Un cuarto de hora antes del encierro, la Kiss Cam -esa cámara que enseña las costuras del acompañante, oficial o extraoficial, ese foco que ha provocado más de una bronca entre pariente y parienta- enfocaba a Fortes en el callejón abrazado a su niño. Desde un burladero contempló la llegada de La Palmosilla, la misma ganadería con la que salió a hombros el pasado año con Fernando Adrián. Otra vez juntos en el cartel, ahora con Samuel Navalón como compañero de terna, en una tarde de incómodo viento para disfrutar de las virtudes del conjunto de Tarifa y pulir los defectos, que de ambas cosas hubo en una corrida sin exageraciones -algunos en el límite-, con opciones para triunfar y con muchos matices para analizar.De la divisa celeste y roja fue el mejor ejemplar que va de feria: Cantarillo -el castaño que había provocado los momentos de mayor tensión en la bajada al callejón- era su nombre. Este cinqueño, herrado con el 57, fue el primer toro que el ganadero Javier Núñez dio a conocer en Año Nuevo, como es tradición. Pues del día 1 a toro número 1, de momento, de los sanfermines. ¿Adivinan a quién le tocó? ¡Bingo! A Fernando Adrián, el torero al que le embestiría hasta Jalisco, el famoso cabestro de las vaquillas. «¡Jaliiiiisco, Jaliiiiisco!», corean cada mañana. Cumplió en varas Cantarillo, mientras en lo alto del 7 ensayaban el remo vikingo. Asomaba otra viveza en este cinqueño, unas notas de bravura que prometían emoción. Tras un firme prólogo de pases por alto sobre la raya, concedió distancia en los medios para lucir la alegre embestida, que gustaba más que los muletazos. A su manera lo toreó, algo acelerado y vulgarote. Indiscutibles sus ganas, pero la estética no acompañaba. Por los dos pitones embestía, pero es que por el izquierdo enseñó una clase y un tranco para que aquello explotase. Faltaron cosas, y el torero lo sabía. Cuando el toro se puso escarbador, probó un broche de rodillas sin redondear, por lo que obsequió con otro cierre, por bernadinas ahora. Contundente estoqueador, pinchó en el primer encuentro, que no frenó la oreja de un toro de triunfo mayor. En medio de una gloriosa ovación arrastraron al Cantarillo con bautismo de esa jota que tanto bailan las mujeres de Esparragosa. En el umbral del premio se quedó Samuel Navalón en su ansiado debut en Pamplona. Dos julios atrás, lloró a lágrima viva cuando se desató la tormenta y el ruedo se convirtió en una piscina antes de la salida del novillo de su presentación. Con la montera calada y el cuerpo empapado se quedó mirando hacia el horizonte de toriles por la oportunidad perdida. Y hasta esos terrenos se marchó para recibir al sexto a portagayola, un Mirloblanco como aquel gran toro que le tocó hace un año a… ¡Fernando Adrián! Muy complicado este serio y cinqueño sexto, con una guasa que buscaba presa. Hasta que prendió a Navalón de dramática manera cuando toreaba a izquierdas. Cada vez lo medía más, pero no se arredró la esperanza valenciana, que lo cazó de una estocada sin la muerte necesaria. El descabello se llevó la oreja que merecía el conjunto de su tarde. De buena condición había sido el tercero -alejado del trapío pamplonica-, en el que Curro Javier anduvo espléndido en banderillas y su matador dibujó al ralentí unos extraordinarios naturales, los más sobresalientes.No se entretuvo con la zocata Adrián en el bonito segundo, sin cánticos y con peñistas del sol ausentes. Fue una faena voluntariosa y valerosa, en la que molestó mucho Eolo. Cortijero, pese a su obediencia por el buen pitón derecho, tenía tendencia a meterse por dentro. El gran toro le aguardaba en el otro de su lote: no hay quinto malo. Feria de San Fermín Monumental