El Festival de Aix-en-Provence se pregunta sobre la razón de ser del hombre, sobre los mecanismos que nos hacen humanos. ‘La flauta mágica’, ‘La mujer sin sombra’ de Richard Strauss, el ‘Requiem’ de Mozart y muchas otras obras y espectáculos materializan el argumento en una de las programaciones más intensas y sensatas del actual orbe musical. Hay otros matices a tener en cuenta, aunque respondan a hechos accidentales. El programa de 2026 es el último confeccionado por el director Pierre Audi, fallecido repentinamente hace un año. Lo asume ahora Ted Huffman, director de Aix desde enero. De manera que el fluir musical a través de experiencias iniciáticas, de los misterios de la vida, del amor y de la muerte ha terminado por convertirse en el testamento de un creador lúcido y penetrante, imaginativo e inconformista: el responsable de la última conversión del festival en algo que va más allá de la mera exhibición en la que incurren tantos otros eventos. A partir de aquí, el propósito de ‘cambiar la noción de la ópera’, que se ha propuesto Huffman, señala el futuro del evento.Pese al perfil rupturista que pueda transmitir esta declaración, se trata de añadir un nuevo peldaño a una larga historia construida sobre convicciones todavía vigentes. Mozart es un compositor esencial en Aix y ‘La flauta mágica’ una obra indiscutible. En 1958 se presentó, por primera vez, explicada como cuento de hadas, con puesta en escena diseñada por Jean-Denis Malclès y dirección musical de Hans Rosbaud, por entonces principal director del festival. Cincuenta y seis años después, Simon McBurney presentó la última escenificación de la ópera de Mozart , profundizando en su naturaleza mágica y en el perfil prestidigitador de la narración. El éxito de la propuesta se ratificó en el Palau de les Arts de Valencia, donde se repuso hace dos años.Son ahora el director teatral Clément Cogitore y el musical Leonardo García-Alarcón los encargados de dar forma a la obra. Su relación artística se formalizó en 2019 cuando representaron ‘Les Indes galantes’ de Rameau en la Ópera Bastilla, logrando el reconocimiento general. Tras el actual estreno en Aix, quizá tengan que replantearse las bases de su trabajo, sobre todo si se fijan en el desarrollo de los saludos al finalizar la representación del jueves, definidos por un discreto aplauso a la dirección musical de García Alarcón y un abucheo a la escénica de Cogitore. Tres horas de morosa representación habían agotado a un público que, sobrepasada la media noche, veía cómo ‘La flauta mágica’ seguía sin cegar las vías de agua que la propia producción había abierto.Festival d’Aix-en-Provence 2026 Jean-Louis FernandezLo más evidente es la limitada teatralidad del proyecto. En el foso, la Capella Mediterranea de García Alarcón propone una versión sofisticada en su afán por encontrar sonoridades novedosas y una articulación diferencial. La originalidad de la lectura, con todo el atractivo que se le quiera añadir a la posibilidad de reconocer nuevas vías, incurre en algo esencial: la floja consistencia de su narrativa, con un foso convertido en sombra de un escenario fatigoso. La calidad de la Capella Mediterranea es estimable; menos redonda es la conformación del Coro de Cámara de Namur, del que también es director artístico el propio García Alarcón. Ante una obra que confiere a la música la responsabilidad de revelar mensajes superiores —precisamente el propósito fundamental de esta producción—, todos sufrieron las consecuencias de una orquesta ensimismada en un pensamiento mate, si bien, en la segunda parte, con los cantantes más templados, todo tuvo una sensación de mayor profundidad. Por hacer un retrato del conjunto, el tenor suizo Mauro Peter dibujó, tras alguna fatiga, a un Tamino limpio y abierto, sereno y suficiente. La soprano china Ying Fang destacó sobre el resto con un Pamina entregada a inflexiones más hechas en el contexto de una vocalidad clara, afín a la sencillez de una línea emitida sin artificio. Fue muy aplaudida —como es de rigor en el festival francés— la compatriota Sabine Devieilhe, quien con su voz ligerísima cantó el papel de Reina de la Noche con corrección, aunque colocando la coloratura sin la furia que demanda el papel, de manera especial en su segunda aria ‘Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen’, cuya endiablada escritura cruzó el templado aire del Théâtre de l’Archevêché con la placidez de un ala delta.