Xu Zechen (Lianyungang, 1978) conoce tanto la exigencia del campo como la de las más elitistas universidades, por eso su literatura dota de sentido unitario a ambas. En 2019 se convirtió en el escritor más joven en recibir el Mao Dun, el premio más importante del país, y ese hito, más una veintena de obras en una decena de idiomas, le otorgó la consideración de estrella emergente de las letras chinas.Xu recibe a ABC en su despacho de la Asociación de Escritores de Pekín antes de viajar a España para presentar ‘Historias del extrarradio’ (Automática Editorial, 2026), su primer título traducido al castellano. Una obra que contiene su característico realismo, un retrato de la falta de oportunidades, del absurdo a la tragedia y vuelta, pues la lucha es diaria. —El extrarradio que usted describe es un lugar físico, pero también simbólico. ¿Por qué colocar su literatura allí?—El extrarradio que aparece en este libro es una zona de transición entre lo urbano y lo rural, un tercer espacio. Está habitado por personas que vienen del campo y quieren entrar en la ciudad, pero todavía no se han integrado en ella. Por eso tiene un grado de complejidad relativamente alto, una vitalidad muy especial e innumerables posibilidades.—Los nombres más consagrados de la literatura china, como Mo Yan, Yan Lianke o Yu Hua, dedican gran parte de su obra a reflexionar sobre catástrofes pasadas y el sufrimiento que estas provocaron en la sociedad. El sufrimiento que usted retrata, en cambio, pertenece a la vida moderna. ¿Responde esta diferencia a una quiebra generacional?—Una generación tiene que ver con el momento en que un escritor forma su visión del mundo y los temas que desde entonces le acompañan durante el resto de su vida. En su caso, lo que ellos experimentaron con mayor intensidad fueron los acontecimientos de su tiempo. En mi caso, apenas los viví. Mi lugar está más cerca del presente, por eso escribo sobre el Pekín que hemos experimentado juntos, sobre la China contemporánea que compartimos.«Una generación tiene que ver con el momento en que un escritor forma su visión del mundo y los temas que desde entonces le acompañan»—El sufrimiento, no obstante, constituye igualmente una temática central.—Creo que el que aparece en mi escritura es diferente. En la generación anterior, gran parte del sufrimiento era de carácter material. Durante mucho tiempo, China fue un país agrícola, relativamente atrasado, con carencias en las condiciones básicas de vida. El hambre, los desastres naturales y las desgracias provocadas por el hombre eran formas de sufrimiento externas y muy reales. Los jóvenes de hoy, por supuesto, también pueden experimentar carencias materiales, pero no hasta ese punto, especialmente cuando han recibido cierta educación. Sus dificultades son más bien de carácter espiritual, tienen que ver con la identidad emocional y el sentimiento de permanencia. Creo que eso es lo más importante para nuestra generación, o al menos para los personajes sobre los que quiero escribir. —Ese sufrimiento que menciona es más universal porque no está ligado a un hecho histórico concreto, sino que forma parte de una tendencia global. Sin embargo, tiene también expresiones específicas, dado que la prosperidad ha supuesto un elemento central en el contrato social chino. En dos generaciones ha habido enormes mejoras en los estándares de vida, pero el desarrollo cada vez es más lento.—Cuando escribía este libro, lo que más me interesaba era reflexionar sobre un grupo de jóvenes que pasan de un lugar a otro. Especialmente en un país como China, donde tantas personas han transitado del campo a la ciudad, de una civilización agrícola a una industrial, de un mundo premoderno a uno moderno. Lo que me interesa son las transformaciones interiores que acompañan al paso entre estos espacios vitales. La historia transcurre entre la década de los noventa y los primeros años del siglo XXI, un periodo que coincidió con el rápido crecimiento de la economía. Todo el mundo estaba entusiasmado, la sociedad entera rebosaba energía y optimismo. Existía la sensación de que, si uno trabajaba duro, podía hacer realidad sus aspiraciones. Los jóvenes estaban llenos de ímpetu. En la actualidad, surge una nueva cuestión: ¿qué deberían hacer en un contexto de desaceleración global? Creo que hemos entrado en una etapa distinta.—¿Cómo afecta el entorno político a su capacidad de expresión artística?