Antes comenzar la corrida todo el mundo hablaba de la lumbalgia de Morante que provocó su ausencia, de sí sí o si no, de que con el calorcito de la plaza cerrada y un poco de lilimento del señor de los bigotes hubiera bastado para acudir a su cita con los logroñeses. Pero el cabreo por la lumbalgia se había pasado como por arte de magia cuando su sustituto, Diego Urdiales , daba una aclamada vuelta al ruedo con las orejas del cuarto de Domingo Hernández en las manos. Urdiales, que pechó con los dos toros que debía lidiar el sevillano en la corrida concurso estuvo cumbre, así, sin paños calientes. Cumbre de buen toreo, cumbre en unas verónicas a la velocidad que dictaba el capote y las muñecas del riojano, cumbre de hondura y profundidad con una muleta de plena cadencia y despaciosidad. Temple en su máxima expresión, firmeza en las plantas, mando y poder sin la mínima violencia ante un astado con ganas de embestir hasta el fin.Si se saborearon con gusto y regusto los muletazos a derechas, con la mano izquierda se sublimó el torero en comunión con un público entregado como pocas veces, con el recuerdo aún en las retinas de ese último natural interminable. Estocada corta y el doble trofeo, esta vez sin peros presidenciales. La Ribera se rindió sin condiciones a su torero en una faena tan alejada del paisanaje como pura y clásica en todo su planteamiento.Y eso que con el que abrió plaza, un feote de Garcigrande con su punto de casta, Urdiales no acabó de acoplarse. Todo se olvidó con el otro en una de las faenas para los anales de esta plaza nueva que ahora cumple su veinticinco aniversario. En volandas se lo llevaron en una salida a hombros apasionada. Lo que dejó escrito sobre el albero de La Ribera no era para menos.No era fácil salir a torear tras el recital de Urdiales. Talavante se entregó sin fisuras con el buen sobrero, también de Domingo Hernández. Tardaron los tendidos, todavía asimilando, en responder. Le costó con la zurda y mejoraron las cosas a derechas en una labor que fue a más y que el pinchazo antes de una estocada frenó lo que parecía que iba para premio gordo.Feria de San Mateo Plaza de la Ribera (Logroño) Martes 22 de septiembre de 2026. Tres cuartos de entrada. Corrida concurso con toros de Garcigrande, García Jiménez, La Ventana del Puerto, dos de Domingo Hernández, el quinto como sobrero, y Carmen Lorenzo, desiguales de presencia y juego. Diego Urdiales, de verde hoja y oro. Tres pinchazos y estocada. Aviso (silencio). Estocada (dos orejas). Salió a hombros. Alejandro Talavante, de rioja y oro. Infame bajonazo (pitos). Pinchazo y estocada (oreja). Fabio Jiménez, de verde botella y oro. Pinchazo y estocada (oreja). Estocada contraria y ocho descabellos. Aviso (aplausos).La terna se completaba con el joven Fabio Jiménez, un chaval de Alfaro que le cortó una oreja al potable tercero, de La Ventana del Puerto, en un trasteo salpicado de buenos momentos, especialmente manejando la muleta con la mano izquierda. Con el sexto, de Carmen Lorenzo, que brindó a sus compañeros, anduvo dispuesto, con bisoñez también. Pudo cortar un trofeo, pero se eternizó con el descabello. Los paisanos le arropan y esperan mejores tardes.Todo en una corrida denominada concurso de ganaderías en la fueron saliendo toros de diferentes hechuras, un saldo en la presentación, y con Domingo Hernández como protagonista. Con el cuarto, entre los anunciados, y el quinto como sobrero que sustituyó a uno de Alcurrucén, que nadie sabe porqué fue devuelto. Del resto, encastado el de Garcigrande, complicado el de García Jiménez y sin entrega el que cerró plaza de Carmen Lorenzo. Antes comenzar la corrida todo el mundo hablaba de la lumbalgia de Morante que provocó su ausencia, de sí sí o si no, de que con el calorcito de la plaza cerrada y un poco de lilimento del señor de los bigotes hubiera bastado para acudir a su cita con los logroñeses. Pero el cabreo por la lumbalgia se había pasado como por arte de magia cuando su sustituto, Diego Urdiales , daba una aclamada vuelta al ruedo con las orejas del cuarto de Domingo Hernández en las manos. Urdiales, que pechó con los dos toros que debía lidiar el sevillano en la corrida concurso estuvo cumbre, así, sin paños calientes. Cumbre de buen toreo, cumbre en unas verónicas a la velocidad que dictaba el capote y las muñecas del riojano, cumbre de hondura y profundidad con una muleta de plena cadencia y despaciosidad. Temple en su máxima expresión, firmeza en las plantas, mando y poder sin la mínima violencia ante un astado con ganas de embestir hasta el fin.Si se saborearon con gusto y regusto los muletazos a derechas, con la mano izquierda se sublimó el torero en comunión con un público entregado como pocas veces, con el recuerdo aún en las retinas de ese último natural interminable. Estocada corta y el doble trofeo, esta vez sin peros presidenciales. La Ribera se rindió sin condiciones a su torero en una faena tan alejada del paisanaje como pura y clásica en todo su planteamiento.Y eso que con el que abrió plaza, un feote de Garcigrande con su punto de casta, Urdiales no acabó de acoplarse. Todo se olvidó con el otro en una de las faenas para los anales de esta plaza nueva que ahora cumple su veinticinco aniversario. En volandas se lo llevaron en una salida a hombros apasionada. Lo que dejó escrito sobre el albero de La Ribera no era para menos.No era fácil salir a torear tras el recital de Urdiales. Talavante se entregó sin fisuras con el buen sobrero, también de Domingo Hernández. Tardaron los tendidos, todavía asimilando, en responder. Le costó