de Pamplona Domingo, 12 de julio de 2026. Octava corrida. Lleno. Toros de La Palmosilla (cuatreños, salvo 5º y 6º), sin exageraciones en sus caras, sueltos de carnes, algunos en el límite de presencia, encastaditos y con movilidad pero sin sobrarles el poder en general, con virtudes sin ser facilones; destacó el estupendo 5º. Fortes, de vainilla y oro: estocada corta tendida, dos pinchazos y estocada trasera (silencio); estocada y descabello (saludos tras aviso). Fernando Adrián, de noche y oro: pinchazo y estocada (saludos); pinchazo y estocada (oreja). Samuel Navalón, de frambuesa y oro: pinchazo y estoconazo (saludos); estocada y dos descabellos (ovación).Con paso firme se encaminó Fortes hasta el túnel de chiqueros para recibir con un farol de rodillas al primero, justo de presencia y poder, pero codicioso. Molestó el viento y resultó incómodo el tal Sombrerito, pegajosete y protestando por su rácana fortaleza. Tesonero y sin acople anduvo el malagueño, mal a espadas. La Virgen María se le apareció en el cuarto cuando perdió pie y quedó a merced del animal, tan noble que ni hizo por él. La estocada sería lo más rotundo de su desangelado y espeso paso por San Fermín. Un cuarto de hora antes del encierro, la Kiss Cam -esa cámara que enseña las costuras del acompañante, oficial o extraoficial, ese foco que ha provocado más de una bronca entre pariente y parienta- enfocaba a Fortes en el callejón abrazado a su niño. Desde un burladero contempló la llegada de La Palmosilla, la misma ganadería con la que salió a hombros el pasado año con Fernando Adrián. Otra vez juntos en el cartel, ahora con Samuel Navalón como compañero de terna, en una tarde de incómodo viento para disfrutar de las virtudes del conjunto de Tarifa y pulir los defectos, que de ambas cosas hubo en una corrida sin exageraciones -algunos en el límite-, con opciones para triunfar y con muchos matices para analizar.De la divisa celeste y roja fue el mejor ejemplar que va de feria: Cantarillo -el castaño que había provocado los momentos de mayor tensión en la bajada al callejón- era su nombre. Este cinqueño, herrado con el 57, fue el primer toro que el ganadero Javier Núñez dio a conocer en Año Nuevo, como es tradición. Pues del día 1 a toro número 1, de momento, de los sanfermines. ¿Adivinan a quién le tocó? ¡Bingo! A Fernando Adrián, el torero al que le embestiría hasta Jalisco, el famoso cabestro de las vaquillas. «¡Jaliiiiisco, Jaliiiiisco!», corean cada mañana. Cumplió en varas Cantarillo, mientras en lo alto del 7 ensayaban el remo vikingo. Asomaba otra viveza en este cinqueño, unas notas de bravura que prometían emoción. Tras un firme prólogo de pases por alto sobre la raya, concedió distancia en los medios para lucir la alegre embestida, que gustaba más que los muletazos. A su manera lo toreó, algo acelerado y vulgarote. Indiscutibles sus ganas, pero la estética no acompañaba. Por los dos pitones embestía, pero es que por el izquierdo enseñó una clase y un tranco para que aquello explotase. Faltaron cosas, y el torero lo sabía. Cuando el toro se puso escarbador, probó un broche de rodillas sin redondear, por lo que obsequió con otro cierre, por bernadinas ahora. Contundente estoqueador, pinchó en el primer encuentro, que no frenó la oreja de un toro de triunfo mayor. En medio de una gloriosa ovación arrastraron al Cantarillo con bautismo de esa jota que tanto bailan las mujeres de Esparragosa. En el umbral del premio se quedó Samuel Navalón en su ansiado debut en Pamplona. Dos julios atrás, lloró a lágrima viva cuando se desató la tormenta y el ruedo se convirtió en una piscina antes de la salida del novillo de su presentación. Con