Había que estar en Écija. Bajo el calor de septiembre y con tres cuartos de entrada, el coso de Pinichi vivió una de esas tardes en las que el toreo parece no tener límites. David de Miranda le metió miedo al miedo y salió en volandas después de cortar seis orejas y dos rabos . Alejandro Talavante, vestido de esmeralda y oro, paseó las dos orejas del primero y dejó pasajes de extraordinaria personalidad. La corrida de Luis Algarra, bien presentada y de notable juego, puso la materia prima de un mano a mano que acabó convertido en un canto al toro y al valor.Talavante abrió plaza con un bonito recibo capotero. El extremeño entendió pronto las virtudes de ‘Rastrero’ y construyó una faena siempre a favor del toro, sin quebrantar su buen fondo. Los naturales tuvieron la firma inconfundible de la casa y la obra alcanzó su mayor transmisión en los redondos finales. Una estocada contraria, pero de efecto fulminante, puso en sus manos las dos primeras orejas de la tarde.De purísima y oro hizo el paseíllo David de Miranda . Recibió por verónicas a ‘Librero’, número 73, y en el quite se echó el capote a la espalda para torear en terrenos donde ya no cabía la mentira. Tras un brillante tercio de banderillas de Cándido Ruiz, el de Trigueros comenzó la faena de hinojos y puso la plaza en pie antes incluso de que la banda rompiera a tocar ‘Manolete’.Talavante y De Miranda salieron a hombros del coso de Pinichi. Prensa Taurina de BuendíaDespués llegaron el temple, la ligazón y la profundidad. También el valor seco de quien permanece cuando el instinto manda escapar. De Miranda fue estrechando las distancias hasta meterse donde solo entran quienes están dispuestos a pagar el precio. Se jugó el cuerpo en unas mondeñinas imposibles y dejó una estocada hasta donde pone Toledo. Dos orejas y rabo para el torero y vuelta al ruedo para ‘Librero’ .Talavante recibió con afarolados al precioso tercero, ‘Canario’, un colorado bragado. La faena tuvo muy buen son y pasajes de pureza por ambos pitones, rematados siempre con torería. Cerró por manoletinas, pero una estocada trasera y tendida obligó a utilizar el descabello. Hubo petición, aunque insuficiente, y todo quedó en una ovación.Por verónicas y delantales saludó De Miranda a ‘Panadero’. Fernando Pereira y Víctor del Olmo se desmonteraron después de parear al cuarto. Con la muleta, el onubense impartió una lección de toreo al natural, obligando al toro a pasar por donde no quería y enroscando sus embestidas a la cintura.El arrimón final desató la locura. La plaza pidió de forma unánime el indulto de ‘Panadero’ , pero el palco no lo concedió. Tras un aviso, De Miranda dejó la estocada y paseó otras dos orejas y un rabo. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo.Talavante volvió a encontrarse en quinto lugar con otro gran ejemplar de Luis Algarra. Supo darle fiesta por ambos pitones y construyó una faena con momentos de gran expresión. Esta vez fueron los aceros los que se llevaron un triunfo que parecía seguro. El coso de Pinichi reconoció su labor con una fuerte ovación.Feria de ÉcijaCoso de PinichiDomingo, 20 de septiembre de 2026. Tarde calurosa. Tres cuartos de entrada. Toros de Luis Algarra, bien presentados y de notable juego en conjunto. Segundo, ‘Librero’; cuarto, ‘Panadero’; y sexto, ‘Amapolo’, premiados con la vuelta al ruedo. Alejandro Talavante, de verde esmeralda y oro: estocada contraria de efecto fulminante (dos orejas); estocada trasera y tendida y descabello (ovación); desacertado con los aceros (gran ovación). David de Miranda, de purísima y oro: estocada hasta la empuñadura (dos orejas y rabo); estocada tras aviso (dos orejas y rabo); estocada (dos orejas). Saludaron en banderillas Cándido Ruiz, en el segundo, y Fernando Pereira y Víctor del Olmo, en el cuarto. El público solicitó de manera unánime el indulto de ‘Panadero’, que no fue concedido. Talavante y David de Miranda salieron a hombros.El sexto, ‘Amapolo’, acusó algún problema de visión, quizá por las luces artificiales, y obligó a De Miranda a plantear una lidia diferente. El de Trigueros volvió a inventar, a improvisar y a arriesgar frente a un toro menos claro que sus hermanos. Fue una faena para aficionados, llena de compromiso y capacidad, que el público supo valorar. Otra buena estocada le entregó las dos orejas. El toro recibió también la vuelta al ruedo.David de Miranda cruzó la puerta grande del coso de Pinichi con seis orejas y dos rabos. Talavante lo acompañó después de cortar dos trofeos al primero. La corrida de Luis Algarra sostuvo una gran tarde, pero fue el torero de Trigueros quien terminó escribiendo su nombre sobre el albero de Écija. Cuando el sexto desapareció por la puerta de arrastre, ya no quedaban dudas: De Miranda había vuelto a meterse donde habita el miedo para demostrar, una vez más, que también al miedo se le puede torear. Había