Una cola kilométrica serpenteaba en el barrio de la Rochapea. Los toro s de San Fermín ocupaban los Corrales del Gas y miles de personas acudían a su reclamo. Igual daba el sol, los treinta grados a la sombra. Abuelos, padres y niños esperaban su turno para ver las corridas de la feria. A Andrea, tan pelirroja ella, le gustaba un jabonero de Fuente Ymbro que le recordaba a su rubiales primo. «Ese tiene los cuernos enormes, son más grandes que yo», decía el crío, que ya levantaba un metro de la tierra. Curro, guardián de los Corrales del Gas desde hace veinte años, con los toros de Escolar al fondo ABCLa multitud se paraba en cada ventanal, pero era el último el de mayor reclamo. Allí descansaban los galanes de José Escolar, la ganadería triunfadora de la pasada edición. «¡Qué miedo pasamos cuando se pararon en el ruedo!», decía un veinteañero. Se refería a Callejero y Cartero, aquellos cárdenos que camparon a sus anchas y arremetieron contra la muralla humana en el encierro. Milagrosamente, no hubo cornadas, pero por la tarde vendieron cara su vida y Rafaelillo acabó en la UCI con ocho costillas rotas después de que Juan de Castilla sufriera una cogida espeluznante en la hora final. Imponentes los grises de este 2026. «Son unos tíos», comenta Curro, el guardián de los Corrales del Gas desde hace dos décadas. «Este año vienen muy buenos toros; ahí están la de Fuente Ymbro -cómo nos acordamos de Alfonso-, la de Jandilla…» Natural de La Algaba y vinculado al campo desde su niñez, supervisa cada corralillo junto a los mayorales de cada hierro. Al pie del cañón están, manguera en mano, cuando el reburdeo anuncia la pelea y la lucha, esas ganas de sangre de las que hablaba don Álvaro Domecq en el lenguaje bravo. «Estos calores no le sientan bien a nadie, ni a las personas ni a los toros». Los toros buscan la sombra en los Corrales del Gas ABCCampanero, Chistero, Cantito, Carpintero, Chismoso, Secretario y Tomillero son los nombres de los toros más fotografiados tras el codiciado premio de la Feria del Toro. «Aquí la Fiesta debe emocionar. Los toreros tienen que ser héroes, y para eso debe haber riesgo y peligro. Mis toros son bravos, exigentes, y eso genera emoción. No queremos accidentes ni cornadas, pero el toro encastado lleva peligro consigo, y eso es lo que hace grande a la Fiesta», decía el ganadero, sin pelos en la lengua en el umbral de los noventa años. «No quiero que las figuras maten mis toros; prefiero que se queden en su sitio», asegura, sabedor de que los de primera línea no se anuncian con su divisa. En esta ocasión, serán lidiados el 11 de julio por Antonio Ferrera, autor de una faena de triunfo y genialidades en San Isidro con los grises de Adolfo, Juan de Castilla e Isaac Fonseca.Noticia relacionada general No No Feria de San Fermín Y la fiesta estalló a caballo Rosario PérezApuestas se hacían con la de Cebada Gago, ganadora del premio Carriquiri por Lioso. Su mayoral, Juan, tercera generación, explicaba que venía abierta de sementales y comentaba por lo bajini que no perdiésemos de vista al 78 -«ojo que luego puede ser el peor»-. mientras mostraba su preocupación por las elevadas temperaturas. «Los toros acusan todo, la lluvia, el viento, el calor. Esta mañana estaban ahí ‘galdeando’, que decimos por ahí abajo». Curiosos y aficionados observan la corrida de Victoriano del Río ABCUnos ventanales más allá, un cristal se empañaba con el aliento de Tibu, el perro que se aquerenció con los toros de Álvaro Núñez. Observaba a Billetero, a Naranjero, a Juncoso, y miraba a su dueño. «Está tan a gusto, no se quiere ir». «¿No le dan miedo?», preguntó alguien. «No, no». Los ojos de Tibu permanecían imantados a un colorado. Y la gente miraba al can que contemplaba las reses que lidiará Morante. Porque allí todo el mundo sabía que esa era la corrida del torero de La Puebla del Río. Sevillanísimo el cartel, con Borja Jiménez y Pablo Aguado como compañeros de terna. Tibu no pierde detalle de los toros de Álvaro Núñez a través de la ventanita inferior ABCTodo el mundo sabía también que las de Victoriano del Río y Jandilla -de aúpa sus caras- eran para Roca Rey, la única figura que hace doblete estos Sanfermines: 9 y 14 son sus fechas. «La de Jandilla es la excepción a la regla de San Fermín de que el tamaño del toro es inversamente proporcional al tamaño del cartel», señalaba Jota, del club de la Serpiente. Aunque en esto de ver toros no saben ni las vacas, distinto trapío se le apreciaba en los corrales a la de Núñez… Y allí seguía Tibu, que amenazaba con sus ladridos cuando lo separaban de la ventanita inferior por la que miraba a Asturiano, Gavilán, Gruñón y el resto de hermanos. Una