Dentro de la misma casa del poblado vascón donde se encontró la mano de Irulegi en Navarra, con el texto en lengua vascónica más antiguo, las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos de una vasija de almacenaje de cerámica con una nueva inscripción. En un pequeño fragmento, que se ha desenterrado partido en dos, alguien esgrafió con un punzón metálico hace más de 2.000 años tres signos paleohispánicos que, según se ha destacado en su presentación este jueves en Pamplona, podrían ser «el primer testimonio de un numeral vascónico» descubierto hasta la fecha. Su lectura como ‘a[ba]r’ indicaría la capacidad de este recipiente fabricado en el lugar y, «según nuestra interpretación, es el número 10 », señala Javier Velaza , catedrático de la Universidad de Barcelona que ha estudiado la pieza junto a Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, como ya hicieron ambos con la mano de Irulegi. A esta nueva investigación, que se publicará en el próximo número de la revista ‘Paleohispánica’, se ha sumado además Joan Ferrer , colega de Velaza en la UB, que lleva años identificando semejanzas entre los numerales ibéricos identificados en marcas de valor, indicaciones de capacidad y peso o documentos económicos (ban, bi o bin, irur, laur…) y los vascos (bat, bi, hiru, lau…). «La gracia que tiene esta inscripción es que nos da un elemento que es exactamente igual al ibérico, en unas cronologías similares y en un contexto propicio , porque se encuentra en un tipo de olla que se utiliza para almacenar», explica Ferrer. La mano de Irulegi. AranzadiEl texto ‘abar’ coincide con el que recientes estudios habían atribuido también el texto al numeral 10 en ibérico y para el que se había propuesto una correspondencia con el vasco actual ‘[h]amar’ (el cambio de la ‘b’ a la ‘m’ se explicaría porque en el signario ibérico no existe la ‘m’, explican). «Esa hipótesis de que los numerales ibéricos se parecieron a los vascos, que cuenta con una serie de estudiosos a favor y también algunos en contra, tenía una pata coja porque no se había descubierto ningún numeral vascónico antiguo », subraya Velaza. La nueva inscripción hallada en este yacimiento navarro vendría a reforzar esa conexión entre los sistemas numerales de ambas lenguas.Noticia relacionada No No Descubren una posible inscripción vascónica en una mina de Navarra Mónica ArrizabalagaEl fragmento de la boca del contenedor se partió justo en el trazo vertical del signo central [ba], seguramente porque al grabarlo se microfracturó el recipiente, como han constatado en otros esgrafiados. Pero, a pesar de que en la rotura se perdió un poco de la superficie cerámica, los expertos no dudan del texto inscrito. Además, encuentran paralelismos en el registro arqueológico que refuerzan su propuesta. Según relatan Velaza y Ferrer, existen otras inscripciones en vasijas similares del norte peninsular donde se grabó una X , el numeral correspondiente al 10 en el sistema metrológico romano. «Algunas son posteriores, aunque hay que recordar que Irulegi se destruyó en la guerra de Sertorio , cuando los contactos con los romanos eran totalmente habituales», apunta el catedrático de Filología. Detalle del fragmento AranzadiLos cálculos de la capacidad del recipiente, en función del fragmento del labio conservado, también parecen indicar que podría haber albergado 10 unidades de algún tipo de alimento de una unidad de capacidad vascónica que se desconoce, como los litros o kilos actuales. «Podría ser de miel, de cereales… esto sí que de momento es especulativo», admite el investigador.Un paso importanteEl hallazgo supone «un paso importante», a juicio de los expertos, para el conocimiento de las relaciones entre la lengua vascónica y la ibérica, y de ambas con el vasco histórico (a partir del siglo XVI) y el euskera actual. Para Ferrer, «estamos hablando de una probabilidad mucho más alta de que exista una relación de parentesco entre el vascónico y el ibérico » porque si bien el préstamo puntual de un elemento es frecuente, «los sistemas de numerales tienden a prestarse poco, suponen menos del 1% de los casos y solo se produce en circunstancias de dominio completo de una lengua sobre otra». Velaza, sin embargo, se muestra algo más cauto: «Aporta un dato más, una luz muy importante, pero no es la prueba definitiva. No excluiría que entre el ibérico y el vascónico se hubieran pasado el uno al otro el sistema numeral ya que hay casos de culturas que están en contacto y comercian con otras y acaban tomando prestado el sistema de pesos o medidas de capacidad. Aunque tampoco excluye que ambos sistemas fueran idénticos porque las dos lenguas fueran hermanas o primas o estuvieran emparentadas genéticamente».Si así fuera y aparecieran más textos vascónicos como la mano de Irulegi, Ferrer cree que quizá esta lengua pudiera actuar de «puente o eslabón perdido entre el euskera y la lengua ibérica y acelerar su desciframiento»Irulegi, con el castillo en primer plano y el poblado vascón al fondo. AranzadiEn el exterior de la