Fungir de valedora de la democracia cuando lo que de verdad te pone perraca es el ordeno y mando no solo representa un colosal ejercicio de hipocresía, normalizada en las altas esferas por el sanchismo, sino que sitúa a quienes lo practican en los bajos fondos de la vida pública en el despeñadero del ridículo. Como no han conocido la vergüenza ni el vértigo, ahí tenemos, por ejemplo, a la monja alferez del cuartelillo televisivo de Intxaurrondo clamando como una Marianne encorbatada contra el veto impuesto por Donald Trump a los medios desafectos . El contrapoder, la libertad, la democracia, la primera enmienda y todas esas cosas… Lo dice, con todo el papo, quien hace dos años y pico, y en vez de solidarizarse con los medios perseguidos por la Moncloa, puso rostro y firma a aquella caza de brujas contra la prensa libre que se atrevió a hacer públicas las andanzas académicas y las relaciones públicas de la señora de Sánchez. Van tan sobrados en el cuartelillo televisivo de Intxaurrondo que sus comadres se llevan incluso las manos a la cabeza por el lanzamiento del flamante canal televisivo de Donald Trump. Ni a Pedro Sánchez se le hubiera ocurrido. «Hay algo que una democracia necesita siempre: preguntas, crítica y periodismo comprometido con la verdad», escribía el pasado martes el presidente del Gobierno en la felicitación pública que dedicó al programa de radio que más y mejor lo entrevista. Un día antes, su delegado gubernativo en Madrid había colgado en las redes el siguiente mensaje: «Actualmente, la oferta de las tv privadas tiene un sesgo ideológico potente vinculado a ideas conservadoras. En el ámbito del mundo progresista, hay un vacío absoluto y total ahora mismo». Tiene más razón que un santo el gobernador civil: es sintonizar la señal de TVE, primera emisora privada de España, y darse uno cuenta de ese «vacío absoluto y total». Va a tener Sánchez que lanzar un UHF. La derrota definitiva del fascismo exige compromiso, imaginación, antenas y voluntarios.La empresa no va a ser fácil, por incoherente, pero la tropa mantiene alta la moral, aunque sea con la picha hecha un lío. Como los pimientos de Padrón, unos se aclaran y otros no . Estaba hace unos días Pepa Bueno dando el parte nocturno de una marcha antifascista (sic) cuando se trabucó al identificar y recalificar a los presuntos fascistas contra los que se organizó la cacería, o fiesta de la democracia. «Simpatizantes de Vox», dijo en un desliz. ¿Fascistas? Ánimo, Pepa. Sé fuerte, o acuartélate. Fungir de valedora de la democracia cuando lo que de verdad te pone perraca es el ordeno y mando no solo representa un colosal ejercicio de hipocresía, normalizada en las altas esferas por el sanchismo, sino que sitúa a quienes lo practican en los bajos fondos de la vida pública en el despeñadero del ridículo. Como no han conocido la vergüenza ni el vértigo, ahí tenemos, por ejemplo, a la monja alferez del cuartelillo televisivo de Intxaurrondo clamando como una Marianne encorbatada contra el veto impuesto por Donald Trump a los medios desafectos . El contrapoder, la libertad, la democracia, la primera enmienda y todas esas cosas… Lo dice, con todo el papo, quien hace dos años y pico, y en vez de solidarizarse con los medios perseguidos por la Moncloa, puso rostro y firma a aquella caza de brujas contra la prensa libre que se atrevió a hacer públicas las andanzas académicas y las relaciones públicas de la señora de Sánchez. Van tan sobrados en el cuartelillo televisivo de Intxaurrondo que sus comadres se llevan incluso las manos a la cabeza por el lanzamiento del flamante canal televisivo de Donald Trump. Ni a Pedro Sánchez se le hubiera ocurrido. «Hay algo que una democracia necesita siempre: preguntas, crítica y periodismo comprometido con la verdad», escribía