Aunque no sea evidente, la obra de William Blake está por todas partes. La vemos en cualquier manifestación artística de los últimos 250 años. Por ejemplo, es una figura omnipresente en la cultura pop. El monstruo de ‘Alien’, está inspirado por su grabado ‘El fantasma de una pulga’. Los tauntauns del planeta Hogh de ‘La guerra de las galaxias’ fueron una creación sacada directamente de sus cuadros. Todo el surrealismo nace de su increíble imaginario, así como el rock andrógino de David Bowie o el mismísimo monstruo de Frankenstein. No en vano, Blake tuvo un romance con Mary Wollstonecraft, la madre de Mary Shelley. Y este increíble legado es el que investiga Philip Hoare en el inclasificable ‘William Blake y los monstruos del amor’ (Ático de los libros) .La relación del autor de ‘Leviatán o la ballena’ con el célebre poeta y pintor se inició en la infancia, cuando Hoare se aprendió de memoria su célebre ‘El tigre’ y esa brillante mezcla de terror y belleza prendió una mecha en su imaginación. Desde entonces, supo que el arte iba a ser su camino. Sin embargo, sus padres le prohibieron ir a una escuela de arte por temor a que cayera en el temido triángulo de las bermudas del sexo, drogas y rock n’roll. En su lugar, le mandaron a Londres a un colegio católico. Estábamos en 1976, en pleno estallido punk. Se puede decir que a sus padres les salió el tiro por la culata. «Nada más llegar a Londres fui a un club y tuve que empujar a Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols, para que me dejara entrar. Allí vi a David Bowie cantar el famoso poema de Blake ‘Jerusalem’. Aquel hombre vestido de blanco y negro, con el pelo rojo, maquillado y con efectos dorados en la frente, parecía surgido de un cuadro de William Blake. Fue una auténtica visión. Aquello me cambió para siempre», asegura Hoare en declaraciones a ABC.El libro nos invita a meternos en la obra de Blake desde el interior y ver todas las repercusiones que han surgido de ella. Vemos, por ejemplo, como Joyce fue un devoto admirador del poeta visionario, incluso inspirándose en el matrimonio de William Blake y Catherine Boucher para sus célebres Leopold y Molly Bloom de ‘Ulises’. O como Oscar Wilde lo recitaba agobiado por la asfixia y la duda en la cárcel de Reading y lo citaba en su ‘De profundis’. «Yeats fue uno de los primeros en recuperar sus poemas y reclamar su herencia irlandesa, algo que no está probado del todo, pero que es probable. Joyce era uno de sus máximos devotos. En Trieste incluso dio una conferencia sobre el genio visionario. Poco después, cuando el autor de ‘Dublineses’ se encontró con Yeats, le dijo que éste le había conocido 50 años demasiado tarde y que era una pena que nunca fuese a comprender su genio, como pocos comprendieron el genio de Blake en su época», señala Hoare.Porque, entre otras cosas, Blake fue el inventor de un arte nuevo. Sus libros, de los que en vida sólo vendió 63 ejemplares, hoy se cotizan por millones de euros. Son un antecedente del ‘fanzine’. Él lo hacía todo, escribía, pintaba, editaba, maquetaba e imprimía con la colaboración de su mujer Catherine, que incluso compartía con él visiones. De esta forma, mezclaban texto con ilustraciones. Podría decirse que eran los auténticos antecedentes del Manga o las novelas gráficas. «Él odiaba la pintura realista, decía que sólo eran una serie de trucos estéticos para un confort alienante. Sus obras son nítidas, con las líneas muy claras, dejando claro su simbolismo. Su capacidad inventiva era brutal. Si tu ves su obra contra Newton, la figura de un hombre empeñado en medirlo todo en el fondo marino sin darse cuenta de las maravillas que tiene alrededor, ves cómo era capaz de imaginar los corales, incluso las medusas del fondo del mar sin haberlos visto nunca. Es algo increíble por su semejanza con lo real», afirma Hoare.Porque Blake fue un antimonárquico, anti esclavitud, anti ciencia, anti religión, anti todo. Sólo le interesaba la belleza y la fuerza de la vida más allá de sus formas naturales. Como buen romántico , odiaba como la ciencia y las nuevas tecnologías de la revolución industrial estaban robando la belleza del mundo. «Es increíble como los debates son cíclicos y lo mismo que decimos hoy día de la Inteligencia Artificial lo decían los románticos sobre la ciencia. Los románticos decían que había reducido la capacidad simbólica de un arco iris a un juego de reflejos en un prisma», señala Hoare.Abajo, retrato