con la zurda y mejoraron las cosas a derechas en una labor que fue a más y que el pinchazo antes de una estocada frenó lo que parecía que iba para premio gordo.Feria de San Mateo Plaza de la Ribera (Logroño) Martes 22 de septiembre de 2026. Tres cuartos de entrada. Corrida concurso con toros de Garcigrande, García Jiménez, La Ventana del Puerto, dos de Domingo Hernández, el quinto como sobrero, y Carmen Lorenzo, desiguales de presencia y juego. Diego Urdiales, de verde hoja y oro. Tres pinchazos y estocada. Aviso (silencio). Estocada (dos orejas). Salió a hombros. Alejandro Talavante, de rioja y oro. Infame bajonazo (pitos). Pinchazo y estocada (oreja). Fabio Jiménez, de verde botella y oro. Pinchazo y estocada (oreja). Estocada contraria y ocho descabellos. Aviso (aplausos).La terna se completaba con el joven Fabio Jiménez, un chaval de Alfaro que le cortó una oreja al potable tercero, de La Ventana del Puerto, en un trasteo salpicado de buenos momentos, especialmente manejando la muleta con la mano izquierda. Con el sexto, de Carmen Lorenzo, que brindó a sus compañeros, anduvo dispuesto, con bisoñez también. Pudo cortar un trofeo, pero se eternizó con el descabello. Los paisanos le arropan y esperan mejores tardes.Todo en una corrida denominada concurso de ganaderías en la fueron saliendo toros de diferentes hechuras, un saldo en la presentación, y con Domingo Hernández como protagonista. Con el cuarto, entre los anunciados, y el quinto como sobrero que sustituyó a uno de Alcurrucén, que nadie sabe porqué fue devuelto. Del resto, encastado el de Garcigrande, complicado el de García Jiménez y sin entrega el que cerró plaza de Carmen Lorenzo.
Antes comenzar la corrida todo el mundo hablaba de la lumbalgia de Morante que provocó su ausencia, de sí sí o si no, de que con el calorcito de la plaza cerrada y un poco de lilimento del señor de los bigotes hubiera bastado para … acudir a su cita con los logroñeses. Pero el cabreo por la lumbalgia se había pasado como por arte de magia cuando su sustituto, Diego Urdiales, daba una aclamada vuelta al ruedo con las orejas del cuarto de Domingo Hernández en las manos.
Urdiales, que pechó con los dos toros que debía lidiar el sevillano en la corrida concurso estuvo cumbre, así, sin paños calientes. Cumbre de buen toreo, cumbre en unas verónicas a la velocidad que dictaba el capote y las muñecas del riojano, cumbre de hondura y profundidad con una muleta de plena cadencia y despaciosidad. Temple en su máxima expresión, firmeza en las plantas, mando y poder sin la mínima violencia ante un astado con ganas de embestir hasta el fin.
Si se saborearon con gusto y regusto los muletazos a derechas, con la mano izquierda se sublimó el torero en comunión con un público entregado como pocas veces, con el recuerdo aún en las retinas de ese último natural interminable. Estocada corta y el doble trofeo, esta vez sin peros presidenciales. La Ribera se rindió sin condiciones a su torero en una faena tan alejada del paisanaje como pura y clásica en todo su planteamiento.
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Y eso que con el que abrió plaza, un feote de Garcigrande con su punto de casta, Urdiales no acabó de acoplarse. Todo se olvidó con el otro en una de las faenas para los anales de esta plaza nueva que ahora cumple su veinticinco aniversario. En volandas se lo llevaron en una salida a hombros apasionada. Lo que dejó escrito sobre el albero de La Ribera no era para menos.
No era fácil salir a torear tras el recital de Urdiales. Talavante se entregó sin fisuras con el buen sobrero, también de Domingo Hernández. Tardaron los tendidos, todavía asimilando, en responder. Le costó con la zurda y mejoraron las cosas a derechas en una labor que fue a más y que el pinchazo antes de una estocada frenó lo que parecía que iba para premio gordo.
Feria de San Mateo
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Plaza de la Ribera (Logroño)
Martes 22 de septiembre de 2026. Tres cuartos de entrada. Corrida concurso con toros de Garcigrande, García Jiménez, La Ventana del Puerto, dos de Domingo Hernández, el quinto como sobrero, y Carmen Lorenzo, desiguales de presencia y juego.
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Diego Urdiales,
de verde hoja y oro. Tres pinchazos y estocada. Aviso (silencio). Estocada (dos orejas). Salió a hombros. -
Alejandro Talavante,
de rioja y oro. Infame bajonazo (pitos). Pinchazo y estocada (oreja). -
Fabio Jiménez,
de verde botella y oro. Pinchazo y estocada (oreja). Estocada contraria y ocho descabellos. Aviso (aplausos).
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La terna se completaba con el joven Fabio Jiménez, un chaval de Alfaro que le cortó una oreja al potable tercero, de La Ventana del Puerto, en un trasteo salpicado de buenos momentos, especialmente manejando la muleta con la mano izquierda. Con el sexto, de Carmen Lorenzo, que brindó a sus compañeros, anduvo dispuesto, con bisoñez también. Pudo cortar un trofeo, pero se eternizó con el descabello. Los paisanos le arropan y esperan mejores tardes.
Todo en una corrida denominada concurso de ganaderías en la fueron saliendo toros de diferentes hechuras, un saldo en la presentación, y con Domingo Hernández como protagonista. Con el cuarto, entre los anunciados, y el quinto como sobrero que sustituyó a uno de Alcurrucén, que nadie sabe porqué fue devuelto. Del resto, encastado el de Garcigrande, complicado el de García Jiménez y sin entrega el que cerró plaza de Carmen Lorenzo.
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