«Cogitore quiere, desde el enfoque visual, convertir ‘La flauta mágica’ en la definición de una superación colectiva que surge del caos»Rozó lo noble el bajo británico Brindley Sherratt en su interpretación de Sarastro, especialmente a la hora de afrontar ‘In diesen heil’gen Hallen’, cuya dulzura y benevolencia jugó a su favor. Y se lució el barítono estadounidense Sean Michael Plumb al presentar a Papageno como un ser hecho y redondo, con una madurez más propia del príncipe Tamino que de su alocada condición pajarera. Resulta revelador que el dúo con Papagena, un momento en que por poco se alcanza lo entrañable, se presentara con una corrección patricia, apoyada por la muy correcta soprano canadiense Emma Fekete. Pero es que la primera hazaña de la producción de Clément Cogitore, videoartista que maneja imagen desde muy distintas perspectivas creadoras, es la de desdibujar el carácter de los personajes tras someterlos a un desarrollo teatralmente muy impreciso. La laxitud de los movimientos y la vaguedad de muchas evoluciones colocan a esta ‘La flauta mágica’ en una posición de hilvanado a la espera de un cosido final.Una aspiración de persistenciaHay otras razones. La loable decisión de romper con lo normativo añade dificultades no resueltas. Podría ser la presencia de la mezzosoprano gabonesa Adriana Bignagni Lesca si la voz fuera acorde con las necesidades del papel y apoyara la fusión del trío de damas. O el hecho de convertir al negro Monostatos en la caricatura de un guardia de seguridad blanco, a pesar de que el tenor Rodolphe Briand se entrega a la causa con decisión. Cogitore quiere, desde el enfoque visual, convertir ‘La flauta mágica’ en la definición de una superación colectiva que surge del caos. Las imágenes de guerra se suceden desde el mismo arranque, en el que se ve el Archevêché en ruinas, Berlín y otros lugares convertidos en escombros y espacio de supervivencia para cientos de niños. Ellos son verdaderos protagonistas y, por eso, cada uno de los niños —llámense Tamino y Pamina— tiene al doble que le acompaña y canta, antes de ser adolescentes y terminar por alcanzar la madurez y la dignidad. En ‘La flauta mágica’ hay una indiscutible aspiración a estadios superiores de la existencia, a encontrar la luz de la razón según iluminó el siglo XVIII. Pero todo ello se diluye en la ejecución de Cogitore porque falla, de entrada, el primer estadio que es el de la simple contemplación de un objeto admirable, bien acabado y convincente.Festival d’Aix-en-Provence 2026 Jean-Louis FernandezEn la ejecución tienen mal encaje las réplicas dialogadas entre las voces infantiles y las adultas, planteadas con un ritmo entrecortado, del mismo modo que acaba por convertirse en un forzado juego de máscaras la presencia de los dobles personajes. Se resuelven con torpeza —y supuesto sentido del humor, casi en resonancia del teléfono rojo de Kubrick — las conversaciones telefónicas de Sarastro y sus sacerdotes decidiendo si someter a Tamino y Papageno a sus prácticas, o la ascendencia americana de Sarastro en su papel salvador tras la segunda Gran Guerra. Y se muestran sin especial novedad escenográfica las pruebas que Tamino debe superar, muy a pesar de que, en todo momento, se busque el encuentro entre la realidad de lo físico y la proyección de lo imaginado. ‘La flauta mágica’ de García Alarcón/Cogitore tiene más importancia el parecer que el ser, lo que deja a la obra reducida a un experimento de poca entidad. Podría parecer lo contrario, pero este hecho añade valor al programa general que Audi pensó para esta edición, ahora ejecutado por Huffman, pues demuestra la importancia del riesgo en el contexto artístico: un lugar en el que tiene sentido trabajar para que las ideas alimenten la maquinaria que, luego, los hechos tratan de darle sentido. El canal Arte tiene previsto emitir ‘La flauta mágica’ desde Aix-en-Provence el próximo sábado 11 de julio. El