de William Blake y algunas de sus obras maestras ABCSus visiones le convirtieron en un ser extraño a ojos de todo el mundo. Muchos lo consideraron un loco . Solía, por ejemplo, practicar nudismo en su casa con su mujer mientras miraban el mar. Su obra, en realidad, pasó inadvertida hasta que los prerrafaelitas primero y las nuevas vanguardias de principios de siglo XX después la recuperaron, dejando claro que Blake era una fuerza de la naturaleza que había arrasado por completo la imaginación de todo aquel que entraba en contacto con él. «Empezó en el siglo XVIII pero podríamos decir que es un artista de finales del XIX, principios del XX, porque fue entonces cuando empezaron a comprenderle. Solía poner elementos fantásticos en escenarios cotidianos, convirtiéndose en una de las máximas influencias de los surrealistas», afirma el autor de ‘El mar interior’.«Lo que decimos hoy de la IA ya lo decían Blake y los románticos sobre la ciencia y la revolución industrial» Philip Hoare EscritorSu increíble historia le ha convertido en una especie de santo patrón para todos los renegados, rebeldes, extraños, artistas, freaks y perseguidos , en todo aquel que ha de luchar cada día por que le dejen ser lo que quiere ser. «Le gustaba dibujar hombres corpulentos. Le encantaban las piernas y los muslos y en cierto sentido se ha convertido en un emblema del mundo gay. En sus cuadros, lo de menos es el decorado, se centra en las personas y en sus monstruos», comenta Hoare. En las páginas de ‘William Blake y los monstruos del amor’, el ensayista nos habla de gente como Oscar Wilde, Derek Jarman, Iris Murdoch, Francis Bacon, David Bowie, Algernon Blackwood, John Singer Sargent , y un larguísimo etcétera, construyendo una biografía colectiva de la cultura anglosajona a partir de su entusiasmo por la obra de Blake. Y la onda expansiva de sus creaciones todavía continúa. «Es difícil comprenderlo hoy día, cuando no vivimos con sus mismos referentes bíblicos o de ‘El paraíso perdido’, de Milton. Hoy parece que la falta de religiosidad nos ha privado de genios visionarios como Blake. Si lo piensas bien, su universo fantástico está más llenos de criaturas que ‘El señor de los anillos’ y ‘La guerra de las galaxias’ juntos. El universo pop crea mundos complejos donde el creyente puede perderse y por eso le encanta. La religión tiene el mismo efecto y los mundos de Blake comparten lo más sublime de estos dos mundos», asegura el autor.El rastro malagueño de William BlakeY, atención, porque según Hoare, la famalia del poeta se marchó de Irlanda en el siglo XVIII para instalarse en… Málaga. Sí, los Blake también tienen su historia española. El capitán general y jefe del Estado Mayor Joaquín Blake y Joyes (En realidad Joyce) fue familia del poeta y su madre nació en el mismo pueblo que Nora, la mujer de James Joyce. «Blake tuvo suerte de haber nacido cuando nació. 50 años después y la moral victoriana lo hubiese aplastado. Nos queda eso, su fascinante obra que es como una ventana abierta a lo desconocido», concluye Hoare Aunque no sea evidente, la obra de William Blake está por todas partes. La vemos en cualquier manifestación artística de los últimos 250 años. Por ejemplo, es una figura omnipresente en la cultura pop. El monstruo de ‘Alien’, está inspirado por su grabado ‘El fantasma de una pulga’. Los tauntauns del planeta Hogh de ‘La guerra de las galaxias’ fueron una creación sacada directamente de sus cuadros. Todo el surrealismo nace de su increíble imaginario, así como el rock andrógino de David Bowie o el mismísimo monstruo de Frankenstein. No en vano, Blake tuvo un romance con Mary Wollstonecraft, la madre de Mary Shelley. Y este increíble legado es el que investiga Philip Hoare en el inclasificable ‘William Blake y los monstruos del amor’ (Ático de los libros) .La relación del autor de ‘Leviatán o la ballena’ con el célebre poeta y pintor se inició en la infancia, cuando Hoare se aprendió de memoria su célebre ‘El tigre’ y esa brillante mezcla de terror y belleza prendió una mecha en su imaginación. Desde entonces, supo que el arte iba a ser su camino. Sin embargo, sus padres le prohibieron ir a una escuela de arte por temor a que cayera en el temido triángulo de las bermudas del sexo, drogas y rock n’roll. En su lugar, le mandaron a Londres a un colegio católico. Estábamos en 1976, en pleno estallido punk. Se puede decir que a sus padres les salió el tiro por la culata. «Nada más llegar