misma vivienda de Irulegi, se descubrió una segunda inscripción en otro fragmento cerámico. Se corresponde con la base exterior de un recipiente de uso personal de importación, con una tipología campaniense de barniz negro o pintado procedente de Italia. En esta vasija se grabó en vascónico el texto ‘ basi » que los investigadores atribuyen a un diminutivo de un nombre, probablemente el del propietario de la cerámica y de la casa. «Aunque no lo tenemos documentado, porque tenemos muy pocos ejemplos de escritos vascónicos, ese ‘bas’ parece una raíz onomástica y en ese tipo de recipientes personales, muchas veces se inscribe un nombre de persona en todas las epigrafías, es universal», explica Velaza. Inscripción interpretada como ‘basi’. AranzadiDesde Aranzadi destacan que estos dos nuevos testimonios, junto a la mano de Irulegi, al ‘stylus’ (o estilete) encontrado en el mismo poblado y a los textos de las monedas, «vienen a ratificar la presencia de la escritura en la vida cotidiana del poblado de Irulegi». No son, sin embargo, los únicos restos materiales que se han encontrado en el poblado vascón desde que comenzaron las excavaciones en 2017, por iniciativa del Ayuntamiento del Valle de Aranguren con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra y lideradas por la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Bajo la dirección de Ayestaran, han salido a la luz tres viviendas de unos 75 metros cuadrados de superficie en las que se han recuperado armas, cerámicas, monedas, restos óseos de fauna o molinos. Algunas se exponen en la muestra ‘De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad’, promovida por los ayuntamientos de Pamplona y el Valle de Aranguren con la colaboración del Gobierno foral. Dentro de la misma casa del poblado vascón donde se encontró la mano de Irulegi en Navarra, con el texto en lengua vascónica más antiguo, las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos de una vasija de almacenaje de cerámica con una nueva inscripción. En un pequeño fragmento, que se ha desenterrado partido en dos, alguien esgrafió con un punzón metálico hace más de 2.000 años tres signos paleohispánicos que, según se ha destacado en su presentación este jueves en Pamplona, podrían ser «el primer testimonio de un numeral vascónico» descubierto hasta la fecha. Su lectura como ‘a[ba]r’ indicaría la capacidad de este recipiente fabricado en el lugar y, «según nuestra interpretación, es el número 10 », señala Javier Velaza , catedrático de la Universidad de Barcelona que ha estudiado la pieza junto a Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, como ya hicieron ambos con la mano de Irulegi. A esta nueva investigación, que se publicará en el próximo número de la revista ‘Paleohispánica’, se ha sumado además Joan Ferrer , colega de Velaza en la UB, que lleva años identificando semejanzas entre los numerales ibéricos identificados en marcas de valor, indicaciones de capacidad y peso o documentos económicos (ban, bi o bin, irur, laur…) y los vascos (bat, bi, hiru, lau…). «La gracia que tiene esta inscripción es que nos da un elemento que es exactamente igual al ibérico, en unas cronologías similares y en un contexto propicio , porque se encuentra en un tipo de olla que se utiliza para almacenar», explica Ferrer. La mano de Irulegi. AranzadiEl texto ‘abar’ coincide con el que recientes estudios habían atribuido también el texto al numeral 10 en ibérico y para el que se había propuesto una correspondencia con el vasco actual ‘[h]amar’ (el cambio de la ‘b’ a la ‘m’ se explicaría porque en el signario ibérico no existe la ‘m’, explican). «Esa hipótesis de que los numerales ibéricos se parecieron a los vascos, que cuenta con una serie de estudiosos a favor y también algunos en contra, tenía una pata coja porque no se había descubierto ningún numeral vascónico antiguo », subraya Velaza. La nueva inscripción hallada en este yacimiento navarro vendría a reforzar esa conexión entre los sistemas numerales de ambas lenguas.Noticia relacionada No No Descubren una posible inscripción vascónica en una mina de Navarra Mónica ArrizabalagaEl fragmento de la boca del contenedor se partió justo en el trazo vertical del signo central [ba], seguramente porque al grabarlo se microfracturó el recipiente, como han constatado en otros esgrafiados. Pero, a pesar de que en la rotura se perdió un poco de la superficie cerámica, los expertos no dudan del texto inscrito. Además, encuentran paralelismos en el registro arqueológico que refuerzan su propuesta. Según relatan Velaza y Ferrer, existen otras inscripciones en vasijas similares del norte peninsular donde se grabó una X , el numeral correspondiente al 10 en el sistema metrológico romano. «Algunas son posteriores, aunque hay que recordar que Irulegi se destruyó en la guerra de Sertorio , cuando los contactos con los romanos eran totalmente habituales», apunta el catedrático de Filología. Detalle del fragmento AranzadiLos cálculos de la capacidad del recipiente, en función del fragmento del labio