Festival de Aix-en-Provence se pregunta sobre la razón de ser del hombre, sobre los mecanismos que nos hacen humanos. ‘La flauta mágica’, ‘La mujer sin sombra’ de Richard Strauss, el ‘Requiem’ de Mozart y muchas otras obras y espectáculos materializan el argumento en una de las programaciones más intensas y sensatas del actual orbe musical. Hay otros matices a tener en cuenta, aunque respondan a hechos accidentales. El programa de 2026 es el último confeccionado por el director Pierre Audi, fallecido repentinamente hace un año. Lo asume ahora Ted Huffman, director de Aix desde enero. De manera que el fluir musical a través de experiencias iniciáticas, de los misterios de la vida, del amor y de la muerte ha terminado por convertirse en el testamento de un creador lúcido y penetrante, imaginativo e inconformista: el responsable de la última conversión del festival en algo que va más allá de la mera exhibición en la que incurren tantos otros eventos. A partir de aquí, el propósito de ‘cambiar la noción de la ópera’, que se ha propuesto Huffman, señala el futuro del evento.Pese al perfil rupturista que pueda transmitir esta declaración, se trata de añadir un nuevo peldaño a una larga historia construida sobre convicciones todavía vigentes. Mozart es un compositor esencial en Aix y ‘La flauta mágica’ una obra indiscutible. En 1958 se presentó, por primera vez, explicada como cuento de hadas, con puesta en escena diseñada por Jean-Denis Malclès y dirección musical de Hans Rosbaud, por entonces principal director del festival. Cincuenta y seis años después, Simon McBurney presentó la última escenificación de la ópera de Mozart , profundizando en su naturaleza mágica y en el perfil prestidigitador de la narración. El éxito de la propuesta se ratificó en el Palau de les Arts de Valencia, donde se repuso hace dos años.Son ahora el director teatral Clément Cogitore y el musical Leonardo García-Alarcón los encargados de dar forma a la obra. Su relación artística se formalizó en 2019 cuando representaron ‘Les Indes galantes’ de Rameau en la Ópera Bastilla, logrando el reconocimiento general. Tras el actual estreno en Aix, quizá tengan que replantearse las bases de su trabajo, sobre todo si se fijan en el desarrollo de los saludos al finalizar la representación del jueves, definidos por un discreto aplauso a la dirección musical de García Alarcón y un abucheo a la escénica de Cogitore. Tres horas de morosa representación habían agotado a un público que, sobrepasada la media noche, veía cómo ‘La flauta mágica’ seguía sin cegar las vías de agua que la propia producción había abierto.Festival d’Aix-en-Provence 2026 Jean-Louis FernandezLo más evidente es la limitada teatralidad del proyecto. En el foso, la Capella Mediterranea de García Alarcón propone una versión sofisticada en su afán por encontrar sonoridades novedosas y una articulación diferencial. La originalidad de la lectura, con todo el atractivo que se le quiera añadir a la posibilidad de reconocer nuevas vías, incurre en algo esencial: la floja consistencia de su narrativa, con un foso convertido en sombra de un escenario fatigoso. La calidad de la Capella Mediterranea es estimable; menos redonda es la conformación del Coro de Cámara de Namur, del que también es director artístico el propio García Alarcón. Ante una obra que confiere a la música la responsabilidad de revelar mensajes superiores —precisamente el propósito fundamental de esta producción—, todos sufrieron las consecuencias de una orquesta ensimismada en un pensamiento mate, si bien, en la segunda parte, con los cantantes más templados, todo tuvo una sensación de mayor profundidad. Por hacer un retrato del conjunto, el tenor suizo Mauro Peter dibujó, tras alguna fatiga, a un Tamino limpio y abierto, sereno y suficiente. La soprano china Ying Fang destacó sobre el resto con un Pamina entregada a inflexiones más hechas en el contexto de una vocalidad clara, afín a la sencillez de una línea emitida sin artificio. Fue muy aplaudida —como es de rigor en el festival francés— la compatriota Sabine Devieilhe, quien con su voz ligerísima cantó el papel de Reina de la Noche con corrección, aunque colocando la coloratura sin la furia que demanda el papel, de manera especial en su segunda aria ‘Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen’, cuya endiablada escritura cruzó el templado aire del Théâtre de l’Archevêché con la placidez de un ala delta.