a Londres fui a un club y tuve que empujar a Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols, para que me dejara entrar. Allí vi a David Bowie cantar el famoso poema de Blake ‘Jerusalem’. Aquel hombre vestido de blanco y negro, con el pelo rojo, maquillado y con efectos dorados en la frente, parecía surgido de un cuadro de William Blake. Fue una auténtica visión. Aquello me cambió para siempre», asegura Hoare en declaraciones a ABC.El libro nos invita a meternos en la obra de Blake desde el interior y ver todas las repercusiones que han surgido de ella. Vemos, por ejemplo, como Joyce fue un devoto admirador del poeta visionario, incluso inspirándose en el matrimonio de William Blake y Catherine Boucher para sus célebres Leopold y Molly Bloom de ‘Ulises’. O como Oscar Wilde lo recitaba agobiado por la asfixia y la duda en la cárcel de Reading y lo citaba en su ‘De profundis’. «Yeats fue uno de los primeros en recuperar sus poemas y reclamar su herencia irlandesa, algo que no está probado del todo, pero que es probable. Joyce era uno de sus máximos devotos. En Trieste incluso dio una conferencia sobre el genio visionario. Poco después, cuando el autor de ‘Dublineses’ se encontró con Yeats, le dijo que éste le había conocido 50 años demasiado tarde y que era una pena que nunca fuese a comprender su genio, como pocos comprendieron el genio de Blake en su época», señala Hoare.Porque, entre otras cosas, Blake fue el inventor de un arte nuevo. Sus libros, de los que en vida sólo vendió 63 ejemplares, hoy se cotizan por millones de euros. Son un antecedente del ‘fanzine’. Él lo hacía todo, escribía, pintaba, editaba, maquetaba e imprimía con la colaboración de su mujer Catherine, que incluso compartía con él visiones. De esta forma, mezclaban texto con ilustraciones. Podría decirse que eran los auténticos antecedentes del Manga o las novelas gráficas. «Él odiaba la pintura realista, decía que sólo eran una serie de trucos estéticos para un confort alienante. Sus obras son nítidas, con las líneas muy claras, dejando claro su simbolismo. Su capacidad inventiva era brutal. Si tu ves su obra contra Newton, la figura de un hombre empeñado en medirlo todo en el fondo marino sin darse cuenta de las maravillas que tiene alrededor, ves cómo era capaz de imaginar los corales, incluso las medusas del fondo del mar sin haberlos visto nunca. Es algo increíble por su semejanza con lo real», afirma Hoare.Porque Blake fue un antimonárquico, anti esclavitud, anti ciencia, anti religión, anti todo. Sólo le interesaba la belleza y la fuerza de la vida más allá de sus formas naturales. Como buen romántico , odiaba como la ciencia y las nuevas tecnologías de la revolución industrial estaban robando la belleza del mundo. «Es increíble como los debates son cíclicos y lo mismo que decimos hoy día de la Inteligencia Artificial lo decían los románticos sobre la ciencia. Los románticos decían que había reducido la capacidad simbólica de un arco iris a un juego de reflejos en un prisma», señala Hoare.Abajo, retrato de William Blake y algunas de sus obras maestras ABCSus visiones le convirtieron en un ser extraño a ojos de todo el mundo. Muchos lo consideraron un loco . Solía, por ejemplo, practicar nudismo en su casa con su mujer mientras miraban el mar. Su obra, en realidad, pasó inadvertida hasta que los prerrafaelitas primero y las nuevas vanguardias de principios de siglo XX después la recuperaron, dejando claro que Blake era una fuerza de la naturaleza que había arrasado por completo la imaginación de todo aquel que entraba en contacto con él. «Empezó en el siglo XVIII pero podríamos decir que es un artista de finales del XIX, principios del XX, porque fue entonces cuando empezaron a comprenderle. Solía poner elementos fantásticos en escenarios cotidianos, convirtiéndose en una de las máximas influencias de los surrealistas», afirma el autor de ‘El mar interior’.