Pastora Imperio regresa este fin de semana en Madrid. Al menos, su espíritu, su legado. Vuelve así una de las leyendas del baile flamenco por mero empeño de Paula Comitre, que se rinde a la maestra en su espectáculo ‘Bien vale un imperio’, que estrena este viernes en Centro Danza Matadero (CDM) dentro del ciclo Nuevos Creadores 2026.
La bailaora sevillana (1994) completa así el segundo capítulo de la ‘Trilogía de la Edad de Plata Femenina’, un proyecto en el que Comitre construye, mediante tres espectáculos, un tríptico inspirado en el imaginario y legado de tres mujeres fundamentales para la consolidación del flamenco y la danza española de comienzos del siglo XX. Tras ‘Après vous, Madame’, inspirado por Antonia Mercé «La Argentina», esta reciente creación se adentra en la figura de Pastora Imperio. Dejando así un espacio para completar en el futuro con una tercera y última pieza inspirada en otra gran bailarina de la época, como fue Tórtola Valencia, una bailaora con un lenguaje más experimental.
Tres mujeres complementarias
«Las tres tienen muchas cosas en común, fundamentalmente, el poder de haber hecho grandes aportaciones al flamenco. Son complementarias», defiende la sevillana sobre tres mujeres «fundamentales» para la consolidación de la danza española de comienzos del siglo XX.
Comitre parte del imaginario y el legado de estas artistas para desarrollar una creación plenamente contemporánea. La pieza rescata resonancias del flamenco de aquella época para trasladarlas a un lenguaje actual, «donde la tradición se entiende como un material vivo en constante transformación», explica CDM. A través del cuerpo, el gesto y la escena, se articula un diálogo entre memoria y presente. Su interés se sitúa también en el cruce entre disciplinas artísticas, tal y como hicieron muchas creadoras de la Edad de Plata, vinculadas a las vanguardias y las artes plásticas.
Acompañada por tres guitarras de perfiles distintos: la clásica, de Pedro Rojas Ogáyar, la flamenca de Francis Gómez y la de Jesús Rodríguez, la función construye un espacio sonoro contemporáneo desde el que dialogar con el imaginario de Pastora Imperio. «Tres mundos diferentes que se complementan». Tres voces que expanden el flamenco «hacia nuevas texturas, atravesando lo popular, lo íntimo y lo vanguardista, sosteniendo una creación que entiende el pasado como una materia activa para pensar el presente».
‘El amor brujo’ de Falla
Fue la estela de «La Argentina» la que llevó a la bailaora a «seguir indagando en la edad de plata de mujeres que han conformado el flamenco tal y como lo conocemos hoy», cuenta de un trabajo con el que no pretende reconstruir el pasado, sino «investigarlo desde el presente». Un camino en el que encontró a la «apasionante», como la define, Pastora Imperio junto a todas sus «muchas aportaciones».
De ella le llamó la atención las tres etapas que marcaron su vida en el flamenco: la sicalíptica, en la que «aportó mucho al cuplé y donde cantaba a la par que bailaba»; el despegue definitivo de su carrera, cuando Manuel de Falla escribió para ella ‘El amor brujo’; y una fase en la que se adentró en los primeros pasos de la escuela sevillana, donde cobraron especial importancia la bata de cola, los brazos y el mantón, además de al torso. «Una parte flamenca caracterizada por la elegancia y por la pulcritud en el movimiento», presenta una Comitre que lucirá el vestuario de Fuentesal Arenillas forjado a partir de un sombrero cordobés extra grande inspirado en la primera etapa de Pastora Imperio, cuando lo utilizaba para su interpretación del garrotín.
Así, la falda de la bailaora mira al pintor de Néstor Martín-Fernández de la Torre; para después reinterpretar una peculiar bata de cola que pone en valor la escuela sevillana y «la importancia de que la falda acaricie el suelo, no tiene que volar y ser golpeada».
