Es conocida la anécdota de Wenceslao Fernández Flórez cuando era cronista parlamentario en ABC. Un día volvió del Congreso sin notas en su cuaderno, y fue a hablar con Juan Ignacio Luca de Tena para contarle. «Director, no hay acotaciones. Allí lo que tiene usted que mandar es un redactor de sucesos». Yo fantaseo con llegar alguna vez a la redacción y decir: hoy no hay artículo, señor, a quien tiene usted que mandar allí es a Vito Quiles.—Pero si vienes de la RAE.—Por eso. Vito Quiles se ha convertido en el cronista de este tiempo desquiciado, en forma y fondo, y su gran legado será esa foto en la que le vemos persiguiendo sus sueños a cuatro patas sobre una mesa de terraza, mientras una mujer le sujeta por el zapato y él trata de zafarse, aguantándose la coz. En yoga, a esto se le llama postura de la vaca; cuando se curva la espalda en forma de caparazón, en cambio, pasa a ser la postura del gato: yendo de una a otra se descomprime la columna. Vito Quiles, ahí, estaba descomprimiendo la actualidad, después de tantas horas de juicios. Incluso con Aldama los juicios son juicios: largos, pesados, protocolarios, liosos… La imagen de Quiles viene a ser nuestro ‘Duelo a garrotazos’, una estampa que confirma que la tragedia ahora se repite como meme. Igual que en las grandes obras, aquí lo importante es lo que no está: Begoña, la socialdemocracia, el bipartidismo. Cuando pregunta, Vito Quiles no espera respuestas. Recuerda a esos políticos que responden sin esperar preguntas: es su reverso, su consecuencia, su merecido. Utiliza el charo («que paréis, charos») con la ligereza y el desprecio que otros usan facha. Vito Quiles es lo que le sucede a un país que ha perdido la vergüenza, que es una forma de perder la institucionalidad.No debemos olvidarnos del hombre que contempla la escena a la derecha, con el pelo cano y el jersey azul y las manos en los bolsillos. Como en ‘Las meninas’, aquí tenemos una reflexión sobre la mirada, y es en la mirada donde tenemos que buscar la verdad: lo que acontece no es una guerra, sino un circo; el hombre no corre a separarlos, como no salta al escenario durante la función. Suponemos que el hombre, por cierto, es un jubilado, y que al volver a casa comenta:—Lola, no te lo vas a creer: se fueron sin dejar propina.—Qué desgraciados.Después, los dos se van a la cama, tan contentos: hace pocos días que han cobrado sus pensiones, convenientemente ajustadas al IPC. Es conocida la anécdota de Wenceslao Fernández Flórez cuando era cronista parlamentario en ABC. Un día volvió del Congreso sin notas en su cuaderno, y fue a hablar con Juan Ignacio Luca de Tena para contarle. «Director, no hay acotaciones. Allí lo que tiene usted que mandar es un redactor de sucesos». Yo fantaseo con llegar alguna vez a la redacción y decir: hoy no hay artículo, señor, a quien tiene usted que mandar allí es a Vito Quiles.—Pero si vienes de la RAE.—Por eso. Vito Quiles se ha convertido en el cronista de este tiempo desquiciado, en forma y fondo, y su gran legado será esa foto en la que le vemos persiguiendo sus sueños a cuatro patas sobre una mesa de terraza, mientras una mujer le sujeta por el zapato y él trata de zafarse, aguantándose la coz. En yoga, a esto se le llama postura de la vaca; cuando se curva la espalda en forma de caparazón, en cambio, pasa a ser la postura del gato: yendo de una a otra se descomprime la columna. Vito Quiles, ahí, estaba descomprimiendo la actualidad, después de tantas horas de juicios. Incluso con Aldama los juicios son juicios: largos, pesados, protocolarios, liosos… La imagen de Quiles viene a ser nuestro ‘Duelo a garrotazos’, una estampa que confirma que la tragedia ahora se repite como meme. Igual que en las grandes obras, aquí lo importante es lo que no está: Begoña, la socialdemocracia, el bipartidismo. Cuando pregunta, Vito Quiles no espera respuestas. Recuerda a esos políticos que responden sin esperar preguntas: es su reverso, su consecuencia, su merecido. Utiliza el charo («que paréis, charos») con la ligereza y el desprecio que otros usan facha. Vito Quiles es lo que le sucede a un país que ha perdido la vergüenza, que es una forma de perder la institucionalidad.No debemos olvidarnos del hombre que contempla la escena a la derecha, con el pelo cano y el jersey azul y las manos en los bolsillos. Como en ‘Las meninas’, aquí tenemos una reflexión sobre la mirada, y es en la mirada donde tenemos que buscar la verdad: lo que acontece no es una guerra, sino un circo; el hombre no corre a separarlos, como no salta al escenario durante la función. Suponemos que el hombre, por cierto, es un jubilado, y que al volver a casa comenta:—Lola, no te lo vas a creer: se fueron sin dejar propina.—Qué desgraciados.Después, los dos se van a la cama, tan contentos: hace pocos días que han cobrado sus pensiones, convenientemente ajustadas al IPC.
Es conocida la anécdota de Wenceslao Fernández Flórez cuando era cronista parlamentario en ABC. Un día volvió del Congreso sin notas en su cuaderno, y fue a hablar con Juan Ignacio Luca de Tena para contarle. «Director, no hay acotaciones. Allí lo que tiene usted … que mandar es un redactor de sucesos». Yo fantaseo con llegar alguna vez a la redacción y decir: hoy no hay artículo, señor, a quien tiene usted que mandar allí es a Vito Quiles.
—Pero si vienes de la RAE.
—Por eso.
Vito Quiles se ha convertido en el cronista de este tiempo desquiciado, en forma y fondo, y su gran legado será esa foto en la que le vemos persiguiendo sus sueños a cuatro patas sobre una mesa de terraza, mientras una mujer le sujeta por el zapato y él trata de zafarse, aguantándose la coz. En yoga, a esto se le llama postura de la vaca; cuando se curva la espalda en forma de caparazón, en cambio, pasa a ser la postura del gato: yendo de una a otra se descomprime la columna. Vito Quiles, ahí, estaba descomprimiendo la actualidad, después de tantas horas de juicios. Incluso con Aldama los juicios son juicios: largos, pesados, protocolarios, liosos…
La imagen de Quiles viene a ser nuestro ‘Duelo a garrotazos’, una estampa que confirma que la tragedia ahora se repite como meme. Igual que en las grandes obras, aquí lo importante es lo que no está: Begoña, la socialdemocracia, el bipartidismo.
Cuando pregunta, Vito Quiles no espera respuestas. Recuerda a esos políticos que responden sin esperar preguntas: es su reverso, su consecuencia, su merecido. Utiliza el charo («que paréis, charos») con la ligereza y el desprecio que otros usan facha. Vito Quiles es lo que le sucede a un país que ha perdido la vergüenza, que es una forma de perder la institucionalidad.
No debemos olvidarnos del hombre que contempla la escena a la derecha, con el pelo cano y el jersey azul y las manos en los bolsillos. Como en ‘Las meninas’, aquí tenemos una reflexión sobre la mirada, y es en la mirada donde tenemos que buscar la verdad: lo que acontece no es una guerra, sino un circo; el hombre no corre a separarlos, como no salta al escenario durante la función. Suponemos que el hombre, por cierto, es un jubilado, y que al volver a casa comenta:
—Lola, no te lo vas a creer: se fueron sin dejar propina.
—Qué desgraciados.
Después, los dos se van a la cama, tan contentos: hace pocos días que han cobrado sus pensiones, convenientemente ajustadas al IPC.
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