Autoría y dirección: Victoria Szpunberg. Interpretación: Sandra Monclús y Xavi Sáez. Teatro de la Abadía, Madrid. Hasta el 4 de octubre.
En 2025 la dramaturga Victoria Szpunberg se alzó con el Premio Nacional de Literatura Dramática con este texto titulado ‘El imperativo categórico’, escrito originalmente en catalán, que aborda con ácida ironía un tema tan actual, por desgracia, como es el de la precarización de la vivienda y el modo en que puede llegar a condicionar nuestra existencia.
La función, dirigida por la propia Szpunberg, tiene como protagonista a Clara G., una profesora asociada de Ética en la Facultad de Filosofía que, pasados ya los cincuenta años, atraviesa una crisis personal y laboral. Se acaba de separar, no consigue plaza fija en la universidad y están a punto de echarla de casa porque un fondo buitre quiere hacerse con todo el edificio en el que vive.
Estableciendo un oportuno paralelismo con el personaje kafkiano de Joseph K. y con el frustrante camino que emprende en la novela ‘El proceso’, Szpunberg nos invita a seguir el recorrido de esta Clara G. en su intento de hacerse hueco dentro de un sistema rayano en la necedad intelectual, el embrutecimiento afectivo y, en definitiva, en la deshumanización más preocupante.
El punto de partida argumental no puede ser más interesante y el tono de comedia mordaz, negra en ocasiones, resulta idóneo para embarcarse con intención puramente artística, y con perspectiva de verdad crítica, en un asunto tan pegado a nuestra actualidad política.
Sin embargo, la historia, en la que se funden la realidad y la paranoia de la protagonista avanza algo confusa en la dramaturgia y no termina de funcionar. Se echa en falta un poquito más de belleza y de hondura literaria a la hora de escarbar en las situaciones que plantea la obra, así como una mejor justificación dramática, por no decir abiertamente una “mejor explicación”, de algunos giros -incluido el del desenlace- que no se entienden demasiado bien. Diré a este respecto que me consoló comprobar, hablando con distintas personas a la salida del espectáculo, que no había sido solo yo el que no se había enterado.
Sandra Monclús, en el papel de Clara G., y Xavi Sáez, dando vida a todos los demás personajes que se cruzan en la vida de la protagonista, cumplen correctamente, sin aportar demasiado, en una función que se ve con agrado, pero que no deja ningún poso.
- Lo mejor: El interés del tema que aborda la obra y el oportuno símil con la trama de ‘El proceso’ de Kafka.
- Lo peor: Algunas cosas que tendrían que estar mejor explicadas.
En 2025 la dramaturga Victoria Szpunberg se alzó con el Premio Nacional de Literatura Dramática con este texto
Autoría y dirección: Victoria Szpunberg. Interpretación: Sandra Monclús y Xavi Sáez. Teatro de la Abadía, Madrid. Hasta el 4 de octubre.
En 2025 la dramaturga Victoria Szpunberg se alzó con el Premio Nacional de Literatura Dramática con este texto titulado ‘El imperativo categórico’, escrito originalmente en catalán, que aborda con ácida ironía un tema tan actual, por desgracia, como es el de la precarización de la vivienda y el modo en que puede llegar a condicionar nuestra existencia.
La función, dirigida por la propia Szpunberg, tiene como protagonista a Clara G., una profesora asociada de Ética en la Facultad de Filosofía que, pasados ya los cincuenta años, atraviesa una crisis personal y laboral. Se acaba de separar, no consigue plaza fija en la universidad y están a punto de echarla de casa porque un fondo buitre quiere hacerse con todo el edificio en el que vive.
Estableciendo un oportuno paralelismo con el personaje kafkiano de Joseph K. y con el frustrante camino que emprende en la novela ‘El proceso’, Szpunberg nos invita a seguir el recorrido de esta Clara G. en su intento de hacerse hueco dentro de un sistema rayano en la necedad intelectual, el embrutecimiento afectivo y, en definitiva, en la deshumanización más preocupante.
El punto de partida argumental no puede ser más interesante y el tono de comedia mordaz, negra en ocasiones, resulta idóneo para embarcarse con intención puramente artística, y con perspectiva de verdad crítica, en un asunto tan pegado a nuestra actualidad política.
Sin embargo, la historia, en la que se funden la realidad y la paranoia de la protagonista avanza algo confusa en la dramaturgia y no termina de funcionar. Se echa en falta un poquito más de belleza y de hondura literaria a la hora de escarbar en las situaciones que plantea la obra, así como una mejor justificación dramática, por no decir abiertamente una “mejor explicación”, de algunos giros -incluido el del desenlace- que no se entienden demasiado bien. Diré a este respecto que me consoló comprobar, hablando con distintas personas a la salida del espectáculo, que no había sido solo yo el que no se había enterado.
Sandra Monclús, en el papel de Clara G., y Xavi Sáez, dando vida a todos los demás personajes que se cruzan en la vida de la protagonista, cumplen correctamente, sin aportar demasiado, en una función que se ve con agrado, pero que no deja ningún poso.
- Lo mejor: El interés del tema que aborda la obra y el oportuno símil con la trama de ‘El proceso’ de Kafka.
- Lo peor: Algunas cosas que tendrían que estar mejor explicadas.
Teatro