la montera calada y el cuerpo empapado se quedó mirando hacia el horizonte de toriles por la oportunidad perdida. Y hasta esos terrenos se marchó para recibir al sexto a portagayola, un Mirloblanco como aquel gran toro que le tocó hace un año a… ¡Fernando Adrián! Muy complicado este serio y cinqueño sexto, con una guasa que buscaba presa. Hasta que prendió a Navalón de dramática manera cuando toreaba a izquierdas. Cada vez lo medía más, pero no se arredró la esperanza valenciana, que lo cazó de una estocada sin la muerte necesaria. El descabello se llevó la oreja que merecía el conjunto de su tarde. De buena condición había sido el tercero -alejado del trapío pamplonica-, en el que Curro Javier anduvo espléndido en banderillas y su matador dibujó al ralentí unos extraordinarios naturales, los más sobresalientes.No se entretuvo con la zocata Adrián en el bonito segundo, sin cánticos y con peñistas del sol ausentes. Fue una faena voluntariosa y valerosa, en la que molestó mucho Eolo. Cortijero, pese a su obediencia por el buen pitón derecho, tenía tendencia a meterse por dentro. El gran toro le aguardaba en el otro de su lote: no hay quinto malo. Feria de San Fermín Monumental de Pamplona Domingo, 12 de julio de 2026. Octava corrida. Lleno. Toros de La Palmosilla (cuatreños, salvo 5º y 6º), sin exageraciones en sus caras, sueltos de carnes, algunos en el límite de presencia, encastaditos y con movilidad pero sin sobrarles el poder en general, con virtudes sin ser facilones; destacó el estupendo 5º. Fortes, de vainilla y oro: estocada corta tendida, dos pinchazos y estocada trasera (silencio); estocada y descabello (saludos tras aviso). Fernando Adrián, de noche y oro: pinchazo y estocada (saludos); pinchazo y estocada (oreja). Samuel Navalón, de frambuesa y oro: pinchazo y estoconazo (saludos); estocada y dos descabellos (ovación).Con paso firme se encaminó Fortes hasta el túnel de chiqueros para recibir con un farol de rodillas al primero, justo de presencia y poder, pero codicioso. Molestó el viento y resultó incómodo el tal Sombrerito, pegajosete y protestando por su rácana fortaleza. Tesonero y sin acople anduvo el malagueño, mal a espadas. La Virgen María se le apareció en el cuarto cuando perdió pie y quedó a merced del animal, tan noble que ni hizo por él. La estocada sería lo más rotundo de su desangelado y espeso paso por San Fermín.
Un cuarto de hora antes del encierro, la Kiss Cam -esa cámara que enseña las costuras del acompañante, oficial o extraoficial, ese foco que ha provocado más de una bronca entre pariente y parienta- enfocaba a Fortes en el callejón abrazado a su niño. Desde … un burladero contempló la llegada de La Palmosilla, la misma ganadería con la que salió a hombros el pasado año con Fernando Adrián. Otra vez juntos en el cartel, ahora con Samuel Navalón como compañero de terna, en una tarde de incómodo viento para disfrutar de las virtudes del conjunto de Tarifa y pulir los defectos, que de ambas cosas hubo en una corrida sin exageraciones -algunos en el límite-, con opciones para triunfar y con muchos matices para analizar.
De la divisa celeste y roja fue el mejor ejemplar que va de feria: Cantarillo -el castaño que había provocado los momentos de mayor tensión en la bajada al callejón- era su nombre. Este cinqueño, herrado con el 57, fue el primer toro que el ganadero Javier Núñez dio a conocer en Año Nuevo, como es tradición. Pues del día 1 a toro número 1, de momento, de los sanfermines. ¿Adivinan a quién le tocó? ¡Bingo! A Fernando Adrián, el torero al que le embestiría hasta Jalisco, el famoso cabestro de las vaquillas. «¡Jaliiiiisco, Jaliiiiisco!», corean cada mañana.