«Cogitore quiere, desde el enfoque visual, convertir ‘La flauta mágica’ en la definición de una superación colectiva que surge del caos»Rozó lo noble el bajo británico Brindley Sherratt en su interpretación de Sarastro, especialmente a la hora de afrontar ‘In diesen heil’gen Hallen’, cuya dulzura y benevolencia jugó a su favor. Y se lució el barítono estadounidense Sean Michael Plumb al presentar a Papageno como un ser hecho y redondo, con una madurez más propia del príncipe Tamino que de su alocada condición pajarera. Resulta revelador que el dúo con Papagena, un momento en que por poco se alcanza lo entrañable, se presentara con una corrección patricia, apoyada por la muy correcta soprano canadiense Emma Fekete. Pero es que la primera hazaña de la producción de Clément Cogitore, videoartista que maneja imagen desde muy distintas perspectivas creadoras, es la de desdibujar el carácter de los personajes tras someterlos a un desarrollo teatralmente muy impreciso. La laxitud de los movimientos y la vaguedad de muchas evoluciones colocan a esta ‘La flauta mágica’ en una posición de hilvanado a la espera de un cosido final.Una aspiración de persistenciaHay otras razones. La loable decisión de romper con lo normativo añade dificultades no resueltas. Podría ser la presencia de la mezzosoprano gabonesa Adriana Bignagni Lesca si la voz fuera acorde con las necesidades del papel y apoyara la fusión del trío de damas. O el hecho de convertir al negro Monostatos en la caricatura de un guardia de seguridad blanco, a pesar de que el tenor Rodolphe Briand se entrega a la causa con decisión. Cogitore quiere, desde el enfoque visual, convertir ‘La flauta mágica’ en la definición de una superación colectiva que surge del caos. Las imágenes de guerra se suceden desde el mismo arranque, en el que se ve el Archevêché en ruinas, Berlín y otros lugares convertidos en escombros y espacio de supervivencia para cientos de niños. Ellos son verdaderos protagonistas y, por eso, cada uno de los niños —llámense Tamino y Pamina— tiene al doble que le acompaña y canta, antes de ser adolescentes y terminar por alcanzar la madurez y la dignidad. En ‘La flauta mágica’ hay una indiscutible aspiración a estadios superiores de la existencia, a encontrar la luz de la razón según iluminó el siglo XVIII. Pero todo ello se diluye en la ejecución de Cogitore porque falla, de entrada, el primer estadio que es el de la simple contemplación de un objeto admirable, bien acabado y convincente.Festival d’Aix-en-Provence 2026 Jean-Louis FernandezEn la ejecución tienen mal encaje las réplicas dialogadas entre las voces infantiles y las adultas, planteadas con un ritmo entrecortado, del mismo modo que acaba por convertirse en un forzado juego de máscaras la presencia de los dobles personajes. Se resuelven con torpeza —y supuesto sentido del humor, casi en resonancia del teléfono rojo de Kubrick — las conversaciones telefónicas de Sarastro y sus sacerdotes decidiendo si someter a Tamino y Papageno a sus prácticas, o la ascendencia americana de Sarastro en su papel salvador tras la segunda Gran Guerra. Y se muestran sin especial novedad escenográfica las pruebas que Tamino debe superar, muy a pesar de que, en todo momento, se busque el encuentro entre la realidad de lo físico y la proyección de lo imaginado. ‘La flauta mágica’ de García Alarcón/Cogitore tiene más importancia el parecer que el ser, lo que deja a la obra reducida a un experimento de poca entidad. Podría parecer lo contrario, pero este hecho añade valor al programa general que Audi pensó para esta edición, ahora ejecutado por Huffman, pues demuestra la importancia del riesgo en el contexto artístico: un lugar en el que tiene sentido trabajar para que las ideas alimenten la maquinaria que, luego, los hechos tratan de darle sentido. El canal Arte tiene previsto emitir ‘La flauta mágica’ desde Aix-en-Provence el próximo sábado 11 de julio.
