A ver quién era el guapo que levantaba una tarde que se precipitaba al vacío. A ver quién era el tío con la capacidad y los arrestos suficientes para aupar aquello. Pues hubo uno que obró el milagro, curiosamente el que había entrado por la vía de las sustitución para ocupar el puesto de Morante, sobre cuya ausencia -de una de las plazas que más necesitan a las figuras- las malas lenguas se afilaron a medida que avanzaba el día, con comentarios que iban desde la taquilla al dinero, como el bautismo del primer toro de Carmen Lorenzo (mejores los de rejones que los de lidia a pie). Contaban que apenas hubo devoluciones, pues la gente ya había hecho su plan taurino de fin de semana en la Bella Easo y se encontró con un soberbio Daniel Luque. Si bien estuvo el día anterior, un paso más dio para alzar la mixta. Quienes conocen de su dimensión no perdían la esperanza cuando apareció el último, al que fue amasando desde que se abrió de capote. Maravilló el quite, con cuatro verónicas a cámara lenta, despaciosas, mecidas… Lo más artístico. ¡Agua! Bebía el de Gerena de su vasito de plata mientras Contreras lidiaba al garcigrande sin bajarle en exceso la mano. Se desmonteró Antonio Manuel Punta, aunque también expuso Jesús Arruga en un par. Al tal Maicero se le adivinaban más templadas maneras que a sus hermanos, sin ser nada del otro jueves. Resumiendo: a ese toro le hacían una faena así Luque y dos más. Guillermo Hermoso de Mendoza, a lomos de Alquimista, paseó un trofeo BMFBajo la cubierta presentó la zurda mientras daba celo al animal. Hasta ligar y atacar, atacar y ligar. Hasta sacar un fondo extra de Maicero, el de mejor son. ¿Saben por qué? Por sus conocimientos de terrenos, distancias, alturas y esa técnica privilegiada. ¿Saben por qué? Porque se puso en el sitio donde al toro -que lógicamente tenía dentro ese plus- no le quedaba otra que embestir. Sonaba ‘España cañí’ mientras intercalaba los pitones, mientras se enroscaba la embestida a la cintura en un redondo interminable. Rotas las palmas, rendidas a su capaz gestión de la situación. Cada vez más enfibrado, con la cara afilada de rabia, dispuesto a la remontada, aunque hubiese que subirse encima de Maicero, al que quiso pegar bocados. Y, de repente, un natural resplandeció, con el pecho ofrecido, con los riñones hundidos, toreando hasta con las cejas. Al toro se merendó en las luquecinas, dejándose lamer la taleguilla con aplomo, mirando al tendido, cubierto en más de su mitad. Más raza que toda la corrida sacó Luque. Allí quedó el desplante a cuerpo limpio y ese beso a la testuz mientras Illumbe vibraba ya sobre la bocina. Con el toro algo encogido en la hora final, el pinchazo previo a una estocada hasta los gavilanes se interpuso en el camino del doble galardón. De ley la oreja.Pendiente de la lidia anduvo en todo momento Luque en el tercero, con ese andar de costado. No le quedó otra que practicar de inicio el método de la expulsión con un Droguero que miraba y se venía por dentro, con un peligro sordo para la mayoría. De cartel fue una firma zurda. Con qué habilidad lo pasaportó al hilo de las tablas. A José María Manzanares poco le duró la alegría de la Concha de Oro recibida tras el paseíllo. Después de la seriedad del conjunto de Zalduendo, sorprendió la cara del primero de lidia a pie, que parecía un pariente cercano de los de rejones. Muchas líneas tiró el alicantino con un Treinta y cinco de incómodo cabeceo, con el oasis de un natural de estupendo trazo. Curiosamente, cuando lo apretó un poco más con la mano de la cuchara, respondió con mayor transmisión. A tornillazos iba el quinto, con el que, pese al esfuerzo, ni se estrechó ni se confió entre el hartazgo del personal. San Sebastián Coso de Illumbe Viernes, 14 de agosto de 2026. Segunda corrida. Más de media entrada. Dos toros de Carmen Lorenzo para rejones y cuatro de Garcigrande para la lidia a pie, desiguales y deslucidos en general; destacó el 6º. Guillermo Hermoso de Mendoza, pinchazo, rejón trasero contrario y descabello (saludos); rejón contrario y descabello (oreja). José María Manzanares, de nazareno y oro: media atravesada, estocada y descabello (saludos tras aviso); estocada (saludos). Daniel Luque, de verde militar y oro: estocada (leve petición y saludos); pinchazo hondo y estoconazo (oreja).Menos mal que faltaba el sexto… Pero a ver quién era el guapo que ayudaba a desvestir aquel «cansado traje de la soledad», que canta El Barrio. Pues aquella soledad de ese marcador vacío -salvo el trofeo conquistado por Guillermo Hermoso, el caballero que abría la mixta- la llenó de contenido uno que estuvo hecho un tío: Daniel Luque. A