Quince minutos antes de las seis, preguntaba una chica en las taquillas si quedaban tres entradas juntas. «Tres no…», contestaba la taquillera, que a última hora encontró unas bastante cercanas entre sí en el sol. «Después del tercero, ya no da», les decía. Y las compraron. Debieron ser las últimas en venderse, porque no cabía un alfiler en la plaza, llena hasta la bandera, y más. Ya estaba el primer toro en el ruedo, y aún seguía entrando gente. Y otros tantos que se perdieron al abreplaza. Aunque tampoco dejaron de ver una gran cosa. Muy flojito fue ese Enemigo, que se caía con mirarlo. Optó Talavante por abreviar, acertadamente porque no se podía hacer nada. Con lo que no tuvo tanto acierto fue con la tizona. Bien es cierto que en este primero daba igual. Más coraje dio en el cuarto…En ese capítulo volvió el «mago Talavante». Pegó unas verónicas parando el tiempo, no se sabía si se había hecho estatua de sal o seguía pegando el lance, aunque se vio que a Juguetón no le sobraban las fuerzas. Tras un rápido tercio de banderillas, le dio Alejandro un pase de las flores, y de rodillas se puso en un variado inicio, sacando la varita en la arrucina, que si ya en pie pocas veces sale limpia, penitente debe ser más difícil. Como si no, preciosa y templada le salió el pase del rival de Manolete. Ya en pie continuó con la misma inspiración , y como en una baldosa, le sopló cuatro naturales de escándalo. Los siguientes además los enlazó con el pase de pecho por el mismo pitón. Ya en la primera serie por la diestra en animal estaba más apagadito, costándole ir. Eso sí, ese cambio de mano tan suyo se lo sacó, y de qué manera. Tan paradito estaba el animal que se quiso quitar de delante al pacense, levantándole los pies del suelo, sin hacer luego por él. Como si nada se levantó Alejandro para pegar otros derechazos, muy arrebatado y entregado, en una faena tan original como bonita. Samuel Navalón se llevó un espeluznante volteretón en el tercero Plaza de toros de AlbaceteMas lo pinchó. En general ese fue el resumen de toda la tarde, porque una estocada a la primera en el hoyo de las agujas no se vio. Que se lo digan a Navalón, que se podría haber ido con tres orejas, y tuvo que conformarse con una (aunque hubo petición de segunda) del tercero, en el que volvió a nacer. ¡Qué feo lo cogió Artesano en el quite! Ya había salido abanto, teniendo que cambiar Navalón su intención de torearlo a la verónica de hinojos, para cambiar por el palo de Chicuelo, ya en pie. Tras un breve paso por el caballo, a los medios se fue Samuel para torear por tafalleras, colándose en animal por el derecho en un achuchón, que pasó a mayores después, cuando se lo llevó por delante mientras lo citaba por Gaona, en una violentísima voltereta. Con la raza que le caracteriza, se levantó en valenciano para terminar su quite. Después de la paliza, ¿qué hizo Navalón? Pues plantarse de rodillas en la boca de riego con la pañosa. El de Daniel Ruiz no obstante le hizo otro extraño, y tuvo que recuperar la vertical, siendo el toro muy incómodo para encontrarle la distancia en un inicio. Pero el muchacho se la encontró rápido, pegándole muletazos por la diestra muy emocionantes. Al natural se le paró en el tercer muletazo, aguantando con valor el parón el torero. Y más que aguantó por el otro pitón, menudas miraditas le echaba el animal sin disimulo alguno… Sabiendo que el premio estaba cerca, y no queriendo dejarse nada dentro, terminó con circulares invertidos en las cercanías, poniendo al público en pie tras el arrimón con el cuatreño completamente dominado, y también tras las manoletinas finales. Ni el pinchazo previo a la estocada disminuyó la pañolada, que pidió el doble trofeo, aunque sólo se asomó un pañuelo del palco.Teniendo media puerta grande abierta, y sin la costumbre de salir a pie, el de Ayora fue a portagayola a recibir a Bocinero, pegando una buena