset acudió con la expectativa de encontrar por fin a su prototipo de hombre ideal, semejante a él mismo. Le gustan los chicos que vistan algo pijos. «Que no es lo mismo que ‘cayetano’, que es muy de anciano», aclaró el opositor y monitor de comedor de Oliva (Valencia). También le atraen los hombres masculinos y religiosos. El problema, aseguró, es que a ese perfil tiende a costarle salir del armario y, «abiertamente, no es gay». Y él ya no está dispuesto a esperar años y años a que den el paso.Carlos Sobera no se anduvo con preámbulos cuando Marco (26), el acompañante de Vicent, entró en el restaurante. De sopetón le interrogó acerca de dos cuestiones de suma importancia para el valenciano. «¿Eres intenso? ¿Y religioso?». El auxiliar de enfermería, natural de Algeciras (Cádiz), respondió afirmativamente a ambas.Como bonus track, el recién llegado se fijaba en que involuntariamente se habían puesto de acuerdo para elegir atuendo, pues ambos lucían un modelito casi idéntico. «Parecíamos gemelos, literalmente», bromeaba Vicent, quien sin embargo se mostró encantado porque su cita, de primeras, le había entrado por los ojos. «La pareja perfecta», vaticinaba el propio Sobera mientras los conducía a la mesa.Marco no siente chispa y rechaza a Vicent La conversación fluía y ellos parecían entenderse a las mil maravillas. Hasta que salía la carta de la política. A ninguno le apetecía meterse en ese terreno tan pantanoso, pero Vicent era el primero en mojarse a su manera. «El Gobierno actual no me está gustando. Por ejemplo», manifestaba a modo de titular sin ahondar demasiado. «También te digo que creo que ningún gobierno nos va a gustar», añadía Marco.Vicent y Marco en el reservado de ‘First Dates’ (MEDIASET)Por ese comentario, Vicent deducía que «creo que puede ser del PSOE», y con el tono con el que planteó esa posibilidad en los totales no le hacía demasiada gracia. El gaditano intentó que pasaran al siguiente tema. Su cita, no obstante, lo instó a que profundizara un poco más y él zanjaba el tema asegurando que «en parte, no estoy de acuerdo en muchas cosas del actual presidente». Eso sí, Vicent no llegó a saber que en realidad estaba muy equivocado con la ideología de su cita. «Soy del PP. Si tengo que decirlo, no me importa», confesó en privado el auxiliar de enfermería.Una diferencia de dos años no es nada en una pareja, pero depende del recorrido de cada uno y la experiencia previa. Y al seguir charlando, Marco se dio cuenta de que iban por el mismo camino, solo que a distintas velocidades. De hecho, reconoció que su cita era su prototipo e incluso se veía reflejado en él… pero le faltaba madurez y solvencia. Algo no le había terminado de encajar para darle el sí en la decisión final: no sintió un ‘match’ más allá de la amistad. Para Vicent (24) era especialmente importante que su cita de ‘First Dates’ cumpliera con dos requisitos: que fuese alguien religioso e intenso. Y es que este joven gay, católico y seguidor del movimiento Hakuna, un grupo originalmente vinculado al Opus Dei, no ha conseguido establecer hasta ahora una relación seria en una sociedad donde prima el «aquí te pillo, aquí te mato».Una dificultad que, en su caso, también tiene que ver con cómo entiende su propia fe. «No está muy bien visto ser joven y católico porque yo puedo salir de fiesta, hacer cochinadas y la gente me dice: ‘Qué poco católico’. Y realmente no es así. Tú puedes tener tus valores e ideas y a la vez disfrutar de la vida como locos», reivindicó.Al programa de citas de Mediaset acudió con la expectativa de encontrar por fin a su prototipo de hombre ideal, semejante a él mismo. Le gustan los chicos que vistan algo pijos. «Que no es lo mismo que ‘cayetano’, que es muy de anciano», aclaró el opositor y monitor de comedor de Oliva (Valencia). También le atraen los hombres masculinos y religiosos. El problema, aseguró, es que a ese perfil tiende a costarle salir del armario y, «abiertamente, no es gay». Y él ya no está dispuesto a esperar años y años a que den el paso.Carlos Sobera no se anduvo con preámbulos cuando Marco (26), el acompañante de Vicent, entró en el restaurante. De sopetón le interrogó acerca de dos cuestiones de suma importancia para el valenciano. «¿Eres intenso? ¿Y religioso?». El auxiliar de enfermería, natural de Algeciras (Cádiz), respondió afirmativamente a ambas.Como bonus track, el recién llegado se fijaba en que involuntariamente se habían puesto de acuerdo para elegir atuendo, pues ambos lucían un modelito casi idéntico. «Parecíamos gemelos, literalmente», bromeaba Vicent, quien sin embargo se mostró encantado porque su cita, de primeras, le había entrado por los ojos. «La pareja perfecta», vaticinaba el propio Sobera mientras los conducía a la mesa.Marco no siente chispa y rechaza a Vicent La conversación fluía y ellos parecían entenderse a las mil maravillas. Hasta que salía la carta de la política. A ninguno le apetecía meterse en ese terreno tan pantanoso, pero Vicent era el primero en mojarse a su manera. «El Gobierno actual no me está gustando. Por ejemplo», manifestaba a modo de titular sin ahondar demasiado. «También te digo que creo que ningún gobierno nos va a gustar», añadía Marco.Vicent y Marco en el reservado de ‘First Dates’ (MEDIASET)Por ese comentario, Vicent deducía que «creo que puede ser del PSOE», y con el tono con el que planteó esa posibilidad en los totales no le hacía demasiada gracia. El gaditano intentó que pasaran al siguiente tema. Su cita, no obstante, lo instó a que profundizara un poco más y él zanjaba el tema asegurando que «en parte, no estoy de acuerdo en muchas cosas del actual presidente». Eso sí, Vicent no llegó a saber que en realidad estaba muy equivocado con la ideología de su cita. «Soy del PP. Si tengo que decirlo, no me importa», confesó en privado el auxiliar de enfermería.Una diferencia de dos años no es nada en una pareja, pero depende del recorrido de cada uno y la experiencia previa. Y al seguir charlando, Marco se dio cuenta de que iban por el mismo camino, solo que a distintas velocidades. De hecho, reconoció que su cita era su prototipo e incluso se veía reflejado en él… pero le faltaba madurez y solvencia. Algo no le había terminado de encajar para darle el sí en la decisión final: no sintió un ‘match’ más allá de la amistad.