—Lo que usted dice es muy acertado, ninguna literatura está desligada de la política. Pero yo no escribo directamente sobre política, sino sobre los cambios sociales y humanos que esta provoca. Es la parte que conozco mejor y la que creo que puedo explicar con claridad.—Combina usted su faceta de escritor con otras importantes labores literarias y goza, por tanto, de una privilegiada perspectiva para valorar el estado actual de la literatura china.—En este momento, la literatura china está casi sincronizada con la literatura internacional. El desarrollo es prácticamente simultáneo: lo que escriben autores extranjeros también lo escriben autores chinos. Pero es cierto que conserva una característica propia: la exploración de los vínculos entre la literatura y la realidad, desde problemas muy concretos hasta el desarrollo de la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, el proceso actual de urbanización, la reducción progresiva del campo y la disgregación de la sociedad rural: hay muchos autores chinos escribiendo sobre ello. Los escritores chinos tienden a una concepción creativa realista.«La literatura china ya está sincronizada con la internacional»—¿Qué autores extranjeros le han influenciado más?—Entre los autores en lengua española me gustan Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Roberto Bolaño, Alejo Carpentier y, por supuesto, Borges. En el ámbito internacional, William Faulkner, Philip Roth, Günter Grass, José Saramago… La verdad es que podría enumerar una larga lista. En esta época de globalización, los intercambios son cada vez más estrechos y frecuentes, y la circulación de la información es extremadamente rápida. Si un escritor español publica una obra excelente, no tarda en llegar a China. Por eso, en realidad, compartimos unos mismos recursos y resulta muy complicado que haya diferencias tan profundas entre una y otra literatura como para que pertenezcan a mundos distintos. Eso ya no existe, todos avanzamos al mismo tiempo. —¿Quién es el mejor escritor chino contemporáneo?—Mo Yan. No solo porque haya ganado el Nobel. ¿La razón? Muchos autores pueden escribir lo que escriben otros, pero hay una parte de lo que escribe Mo Yan que no está al alcance de nadie. En una época de globalización como la actual, existe un riesgo: que nuestra literatura se parezca cada vez más a la de los demás. Por eso es tan importante que un escritor posea algo propio, unos recursos singulares. Y para un escritor chino es especialmente importante disponer de recursos específicamente chinos. Muchos autores no los tienen, pero Mo Yan sí. Por un lado, hasta hoy no he encontrado ningún escritor que haya asimilado y transformado de manera tan profunda los recursos de la tradición literaria china como lo ha hecho él. Por otro, Mo Yan surgió de un entorno rural donde la cultura popular seguía siendo muy rica, conoce profundamente ese mundo y ha sabido incorporarlo a sus obras de manera extraordinaria. De hecho, creo que en el futuro será aún más importante de lo que es hoy, porque logró rescatar y revitalizar unos recursos culturales que la mayoría de nosotros habíamos sido incapaces de aprovechar. Y precisamente esos recursos son los que permiten que un gran escritor chino se diferencie de un escritor español, británico o estadounidense. Son los elementos más característicos de la literatura china. Mo Yan es un escritor fundacional, los escritores chinos del futuro aprenderán mucho de él.—Uno de esos continuadores es, precisamente, usted. Muchos le consideran la gran promesa de la literatura china, ¿cómo convive con esas expectativas?—Para mí no tiene importancia, es como los pequeños adornos que llevamos encima: un broche aquí, un collar allá… Son solo eso, no pueden sustituir lo que uno es. Además, llevo mucho tiempo escribiendo, este año cumplo veintinueve años como escritor. Después de tanto tiempo, tengo una idea bastante precisa de la altura literaria a la que aspiro y sé cuál es la distancia que me separa de ella; cuando eres consciente de esa distancia, por muchos elogios que recibas, sabes que todavía no has llegado. Al mismo tiempo, también tengo una valoración básica de mi propio trabajo. Aunque, eso sí, recibir premios importantes siendo muy joven tiene una ventaja: terminas relajándote más. Por eso siento que ahora escribo exactamente como quiero escribir. Xu