ver quién era el guapo que levantaba una tarde que se precipitaba al vacío. A ver quién era el tío con la capacidad y los arrestos suficientes para aupar aquello. Pues hubo uno que obró el milagro, curiosamente el que había entrado por la vía de las sustitución para ocupar el puesto de Morante, sobre cuya ausencia -de una de las plazas que más necesitan a las figuras- las malas lenguas se afilaron a medida que avanzaba el día, con comentarios que iban desde la taquilla al dinero, como el bautismo del primer toro de Carmen Lorenzo (mejores los de rejones que los de lidia a pie). Contaban que apenas hubo devoluciones, pues la gente ya había hecho su plan taurino de fin de semana en la Bella Easo y se encontró con un soberbio Daniel Luque. Si bien estuvo el día anterior, un paso más dio para alzar la mixta. Quienes conocen de su dimensión no perdían la esperanza cuando apareció el último, al que fue amasando desde que se abrió de capote. Maravilló el quite, con cuatro verónicas a cámara lenta, despaciosas, mecidas… Lo más artístico. ¡Agua! Bebía el de Gerena de su vasito de plata mientras Contreras lidiaba al garcigrande sin bajarle en exceso la mano. Se desmonteró Antonio Manuel Punta, aunque también expuso Jesús Arruga en un par. Al tal Maicero se le adivinaban más templadas maneras que a sus hermanos, sin ser nada del otro jueves. Resumiendo: a ese toro le hacían una faena así Luque y dos más. Guillermo Hermoso de Mendoza, a lomos de Alquimista, paseó un trofeo BMFBajo la cubierta presentó la zurda mientras daba celo al animal. Hasta ligar y atacar, atacar y ligar. Hasta sacar un fondo extra de Maicero, el de mejor son. ¿Saben por qué? Por sus conocimientos de terrenos, distancias, alturas y esa técnica privilegiada. ¿Saben por qué? Porque se puso en el sitio donde al toro -que lógicamente tenía dentro ese plus- no le quedaba otra que embestir. Sonaba ‘España cañí’ mientras intercalaba los pitones, mientras se enroscaba la embestida a la cintura en un redondo interminable. Rotas las palmas, rendidas a su capaz gestión de la situación. Cada vez más enfibrado, con la cara afilada de rabia, dispuesto a la remontada, aunque hubiese que subirse encima de Maicero, al que quiso pegar bocados. Y, de repente, un natural resplandeció, con el pecho ofrecido, con los riñones hundidos, toreando hasta con las cejas. Al toro se merendó en las luquecinas, dejándose lamer la taleguilla con aplomo, mirando al tendido, cubierto en más de su mitad. Más raza que toda la corrida sacó Luque. Allí quedó el desplante a cuerpo limpio y ese beso a la testuz mientras Illumbe vibraba ya sobre la bocina. Con el toro algo encogido en la hora final, el pinchazo previo a una estocada hasta los gavilanes se interpuso en el camino del doble galardón. De ley la oreja.Pendiente de la lidia anduvo en todo momento Luque en el tercero, con ese andar de costado. No le quedó otra que practicar de inicio el método de la expulsión con un Droguero que miraba y se venía por dentro, con un peligro sordo para la mayoría. De cartel fue una firma zurda. Con qué habilidad lo pasaportó al hilo de las tablas. A José María Manzanares poco le duró la alegría de la Concha de Oro recibida tras el paseíllo. Después de la seriedad del conjunto de Zalduendo, sorprendió la cara del primero de lidia a pie, que parecía un pariente cercano de los de rejones. Muchas líneas tiró el alicantino con un Treinta y cinco de incómodo cabeceo, con el oasis de un natural de estupendo trazo. Curiosamente, cuando lo apretó un poco más con la mano de la cuchara, respondió con mayor transmisión. A tornillazos iba el quinto, con el que, pese al esfuerzo, ni se estrechó ni se confió entre el hartazgo del personal. San Sebastián Coso de Illumbe Viernes, 14 de agosto de 2026. Segunda corrida. Más de media entrada. Dos toros de Carmen Lorenzo para rejones y cuatro de Garcigrande para la lidia a pie, desiguales y deslucidos en general; destacó el 6º. Guillermo Hermoso de Mendoza, pinchazo, rejón trasero contrario y descabello (saludos); rejón contrario y descabello (oreja). José María Manzanares, de nazareno y oro: media atravesada, estocada y descabello (saludos tras aviso); estocada (saludos). Daniel Luque, de verde militar y oro: estocada (leve petición y saludos); pinchazo hondo y estoconazo (oreja).Menos mal que faltaba el sexto… Pero a ver quién era el guapo que ayudaba a desvestir aquel «cansado traje de la soledad», que canta El Barrio. Pues aquella soledad de ese marcador vacío -salvo el trofeo conquistado por Guillermo Hermoso, el caballero que abría la mixta- la llenó de contenido uno que estuvo hecho un tío: Daniel Luque.
