Cierta compatibilidad es requisito mínimo para que funcione una cita de ‘First Dates’. En el caso de Jesús (79) y Elsa (70), el restaurante de citas de Mediaset juntó a dos polos opuestos cuyas calabazas se cocinaron en cuanto se conocieron en el restaurante. A veces basta una primera impresión, un comentario fuera de lugar y dos formas completamente opuestas de entender una relación para que la velada fracase antes de comenzar. La secretaria jubilada llegó desde Madrid dejando claro que, aunque buscase pareja, es una mujer que se siente a gusto sola y reivindicando su independencia. Lo que no quita para que no le importe compartir viajes, una película en el cine, una obra de teatro y una partida de mus con otra persona afín a ella. No era el caso de Jesús. Noticia relacionada general No No First Dates Un soltero arruina el momento más apasionado de su cita por un inesperado motivo: «Vale ya, hasta aquí» María RobertEl empresario jubilado natural de El Álamo (Madrid) era básicamente lo contrario de lo que la viuda buscaba en un hombre. El primer tropiezo llegó nada más aparecer su cita por la puerta. «Cuando he visto a Jesús con el sombrero, me ha parecido una falta de educación tremenda. Cuando entras a un sitio cerrado, el hombre se quita el sombrero», afeó la comensal. Enseguida vio en él una persona ruda, «lo que pasa que soy una persona educada y no me gusta hacer un desplante».Aunque decidió darle una oportunidad y conocerlo mejor, pronto corroboró que no se había equivocado en su primera impresión. Para empezar, a Elsa no la soltera no le agradó que Jesús comenzara a llamarla «cariño» apenas unos minutos después de verse las caras, para su gusto, demasiadas confianzas sin conocerse de nada. Elsa no iría ni a tomar un café con Jesús Sin embargo, el momento que terminó de dinamitar cualquier posibilidad de entendimiento llegó cuando el madrileño explicó qué esperaba de una pareja, enumerando una larga lista de requisitos. «Vivo solo, pero mi casa no está organizada. Necesito una mujer que lo organice. Me gusta que me laven la ropa, que me planchen porque yo eso no lo sé. La mujer tiene que tener tres virtudes: ser buena ama de casa, una señora en la calle y una p*** en la cama», soltaba. Su cita no daba crédito ante tales declaraciones. «Quiere una mujer sumisa ¿De qué vas en una primera cita?», replicaba ella en los totales en tono de indignación.La decisión final (MEDIASET)A partir de ese instante, la soltera tuvo claro que no compartían la misma forma de entender una relación. De hecho, llegó a considerar que Jesús tenía una idea demasiado anticuada del papel de la mujer y aseguró que ambos estaban a años luz en su manera de pensar. «Con él no iría ni a tomar un café», sentenció Elsa. Por su parte, el empresario tampoco veía futuro a la cita y llegó a describir a Elsa como una mujer »muy adelantada» para él. «Es una mujer para un médico u otra persona», apuntó. Con semejantes diferencias, la decisión final fue un mero trámite. Ninguno quiso repetir la experiencia. Cierta compatibilidad es requisito mínimo para que funcione una cita de ‘First Dates’. En el caso de Jesús (79) y Elsa (70), el restaurante de citas de Mediaset juntó a dos polos opuestos cuyas calabazas se cocinaron en cuanto se conocieron en el restaurante. A veces basta una primera impresión, un comentario fuera de lugar y dos formas completamente opuestas de entender una relación para que la velada fracase antes de comenzar. La secretaria jubilada llegó desde Madrid dejando claro que, aunque buscase pareja, es una mujer que se siente a gusto sola y reivindicando su independencia. Lo que no quita para que no le importe compartir viajes, una película en el cine, una obra de teatro y una partida de mus con otra persona afín a ella. No era el caso de Jesús. Noticia relacionada general No No First Dates Un soltero arruina el momento más apasionado de su cita por un inesperado motivo: «Vale ya, hasta aquí» María RobertEl empresario jubilado natural de El Álamo (Madrid) era básicamente lo contrario de lo que la viuda buscaba en un hombre. El primer tropiezo llegó nada más aparecer su cita por la puerta. «Cuando he visto a Jesús con el sombrero, me ha parecido una falta de educación tremenda. Cuando entras a un sitio cerrado, el hombre se quita el sombrero», afeó la comensal. Enseguida vio en él una persona ruda, «lo que pasa que soy una persona educada y no me gusta hacer un desplante».Aunque decidió darle una oportunidad y