que estar en Écija. Bajo el calor de septiembre y con tres cuartos de entrada, el coso de Pinichi vivió una de esas tardes en las que el toreo parece no tener límites. David de Miranda le metió miedo al miedo y salió en volandas después de cortar seis orejas y dos rabos . Alejandro Talavante, vestido de esmeralda y oro, paseó las dos orejas del primero y dejó pasajes de extraordinaria personalidad. La corrida de Luis Algarra, bien presentada y de notable juego, puso la materia prima de un mano a mano que acabó convertido en un canto al toro y al valor.Talavante abrió plaza con un bonito recibo capotero. El extremeño entendió pronto las virtudes de ‘Rastrero’ y construyó una faena siempre a favor del toro, sin quebrantar su buen fondo. Los naturales tuvieron la firma inconfundible de la casa y la obra alcanzó su mayor transmisión en los redondos finales. Una estocada contraria, pero de efecto fulminante, puso en sus manos las dos primeras orejas de la tarde.De purísima y oro hizo el paseíllo David de Miranda . Recibió por verónicas a ‘Librero’, número 73, y en el quite se echó el capote a la espalda para torear en terrenos donde ya no cabía la mentira. Tras un brillante tercio de banderillas de Cándido Ruiz, el de Trigueros comenzó la faena de hinojos y puso la plaza en pie antes incluso de que la banda rompiera a tocar ‘Manolete’.Talavante y De Miranda salieron a hombros del coso de Pinichi. Prensa Taurina de BuendíaDespués llegaron el temple, la ligazón y la profundidad. También el valor seco de quien permanece cuando el instinto manda escapar. De Miranda fue estrechando las distancias hasta meterse donde solo entran quienes están dispuestos a pagar el precio. Se jugó el cuerpo en unas mondeñinas imposibles y dejó una estocada hasta donde pone Toledo. Dos orejas y rabo para el torero y vuelta al ruedo para ‘Librero’ .Talavante recibió con afarolados al precioso tercero, ‘Canario’, un colorado bragado. La faena tuvo muy buen son y pasajes de pureza por ambos pitones, rematados siempre con torería. Cerró por manoletinas, pero una estocada trasera y tendida obligó a utilizar el descabello. Hubo petición, aunque insuficiente, y todo quedó en una ovación.Por verónicas y delantales saludó De Miranda a ‘Panadero’. Fernando Pereira y Víctor del Olmo se desmonteraron después de parear al cuarto. Con la muleta, el onubense impartió una lección de toreo al natural, obligando al toro a pasar por donde no quería y enroscando sus embestidas a la cintura.El arrimón final desató la locura. La plaza pidió de forma unánime el indulto de ‘Panadero’ , pero el palco no lo concedió. Tras un aviso, De Miranda dejó la estocada y paseó otras dos orejas y un rabo. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo.Talavante volvió a encontrarse en quinto lugar con otro gran ejemplar de Luis Algarra. Supo darle fiesta por ambos pitones y construyó una faena con momentos de gran expresión. Esta vez fueron los aceros los que se llevaron un triunfo que parecía seguro. El coso de Pinichi reconoció su labor con una fuerte ovación.Feria de ÉcijaCoso de PinichiDomingo, 20 de septiembre de 2026. Tarde calurosa. Tres cuartos de entrada. Toros de Luis Algarra, bien presentados y de notable juego en conjunto. Segundo, ‘Librero’; cuarto, ‘Panadero’; y sexto, ‘Amapolo’, premiados con la vuelta al ruedo. Alejandro Talavante, de verde esmeralda y oro: estocada contraria de efecto fulminante (dos orejas); estocada trasera y tendida y descabello (ovación); desacertado con los aceros (gran ovación). David de Miranda, de purísima y oro: estocada hasta la empuñadura (dos orejas y rabo); estocada tras aviso (dos orejas y rabo); estocada (dos orejas). Saludaron en banderillas Cándido Ruiz, en el segundo, y Fernando Pereira y Víctor del Olmo, en el cuarto. El público solicitó de manera unánime el indulto de ‘Panadero’, que no fue concedido. Talavante y David de Miranda salieron a hombros.El sexto, ‘Amapolo’, acusó algún problema de visión, quizá por las luces artificiales, y obligó a De Miranda a plantear una lidia diferente. El de Trigueros volvió a inventar, a improvisar y a arriesgar frente a un toro menos claro que sus hermanos. Fue una faena para aficionados, llena de compromiso y capacidad, que el público supo valorar. Otra buena estocada le entregó las dos orejas. El toro recibió también la vuelta al ruedo.David de Miranda cruzó la puerta grande del coso de Pinichi con seis orejas y dos rabos. Talavante lo acompañó después de cortar dos trofeos al primero. La corrida de Luis Algarra sostuvo una gran tarde, pero fue el torero de Trigueros quien terminó escribiendo su nombre sobre el albero de Écija. Cuando el sexto desapareció por la puerta de arrastre, ya no quedaban dudas: De Miranda había vuelto a meterse donde habita el miedo para demostrar, una vez más, que también al miedo se le puede torear.