larga, pese a que el cierraplaza salió recto. El animal empujó en el caballo, con la mala suerte de que derribó la cabalgadura y metió el cuerno por el pequeño espacio que no está cubierto con el peto para las espuelas de los picadores, hiriendo al jaco, que salió por su propio pie, pero todo eso hizo que el animal se quedara sin picar, como se vio en el segundo tercio, jugándosela Javier Perea. Brindó Navalón a Roca Rey. El que quiere mandar, y tiene todo para eso, y el que manda, esa era la imagen. Y por la espada en los medios se sacó al de Victoriano. Distancia le daba el de Ayora, cuando comenzaron a ondear las banderas en una brisa, maravillosa para los presentes, incómoda en el ruedo. Pero como si hubiera calma chicha lo toreó Samuel, que lo cuajó por ambos pitones. Este sexto acabó echando la persiana, y entonces pareció decir Samuel: «No te preocupes, que ya embisto yo». Y eso hizo en un emocionante final en las cercanías, antes de las templadas luquecinas. El premio estaba ahí, pero volvió a marrar, algo extraño porque es un torero muy seguro con la espada.Feria de la Virgen de los Llanos Plaza de toros de Albacete Viernes, 11 de septiembre de 2026. Entrada: . Toros de Daniel Ruiz, y 2º y 6º de Victoriano del Río. Alejandro Talavante, de sangre de toro y oro. Cinco pinchazos, estocada atravesada y dos descabellos (pitos). Dos pinchazos y estocada (saludos). Andrés Roca Rey, de nazareno y oro. Tres pinchazos, media y descabello (saludos). Pinchazo y estocada desprendida (dos orejas). Samuel Navalón, de rosa palo y oro. Pinchazo y estocada contraria (oreja con petición). Dos pinchazos y estocada corta (saludos).Al igual que Roca, extraordinario matador, que hoy tampoco lo vio claro. Una le habría cortado al segundo, que, cuando salió aún había gente entrando. Dios sabrá dónde acabarían, porque hueco no quedaba. Lo que estaba claro es que Andrés vino a por todas, y con dos recortes lo recibió, para sacárselo despacito, despacito a la verónica. Con un variado galleo lo dejó en el caballo, donde el victoriano estuvo un rato porque se le quedó enganchado el pitón derecho, pero no se entregó nada. Y en pie puso a la plaza tras comenzar de hinojos con tres cambiados. Lastimado se dolió tras los palos, y no estaba sobradísimo de fuerzas, aunque tenía la casta suficiente para acudir presto al engaño del peruano. A veces salía tan rápido como entraba, buscando las tablas, pero cuando no veía más que trapo, ahí iba, con más recorrido por el pitón izquierdo, por donde sacó Andrés naturales largos y llegaron los mejores pasajes de la obra, antes de meterse entre los pitones, con el animal más paradito. Pero todo se compensó con creces en el quinto, que se dejó crudito el Cóndor en el caballo, y eficaces estuvieron los subalternos, antes de que Roca Rey comenzara por estatuarios. Qué largo iba el de Daniel Ruiz. Eso sí, le costaba repetir muchos muletazos seguidos, pero en cuatro y el de pecho embestía con alegría, sin excesiva clase, mas eso le daba cierta chispa al tomar el engaño. Aunque le faltó duración, costándole meter la cara cada vez más al natural, pese a lo que le sacó unos buenos naturales Andrés, rematados siempre por largos pases de pecho. Con el animal venido a menos, el peruano intentó echarle alegría con molinetes de rodillas, espaldinas y circulares, llevándolo cosidito a la muleta para que se no rajara, porque ya llevaba un rato cantando la gallina Pañero. Hubo entonces cierto entusiasmo colectivo curioso que hizo que existiera un conato de petición de indulto. Y el toro en las tablas. Con acierto, hizo oídos sordos el torero y se perfiló para matar. La espada tampoco entró, pero los ánimos de una plaza rendida no bajaron, y las dos orejas de este quinto fueron a sus manos, saliendo en solitario en volandas, en una tarde en la que sus compañeros pudieron acompañarle si hubieran afilado las tizonas. Quince