conocerlo mejor, pronto corroboró que no se había equivocado en su primera impresión. Para empezar, a Elsa no la soltera no le agradó que Jesús comenzara a llamarla «cariño» apenas unos minutos después de verse las caras, para su gusto, demasiadas confianzas sin conocerse de nada. Elsa no iría ni a tomar un café con Jesús Sin embargo, el momento que terminó de dinamitar cualquier posibilidad de entendimiento llegó cuando el madrileño explicó qué esperaba de una pareja, enumerando una larga lista de requisitos. «Vivo solo, pero mi casa no está organizada. Necesito una mujer que lo organice. Me gusta que me laven la ropa, que me planchen porque yo eso no lo sé. La mujer tiene que tener tres virtudes: ser buena ama de casa, una señora en la calle y una p*** en la cama», soltaba. Su cita no daba crédito ante tales declaraciones. «Quiere una mujer sumisa ¿De qué vas en una primera cita?», replicaba ella en los totales en tono de indignación.La decisión final (MEDIASET)A partir de ese instante, la soltera tuvo claro que no compartían la misma forma de entender una relación. De hecho, llegó a considerar que Jesús tenía una idea demasiado anticuada del papel de la mujer y aseguró que ambos estaban a años luz en su manera de pensar. «Con él no iría ni a tomar un café», sentenció Elsa. Por su parte, el empresario tampoco veía futuro a la cita y llegó a describir a Elsa como una mujer »muy adelantada» para él. «Es una mujer para un médico u otra persona», apuntó. Con semejantes diferencias, la decisión final fue un mero trámite. Ninguno quiso repetir la experiencia.
Cierta compatibilidad es requisito mínimo para que funcione una cita de ‘First Dates’. En el caso de Jesús (79) y Elsa (70), el restaurante de citas de Mediaset juntó a dos polos opuestos cuyas calabazas se cocinaron en cuanto se conocieron en el restaurante.
A … veces basta una primera impresión, un comentario fuera de lugar y dos formas completamente opuestas de entender una relación para que la velada fracase antes de comenzar.
La secretaria jubilada llegó desde Madrid dejando claro que, aunque buscase pareja, es una mujer que se siente a gusto sola y reivindicando su independencia. Lo que no quita para que no le importe compartir viajes, una película en el cine, una obra de teatro y una partida de mus con otra persona afín a ella. No era el caso de Jesús.
Noticia relacionada
El empresario jubilado natural de El Álamo (Madrid) era básicamente lo contrario de lo que la viuda buscaba en un hombre. El primer tropiezo llegó nada más aparecer su cita por la puerta. «Cuando he visto a Jesús con el sombrero, me ha parecido una falta de educación tremenda. Cuando entras a un sitio cerrado, el hombre se quita el sombrero», afeó la comensal. Enseguida vio en él una persona ruda, «lo que pasa que soy una persona educada y no me gusta hacer un desplante».
Aunque decidió darle una oportunidad y conocerlo mejor, pronto corroboró que no se había equivocado en su primera impresión. Para empezar, a Elsa no la soltera no le agradó que Jesús comenzara a llamarla «cariño» apenas unos minutos después de verse las caras, para su gusto, demasiadas confianzas sin conocerse de nada.
Elsa no iría ni a tomar un café con Jesús
Sin embargo, el momento que terminó de dinamitar cualquier posibilidad de entendimiento llegó cuando el madrileño explicó qué esperaba de una pareja, enumerando una larga lista de requisitos. «Vivo solo, pero mi casa no está organizada. Necesito una mujer que lo organice. Me gusta que me laven la ropa, que me planchen porque yo eso no lo sé. La mujer tiene que tener tres virtudes: ser buena ama de casa, una señora en la calle y una p*** en la cama», soltaba. Su cita no daba crédito ante tales declaraciones. «Quiere una mujer sumisa ¿De qué vas en una primera cita?», replicaba ella en los totales en tono de indignación.

((MEDIASET))
A partir de ese instante, la soltera tuvo claro que no compartían la misma forma de entender una relación. De hecho, llegó a considerar que Jesús tenía una idea demasiado anticuada del papel de la mujer y aseguró que ambos estaban a años luz en su manera de pensar. «Con él no iría ni a tomar un café», sentenció Elsa.
Por su parte, el empresario tampoco veía futuro a la cita y llegó a describir a Elsa como una mujer »muy adelantada» para él. «Es una mujer para un médico u otra persona», apuntó.
Con semejantes diferencias, la decisión final fue un mero trámite. Ninguno quiso repetir la experiencia.
RSS de noticias de play