conservado, también parecen indicar que podría haber albergado 10 unidades de algún tipo de alimento de una unidad de capacidad vascónica que se desconoce, como los litros o kilos actuales. «Podría ser de miel, de cereales… esto sí que de momento es especulativo», admite el investigador.Un paso importanteEl hallazgo supone «un paso importante», a juicio de los expertos, para el conocimiento de las relaciones entre la lengua vascónica y la ibérica, y de ambas con el vasco histórico (a partir del siglo XVI) y el euskera actual. Para Ferrer, «estamos hablando de una probabilidad mucho más alta de que exista una relación de parentesco entre el vascónico y el ibérico » porque si bien el préstamo puntual de un elemento es frecuente, «los sistemas de numerales tienden a prestarse poco, suponen menos del 1% de los casos y solo se produce en circunstancias de dominio completo de una lengua sobre otra». Velaza, sin embargo, se muestra algo más cauto: «Aporta un dato más, una luz muy importante, pero no es la prueba definitiva. No excluiría que entre el ibérico y el vascónico se hubieran pasado el uno al otro el sistema numeral ya que hay casos de culturas que están en contacto y comercian con otras y acaban tomando prestado el sistema de pesos o medidas de capacidad. Aunque tampoco excluye que ambos sistemas fueran idénticos porque las dos lenguas fueran hermanas o primas o estuvieran emparentadas genéticamente».Si así fuera y aparecieran más textos vascónicos como la mano de Irulegi, Ferrer cree que quizá esta lengua pudiera actuar de «puente o eslabón perdido entre el euskera y la lengua ibérica y acelerar su desciframiento»Irulegi, con el castillo en primer plano y el poblado vascón al fondo. AranzadiEn el exterior de la misma vivienda de Irulegi, se descubrió una segunda inscripción en otro fragmento cerámico. Se corresponde con la base exterior de un recipiente de uso personal de importación, con una tipología campaniense de barniz negro o pintado procedente de Italia. En esta vasija se grabó en vascónico el texto ‘ basi » que los investigadores atribuyen a un diminutivo de un nombre, probablemente el del propietario de la cerámica y de la casa. «Aunque no lo tenemos documentado, porque tenemos muy pocos ejemplos de escritos vascónicos, ese ‘bas’ parece una raíz onomástica y en ese tipo de recipientes personales, muchas veces se inscribe un nombre de persona en todas las epigrafías, es universal», explica Velaza. Inscripción interpretada como ‘basi’. AranzadiDesde Aranzadi destacan que estos dos nuevos testimonios, junto a la mano de Irulegi, al ‘stylus’ (o estilete) encontrado en el mismo poblado y a los textos de las monedas, «vienen a ratificar la presencia de la escritura en la vida cotidiana del poblado de Irulegi». No son, sin embargo, los únicos restos materiales que se han encontrado en el poblado vascón desde que comenzaron las excavaciones en 2017, por iniciativa del Ayuntamiento del Valle de Aranguren con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra y lideradas por la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Bajo la dirección de Ayestaran, han salido a la luz tres viviendas de unos 75 metros cuadrados de superficie en las que se han recuperado armas, cerámicas, monedas, restos óseos de fauna o molinos. Algunas se exponen en la muestra ‘De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad’, promovida por los ayuntamientos de Pamplona y el Valle de Aranguren con la colaboración del Gobierno foral.
Dentro de la misma casa del poblado vascón donde se encontró la mano de Irulegi en Navarra, con el texto en lengua vascónica más antiguo, las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos de una vasija de almacenaje de cerámica con una … nueva inscripción. En un pequeño fragmento, que se ha desenterrado partido en dos, alguien esgrafió con un punzón metálico hace más de 2.000 años tres signos paleohispánicos que, según se ha destacado en su presentación este jueves en Pamplona, podrían ser «el primer testimonio de un numeral vascónico» descubierto hasta la fecha.
Su lectura como ‘a[ba]r’ indicaría la capacidad de este recipiente fabricado en el lugar y «según nuestra interpretación, es el número 10», señala Javier Velaza, catedrático de la Universidad de Barcelona que ha estudiado la pieza junto a Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, como ya hicieron ambos con la mano de Irulegi. A esta nueva investigación, que se publicará en el próximo número de la revista Paleohispánica, se ha sumado además Joan Ferrer, colega de Velaza en la UB, que lleva años identificando semejanzas entre los numerales ibéricos identificados en marcas de valor, indicaciones de capacidad y peso o documentos económicos (ban, bi o bin, irur, laur…) y los vascos (bat, bi, hiru, lau…). «La gracia que tiene esta inscripción es que nos da un elemento que es exactamente igual al ibérico, en unas cronologías similares y en un contexto propicio, porque se encuentra en un tipo de olla que se utiliza para almacenar», explica Ferrer.