cola kilométrica serpenteaba en el barrio de la Rochapea. Los toro s de San Fermín ocupaban los Corrales del Gas y miles de personas acudían a su reclamo. Igual daba el sol, los treinta grados a la sombra. Abuelos, padres y niños esperaban su turno para ver las corridas de la feria. A Andrea, tan pelirroja ella, le gustaba un jabonero de Fuente Ymbro que le recordaba a su rubiales primo. «Ese tiene los cuernos enormes, son más grandes que yo», decía el crío, que ya levantaba un metro de la tierra. Curro, guardián de los Corrales del Gas desde hace veinte años, con los toros de Escolar al fondo ABCLa multitud se paraba en cada ventanal, pero era el último el de mayor reclamo. Allí descansaban los galanes de José Escolar, la ganadería triunfadora de la pasada edición. «¡Qué miedo pasamos cuando se pararon en el ruedo!», decía un veinteañero. Se refería a Callejero y Cartero, aquellos cárdenos que camparon a sus anchas y arremetieron contra la muralla humana en el encierro. Milagrosamente, no hubo cornadas, pero por la tarde vendieron cara su vida y Rafaelillo acabó en la UCI con ocho costillas rotas después de que Juan de Castilla sufriera una cogida espeluznante en la hora final. Imponentes los grises de este 2026. «Son unos tíos», comenta Curro, el guardián de los Corrales del Gas desde hace dos décadas. «Este año vienen muy buenos toros; ahí están la de Fuente Ymbro -cómo nos acordamos de Alfonso-, la de Jandilla…» Natural de La Algaba y vinculado al campo desde su niñez, supervisa cada corralillo junto a los mayorales de cada hierro. Al pie del cañón están, manguera en mano, cuando el reburdeo anuncia la pelea y la lucha, esas ganas de sangre de las que hablaba don Álvaro Domecq en el lenguaje bravo. «Estos calores no le sientan bien a nadie, ni a las personas ni a los toros». Los toros buscan la sombra en los Corrales del Gas ABCCampanero, Chistero, Cantito, Carpintero, Chismoso, Secretario y Tomillero son los nombres de los toros más fotografiados tras el codiciado premio de la Feria del Toro. «Aquí la Fiesta debe emocionar. Los toreros tienen que ser héroes, y para eso debe haber riesgo y peligro. Mis toros son bravos, exigentes, y eso genera emoción. No queremos accidentes ni cornadas, pero el toro encastado lleva peligro consigo, y eso es lo que hace grande a la Fiesta», decía el ganadero, sin pelos en la lengua en el umbral de los noventa años. «No quiero que las figuras maten mis toros; prefiero que se queden en su sitio», asegura, sabedor de que los de primera línea no se anuncian con su divisa. En esta ocasión, serán lidiados el 11 de julio por Antonio Ferrera, autor de una faena de triunfo y genialidades en San Isidro con los grises de Adolfo, Juan de Castilla e Isaac Fonseca.Noticia relacionada general No No Feria de San Fermín Y la fiesta estalló a caballo Rosario PérezApuestas se hacían con la de Cebada Gago, ganadora del premio Carriquiri por Lioso. Su mayoral, Juan, tercera generación, explicaba que venía abierta de sementales y comentaba por lo bajini que no perdiésemos de vista al 78 -«ojo que luego puede ser el peor»-. mientras mostraba su preocupación por las elevadas temperaturas. «Los toros acusan todo, la lluvia, el viento, el calor. Esta mañana estaban ahí ‘galdeando’, que decimos por ahí abajo». Curiosos y aficionados observan la corrida de Victoriano del Río ABCUnos ventanales más allá, un cristal se empañaba con el aliento de Tibu, el perro que se aquerenció con los toros de Álvaro Núñez. Observaba a Billetero, a Naranjero, a Juncoso, y miraba a su dueño. «Está tan a gusto, no se quiere ir». «¿No le dan miedo?», preguntó alguien. «No, no». Los ojos de Tibu permanecían imantados a un colorado. Y la gente miraba al can que contemplaba las reses que lidiará Morante. Porque allí todo el mundo sabía que esa era la corrida del torero de La Puebla del Río. Sevillanísimo el cartel, con Borja Jiménez y Pablo Aguado como compañeros de terna. Tibu no pierde detalle de los toros de Álvaro Núñez a través de la ventanita inferior ABCTodo el mundo sabía también que las de Victoriano del Río y Jandilla -de aúpa sus caras- eran para Roca Rey, la única figura que hace doblete estos Sanfermines: 9 y 14 son sus fechas. «La de Jandilla es la excepción a la regla de San Fermín de que el tamaño del toro es inversamente proporcional al tamaño del cartel», señalaba Jota, del club de la Serpiente. Aunque en esto de ver toros no saben ni las vacas, distinto trapío se le apreciaba en los corrales a la de Núñez… Y allí seguía Tibu, que amenazaba con sus ladridos cuando lo separaban de la ventanita inferior por la que miraba a Asturiano, Gavilán, Gruñón y el resto de hermanos.