minutos antes de las seis, preguntaba una chica en las taquillas si quedaban tres entradas juntas. «Tres no…», contestaba la taquillera, que a última hora encontró unas bastante cercanas entre sí en el sol. «Después del tercero, ya no da», les decía. Y las compraron. Debieron ser las últimas en venderse, porque no cabía un alfiler en la plaza, llena hasta la bandera, y más. Ya estaba el primer toro en el ruedo, y aún seguía entrando gente. Y otros tantos que se perdieron al abreplaza. Aunque tampoco dejaron de ver una gran cosa. Muy flojito fue ese Enemigo, que se caía con mirarlo. Optó Talavante por abreviar, acertadamente porque no se podía hacer nada. Con lo que no tuvo tanto acierto fue con la tizona. Bien es cierto que en este primero daba igual. Más coraje dio en el cuarto…En ese capítulo volvió el «mago Talavante». Pegó unas verónicas parando el tiempo, no se sabía si se había hecho estatua de sal o seguía pegando el lance, aunque se vio que a Juguetón no le sobraban las fuerzas. Tras un rápido tercio de banderillas, le dio Alejandro un pase de las flores, y de rodillas se puso en un variado inicio, sacando la varita en la arrucina, que si ya en pie pocas veces sale limpia, penitente debe ser más difícil. Como si no, preciosa y templada le salió el pase del rival de Manolete. Ya en pie continuó con la misma inspiración , y como en una baldosa, le sopló cuatro naturales de escándalo. Los siguientes además los enlazó con el pase de pecho por el mismo pitón. Ya en la primera serie por la diestra en animal estaba más apagadito, costándole ir. Eso sí, ese cambio de mano tan suyo se lo sacó, y de qué manera. Tan paradito estaba el animal que se quiso quitar de delante al pacense, levantándole los pies del suelo, sin hacer luego por él. Como si nada se levantó Alejandro para pegar otros derechazos, muy arrebatado y entregado, en una faena tan original como bonita. Samuel Navalón se llevó un espeluznante volteretón en el tercero Plaza de toros de AlbaceteMas lo pinchó. En general ese fue el resumen de toda la tarde, porque una estocada a la primera en el hoyo de las agujas no se vio. Que se lo digan a Navalón, que se podría haber ido con tres orejas, y tuvo que conformarse con una (aunque hubo petición de segunda) del tercero, en el que volvió a nacer. ¡Qué feo lo cogió Artesano en el quite! Ya había salido abanto, teniendo que cambiar Navalón su intención de torearlo a la verónica de hinojos, para cambiar por el palo de Chicuelo, ya en pie. Tras un breve paso por el caballo, a los medios se fue Samuel para torear por tafalleras, colándose en animal por el derecho en un achuchón, que pasó a mayores después, cuando se lo llevó por delante mientras lo citaba por Gaona, en una violentísima voltereta. Con la raza que le caracteriza, se levantó en valenciano para terminar su quite. Después de la paliza, ¿qué hizo Navalón? Pues plantarse de rodillas en la boca de riego con la pañosa. El de Daniel Ruiz no obstante le hizo otro extraño, y tuvo que recuperar la vertical, siendo el toro muy incómodo para encontrarle la distancia en un inicio. Pero el muchacho se la encontró rápido, pegándole muletazos por la diestra muy emocionantes. Al natural se le paró en el tercer muletazo, aguantando con valor el parón el torero. Y más que aguantó por el otro pitón, menudas miraditas le echaba el animal sin disimulo alguno… Sabiendo que el premio estaba cerca, y no queriendo dejarse nada dentro, terminó con circulares invertidos en las cercanías, poniendo al público en pie tras el arrimón con el cuatreño completamente dominado, y también tras las manoletinas finales. Ni el pinchazo previo a la estocada disminuyó la pañolada, que pidió el doble trofeo, aunque sólo se asomó un pañuelo del palco.Teniendo media puerta grande abierta, y sin la costumbre de salir a pie, el de Ayora fue a portagayola a recibir a Bocinero, pegando una buena