El Festival de Aix-en-Provence se pregunta sobre la razón de ser del hombre, sobre los mecanismos que nos hacen humanos. ‘La flauta mágica’, ‘La mujer sin sombra’ de Richard Strauss, el ‘Requiem’ de Mozart y muchas otras obras y espectáculos materializan el … argumento en una de las programaciones más intensas y sensatas del actual orbe musical. Hay otros matices a tener en cuenta, aunque respondan a hechos accidentales. El programa de 2026 es el último confeccionado por el director Pierre Audi, fallecido repentinamente hace un año. Lo asume ahora Ted Huffman, director de Aix desde enero. De manera que el fluir musical a través de experiencias iniciáticas, de los misterios de la vida, del amor y de la muerte ha terminado por convertirse en el testamento de un creador lúcido y penetrante, imaginativo e inconformista: el responsable de la última conversión del festival en algo que va más allá de la mera exhibición en la que incurren tantos otros eventos. A partir de aquí, el propósito de ‘cambiar la noción de la ópera’, que se ha propuesto Huffman, señala el futuro del evento.
Pese al perfil rupturista que pueda transmitir esta declaración, se trata de añadir un nuevo peldaño a una larga historia construida sobre convicciones todavía vigentes. Mozart es un compositor esencial en Aix y ‘La flauta mágica’ una obra indiscutible. En 1958 se presentó, por primera vez, explicada como cuento de hadas, con puesta en escena diseñada por Jean-Denis Malclès y dirección musical de Hans Rosbaud, por entonces principal director del festival. Cincuenta y seis años después, Simon McBurney presentó la última escenificación de la ópera de Mozart, profundizando en su naturaleza mágica y en el perfil prestidigitador de la narración. El éxito de la propuesta se ratificó en el Palau de les Arts de Valencia, donde se repuso hace dos años.
Son ahora el director teatral Clément Cogitore y el musical Leonardo García-Alarcón los encargados de dar forma a la obra. Su relación artística se formalizó en 2019 cuando representaron ‘Les Indes galantes’ de Rameau en la Ópera Bastilla, logrando el reconocimiento general. Tras el actual estreno en Aix, quizá tengan que replantearse las bases de su trabajo, sobre todo si se fijan en el desarrollo de los saludos al finalizar la representación del jueves, definidos por un discreto aplauso a la dirección musical de García Alarcón y un abucheo a la escénica de Cogitore. Tres horas de morosa representación habían agotado a un público que, sobrepasada la media noche, veía cómo ‘La flauta mágica’ seguía sin cegar las vías de agua que la propia producción había abierto.

(Jean-Louis Fernandez)
Lo más evidente es la limitada teatralidad del proyecto. En el foso, la Capella Mediterranea de García Alarcón propone una versión sofisticada en su afán por encontrar sonoridades novedosas y una articulación diferencial. La originalidad de la lectura, con todo el atractivo que se le quiera añadir a la posibilidad de reconocer nuevas vías, incurre en algo esencial: la floja consistencia de su narrativa, con un foso convertido en sombra de un escenario fatigoso. La calidad de la Capella Mediterranea es estimable; menos redonda es la conformación del Coro de Cámara de Namur, del que también es director artístico el propio García Alarcón. Ante una obra que confiere a la música la responsabilidad de revelar mensajes superiores —precisamente el propósito fundamental de esta producción—, todos sufrieron las consecuencias de una orquesta ensimismada en un pensamiento mate, si bien, en la segunda parte, con los cantantes más templados, todo tuvo una sensación de mayor profundidad.
Por hacer un retrato del conjunto, el tenor suizo Mauro Peter dibujó, tras alguna fatiga, a un Tamino limpio y abierto, sereno y suficiente. La soprano china Ying Fang destacó sobre el resto con un Pamina entregada a inflexiones más hechas en el contexto de una vocalidad clara, afín a la sencillez de una línea emitida sin artificio. Fue muy aplaudida —como es de rigor en el festival francés— la compatriota Sabine Devieilhe, quien con su voz ligerísima cantó el papel de Reina de la Noche con corrección, aunque colocando la coloratura sin la furia que demanda el papel, de manera especial en su segunda aria ‘Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen’, cuya endiablada escritura cruzó el templado aire del Théâtre de l’Archevêché con la placidez de un ala delta.
