Me pregunté hace poco tiempo si alguien me había suministrado una droga desconocida y alucinatoria cuando escuché en la tele a un eterno peso pesado de la comunicación prevenir a la gente contra los periodistas pelotas que están al servicio del poder. Por supuesto, no hablaba de él, encarnación grandiosa de ese servilismo tan bien pagado. Y flipo al constatar ese morro infinito. Pero también preveo que determinado personal ya empieza a saltar del barco constatando que el naufragio es inminente. Lo que habrá que ver.
Me pregunté hace poco tiempo si alguien me había suministrado una droga desconocida y alucinatoria cuando escuché en la tele a un eterno peso pesado de la comunicación prevenir a la gente contra los periodistas pelotas que están al servicio del poder. Por supuesto, no hablaba de él, encarnación grandiosa de ese servilismo tan bien pagado. Y flipo al constatar ese morro infinito. Pero también preveo que determinado personal ya empieza a saltar del barco constatando que el naufragio es inminente. Lo que habrá que ver. Seguir leyendo
Me pregunté hace poco tiempo si alguien me había suministrado una droga desconocida y alucinatoria cuando escuché en la tele a un eterno peso pesado de la comunicación prevenir a la gente contra los periodistas pelotas que están al servicio del poder. Por supuesto, no hablaba de él, encarnación grandiosa de ese servilismo tan bien pagado. Y flipo al constatar ese morro infinito. Pero también preveo que determinado personal ya empieza a saltar del barco constatando que el naufragio es inminente. Lo que habrá que ver.
EL PAÍS