larga, pese a que el cierraplaza salió recto. El animal empujó en el caballo, con la mala suerte de que derribó la cabalgadura y metió el cuerno por el pequeño espacio que no está cubierto con el peto para las espuelas de los picadores, hiriendo al jaco, que salió por su propio pie, pero todo eso hizo que el animal se quedara sin picar, como se vio en el segundo tercio, jugándosela Javier Perea. Brindó Navalón a Roca Rey. El que quiere mandar, y tiene todo para eso, y el que manda, esa era la imagen. Y por la espada en los medios se sacó al de Victoriano. Distancia le daba el de Ayora, cuando comenzaron a ondear las banderas en una brisa, maravillosa para los presentes, incómoda en el ruedo. Pero como si hubiera calma chicha lo toreó Samuel, que lo cuajó por ambos pitones. Este sexto acabó echando la persiana, y entonces pareció decir Samuel: «No te preocupes, que ya embisto yo». Y eso hizo en un emocionante final en las cercanías, antes de las templadas luquecinas. El premio estaba ahí, pero volvió a marrar, algo extraño porque es un torero muy seguro con la espada.Feria de la Virgen de los Llanos Plaza de toros de Albacete Viernes, 11 de septiembre de 2026. Entrada: . Toros de Daniel Ruiz, y 2º y 6º de Victoriano del Río. Alejandro Talavante, de sangre de toro y oro. Cinco pinchazos, estocada atravesada y dos descabellos (pitos). Dos pinchazos y estocada (saludos). Andrés Roca Rey, de nazareno y oro. Tres pinchazos, media y descabello (saludos). Pinchazo y estocada desprendida (dos orejas). Samuel Navalón, de rosa palo y oro. Pinchazo y estocada contraria (oreja con petición). Dos pinchazos y estocada corta (saludos).Al igual que Roca, extraordinario matador, que hoy tampoco lo vio claro. Una le habría cortado al segundo, que, cuando salió aún había gente entrando. Dios sabrá dónde acabarían, porque hueco no quedaba. Lo que estaba claro es que Andrés vino a por todas, y con dos recortes lo recibió, para sacárselo despacito, despacito a la verónica. Con un variado galleo lo dejó en el caballo, donde el victoriano estuvo un rato porque se le quedó enganchado el pitón derecho, pero no se entregó nada. Y en pie puso a la plaza tras comenzar de hinojos con tres cambiados. Lastimado se dolió tras los palos, y no estaba sobradísimo de fuerzas, aunque tenía la casta suficiente para acudir presto al engaño del peruano. A veces salía tan rápido como entraba, buscando las tablas, pero cuando no veía más que trapo, ahí iba, con más recorrido por el pitón izquierdo, por donde sacó Andrés naturales largos y llegaron los mejores pasajes de la obra, antes de meterse entre los pitones, con el animal más paradito. Pero todo se compensó con creces en el quinto, que se dejó crudito el Cóndor en el caballo, y eficaces estuvieron los subalternos, antes de que Roca Rey comenzara por estatuarios. Qué largo iba el de Daniel Ruiz. Eso sí, le costaba repetir muchos muletazos seguidos, pero en cuatro y el de pecho embestía con alegría, sin excesiva clase, mas eso le daba cierta chispa al tomar el engaño. Aunque le faltó duración, costándole meter la cara cada vez más al natural, pese a lo que le sacó unos buenos naturales Andrés, rematados siempre por largos pases de pecho. Con el animal venido a menos, el peruano intentó echarle alegría con molinetes de rodillas, espaldinas y circulares, llevándolo cosidito a la muleta para que se no rajara, porque ya llevaba un rato cantando la gallina Pañero. Hubo entonces cierto entusiasmo colectivo curioso que hizo que existiera un conato de petición de indulto. Y el toro en las tablas. Con acierto, hizo oídos sordos el torero y se perfiló para matar. La espada tampoco entró, pero los ánimos de una plaza rendida no bajaron, y las dos orejas de este quinto fueron a sus manos, saliendo en solitario en volandas, en una tarde en la que sus compañeros pudieron acompañarle si hubieran afilado las tizonas.