«Lo que decimos hoy de la IA ya lo decían Blake y los románticos sobre la ciencia y la revolución industrial» Philip Hoare EscritorSu increíble historia le ha convertido en una especie de santo patrón para todos los renegados, rebeldes, extraños, artistas, freaks y perseguidos , en todo aquel que ha de luchar cada día por que le dejen ser lo que quiere ser. «Le gustaba dibujar hombres corpulentos. Le encantaban las piernas y los muslos y en cierto sentido se ha convertido en un emblema del mundo gay. En sus cuadros, lo de menos es el decorado, se centra en las personas y en sus monstruos», comenta Hoare. En las páginas de ‘William Blake y los monstruos del amor’, el ensayista nos habla de gente como Oscar Wilde, Derek Jarman, Iris Murdoch, Francis Bacon, David Bowie, Algernon Blackwood, John Singer Sargent , y un larguísimo etcétera, construyendo una biografía colectiva de la cultura anglosajona a partir de su entusiasmo por la obra de Blake. Y la onda expansiva de sus creaciones todavía continúa. «Es difícil comprenderlo hoy día, cuando no vivimos con sus mismos referentes bíblicos o de ‘El paraíso perdido’, de Milton. Hoy parece que la falta de religiosidad nos ha privado de genios visionarios como Blake. Si lo piensas bien, su universo fantástico está más llenos de criaturas que ‘El señor de los anillos’ y ‘La guerra de las galaxias’ juntos. El universo pop crea mundos complejos donde el creyente puede perderse y por eso le encanta. La religión tiene el mismo efecto y los mundos de Blake comparten lo más sublime de estos dos mundos», asegura el autor.El rastro malagueño de William BlakeY, atención, porque según Hoare, la famalia del poeta se marchó de Irlanda en el siglo XVIII para instalarse en… Málaga. Sí, los Blake también tienen su historia española. El capitán general y jefe del Estado Mayor Joaquín Blake y Joyes (En realidad Joyce) fue familia del poeta y su madre nació en el mismo pueblo que Nora, la mujer de James Joyce. «Blake tuvo suerte de haber nacido cuando nació. 50 años después y la moral victoriana lo hubiese aplastado. Nos queda eso, su fascinante obra que es como una ventana abierta a lo desconocido», concluye Hoare
Aunque no sea evidente, la obra de William Blake está por todas partes. La vemos en cualquier manifestación artística de los últimos 250 años. Por ejemplo, es una figura omnipresente en la cultura pop. El monstruo de ‘Alien’, está inspirado por su grabado ‘El … fantasma de una pulga’. Los tauntauns del planeta Hogh de ‘La guerra de las galaxias’ fueron una creación sacada directamente de sus cuadros. Todo el surrealismo nace de su increíble imaginario, así como el rock andrógino de David Bowie o el mismísimo monstruo de Frankenstein. No en vano, Blake tuvo un romance con Mary Wollstonecraft, la madre de Mary Shelley. Y este increíble legado es el que investiga Philip Hoare en el inclasificable ‘William Blake y los monstruos del amor’ (Ático de los libros).
La relación del autor de ‘Leviatán o la ballena’ con el célebre poeta y pintor se inició en la infancia, cuando Hoare se aprendió de memoria su célebre ‘El tigre’ y esa brillante mezcla de terror y belleza prendió una mecha en su imaginación. Desde entonces, supo que el arte iba a ser su camino. Sin embargo, sus padres le prohibieron ir a una escuela de arte por temor a que cayera en el temido triángulo de las bermudas del sexo, drogas y rock n’roll. En su lugar, le mandaron a Londres a un colegio católico. Estábamos en 1976, en pleno estallido punk. Se puede decir que a sus padres les salió el tiro por la culata. «Nada más llegar a Londres fui a un club y tuve que empujar a Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols, para que me dejara entrar. Allí vi a David Bowie cantar el famoso poema de Blake ‘Jerusalem’. Aquel hombre vestido de blanco y negro, con el pelo rojo, maquillado y con efectos dorados en la frente, parecía surgido de un cuadro de William Blake. Fue una auténtica visión. Aquello me cambió para siempre», asegura Hoare en declaraciones a ABC.
El libro nos invita a meternos en la obra de Blake desde el interior y ver todas las repercusiones que han surgido de ella. Vemos, por ejemplo, como Joyce fue un devoto admirador del poeta visionario, incluso inspirándose en el matrimonio de William Blake y Catherine Boucher para sus célebres Leopold y Molly Bloom de ‘Ulises’. O como Oscar Wilde lo recitaba agobiado por la asfixia y la duda en la cárcel de Reading y lo citaba en su ‘De profundis’. «Yeats fue uno de los primeros en recuperar sus poemas y reclamar su herencia irlandesa, algo que no está probado del todo, pero que es probable. Joyce era uno de sus máximos devotos. En Trieste incluso dio una conferencia sobre el genio visionario. Poco después, cuando el autor de ‘Dublineses’ se encontró con Yeats, le dijo que éste le había conocido 50 años demasiado tarde y que era una pena que nunca fuese a comprender su genio, como pocos comprendieron el genio de Blake en su época», señala Hoare.
