Cada noche, antes de dormir, Heron llama a su hija por teléfono. Hay complicidad entre ambos. Cómo no va a haberla, si a Maggie la ha criado él. Era tan pequeña cuando sus padres se separaron que apenas conserva recuerdos de su madre. «Está casi segura de que era una mujer a la que siempre se le pasaban un poco los espaguetis». Hoy, a sus cuarenta y tantos años, Maggie sabe —porque se lo ha oído a Heron— que ella «tuvo una aventura. Se divorciaron . Se mudó a otro sitio . Pero, fuese quien fuese, lo escogió a él antes que a mi padre. Lo escogió a él antes que a mí».Narrativa ‘Un asunto de familia’ Autora Claire Lynch Traducción Laura Salas Rodríguez Editorial Random House Páginas 220 Precio 20,90 euros Valoración *****Al igual que todas las familias que tienen mucho que contarse no se cuentan nada, Heron no le menciona a su hija el hospital: se está muriendo. Es viejo y tiene cáncer —el diagnóstico: dos, a lo mejor tres años—. En capítulos alternos viajamos desde el presente —la historia de Heron y Maggie— al pasado —la historia de Dawn, una joven que se casa porque es lo que se espera de ella. «Nos gustábamos. Los dos éramos callados y podíamos ser gente callada juntos», relata el que será primero su novio y después su marido: Heron. Porque Dawn se convertirá en su esposa; y, con el tiempo, en la madre de Maggie. Hasta que conozca a Hazel, la nueva maestra. Coinciden en un mercadillo; y, a partir de ese momento, Dawn la sorprende en todas partes. A Dawn, si se atreviera, le gustaría explicarle «lo extraño que es estar viva por fin a los veintitrés». A Heron se lo explica como Dios le da a entender : «Ha pasado algo. Está pasando algo». Torpes palabras con las que quiere decir que el corazón se le ha desbocado. La respuesta de su marido resuena como un trueno: «Me das asco».Habrá un juicio, un divorcio; una mujer que será ridiculizada, pisoteada, borrada, lo mismo que su amor. Mientras la abogada de Dawn les aconseja a ella y a Hazel: «Hay más oportunidades de salvar algo si conseguís probar ante el juez que vivís solas. Convencer al juez de que solo fue una vez , de que no es un estilo de vida». Sin embargo, todo resulta inútil: la madre no podrá tener contacto con la niña, la niña crecerá sin su madre. Y Maggie tardará en encajar las piezas del puzle.Con una contención y una delicadeza extraordinarias; con la mirada atenta a los detalles; eligiendo a cada paso la palabra exacta, la palabra justa; sin adornos. Así ha escrito Claire Lynch su primera novela, que pone el foco en el desgarro sufrido por el 90 por ciento de las madres lesbianas que, en la década de los ochenta y noventa, en el Reino Unido, se vieron implicadas en casos de divorcio y perdieron la custodia de sus hijos.El resultado, ‘Un asunto de familia’, es una historia terrible, demoledora, magníficamente bien escrita y, aunque suene incongruente, bellísima. Cada noche, antes de dormir, Heron llama a su hija por teléfono. Hay complicidad entre ambos. Cómo no va a haberla, si a Maggie la ha criado él. Era tan pequeña cuando sus padres se separaron que apenas conserva recuerdos de su madre. «Está casi segura de que era una mujer a la que siempre se le pasaban un poco los espaguetis». Hoy, a sus cuarenta y tantos años, Maggie sabe —porque se lo ha oído a Heron— que ella «tuvo una aventura. Se divorciaron . Se mudó a otro sitio . Pero, fuese quien fuese, lo escogió a él antes que a mi padre. Lo escogió a él antes que a mí».Narrativa ‘Un asunto de familia’ Autora Claire Lynch Traducción Laura Salas Rodríguez Editorial Random House Páginas 220 Precio 20,90 euros Valoración *****Al igual que todas las familias que tienen mucho que contarse no se cuentan nada, Heron no le menciona a su hija el hospital: se está muriendo. Es viejo y tiene cáncer —el diagnóstico: dos, a lo mejor tres años—. En capítulos alternos viajamos desde el presente —la historia de Heron y Maggie— al pasado —la historia de Dawn, una joven que se casa porque es lo que se espera de ella. «Nos gustábamos. Los dos éramos callados y podíamos ser gente callada juntos», relata el que será primero su novio y después su marido: Heron. Porque Dawn se convertirá en su esposa; y, con el tiempo, en la madre de Maggie. Hasta que conozca a Hazel, la nueva maestra. Coinciden en un mercadillo; y, a partir de ese momento, Dawn la sorprende en todas partes. A Dawn, si se atreviera, le gustaría explicarle «lo extraño que es estar viva por fin a los veintitrés». A Heron