Esta película francesa dirigida por Grégory Magne , que ya estrenó aquí hace unos años la titulada ‘Perfume’, es lo que se puede llamar una obra bien hecha, con gusto, con tacto, con música, sabor y corrección narrativa y visual. Tiene dos acentos notables en su argumento: la reunión de cuatro Stradivarius únicos, dos violines, una viola y un violonchelo, y la preparación de un concierto a cargo de cuatro virtuosos de esos instrumentos. Y aunque la trama no explore caminos insospechados, el mero hecho de esa conjunción, música y músicos hace interesantes los asuntos que se pueden prever: el ego de los artistas, lo singular que hay detrás de ellos, las dificultades de fusionar lo individual en un equipo. Un cuarteto de cuerda ha de ser mucho más que cuatro virtuosos haciéndolo bien.La elección de los actores para el cuarteto es arriesgada y correcta, pues también son violinistas Matthieu Spinosi, Daniel Garlitsky y Emma Ravier; Maria Vialle, el violonchelo en la película, no tiene esa formación pero sí un gran nivel interpretativo. Y esa elección le permite a la cámara seguir sus ensayos e interpretaciones de modo natural, sin el falso aspaviento habitual de actores haciéndose pasar por músicos; además de que entienden a la perfección sus papeles y de qué habla esta película.Y delante de este panorama hay una historia familiar, que encabeza Valérie Donzelli, heredera de la afición musical de su padre y cumplidora con su voluntad de reunir los Stradivarius, y otra historia de creación musical, que reposa en el personaje del compositor que hizo la obra que tocará el cuarteto de cuerda, papel al que le saca cantidad de médula Frédéric Pierrot. En su modo de afrontar el proyecto, su aire conciliador, sus inseguridades y búsquedas, enriquecen las tramas musicales y pasionales.No es preciso tener un oído muy fino para apreciar lo bien que suenan los instrumentos propiamente cinematográficos, los planos, los encuadres, la luz, las secuencias, los diálogos, las intenciones y, por supuesto, también los egos y los Stradivarius. Esta película francesa dirigida por Grégory Magne , que ya estrenó aquí hace unos años la titulada ‘Perfume’, es lo que se puede llamar una obra bien hecha, con gusto, con tacto, con música, sabor y corrección narrativa y visual. Tiene dos acentos notables en su argumento: la reunión de cuatro Stradivarius únicos, dos violines, una viola y un violonchelo, y la preparación de un concierto a cargo de cuatro virtuosos de esos instrumentos. Y aunque la trama no explore caminos insospechados, el mero hecho de esa conjunción, música y músicos hace interesantes los asuntos que se pueden prever: el ego de los artistas, lo singular que hay detrás de ellos, las dificultades de fusionar lo individual en un equipo. Un cuarteto de cuerda ha de ser mucho más que cuatro virtuosos haciéndolo bien.La elección de los actores para el cuarteto es arriesgada y correcta, pues también son violinistas Matthieu Spinosi, Daniel Garlitsky y Emma Ravier; Maria Vialle, el violonchelo en la película, no tiene esa formación pero sí un gran nivel interpretativo. Y esa elección le permite a la cámara seguir sus ensayos e interpretaciones de modo natural, sin el falso aspaviento habitual de actores haciéndose pasar por músicos; además de que entienden a la perfección sus papeles y de qué habla esta película.Y delante de este panorama hay una historia familiar, que encabeza Valérie Donzelli, heredera de la afición musical de su padre y cumplidora con su voluntad de reunir los Stradivarius, y otra historia de creación musical, que reposa en el personaje del compositor que hizo la obra que tocará el cuarteto de cuerda, papel al que le saca cantidad de médula Frédéric Pierrot. En su modo de afrontar el proyecto, su aire conciliador, sus inseguridades y búsquedas, enriquecen las tramas musicales y pasionales.No es preciso tener un oído muy fino para apreciar lo bien que suenan los instrumentos propiamente cinematográficos, los planos, los encuadres, la luz, las secuencias, los diálogos, las intenciones y, por supuesto, también los egos y los Stradivarius.
Esta película francesa dirigida por Grégory Magne, que ya estrenó aquí hace unos años la titulada ‘Perfume’, es lo que se puede llamar una obra bien hecha, con gusto, con tacto, con música, sabor y corrección narrativa y visual. Tiene dos acentos notables en … su argumento: la reunión de cuatro Stradivarius únicos, dos violines, una viola y un violonchelo, y la preparación de un concierto a cargo de cuatro virtuosos de esos instrumentos. Y aunque la trama no explore caminos insospechados, el mero hecho de esa conjunción, música y músicos hace interesantes los asuntos que se pueden prever: el ego de los artistas, lo singular que hay detrás de ellos, las dificultades de fusionar lo individual en un equipo. Un cuarteto de cuerda ha de ser mucho más que cuatro virtuosos haciéndolo bien.
La elección de los actores para el cuarteto es arriesgada y correcta, pues también son violinistas Matthieu Spinosi, Daniel Garlitsky y Emma Ravier; Maria Vialle, el violonchelo en la película, no tiene esa formación pero sí un gran nivel interpretativo. Y esa elección le permite a la cámara seguir sus ensayos e interpretaciones de modo natural, sin el falso aspaviento habitual de actores haciéndose pasar por músicos; además de que entienden a la perfección sus papeles y de qué habla esta película.
Y delante de este panorama hay una historia familiar, que encabeza Valérie Donzelli, heredera de la afición musical de su padre y cumplidora con su voluntad de reunir los Stradivarius, y otra historia de creación musical, que reposa en el personaje del compositor que hizo la obra que tocará el cuarteto de cuerda, papel al que le saca cantidad de médula Frédéric Pierrot. En su modo de afrontar el proyecto, su aire conciliador, sus inseguridades y búsquedas, enriquecen las tramas musicales y pasionales.
No es preciso tener un oído muy fino para apreciar lo bien que suenan los instrumentos propiamente cinematográficos, los planos, los encuadres, la luz, las secuencias, los diálogos, las intenciones y, por supuesto, también los egos y los Stradivarius.
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