Una cola kilométrica serpenteaba en el barrio de la Rochapea. Los toros de San Fermín ocupaban los Corrales del Gas y miles de personas acudían a su reclamo. Igual daba el sol, los treinta grados a la sombra. Abuelos, padres y niños esperaban … su turno para ver las corridas de la feria. A Andrea, tan pelirroja ella, le gustaba un jabonero de Fuente Ymbro que le recordaba a su rubiales primo. «Ese tiene los cuernos enormes, son más grandes que yo», decía el crío, que ya levantaba un metro de la tierra.

(ABC)
La multitud se paraba en cada ventanal, pero era el último el de mayor reclamo. Allí descansaban los galanes de José Escolar, la ganadería triunfadora de la pasada edición. «¡Qué miedo pasamos cuando se pararon en el ruedo!», decía un veinteañero. Se refería a Callejero y Cartero, aquellos cárdenos que camparon a sus anchas y arremetieron contra la muralla humana en el encierro. Milagrosamente, no hubo cornadas, pero por la tarde vendieron cara su vida y Rafaelillo acabó en la UCI con ocho costillas rotas después de que Juan de Castilla sufriera una cogida espeluznante en la hora final. Imponentes los grises de este 2026.
«Son unos tíos», comenta Curro, el guardián de los Corrales del Gas desde hace dos décadas. «Este año vienen muy buenos toros; ahí están la de Fuente Ymbro -cómo nos acordamos de Alfonso-, la de Jandilla…» Natural de La Algaba y vinculado al campo desde su niñez, supervisa cada corralillo junto a los mayorales de cada hierro. Al pie del cañón están, manguera en mano, cuando el reburdeo anuncia la pelea y la lucha, esas ganas de sangre de las que hablaba don Álvaro Domecq en el lenguaje bravo. «Estos calores no le sientan bien a nadie, ni a las personas ni a los toros».
(ABC)
Campanero, Chistero, Cantito, Carpintero, Chismoso, Secretario y Tomillero son los nombres de los toros más fotografiados tras el codiciado premio de la Feria del Toro. «Aquí la Fiesta debe emocionar. Los toreros tienen que ser héroes, y para eso debe haber riesgo y peligro. Mis toros son bravos, exigentes, y eso genera emoción. No queremos accidentes ni cornadas, pero el toro encastado lleva peligro consigo, y eso es lo que hace grande a la Fiesta», decía el ganadero, sin pelos en la lengua en el umbral de los noventa años. «No quiero que las figuras maten mis toros; prefiero que se queden en su sitio», asegura, sabedor de que los de primera línea no se anuncian con su divisa. En esta ocasión, serán lidiados el 11 de julio por Antonio Ferrera, autor de una faena de triunfo y genialidades en San Isidro con los grises de Adolfo, Juan de Castilla e Isaac Fonseca.
Noticia relacionada
Apuestas se hacían con la de Cebada Gago, ganadora del premio Carriquiri por Lioso. Su mayoral, Juan, tercera generación, explicaba que venía abierta de sementales y comentaba por lo bajini que no perdiésemos de vista al 78 -«ojo que luego puede ser el peor»-. mientras mostraba su preocupación por las elevadas temperaturas. «Los toros acusan todo, la lluvia, el viento, el calor. Esta mañana estaban ahí ‘galdeando’, que decimos por ahí abajo».

(ABC)
Unos ventanales más allá, un cristal se empañaba con el aliento de Tibu, el perro que se aquerenció con los toros de Álvaro Núñez. Observaba a Billetero, a Naranjero, a Juncoso, y miraba a su dueño. «Está tan a gusto, no se quiere ir». «¿No le dan miedo?», preguntó alguien. «No, no». Los ojos de Tibu permanecían imantados a un colorado. Y la gente miraba al can que contemplaba las reses que lidiará Morante. Porque allí todo el mundo sabía que esa era la corrida del torero de La Puebla del Río. Sevillanísimo el cartel, con Borja Jiménez y Pablo Aguado como compañeros de terna.

(ABC)
Todo el mundo sabía también que las de Victoriano del Río y Jandilla -de aúpa sus caras- eran para Roca Rey, la única figura que hace doblete estos Sanfermines: 9 y 14 son sus fechas. «La de Jandilla es la excepción a la regla de San Fermín de que el tamaño del toro es inversamente proporcional al tamaño del cartel», señalaba Jota, del club de la Serpiente.
Aunque en esto de ver toros no saben ni las vacas, distinto trapío se le apreciaba en los corrales a la de Núñez… Y allí seguía Tibu, que amenazaba con sus ladridos cuando lo separaban de la ventanita inferior por la que miraba a Asturiano, Gavilán, Gruñón y el resto de hermanos.
RSS de noticias de cultura