el pasado martes el presidente del Gobierno en la felicitación pública que dedicó al programa de radio que más y mejor lo entrevista. Un día antes, su delegado gubernativo en Madrid había colgado en las redes el siguiente mensaje: «Actualmente, la oferta de las tv privadas tiene un sesgo ideológico potente vinculado a ideas conservadoras. En el ámbito del mundo progresista, hay un vacío absoluto y total ahora mismo». Tiene más razón que un santo el gobernador civil: es sintonizar la señal de TVE, primera emisora privada de España, y darse uno cuenta de ese «vacío absoluto y total». Va a tener Sánchez que lanzar un UHF. La derrota definitiva del fascismo exige compromiso, imaginación, antenas y voluntarios.La empresa no va a ser fácil, por incoherente, pero la tropa mantiene alta la moral, aunque sea con la picha hecha un lío. Como los pimientos de Padrón, unos se aclaran y otros no . Estaba hace unos días Pepa Bueno dando el parte nocturno de una marcha antifascista (sic) cuando se trabucó al identificar y recalificar a los presuntos fascistas contra los que se organizó la cacería, o fiesta de la democracia. «Simpatizantes de Vox», dijo en un desliz. ¿Fascistas? Ánimo, Pepa. Sé fuerte, o acuartélate.

Fungir de valedora de la democracia cuando lo que de verdad te pone perraca es el ordeno y mando no solo representa un colosal ejercicio de hipocresía, normalizada en las altas esferas por el sanchismo, sino que sitúa a quienes lo practican en los bajos fondos de la vida pública en el despeñadero del ridículo. Como no han conocido la vergüenza ni el vértigo, ahí tenemos, por ejemplo, a la monja alferez del cuartelillo televisivo de Intxaurrondo clamando como una Marianne encorbatada contra el veto impuesto por Donald Trump a los medios desafectos. El contrapoder, la libertad, la democracia, la primera enmienda y todas esas cosas… Lo dice, con todo el papo, quien hace dos años y pico, y en vez de solidarizarse con los medios perseguidos por la Moncloa, puso rostro y firma a aquella caza de brujas contra la prensa libre que se atrevió a hacer públicas las andanzas académicas y las relaciones públicas de la señora de Sánchez. Van tan sobrados en el cuartelillo televisivo de Intxaurrondo que sus comadres se llevan incluso las manos a la cabeza por el lanzamiento del flamante canal televisivo de Donald Trump. Ni a Pedro Sánchez se le hubiera ocurrido.
«Hay algo que una democracia necesita siempre: preguntas, crítica y periodismo comprometido con la verdad», escribía el pasado martes el presidente del Gobierno en la felicitación pública que dedicó al programa de radio que más y mejor lo entrevista. Un día antes, su delegado gubernativo en Madrid había colgado en las redes el siguiente mensaje: «Actualmente, la oferta de las tv privadas tiene un sesgo ideológico potente vinculado a ideas conservadoras. En el ámbito del mundo progresista, hay un vacío absoluto y total ahora mismo». Tiene más razón que un santo el gobernador civil: es sintonizar la señal de TVE, primera emisora privada de España, y darse uno cuenta de ese «vacío absoluto y total». Va a tener Sánchez que lanzar un UHF. La derrota definitiva del fascismo exige compromiso, imaginación, antenas y voluntarios.
La empresa no va a ser fácil, por incoherente, pero la tropa mantiene alta la moral, aunque sea con la picha hecha un lío. Como los pimientos de Padrón, unos se aclaran y otros no. Estaba hace unos días Pepa Bueno dando el parte nocturno de una marcha antifascista (sic) cuando se trabucó al identificar y recalificar a los presuntos fascistas contra los que se organizó la cacería, o fiesta de la democracia. «Simpatizantes de Vox», dijo en un desliz. ¿Fascistas? Ánimo, Pepa. Sé fuerte, o acuartélate.
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