Zechen (Lianyungang, 1978) conoce tanto la exigencia del campo como la de las más elitistas universidades, por eso su literatura dota de sentido unitario a ambas. En 2019 se convirtió en el escritor más joven en recibir el Mao Dun, el premio más importante del país, y ese hito, más una veintena de obras en una decena de idiomas, le otorgó la consideración de estrella emergente de las letras chinas.Xu recibe a ABC en su despacho de la Asociación de Escritores de Pekín antes de viajar a España para presentar ‘Historias del extrarradio’ (Automática Editorial, 2026), su primer título traducido al castellano. Una obra que contiene su característico realismo, un retrato de la falta de oportunidades, del absurdo a la tragedia y vuelta, pues la lucha es diaria. —El extrarradio que usted describe es un lugar físico, pero también simbólico. ¿Por qué colocar su literatura allí?—El extrarradio que aparece en este libro es una zona de transición entre lo urbano y lo rural, un tercer espacio. Está habitado por personas que vienen del campo y quieren entrar en la ciudad, pero todavía no se han integrado en ella. Por eso tiene un grado de complejidad relativamente alto, una vitalidad muy especial e innumerables posibilidades.—Los nombres más consagrados de la literatura china, como Mo Yan, Yan Lianke o Yu Hua, dedican gran parte de su obra a reflexionar sobre catástrofes pasadas y el sufrimiento que estas provocaron en la sociedad. El sufrimiento que usted retrata, en cambio, pertenece a la vida moderna. ¿Responde esta diferencia a una quiebra generacional?—Una generación tiene que ver con el momento en que un escritor forma su visión del mundo y los temas que desde entonces le acompañan durante el resto de su vida. En su caso, lo que ellos experimentaron con mayor intensidad fueron los acontecimientos de su tiempo. En mi caso, apenas los viví. Mi lugar está más cerca del presente, por eso escribo sobre el Pekín que hemos experimentado juntos, sobre la China contemporánea que compartimos.«Una generación tiene que ver con el momento en que un escritor forma su visión del mundo y los temas que desde entonces le acompañan»—El sufrimiento, no obstante, constituye igualmente una temática central.—Creo que el que aparece en mi escritura es diferente. En la generación anterior, gran parte del sufrimiento era de carácter material. Durante mucho tiempo, China fue un país agrícola, relativamente atrasado, con carencias en las condiciones básicas de vida. El hambre, los desastres naturales y las desgracias provocadas por el hombre eran formas de sufrimiento externas y muy reales. Los jóvenes de hoy, por supuesto, también pueden experimentar carencias materiales, pero no hasta ese punto, especialmente cuando han recibido cierta educación. Sus dificultades son más bien de carácter espiritual, tienen que ver con la identidad emocional y el sentimiento de permanencia. Creo que eso es lo más importante para nuestra generación, o al menos para los personajes sobre los que quiero escribir. —Ese sufrimiento que menciona es más universal porque no está ligado a un hecho histórico concreto, sino que forma parte de una tendencia global. Sin embargo, tiene también expresiones específicas, dado que la prosperidad ha supuesto un elemento central en el contrato social chino. En dos generaciones ha habido enormes mejoras en los estándares de vida, pero el desarrollo cada vez es más lento.—Cuando escribía este libro, lo que más me interesaba era reflexionar sobre un grupo de jóvenes que pasan de un lugar a otro. Especialmente en un país como China, donde tantas personas han transitado del campo a la ciudad, de una civilización agrícola a una industrial, de un mundo premoderno a uno moderno. Lo que me interesa son las transformaciones interiores que acompañan al paso entre estos espacios vitales. La historia transcurre entre la década de los noventa y los primeros años del siglo XXI, un periodo que coincidió con el rápido crecimiento de la economía. Todo el mundo estaba entusiasmado, la sociedad entera rebosaba energía y optimismo. Existía la sensación de que, si uno trabajaba duro, podía hacer realidad sus aspiraciones. Los jóvenes estaban llenos de ímpetu. En la actualidad, surge una nueva cuestión: ¿qué deberían hacer en un contexto de desaceleración global? Creo que hemos entrado en una etapa distinta.—¿Cómo afecta el entorno político a su capacidad de expresión artística?