se lo explica como Dios le da a entender : «Ha pasado algo. Está pasando algo». Torpes palabras con las que quiere decir que el corazón se le ha desbocado. La respuesta de su marido resuena como un trueno: «Me das asco».Habrá un juicio, un divorcio; una mujer que será ridiculizada, pisoteada, borrada, lo mismo que su amor. Mientras la abogada de Dawn les aconseja a ella y a Hazel: «Hay más oportunidades de salvar algo si conseguís probar ante el juez que vivís solas. Convencer al juez de que solo fue una vez , de que no es un estilo de vida». Sin embargo, todo resulta inútil: la madre no podrá tener contacto con la niña, la niña crecerá sin su madre. Y Maggie tardará en encajar las piezas del puzle.Con una contención y una delicadeza extraordinarias; con la mirada atenta a los detalles; eligiendo a cada paso la palabra exacta, la palabra justa; sin adornos. Así ha escrito Claire Lynch su primera novela, que pone el foco en el desgarro sufrido por el 90 por ciento de las madres lesbianas que, en la década de los ochenta y noventa, en el Reino Unido, se vieron implicadas en casos de divorcio y perdieron la custodia de sus hijos.El resultado, ‘Un asunto de familia’, es una historia terrible, demoledora, magníficamente bien escrita y, aunque suene incongruente, bellísima.
Cada noche, antes de dormir, Heron llama a su hija por teléfono. Hay complicidad entre ambos. Cómo no va a haberla, si a Maggie la ha criado él. Era tan pequeña cuando sus padres se separaron que apenas conserva recuerdos de su madre. «Está … casi segura de que era una mujer a la que siempre se le pasaban un poco los espaguetis».
Hoy, a sus cuarenta y tantos años, Maggie sabe —porque se lo ha oído a Heron— que ella «tuvo una aventura. Se divorciaron. Se mudó a otro sitio. Pero, fuese quien fuese, lo escogió a él antes que a mi padre. Lo escogió a él antes que a mí».
Narrativa
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‘Un asunto de familia’

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Autora
Claire Lynch -
Traducción
Laura Salas Rodríguez -
Editorial
Random House -
Páginas
220 -
Precio
20,90 euros -
Valoración
*****
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Al igual que todas las familias que tienen mucho que contarse no se cuentan nada, Heron no le menciona a su hija el hospital: se está muriendo. Es viejo y tiene cáncer —el diagnóstico: dos, a lo mejor tres años—. En capítulos alternos viajamos desde el presente —la historia de Heron y Maggie— al pasado —la historia de Dawn, una joven que se casa porque es lo que se espera de ella. «Nos gustábamos. Los dos éramos callados y podíamos ser gente callada juntos», relata el que será primero su novio y después su marido: Heron. Porque Dawn se convertirá en su esposa; y, con el tiempo, en la madre de Maggie.
Hasta que conozca a Hazel, la nueva maestra. Coinciden en un mercadillo; y, a partir de ese momento, Dawn la sorprende en todas partes. A Dawn, si se atreviera, le gustaría explicarle «lo extraño que es estar viva por fin a los veintitrés». A Heron se lo explica como Dios le da a entender: «Ha pasado algo. Está pasando algo». Torpes palabras con las que quiere decir que el corazón se le ha desbocado. La respuesta de su marido resuena como un trueno: «Me das asco».
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Rubén Cañizares
Habrá un juicio, un divorcio; una mujer que será ridiculizada, pisoteada, borrada, lo mismo que su amor. Mientras la abogada de Dawn les aconseja a ella y a Hazel: «Hay más oportunidades de salvar algo si conseguís probar ante el juez que vivís solas. Convencer al juez de que solo fue una vez, de que no es un estilo de vida». Sin embargo, todo resulta inútil: la madre no podrá tener contacto con la niña, la niña crecerá sin su madre. Y Maggie tardará en encajar las piezas del puzle.
Con una contención y una delicadeza extraordinarias; con la mirada atenta a los detalles; eligiendo a cada paso la palabra exacta, la palabra justa; sin adornos. Así ha escrito Claire Lynch su primera novela, que pone el foco en el desgarro sufrido por el 90 por ciento de las madres lesbianas que, en la década de los ochenta y noventa, en el Reino Unido, se vieron implicadas en casos de divorcio y perdieron la custodia de sus hijos.
El resultado, ‘Un asunto de familia’, es una historia terrible, demoledora, magníficamente bien escrita y, aunque suene incongruente, bellísima.
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