Cumplió en varas Cantarillo, mientras en lo alto del 7 ensayaban el remo vikingo. Asomaba otra viveza en este cinqueño, unas notas de bravura que prometían emoción. Tras un firme prólogo de pases por alto sobre la raya, concedió distancia en los medios para lucir la alegre embestida, que gustaba más que los muletazos. A su manera lo toreó, algo acelerado y vulgarote. Indiscutibles sus ganas, pero la estética no acompañaba. Por los dos pitones embestía, pero es que por el izquierdo enseñó una clase y un tranco para que aquello explotase. Faltaron cosas, y el torero lo sabía. Cuando el toro se puso escarbador, probó un broche de rodillas sin redondear, por lo que obsequió con otro cierre, por bernadinas ahora. Contundente estoqueador, pinchó en el primer encuentro, que no frenó la oreja de un toro de triunfo mayor. En medio de una gloriosa ovación arrastraron al Cantarillo con bautismo de esa jota que tanto bailan las mujeres de Esparragosa.
En el umbral del premio se quedó Samuel Navalón en su ansiado debut en Pamplona. Dos julios atrás, lloró a lágrima viva cuando se desató la tormenta y el ruedo se convirtió en una piscina antes de la salida del novillo de su presentación. Con la montera calada y el cuerpo empapado se quedó mirando hacia el horizonte de toriles por la oportunidad perdida. Y hasta esos terrenos se marchó para recibir al sexto a portagayola, un Mirloblanco como aquel gran toro que le tocó hace un año a… ¡Fernando Adrián! Muy complicado este serio y cinqueño sexto, con una guasa que buscaba presa. Hasta que prendió a Navalón de dramática manera cuando toreaba a izquierdas. Cada vez lo medía más, pero no se arredró la esperanza valenciana, que lo cazó de una estocada sin la muerte necesaria. El descabello se llevó la oreja que merecía el conjunto de su tarde. De buena condición había sido el tercero -alejado del trapío pamplonica-, en el que Curro Javier anduvo espléndido en banderillas y su matador dibujó al ralentí unos extraordinarios naturales, los más sobresalientes.
No se entretuvo con la zocata Adrián en el bonito segundo, sin cánticos y con peñistas del sol ausentes. Fue una faena voluntariosa y valerosa, en la que molestó mucho Eolo. Cortijero, pese a su obediencia por el buen pitón derecho, tenía tendencia a meterse por dentro. El gran toro le aguardaba en el otro de su lote: no hay quinto malo.
Feria de San Fermín
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Monumental de Pamplona
Domingo, 12 de julio de 2026. Octava corrida. Lleno. Toros de La Palmosilla (cuatreños, salvo 5º y 6º), sin exageraciones en sus caras, sueltos de carnes, algunos en el límite de presencia, encastaditos y con movilidad pero sin sobrarles el poder en general, con virtudes sin ser facilones; destacó el estupendo 5º.
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Fortes,
de vainilla y oro: estocada corta tendida, dos pinchazos y estocada trasera (silencio); estocada y descabello (saludos tras aviso). -
Fernando Adrián,
de noche y oro: pinchazo y estocada (saludos); pinchazo y estocada (oreja). -
Samuel Navalón,
de frambuesa y oro: pinchazo y estoconazo (saludos); estocada y dos descabellos (ovación).
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Con paso firme se encaminó Fortes hasta el túnel de chiqueros para recibir con un farol de rodillas al primero, justo de presencia y poder, pero codicioso. Molestó el viento y resultó incómodo el tal Sombrerito, pegajosete y protestando por su rácana fortaleza. Tesonero y sin acople anduvo el malagueño, mal a espadas. La Virgen María se le apareció en el cuarto cuando perdió pie y quedó a merced del animal, tan noble que ni hizo por él. La estocada sería lo más rotundo de su desangelado y espeso paso por San Fermín.
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