—Lo que usted dice es muy acertado, ninguna literatura está desligada de la política. Pero yo no escribo directamente sobre política, sino sobre los cambios sociales y humanos que esta provoca. Es la parte que conozco mejor y la que creo que puedo explicar con claridad.—Combina usted su faceta de escritor con otras importantes labores literarias y goza, por tanto, de una privilegiada perspectiva para valorar el estado actual de la literatura china.—En este momento, la literatura china está casi sincronizada con la literatura internacional. El desarrollo es prácticamente simultáneo: lo que escriben autores extranjeros también lo escriben autores chinos. Pero es cierto que conserva una característica propia: la exploración de los vínculos entre la literatura y la realidad, desde problemas muy concretos hasta el desarrollo de la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, el proceso actual de urbanización, la reducción progresiva del campo y la disgregación de la sociedad rural: hay muchos autores chinos escribiendo sobre ello. Los escritores chinos tienden a una concepción creativa realista.«La literatura china ya está sincronizada con la internacional»—¿Qué autores extranjeros le han influenciado más?—Entre los autores en lengua española me gustan Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Roberto Bolaño, Alejo Carpentier y, por supuesto, Borges. En el ámbito internacional, William Faulkner, Philip Roth, Günter Grass, José Saramago… La verdad es que podría enumerar una larga lista. En esta época de globalización, los intercambios son cada vez más estrechos y frecuentes, y la circulación de la información es extremadamente rápida. Si un escritor español publica una obra excelente, no tarda en llegar a China. Por eso, en realidad, compartimos unos mismos recursos y resulta muy complicado que haya diferencias tan profundas entre una y otra literatura como para que pertenezcan a mundos distintos. Eso ya no existe, todos avanzamos al mismo tiempo. —¿Quién es el mejor escritor chino contemporáneo?—Mo Yan. No solo porque haya ganado el Nobel. ¿La razón? Muchos autores pueden escribir lo que escriben otros, pero hay una parte de lo que escribe Mo Yan que no está al alcance de nadie. En una época de globalización como la actual, existe un riesgo: que nuestra literatura se parezca cada vez más a la de los demás. Por eso es tan importante que un escritor posea algo propio, unos recursos singulares. Y para un escritor chino es especialmente importante disponer de recursos específicamente chinos. Muchos autores no los tienen, pero Mo Yan sí. Por un lado, hasta hoy no he encontrado ningún escritor que haya asimilado y transformado de manera tan profunda los recursos de la tradición literaria china como lo ha hecho él. Por otro, Mo Yan surgió de un entorno rural donde la cultura popular seguía siendo muy rica, conoce profundamente ese mundo y ha sabido incorporarlo a sus obras de manera extraordinaria. De hecho, creo que en el futuro será aún más importante de lo que es hoy, porque logró rescatar y revitalizar unos recursos culturales que la mayoría de nosotros habíamos sido incapaces de aprovechar. Y precisamente esos recursos son los que permiten que un gran escritor chino se diferencie de un escritor español, británico o estadounidense. Son los elementos más característicos de la literatura china. Mo Yan es un escritor fundacional, los escritores chinos del futuro aprenderán mucho de él.—Uno de esos continuadores es, precisamente, usted. Muchos le consideran la gran promesa de la literatura china, ¿cómo convive con esas expectativas?—Para mí no tiene importancia, es como los pequeños adornos que llevamos encima: un broche aquí, un collar allá… Son solo eso, no pueden sustituir lo que uno es. Además, llevo mucho tiempo escribiendo, este año cumplo veintinueve años como escritor. Después de tanto tiempo, tengo una idea bastante precisa de la altura literaria a la que aspiro y sé cuál es la distancia que me separa de ella; cuando eres consciente de esa distancia, por muchos elogios que recibas, sabes que todavía no has llegado. Al mismo tiempo, también tengo una valoración básica de mi propio trabajo. Aunque, eso sí, recibir premios importantes siendo muy joven tiene una ventaja: terminas relajándote más. Por eso siento que ahora escribo exactamente como quiero escribir.