Quince minutos antes de las seis, preguntaba una chica en las taquillas si quedaban tres entradas juntas. «Tres no…», contestaba la taquillera, que a última hora encontró unas bastante cercanas entre sí en el sol. «Después del tercero, ya no da», les decía. Y las … compraron. Debieron ser las últimas en venderse, porque no cabía un alfiler en la plaza, llena hasta la bandera, y más. Ya estaba el primer toro en el ruedo, y aún seguía entrando gente. Y otros tantos que se perdieron al abreplaza. Aunque tampoco dejaron de ver una gran cosa. Muy flojito fue ese Enemigo, que se caía con mirarlo. Optó Talavante por abreviar, acertadamente porque no se podía hacer nada. Con lo que no tuvo tanto acierto fue con la tizona. Bien es cierto que en este abreplaza daba igual. Más coraje dio en el cuarto…
En ese capítulo volvió el «mago Talavante». Pegó unas verónicas parando el tiempo, no se sabía si se había hecho estatua de sal o seguía pegando el lance, aunque se vio que a Juguetón no le sobraban las fuerzas. Tras un rápido tercio de banderillas, le dio Alejandro un pase de las flores, y de rodillas se puso en un variado inicio, sacando la varita en la arrucina, que si ya en pie pocas veces sale limpia, penitente debe ser más difícil. Como si no, preciosa y templada le salió el pase del rival de Manolete. Ya en pie continuó con la misma inspiración, y como en una baldosa, le sopló cuatro naturales de escándalo. Los siguientes además los enlazó con el pase de pecho por el mismo pitón. Ya en la primera serie por la diestra en animal estaba más apagadito, costándole ir. Eso sí, ese cambio de mano tan suyo se lo sacó, y de qué manera. Tan paradito estaba el animal que se quiso quitar de delante al pacense, levantándole los pies del suelo, sin hacer luego por él. Como si nada se levantó Alejandro para pegar otros derechazos, muy arrebatado y entregado, en una faena tan original como bonita.
(Plaza de toros de Albacete)
Mas lo pinchó. En general ese fue el resumen de toda la tarde, porque una estocada a la primera en el hoyo de las agujas no se vio. Que se lo digan a Navalón, que se podría haber ido con tres orejas, y tuvo que conformarse con una (aunque hubo petición de segunda) del tercero, en el que volvió a nacer. ¡Qué feo lo cogió Artesano en el quite! Ya había salido abanto, teniendo que cambiar Navalón su intención de torearlo a la verónica de hinojos, para cambiar por el palo de Chicuelo, ya en pie. Tras un breve paso por el caballo, a los medios se fue Samuel para torear por tafalleras, colándose en animal por el derecho en un achuchón, que pasó a mayores después, cuando se lo llevó por delante mientras lo citaba por Gaona, en una violentísima voltereta.
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Con la raza que le caracteriza, se levantó en valenciano para terminar su quite. Después de la paliza, ¿qué hizo Navalón? Pues plantarse de rodillas en la boca de riego con la pañosa. El de Daniel Ruiz no obstante le hizo otro extraño, y tuvo que recuperar la vertical, siendo el toro muy incómodo para encontrarle la distancia en un inicio. Pero el muchacho se la encontró rápido, pegándole muletazos por la diestra muy emocionantes. Al natural se le paró en el tercer muletazo, aguantando con valor el parón el torero. Y más que aguantó por el otro pitón, menudas miraditas le echaba el animal sin disimulo alguno… Sabiendo que el premio estaba cerca, y no queriendo dejarse nada en dentro, terminó con circulares invertidos en las cercanías, poniendo al público en pie tras el arrimón con el cuatreño completamente dominado, y también tras las manoletinas finales. Ni el pinchazo previo a la estocada disminuyó la pañolada, que pidió el doble trofeo, aunque sólo se asomó un pañuelo del palco.