A ver quién era el guapo que levantaba una tarde que se precipitaba al vacío. A ver quién era el tío con la capacidad y los arrestos suficientes para aupar aquello. Pues hubo uno que obró el milagro, curiosamente el que había entrado por la … vía de las sustitución para ocupar el puesto de Morante, sobre cuya ausencia -de una de las plazas que más necesitan a las figuras- las malas lenguas se afilaron a medida que avanzaba el día, con comentarios que iban desde la taquilla al dinero, como el bautismo del primer toro de Carmen Lorenzo (mejores los de rejones que los de lidia a pie). Contaban que apenas hubo devoluciones, pues la gente ya había hecho su plan taurino de fin de semana en la Bella Easo y se encontró con un soberbio Daniel Luque. Si bien estuvo el día anterior, un paso más dio para alzar la mixta.
Quienes conocen de su dimensión no perdían la esperanza cuando apareció el último, al que fue amasando desde que se abrió de capote. Maravilló el quite, con cuatro verónicas a cámara lenta, despaciosas, mecidas… Lo más artístico. ¡Agua! Bebía el de Gerena de su vasito de plata mientras Contreras lidiaba al garcigrande sin bajarle en exceso la mano. Se desmonteró Antonio Manuel Punta, aunque también expuso Jesús Arruga en un par. Al tal Maicero se le adivinaban más templadas maneras que a sus hermanos, sin ser nada del otro jueves. Resumiendo: a ese toro le hacían una faena así Luque y dos más.

(BMF)
Bajo la cubierta presentó la zurda mientras daba celo al animal. Hasta ligar y atacar, atacar y ligar. Hasta sacar un fondo extra de Maicero, el de mejor son. ¿Saben por qué? Por sus conocimientos de terrenos, distancias, alturas y esa técnica privilegiada. ¿Saben por qué? Porque se puso en el sitio donde al toro -que lógicamente tenía dentro ese plus- no le quedaba otra que embestir. Sonaba ‘España cañí’ mientras intercalaba los pitones, mientras se enroscaba la embestida a la cintura en un redondo interminable. Rotas las palmas, rendidas a su capaz gestión de la situación. Cada vez más enfibrado, con la cara afilada de rabia, dispuesto a la remontada, aunque hubiese que subirse encima de Maicero, al que quiso pegar bocados. Y, de repente, un natural resplandeció, con el pecho ofrecido, con los riñones hundidos, toreando hasta con las cejas. Al toro se merendó en las luquecinas, dejándose lamer la taleguilla con aplomo, mirando al tendido, cubierto en más de su mitad. Más raza que toda la corrida sacó Luque. Allí quedó el desplante a cuerpo limpio y ese beso a la testuz mientras Illumbe vibraba ya sobre la bocina. Con el toro algo encogido en la hora final, el pinchazo previo a una estocada hasta los gavilanes se interpuso en el camino del doble galardón. De ley la oreja.
Pendiente de la lidia anduvo en todo momento Luque en el tercero, con ese andar de costado. No le quedó otra que practicar de inicio el método de la expulsión con un Droguero que miraba y se venía por dentro, con un peligro sordo para la mayoría. De cartel fue una firma zurda. Con qué habilidad lo pasaportó al hilo de las tablas.
A José María Manzanares poco le duró la alegría de la Concha de Oro recibida tras el paseíllo. Después de la seriedad del conjunto de Zalduendo, sorprendió la cara del primero de lidia a pie, que parecía un pariente cercano de los de rejones. Muchas líneas tiró el alicantino con un Treinta y cinco de incómodo cabeceo, con el oasis de un natural de estupendo trazo. Curiosamente, cuando lo apretó un poco más con la mano de la cuchara, respondió con mayor transmisión. A tornillazos iba el quinto, con el que, pese al esfuerzo, ni se estrechó ni se confió entre el hartazgo del personal.
San Sebastián
-
Coso de Illumbe
Viernes, 14 de agosto de 2026. Segunda corrida. Más de media entrada. Dos toros de Carmen Lorenzo para rejones y cuatro de Garcigrande para la lidia a pie, desiguales y deslucidos en general; destacó el 6º.
-
Guillermo Hermoso de Mendoza,
pinchazo, rejón trasero contrario y descabello (saludos); rejón contrario y descabello (oreja). -
José María Manzanares, de nazareno y oro: media atravesada, estocada y descabello (saludos tras aviso); estocada (saludos).
-
Daniel Luque,
de verde militar y oro: estocada (leve petición y saludos); pinchazo hondo y estoconazo (oreja).
-
Menos mal que faltaba el sexto… Pero a ver quién era el guapo que ayudaba a desvestir aquel «cansado traje de la soledad», que canta El Barrio. Pues aquella soledad de ese marcador vacío -salvo el trofeo conquistado por Guillermo Hermoso, el caballero que abría la mixta- la llenó de contenido uno que estuvo hecho un tío: Daniel Luque.
RSS de noticias de cultura