Xu Zechen (Lianyungang, 1978) conoce tanto la exigencia del campo como la de las más elitistas universidades, por eso su literatura dota de sentido unitario a ambas. En 2019 se convirtió en el escritor más joven en recibir el Mao Dun, el premio más importante … del país, y ese hito, más una veintena de obras en una decena de idiomas, le otorgó la consideración de estrella emergente de las letras chinas.
Xu recibe a ABC en su despacho de la Asociación de Escritores de Pekín antes de viajar a España para presentar ‘Historias del extrarradio’ (Automática Editorial, 2026), su primer título traducido al castellano. Una obra que contiene su característico realismo, un retrato de la falta de oportunidades, del absurdo a la tragedia y vuelta, pues la lucha es diaria.
—El extrarradio que usted describe es un lugar físico, pero también simbólico. ¿Por qué colocar su literatura allí?
—El extrarradio que aparece en este libro es una zona de transición entre lo urbano y lo rural, un tercer espacio. Está habitado por personas que vienen del campo y quieren entrar en la ciudad, pero todavía no se han integrado en ella. Por eso tiene un grado de complejidad relativamente alto, una vitalidad muy especial e innumerables posibilidades.
—Los nombres más consagrados de la literatura china, como Mo Yan, Yan Lianke o Yu Hua, dedican gran parte de su obra a reflexionar sobre catástrofes pasadas y el sufrimiento que estas provocaron en la sociedad. El sufrimiento que usted retrata, en cambio, pertenece a la vida moderna. ¿Responde esta diferencia a una quiebra generacional?
—Una generación tiene que ver con el momento en que un escritor forma su visión del mundo y los temas que desde entonces le acompañan durante el resto de su vida. En su caso, lo que ellos experimentaron con mayor intensidad fueron los acontecimientos de su tiempo. En mi caso, apenas los viví. Mi lugar está más cerca del presente, por eso escribo sobre el Pekín que hemos experimentado juntos, sobre la China contemporánea que compartimos.
«Una generación tiene que ver con el momento en que un escritor forma su visión del mundo y los temas que desde entonces le acompañan»
—El sufrimiento, no obstante, constituye igualmente una temática central.
—Creo que el que aparece en mi escritura es diferente. En la generación anterior, gran parte del sufrimiento era de carácter material. Durante mucho tiempo, China fue un país agrícola, relativamente atrasado, con carencias en las condiciones básicas de vida. El hambre, los desastres naturales y las desgracias provocadas por el hombre eran formas de sufrimiento externas y muy reales. Los jóvenes de hoy, por supuesto, también pueden experimentar carencias materiales, pero no hasta ese punto, especialmente cuando han recibido cierta educación. Sus dificultades son más bien de carácter espiritual, tienen que ver con la identidad emocional y el sentimiento de permanencia. Creo que eso es lo más importante para nuestra generación, o al menos para los personajes sobre los que quiero escribir.
—Ese sufrimiento que menciona es más universal porque no está ligado a un hecho histórico concreto, sino que forma parte de una tendencia global. Sin embargo, tiene también expresiones específicas, dado que la prosperidad ha supuesto un elemento central en el contrato social chino. En dos generaciones ha habido enormes mejoras en los estándares de vida, pero el desarrollo cada vez es más lento.
—Cuando escribía este libro, lo que más me interesaba era reflexionar sobre un grupo de jóvenes que pasan de un lugar a otro. Especialmente en un país como China, donde tantas personas han transitado del campo a la ciudad, de una civilización agrícola a una industrial, de un mundo premoderno a uno moderno. Lo que me interesa son las transformaciones interiores que acompañan al paso entre estos espacios vitales. La historia transcurre entre la década de los noventa y los primeros años del siglo XXI, un periodo que coincidió con el rápido crecimiento de la economía. Todo el mundo estaba entusiasmado, la sociedad entera rebosaba energía y optimismo. Existía la sensación de que, si uno trabajaba duro, podía hacer realidad sus aspiraciones. Los jóvenes estaban llenos de ímpetu. En la actualidad, surge una nueva cuestión: ¿qué deberían hacer en un contexto de desaceleración global? Creo que hemos entrado en una etapa distinta.