Para Vicent (24) era especialmente importante que su cita de ‘First Dates’ cumpliera con dos requisitos: que fuese alguien religioso e intenso. Y es que este joven gay, católico y seguidor del movimiento Hakuna, un grupo originalmente vinculado al Opus Dei, no ha conseguido establecer … hasta ahora una relación seria en una sociedad donde prima el «aquí te pillo, aquí te mato».
Una dificultad que, en su caso, también tiene que ver con cómo entiende su propia fe. «No está muy bien visto ser joven y católico porque yo puedo salir de fiesta, hacer cochinadas y la gente me dice: ‘Qué poco católico’. Y realmente no es así. Tú puedes tener tus valores e ideas y a la vez disfrutar de la vida como locos», reivindicó.
Al programa de citas de Mediaset acudió con la expectativa de encontrar por fin a su prototipo de hombre ideal, semejante a él mismo. Le gustan los chicos que vistan algo pijos. «Que no es lo mismo que ‘cayetano’, que es muy de anciano», aclaró el opositor y monitor de comedor de Oliva (Valencia). También le atraen los hombres masculinos y religiosos. El problema, aseguró, es que a ese perfil tiende a costarle salir del armario y, «abiertamente, no es gay». Y él ya no está dispuesto a esperar años y años a que den el paso.
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Carlos Sobera no se anduvo con preámbulos cuando Marco (26), el acompañante de Vicent, entró en el restaurante. De sopetón le interrogó acerca de dos cuestiones de suma importancia para el valenciano. «¿Eres intenso? ¿Y religioso?». El auxiliar de enfermería, natural de Algeciras (Cádiz), respondió afirmativamente a ambas.
Como bonus track, el recién llegado se fijaba en que involuntariamente se habían puesto de acuerdo para elegir atuendo, pues ambos lucían un modelito casi idéntico. «Parecíamos gemelos, literalmente», bromeaba Vicent, quien sin embargo se mostró encantado porque su cita, de primeras, le había entrado por los ojos. «La pareja perfecta», vaticinaba el propio Sobera mientras los conducía a la mesa.
Marco no siente chispa y rechaza a Vicent
La conversación fluía y ellos parecían entenderse a las mil maravillas. Hasta que salía la carta de la política. A ninguno le apetecía meterse en ese terreno tan pantanoso, pero Vicent era el primero en mojarse a su manera. «El Gobierno actual no me está gustando. Por ejemplo», manifestaba a modo de titular sin ahondar demasiado. «También te digo que creo que ningún gobierno nos va a gustar», añadía Marco.

((MEDIASET))
Por ese comentario, Vicent deducía que «creo que puede ser del PSOE», y con el tono con el que planteó esa posibilidad en los totales no le hacía demasiada gracia. El gaditano intentó que pasaran al siguiente tema. Su cita, no obstante, lo instó a que profundizara un poco más y él zanjaba el tema asegurando que «en parte, no estoy de acuerdo en muchas cosas del actual presidente». Eso sí, Vicent no llegó a saber que en realidad estaba muy equivocado con la ideología de su cita. «Soy del PP. Si tengo que decirlo, no me importa», confesó en privado el auxiliar de enfermería.
Una diferencia de dos años no es nada en una pareja, pero depende del recorrido de cada uno y la experiencia previa. Y al seguir charlando, Marco se dio cuenta de que iban por el mismo camino, solo que a distintas velocidades. De hecho, reconoció que su cita era su prototipo e incluso se veía reflejado en él… pero le faltaba madurez y solvencia. Algo no le había terminado de encajar para darle el sí en la decisión final: no sintió un ‘match’ más allá de la amistad.
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