Había que estar en Écija. Bajo el calor de septiembre y con tres cuartos de entrada, el coso de Pinichi vivió una de esas tardes en las que el toreo parece no tener límites. David de Miranda le metió miedo al miedo y salió en … volandas después de cortar seis orejas y dos rabos. Alejandro Talavante, vestido de esmeralda y oro, paseó las dos orejas del primero y dejó pasajes de extraordinaria personalidad. La corrida de Luis Algarra, bien presentada y de notable juego, puso la materia prima de un mano a mano que acabó convertido en un canto al toro y al valor.
Talavante abrió plaza con un bonito recibo capotero. El extremeño entendió pronto las virtudes de ‘Rastrero’ y construyó una faena siempre a favor del toro, sin quebrantar su buen fondo. Los naturales tuvieron la firma inconfundible de la casa y la obra alcanzó su mayor transmisión en los redondos finales. Una estocada contraria, pero de efecto fulminante, puso en sus manos las dos primeras orejas de la tarde.
De purísima y oro hizo el paseíllo David de Miranda. Recibió por verónicas a ‘Librero’, número 73, y en el quite se echó el capote a la espalda para torear en terrenos donde ya no cabía la mentira. Tras un brillante tercio de banderillas de Cándido Ruiz, el de Trigueros comenzó la faena de hinojos y puso la plaza en pie antes incluso de que la banda rompiera a tocar ‘Manolete’.

(Prensa Taurina de Buendía)
Después llegaron el temple, la ligazón y la profundidad. También el valor seco de quien permanece cuando el instinto manda escapar. De Miranda fue estrechando las distancias hasta meterse donde solo entran quienes están dispuestos a pagar el precio. Se jugó el cuerpo en unas mondeñinas imposibles y dejó una estocada hasta donde pone Toledo. Dos orejas y rabo para el torero y vuelta al ruedo para ‘Librero’.
Talavante recibió con afarolados al precioso tercero, ‘Canario’, un colorado bragado. La faena tuvo muy buen son y pasajes de pureza por ambos pitones, rematados siempre con torería. Cerró por manoletinas, pero una estocada trasera y tendida obligó a utilizar el descabello. Hubo petición, aunque insuficiente, y todo quedó en una ovación.
Por verónicas y delantales saludó De Miranda a ‘Panadero’. Fernando Pereira y Víctor del Olmo se desmonteraron después de parear al cuarto. Con la muleta, el onubense impartió una lección de toreo al natural, obligando al toro a pasar por donde no quería y enroscando sus embestidas a la cintura.
El arrimón final desató la locura. La plaza pidió de forma unánime el indulto de ‘Panadero’, pero el palco no lo concedió. Tras un aviso, De Miranda dejó la estocada y paseó otras dos orejas y un rabo. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo.
Talavante volvió a encontrarse en quinto lugar con otro gran ejemplar de Luis Algarra. Supo darle fiesta por ambos pitones y construyó una faena con momentos de gran expresión. Esta vez fueron los aceros los que se llevaron un triunfo que parecía seguro. El coso de Pinichi reconoció su labor con una fuerte ovación.
Feria de Écija
Coso de Pinichi
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Domingo, 20 de septiembre de 2026. Tarde calurosa. Tres cuartos de entrada. Toros de Luis Algarra, bien presentados y de notable juego en conjunto. Segundo, ‘Librero’; cuarto, ‘Panadero’; y sexto, ‘Amapolo’, premiados con la vuelta al ruedo.
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Alejandro Talavante, de verde esmeralda y oro: estocada contraria de efecto fulminante (dos orejas); estocada trasera y tendida y descabello (ovación); desacertado con los aceros (gran ovación).
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David de Miranda, de purísima y oro: estocada hasta la empuñadura (dos orejas y rabo); estocada tras aviso (dos orejas y rabo); estocada (dos orejas).
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Saludaron en banderillas Cándido Ruiz, en el segundo, y Fernando Pereira y Víctor del Olmo, en el cuarto. El público solicitó de manera unánime el indulto de ‘Panadero’, que no fue concedido. Talavante y David de Miranda salieron a hombros.
El sexto, ‘Amapolo’, acusó algún problema de visión, quizá por las luces artificiales, y obligó a De Miranda a plantear una lidia diferente. El de Trigueros volvió a inventar, a improvisar y a arriesgar frente a un toro menos claro que sus hermanos. Fue una faena para aficionados, llena de compromiso y capacidad, que el público supo valorar. Otra buena estocada le entregó las dos orejas. El toro recibió también la vuelta al ruedo.
David de Miranda cruzó la puerta grande del coso de Pinichi con seis orejas y dos rabos. Talavante lo acompañó después de cortar dos trofeos al primero. La corrida de Luis Algarra sostuvo una gran tarde, pero fue el torero de Trigueros quien terminó escribiendo su nombre sobre el albero de Écija. Cuando el sexto desapareció por la puerta de arrastre, ya no quedaban dudas: De Miranda había vuelto a meterse donde habita el miedo para demostrar, una vez más, que también al miedo se le puede torear.
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