—¿Cómo afecta el entorno político a su capacidad de expresión artística?
—Lo que usted dice es muy acertado, ninguna literatura está desligada de la política. Pero yo no escribo directamente sobre política, sino sobre los cambios sociales y humanos que esta provoca. Es la parte que conozco mejor y la que creo que puedo explicar con claridad.
—Combina usted su faceta de escritor con otras importantes labores literarias y goza, por tanto, de una privilegiada perspectiva para valorar el estado actual de la literatura china.
—En este momento, la literatura china está casi sincronizada con la literatura internacional. El desarrollo es prácticamente simultáneo: lo que escriben autores extranjeros también lo escriben autores chinos. Pero es cierto que conserva una característica propia: la exploración de los vínculos entre la literatura y la realidad, desde problemas muy concretos hasta el desarrollo de la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, el proceso actual de urbanización, la reducción progresiva del campo y la disgregación de la sociedad rural: hay muchos autores chinos escribiendo sobre ello. Los escritores chinos tienden a una concepción creativa realista.
«La literatura china ya está sincronizada con la internacional»
—¿Qué autores extranjeros le han influenciado más?
—Entre los autores en lengua española me gustan Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Roberto Bolaño, Alejo Carpentier y, por supuesto, Borges. En el ámbito internacional, William Faulkner, Philip Roth, Günter Grass, José Saramago… La verdad es que podría enumerar una larga lista. En esta época de globalización, los intercambios son cada vez más estrechos y frecuentes, y la circulación de la información es extremadamente rápida. Si un escritor español publica una obra excelente, no tarda en llegar a China. Por eso, en realidad, compartimos unos mismos recursos y resulta muy complicado que haya diferencias tan profundas entre una y otra literatura como para que pertenezcan a mundos distintos. Eso ya no existe, todos avanzamos al mismo tiempo.
—¿Quién es el mejor escritor chino contemporáneo?
—Mo Yan. No solo porque haya ganado el Nobel. ¿La razón? Muchos autores pueden escribir lo que escriben otros, pero hay una parte de lo que escribe Mo Yan que no está al alcance de nadie. En una época de globalización como la actual, existe un riesgo: que nuestra literatura se parezca cada vez más a la de los demás. Por eso es tan importante que un escritor posea algo propio, unos recursos singulares. Y para un escritor chino es especialmente importante disponer de recursos específicamente chinos. Muchos autores no los tienen, pero Mo Yan sí. Por un lado, hasta hoy no he encontrado ningún escritor que haya asimilado y transformado de manera tan profunda los recursos de la tradición literaria china como lo ha hecho él. Por otro, Mo Yan surgió de un entorno rural donde la cultura popular seguía siendo muy rica, conoce profundamente ese mundo y ha sabido incorporarlo a sus obras de manera extraordinaria. De hecho, creo que en el futuro será aún más importante de lo que es hoy, porque logró rescatar y revitalizar unos recursos culturales que la mayoría de nosotros habíamos sido incapaces de aprovechar. Y precisamente esos recursos son los que permiten que un gran escritor chino se diferencie de un escritor español, británico o estadounidense. Son los elementos más característicos de la literatura china. Mo Yan es un escritor fundacional, los escritores chinos del futuro aprenderán mucho de él.
—Uno de esos continuadores es, precisamente, usted. Muchos le consideran la gran promesa de la literatura china, ¿cómo convive con esas expectativas?
—Para mí no tiene importancia, es como los pequeños adornos que llevamos encima: un broche aquí, un collar allá… Son solo eso, no pueden sustituir lo que uno es. Además, llevo mucho tiempo escribiendo, este año cumplo veintinueve años como escritor. Después de tanto tiempo, tengo una idea bastante precisa de la altura literaria a la que aspiro y sé cuál es la distancia que me separa de ella; cuando eres consciente de esa distancia, por muchos elogios que recibas, sabes que todavía no has llegado. Al mismo tiempo, también tengo una valoración básica de mi propio trabajo. Aunque, eso sí, recibir premios importantes siendo muy joven tiene una ventaja: terminas relajándote más. Por eso siento que ahora escribo exactamente como quiero escribir.
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