(Aranzadi)
El texto ‘abar’ coincide con el que recientes estudios habían atribuido también el texto al numeral 10 en ibérico y para el que se había propuesto una correspondencia con el vasco actual ‘[h]amar’ (el cambio de la ‘b’ a la ‘m’ se explicaría porque en el signario ibérico no existe la ‘m’, explican). «Esa hipótesis de que los numerales ibéricos se parecieron a los vascos, que cuenta con una serie de estudiosos a favor y también algunos en contra, tenía una pata coja porque no se había descubierto ningún numeral vascónico antiguo», subraya Velaza. La nueva inscripción hallada en este yacimiento navarro vendría a reforzar esa conexión entre los sistemas numerales de ambas lenguas.
El fragmento de la boca del contenedor se partió justo en el trazo vertical del signo central [ba], seguramente porque al grabarlo se microfracturó el recipiente, como han constatado en otros esgrafiados. Pero a pesar de que en la rotura se perdió un poco de la superficie cerámica, los expertos no dudan del texto inscrito. Además, encuentran paralelismos en el registro arqueológico que refuerzan su propuesta. Según relatan Velaza y Ferrer, existen otras inscripciones en vasijas similares del norte peninsular donde se grabó una X, el numeral correspondiente al 10 en el sistema metrológico romano. «Algunas son posteriores, aunque hay que recordar que Irulegi se destruyó en la guerra de Sertorio, cuando los contactos con los romanos eran totalmente habituales», apunta el catedrático de Filología.

(Aranzadi)
Los cálculos de la capacidad del recipiente, en función del fragmento del labio conservado, también parecen indicar que podría haber albergado 10 litros o kilos de algún alimento. «Podría ser de miel, de cereales… esto sí que de momento es especulativo», admite el investigador.
Un paso importante
El hallazgo supone «un paso importante», a juicio de los expertos, para el conocimiento de las relaciones entre la lengua vascónica y la ibérica, y de ambas con el vasco histórico (a partir del siglo XVI) y el euskera actual. Para Ferrer, «estamos hablando de una probabilidad mucho más alta de que exista una relación de parentesco entre el vascónico y el ibérico» porque si bien el préstamo puntual de un elemento es frecuente, «los sistemas de numerales tienden a prestarse poco, suponen menos del 1% de los casos y solo se produce en circunstancias de dominio completo de una lengua sobre otra».
Velaza, sin embargo, se muestra algo más cauto: «Aporta un dato más, una luz muy importante, pero no es la prueba definitiva. No excluiría que entre el ibérico y el vascónico se hubieran pasado el uno al otro el sistema numeral ya que hay casos de culturas que están en contacto y comercian con otras y acaban tomando prestado el sistema de pesos o medidas de capacidad. Aunque tampoco excluye que ambos sistemas fueran idénticos porque las dos lenguas fueran hermanas o primas o estuvieran emparentadas genéticamente».
Si así fuera y aparecieran más textos vascónicos como la mano de Irulegi, Ferrer cree que quizá esta lengua pudiera actuar de «puente o eslabón perdido entre el euskera y la lengua ibérica y acelerar su desciframiento»

(Aranzadi)
En el exterior de la misma vivienda de Irulegi, se descubrió una segunda inscripción en otro fragmento cerámico. Se corresponde con la base exterior de un recipiente de uso personal de importación, con una tipología campaniense de barniz negro o pintado procedente de Italia. En esta vasija se grabó en vascónico el texto ‘basi» que los investigadores atribuyen a un diminutivo de un nombre, probablemente el del propietario de la cerámica y de la casa. «Aunque no lo tenemos documentado, porque tenemos muy pocos ejemplos de escritos vascónicos, ese ‘bas’ parece una raíz onomástica y en ese tipo de recipientes personales, muchas veces se inscribe un nombre de persona en todas las epigrafías, es universal», explica Velaza.

(Aranzadi)
Desde Aranzadi destacan que estos dos nuevos testimonios, junto a la mano de Irulegi, al ‘stylus’ (o estilete) encontrado en el mismo poblado y a los textos de las monedas, «vienen a ratificar la presencia de la escritura en la vida cotidiana del poblado de Irulegi». No son, sin embargo, los únicos restos materiales que se han encontrado en el poblado vascón desde que comenzaron las excavaciones en 2017, por iniciativa del Ayuntamiento del Valle de Aranguren con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra y lideradas por la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Bajo la dirección de Ayestaran, han salido a la luz tres viviendas de unos 75 metros cuadrados de superficie en las que se han recuperado armas, cerámicas, monedas, restos óseos de fauna o molinos. Algunas se exponen en la muestra ‘De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad’, promovida por los ayuntamientos de Pamplona y el Valle de Aranguren con la colaboración del Gobierno foral.
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