La bailaora sevillana rinde homenaje al legado de Pastora Imperio con su estreno en el Centro Danza Matadero
Pastora Imperio regresa este fin de semana en Madrid. Al menos, su espíritu, su legado. Vuelve así una de las leyendas del baile flamenco por mero empeño de Paula Comitre, que se rinde a la maestra en su espectáculo ‘Bien vale un imperio’, que estrena este viernes en Centro Danza Matadero (CDM) dentro del ciclo Nuevos Creadores 2026.
La bailaora sevillana (1994) completa así el segundo capítulo de la ‘Trilogía de la Edad de Plata Femenina’, un proyecto en el que Comitre construye, mediante tres espectáculos, un tríptico inspirado en el imaginario y legado de tres mujeres fundamentales para la consolidación del flamenco y la danza española de comienzos del siglo XX. Tras ‘Après vous, Madame’, inspirado por Antonia Mercé «La Argentina», esta reciente creación se adentra en la figura de Pastora Imperio. Dejando así un espacio para completar en el futuro con una tercera y última pieza inspirada en otra gran bailarina de la época, como fue Tórtola Valencia, una bailaora con un lenguaje más experimental.
«Las tres tienen muchas cosas en común, fundamentalmente, el poder de haber hecho grandes aportaciones al flamenco. Son complementarias», defiende la sevillana sobre tres mujeres «fundamentales» para la consolidación de la danza española de comienzos del siglo XX.
Comitre parte del imaginario y el legado de estas artistas para desarrollar una creación plenamente contemporánea. La pieza rescata resonancias del flamenco de aquella época para trasladarlas a un lenguaje actual, «donde la tradición se entiende como un material vivo en constante transformación», explica CDM. A través del cuerpo, el gesto y la escena, se articula un diálogo entre memoria y presente. Su interés se sitúa también en el cruce entre disciplinas artísticas, tal y como hicieron muchas creadoras de la Edad de Plata, vinculadas a las vanguardias y las artes plásticas.
Acompañada por tres guitarras de perfiles distintos: la clásica, de Pedro Rojas Ogáyar, la flamenca de Francis Gómez y la de Jesús Rodríguez, la función construye un espacio sonoro contemporáneo desde el que dialogar con el imaginario de Pastora Imperio. «Tres mundos diferentes que se complementan». Tres voces que expanden el flamenco «hacia nuevas texturas, atravesando lo popular, lo íntimo y lo vanguardista, sosteniendo una creación que entiende el pasado como una materia activa para pensar el presente».
Fue la estela de «La Argentina» la que llevó a la bailaora a «seguir indagando en la edad de plata de mujeres que han conformado el flamenco tal y como lo conocemos hoy», cuenta de un trabajo con el que no pretende reconstruir el pasado, sino «investigarlo desde el presente». Un camino en el que encontró a la «apasionante», como la define, Pastora Imperio junto a todas sus «muchas aportaciones».
De ella le llamó la atención las tres etapas que marcaron su vida en el flamenco: la sicalíptica, en la que «aportó mucho al cuplé y donde cantaba a la par que bailaba»; el despegue definitivo de su carrera, cuando Manuel de Falla escribió para ella ‘El amor brujo’; y una fase en la que se adentró en los primeros pasos de la escuela sevillana, donde cobraron especial importancia la bata de cola, los brazos y el mantón, además de al torso. «Una parte flamenca caracterizada por la elegancia y por la pulcritud en el movimiento», presenta una Comitre que lucirá el vestuario de Fuentesal Arenillas forjado a partir de un sombrero cordobés extra grande inspirado en la primera etapa de Pastora Imperio, cuando lo utilizaba para su interpretación del garrotín.
Así, la falda de la bailaora mira al pintor de Néstor Martín-Fernández de la Torre; para después reinterpretar una peculiar bata de cola que pone en valor la escuela sevillana y «la importancia de que la falda acaricie el suelo, no tiene que volar y ser golpeada».
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