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Porque, entre otras cosas, Blake fue el inventor de un arte nuevo. Sus libros, de los que en vida sólo vendió 63 ejemplares, hoy se cotizan por millones de euros. Son un antecedente del ‘fanzine’. Él lo hacía todo, escribía, pintaba, editaba, maquetaba e imprimía con la colaboración de su mujer Catherine, que incluso compartía con él visiones. De esta forma, mezclaban texto con ilustraciones. Podría decirse que eran los auténticos antecedentes del Manga o las novelas gráficas. «Él odiaba la pintura realista, decía que sólo eran una serie de trucos estéticos para un confort alienante. Sus obras son nítidas, con las líneas muy claras, dejando claro su simbolismo. Su capacidad inventiva era brutal. Si tu ves su obra contra Newton, la figura de un hombre empeñado en medirlo todo en el fondo marino sin darse cuenta de las maravillas que tiene alrededor, ves cómo era capaz de imaginar los corales, incluso las medusas del fondo del mar sin haberlos visto nunca. Es algo increíble por su semejanza con lo real», afirma Hoare.
Porque Blake fue un antimonárquico, anti esclavitud, anti ciencia, anti religión, anti todo. Sólo le interesaba la belleza y la fuerza de la vida más allá de sus formas naturales. Como buen romántico, odiaba como la ciencia y las nuevas tecnologías de la revolución industrial estaban robando la belleza del mundo. «Es increíble como los debates son cíclicos y lo mismo que decimos hoy día de la Inteligencia Artificial lo decían los románticos sobre la ciencia. Los románticos decían que había reducido la capacidad simbólica de un arco iris a un juego de reflejos en un prisma», señala Hoare.
(ABC)
Sus visiones le convirtieron en un ser extraño a ojos de todo el mundo. Muchos lo consideraron un loco. Solía, por ejemplo, practicar nudismo en su casa con su mujer mientras miraban el mar. Su obra, en realidad, pasó inadvertida hasta que los prerrafaelitas primero y las nuevas vanguardias de principios de siglo XX después la recuperaron, dejando claro que Blake era una fuerza de la naturaleza que había arrasado por completo la imaginación de todo aquel que entraba en contacto con él. «Empezó en el siglo XVIII pero podríamos decir que es un artista de finales del XIX, principios del XX, porque fue entonces cuando empezaron a comprenderle. Solía poner elementos fantásticos en escenarios cotidianos, convirtiéndose en una de las máximas influencias de los surrealistas», afirma el autor de ‘El mar interior’.
«Lo que decimos hoy de la IA ya lo decían Blake y los románticos sobre la ciencia y la revolución industrial»
Philip Hoare
Escritor
Su increíble historia le ha convertido en una especie de santo patrón para todos los renegados, rebeldes, extraños, artistas, freaks y perseguidos, en todo aquel que ha de luchar cada día por que le dejen ser lo que quiere ser. «Le gustaba dibujar hombres corpulentos. Le encantaban las piernas y los muslos y en cierto sentido se ha convertido en un emblema del mundo gay. En sus cuadros, lo de menos es el decorado, se centra en las personas y en sus monstruos», comenta Hoare.
En las páginas de ‘William Blake y los monstruos del amor’, el ensayista nos habla de gente como Oscar Wilde, Derek Jarman, Iris Murdoch, Francis Bacon, David Bowie, Algernon Blackwood, John Singer Sargent, y un larguísimo etcétera, construyendo una biografía colectiva de la cultura anglosajona a partir de su entusiasmo por la obra de Blake. Y la onda expansiva de sus creaciones todavía continúa. «Es difícil comprenderlo hoy día, cuando no vivimos con sus mismos referentes bíblicos o de ‘El paraíso perdido’, de Milton. Hoy parece que la falta de religiosidad nos ha privado de genios visionarios como Blake. Si lo piensas bien, su universo fantástico está más llenos de criaturas que ‘El señor de los anillos’ y ‘La guerra de las galaxias’ juntos. El universo pop crea mundos complejos donde el creyente puede perderse y por eso le encanta. La religión tiene el mismo efecto y los mundos de Blake comparten lo más sublime de estos dos mundos», asegura el autor.
El rastro malagueño de William Blake
Y, atención, porque según Hoare, la famalia del poeta se marchó de Irlanda en el siglo XVIII para instalarse en… Málaga. Sí, los Blake también tienen su historia española. El capitán general y jefe del Estado Mayor Joaquín Blake y Joyes (En realidad Joyce) fue familia del poeta y su madre nació en el mismo pueblo que Nora, la mujer de James Joyce. «Blake tuvo suerte de haber nacido cuando nació. 50 años después y la moral victoriana lo hubiese aplastado. Nos queda eso, su fascinante obra que es como una ventana abierta a lo desconocido», concluye Hoare
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