Teniendo media puerta grande abierta, y sin la costumbre de salir a pie, el de Ayora fue a portagayola a recibir a Bocinero, pegando una buena larga, pese a que el cierraplaza salió recto. El animal empujó en el caballo, con la mala suerte de que derribó la cabalgadura y metió el cuerno por el pequeño espacio que no está cubierto con el peto para las espuelas de los picadores, hiriendo al jaco, que salió por su propio pie, pero todo eso hizo que el animal se quedara sin picar, como se vio en el segundo tercio, jugándosela Javier Perea. Brindó Navalón a Roca Rey. El que quiere mandar, y tiene todo para eso, y el que manda, esa era la imagen. Y por la espada en los medios se sacó al de Daniel Ruiz. Distancia le daba el de Ayora, cuando comenzaron a ondear las banderas en una brisa, maravillosa para los presentes, incómoda en el ruedo. Pero como si hubiera calma chicha lo toreó Samuel, que lo cuajó por ambos pitones. Este sexto acabó echando la persiana, y entonces pareció decir Samuel: «No te preocupes, que ya embisto yo». Y eso hizo en un emocionante final en las cercanías, antes de las templadas luquecinas. El premio estaba ahí, pero volvió a marrar, algo extraño porque es un torero muy seguro con la espada.
Feria de la Virgen de los Llanos
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Plaza de toros de Albacete
Viernes, 11 de septiembre de 2026. Entrada: . Toros de Daniel Ruiz.
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Alejandro Talavante,
de sangre de toro y oro. Cinco pinchazos, estocada atravesada y dos descabellos (pitos). Dos pinchazos y estocada (saludos). -
Andrés Roca Rey,
de nazareno y oro. Tres pinchazos, media y descabello (saludos). Pinchazo y estocada desprendida (dos orejas). -
Samuel Navalón,
de rosa palo y oro. Pinchazo y estocada contraria (oreja con petición). Dos pinchazos y estocada corta (saludos).
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Al igual que Roca, extraordinario matador, que hoy tampoco lo vio claro. Una le habría cortado al segundo, que, cuando salió aún había gente entrando. Dios sabrá dónde acabarían, porque hueco no quedaba. Lo que estaba claro es que Andrés vino a por todas, y con dos recortes lo recibió, para sacárselo despacito, despacito a la verónica. Con un variado galleo lo dejó en el caballo, donde el toro estuvo un rato porque se le quedó enganchado el pitón derecho, pero no se entregó nada. Y en pie puso a la plaza tras comenzar de hinojos con tres cambiados. Lastimado se dolió tras los palos, y no estaba sobradísimo de fuerzas, aunque tenía la casta suficiente para acudir presto al engaño del peruano. A veces salía tan rápido como entraba, buscando las tablas, pero cuando no veía más que trapo, ahí iba, con más recorrido por el pitón izquierdo, por donde sacó Andrés naturales largos y llegaron los mejores pasajes de la obra, antes de meterse entre los pitones, con el animal más paradito.
Pero todo se compensó con creces en el quinto, que se dejó crudito el Cóndor en el caballo, y eficaces estuvieron los subalternos, antes de que Roca Rey comenzara por estatuarios. Qué largo iba el de Daniel Ruiz. Eso sí, le costaba repetir muchos muletazos seguidos, pero en cuatro y el de pecho embestía con alegría, sin excesiva clase, pero eso le daba cierta chispa al tomar el engaño. Pero le faltó duración, costándole meter la cara cada vez más al natural, pese a lo que le sacó unos buenos naturales Andrés, rematados siempre por largos pases de pecho. Con el animal venido a menos, el peruano intentó echarle alegría con molinetes de rodillas, espaldinas y circulares, llevándolo cosidito a la muleta para que se no rajara, porque ya llevaba un rato cantando la gallina Pañero. Hubo entonces cierto entusiasmo colectivo curioso que hizo que existiera un conato de petición de indulto. Y el toro en las tablas. Con acierto, hizo oídos sordos el torero y se perfiló pata matar. La espada tampoco entró, pero los ánimos de una plaza rendida no bajaron, y las dos orejas de este quinto fueron a sus manos, saliendo en solitario en volandas, en una tarde en la que sus compañeros pudieron acompañarle si hubieran afilado las tizonas.
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