«Cogitore quiere, desde el enfoque visual, convertir ‘La flauta mágica’ en la definición de una superación colectiva que surge del caos»
Rozó lo noble el bajo británico Brindley Sherratt en su interpretación de Sarastro, especialmente a la hora de afrontar ‘In diesen heil’gen Hallen’, cuya dulzura y benevolencia jugó a su favor. Y se lució el barítono estadounidense Sean Michael Plumb al presentar a Papageno como un ser hecho y redondo, con una madurez más propia del príncipe Tamino que de su alocada condición pajarera. Resulta revelador que el dúo con Papagena, un momento en que por poco se alcanza lo entrañable, se presentara con una corrección patricia, apoyada por la muy correcta soprano canadiense Emma Fekete. Pero es que la primera hazaña de la producción de Clément Cogitore, videoartista que maneja imagen desde muy distintas perspectivas creadoras, es la de desdibujar el carácter de los personajes tras someterlos a un desarrollo teatralmente muy impreciso. La laxitud de los movimientos y la vaguedad de muchas evoluciones colocan a esta ‘La flauta mágica’ en una posición de hilvanado a la espera de un cosido final.
Una aspiración de persistencia
Hay otras razones. La loable decisión de romper con lo normativo añade dificultades no resueltas. Podría ser la presencia de la mezzosoprano gabonesa Adriana Bignagni Lesca si la voz fuera acorde con las necesidades del papel y apoyara la fusión del trío de damas. O el hecho de convertir al negro Monostatos en la caricatura de un guardia de seguridad blanco, a pesar de que el tenor Rodolphe Briand se entrega a la causa con decisión. Cogitore quiere, desde el enfoque visual, convertir ‘La flauta mágica’ en la definición de una superación colectiva que surge del caos. Las imágenes de guerra se suceden desde el mismo arranque, en el que se ve el Archevêché en ruinas, Berlín y otros lugares convertidos en escombros y espacio de supervivencia para cientos de niños. Ellos son verdaderos protagonistas y, por eso, cada uno de los niños —llámense Tamino y Pamina— tiene al doble que le acompaña y canta, antes de ser adolescentes y terminar por alcanzar la madurez y la dignidad. En ‘La flauta mágica’ hay una indiscutible aspiración a estadios superiores de la existencia, a encontrar la luz de la razón según iluminó el siglo XVIII. Pero todo ello se diluye en la ejecución de Cogitore porque falla, de entrada, el primer estadio que es el de la simple contemplación de un objeto admirable, bien acabado y convincente.

(Jean-Louis Fernandez)
En la ejecución tienen mal encaje las réplicas dialogadas entre las voces infantiles y las adultas, planteadas con un ritmo entrecortado, del mismo modo que acaba por convertirse en un forzado juego de máscaras la presencia de los dobles personajes. Se resuelven con torpeza —y supuesto sentido del humor, casi en resonancia del teléfono rojo de Kubrick— las conversaciones telefónicas de Sarastro y sus sacerdotes decidiendo si someter a Tamino y Papageno a sus prácticas, o la ascendencia americana de Sarastro en su papel salvador tras la segunda Gran Guerra. Y se muestran sin especial novedad escenográfica las pruebas que Tamino debe superar, muy a pesar de que, en todo momento, se busque el encuentro entre la realidad de lo físico y la proyección de lo imaginado. ‘La flauta mágica’ de García Alarcón/Cogitore tiene más importancia el parecer que el ser, lo que deja a la obra reducida a un experimento de poca entidad. Podría parecer lo contrario, pero este hecho añade valor al programa general que Audi pensó para esta edición, ahora ejecutado por Huffman, pues demuestra la importancia del riesgo en el contexto artístico: un lugar en el que tiene sentido trabajar para que las ideas alimenten la maquinaria que, luego, los hechos tratan de darle sentido. El canal Arte tiene previsto emitir ‘La flauta mágica’ desde Aix-en-Provence el próximo sábado 11 de julio.
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