Los viejos periódicos conservan la historia de las tragedias ferroviarias. La más cercana y una de las peores es el choque de dos trenes en Adamuz que provocó 46 víctimas mortales hace tan sólo tres meses. Todos recordamos también el descarrilamiento del AVE en Santiago de Compostela en 2013 en el que fallecieron 79 personas. Pero pocos se acuerdan de que en 1972 perdieron la vida 86 viajeros en otra colisión en El Cuervo (Sevilla). En 1939, en Torralba del Moral, otro choque provocó 90 muertos.El peor de los accidentes relacionados con el ferrocarril se produjo en Madrid el 10 de enero de 1938. Eran los tiempos más duros de la Guerra Civil y la prensa republicana no publicó ni una sola línea de una catástrofe cuyas dimensiones superan a todo lo que sucedido antes y después. Han pasado 88 años y no es posible determinar el balance exacto de las víctimas mortales, que con toda seguridad ascendió a más de un centenar, tal vez el doble.No fue un siniestro ocasionado por el mal estado de las vías o un problema de señalización. El percance se produjo en el Metro de Madrid y, más concretamente, en la estación de Diego de León. El Gobierno republicano había instalado en el túnel que unía esa estación con la de Goya un taller de montaje y almacenamiento de proyectiles de artillería. Trabajaban allí 300 mujeres cuando se produjo una gigantesca explosión a media mañana. La calle se hundió, se derrumbaron varios edificios y el estruendo se escuchó en toda la ciudad. Los bomberos, el personal militar y los trabajadores de Metro evacuaron a muertos y heridos.La noticia corrió de boca en boca, pero la censura impidió la publicación del accidente. Una agencia francesa informó de la tragedia. El diario L’Époque señaló que el número de víctimas ascendía a 600. El ABC de Sevilla, que se editaba en la zona nacional, reprodujo la noticia días más tarde. Todavía no se sabe si la gigantesca explosión fue causada por una acción intencionada del enemigo o si se trató de un accidente, lo que parece más probable. El asunto no se investigó. Algunas personas que habían visitado el taller dieron testimonio de que se fumaba en el interior y de que las medidas de seguridad eran muy deficientes.El historiador Gonzalo Garcival reconstruyó la tragedia, accediendo a documentos reservados y recopilando algunas crónicas periodísticas posteriores. Garcival menciona los archivos militares donde hay un informe del jefe del Estado Mayor que habla de un accidente, indica que se produjeron numerosos desperfectos en la calle Lista (hoy Ortega y Gasset) y apunta que la gran mayoría de los cadáveres eran mujeres que trabajaban en el taller de munición.Fernando Rodríguez Miaja, oficial y sobrino del general Miaja, jefe de la defensa de Madrid, rememoró desde su exilio en México el fatal suceso. Recuerda que días antes había asistido a un baile que organizaban las obreras del taller en un cine del barrio de Salamanca. Miaja dejo constancia de que acudió al lugar junto al actor Fernando Rey, que entonces tenía 21 años. Muchas de las chicas que estuvieron en la fiesta murieron en la tragedia.Hay otras crónicas posteriores que recoge Garcival, pero ninguna ofrece un testimonio directo. Carolina Peralta publicó un libro en 1940 en el que señalaba que la explosión levantó por los aires un tranvía y dejo una manzana de casas «en estado ruinoso». Afirma que la onda expansiva afectó a varios trenes en los que murieron decenas de pasajeros. No faltó quien elevó la cifra de muertos a más de 2.000, una exageración a todas luces, aunque el tiempo no ha hecho más que aumentar el misterio sobre esta tragedia que muy pocos habitantes de Madrid conocen hoy. Los viejos periódicos conservan la historia de las tragedias ferroviarias. La más cercana y una de las peores es el choque de dos trenes en Adamuz que provocó 46 víctimas mortales hace tan sólo tres meses. Todos recordamos también el descarrilamiento del AVE en Santiago de Compostela en 2013 en el que fallecieron 79 personas. Pero pocos se acuerdan de que en 1972 perdieron la vida 86 viajeros en otra colisión en El Cuervo (Sevilla). En 1939, en Torralba del Moral, otro choque provocó 90 muertos.El peor de los accidentes relacionados con el ferrocarril se produjo en Madrid el 10 de enero de 1938. Eran los tiempos más duros de la Guerra Civil y la prensa republicana no publicó ni una sola línea de una catástrofe cuyas dimensiones superan a todo lo que sucedido antes y después. Han pasado 88 años y no es posible determinar el balance exacto de las víctimas mortales, que con toda seguridad ascendió a más de un centenar, tal vez el doble.No fue un siniestro ocasionado por el mal estado de las vías o un problema de señalización. El percance se produjo en el Metro de Madrid y, más concretamente, en la estación de Diego de León. El Gobierno republicano había instalado en el túnel que unía esa estación con la de Goya un taller de montaje y almacenamiento de proyectiles de artillería. Trabajaban allí 300 mujeres cuando se produjo una gigantesca explosión a media mañana. La calle se hundió, se derrumbaron varios edificios y el estruendo se escuchó en toda la ciudad. Los bomberos, el personal militar y los trabajadores de Metro evacuaron a muertos y heridos.La noticia corrió de boca en boca, pero la censura impidió la publicación del accidente. Una agencia francesa informó de la tragedia. El diario L’Époque señaló que el número de víctimas ascendía a 600. El ABC de Sevilla, que se editaba en la zona nacional, reprodujo la noticia días más tarde. Todavía no se sabe si la gigantesca explosión fue causada por una acción intencionada del enemigo o si se trató de un accidente, lo que parece más probable. El asunto no se investigó. Algunas personas que habían visitado el taller dieron testimonio de que se fumaba en el interior y de que las medidas de seguridad eran muy deficientes.El historiador Gonzalo Garcival reconstruyó la tragedia, accediendo a documentos reservados y recopilando algunas crónicas periodísticas posteriores. Garcival menciona los archivos militares donde hay un informe del jefe del Estado Mayor que habla de un accidente, indica que se produjeron numerosos desperfectos en la calle Lista (hoy Ortega y Gasset) y apunta que la gran mayoría de los cadáveres eran mujeres que trabajaban en el taller de munición.Fernando Rodríguez Miaja, oficial y sobrino del general Miaja, jefe de la defensa de Madrid, rememoró desde su exilio en México el fatal suceso. Recuerda que días antes había asistido a un baile que organizaban las obreras del taller en un cine del barrio de Salamanca. Miaja dejo constancia de que acudió al lugar junto al actor Fernando Rey, que entonces tenía 21 años. Muchas de las chicas que estuvieron en la fiesta murieron en la tragedia.Hay otras crónicas posteriores que recoge Garcival, pero ninguna ofrece un testimonio directo. Carolina Peralta publicó un libro en 1940 en el que señalaba que la explosión levantó por los aires un tranvía y dejo una manzana de casas «en estado ruinoso». Afirma que la onda expansiva afectó a varios trenes en los que murieron decenas de pasajeros. No faltó quien elevó la cifra de muertos a más de 2.000, una exageración a todas luces, aunque el tiempo no ha hecho más que aumentar el misterio sobre esta tragedia que muy pocos habitantes de Madrid conocen hoy.
Los viejos periódicos conservan la historia de las tragedias ferroviarias. La más cercana y una de las peores es el choque de dos trenes en Adamuz que provocó 46 víctimas mortales hace tan sólo tres meses. Todos recordamos también el descarrilamiento del AVE en … Santiago de Compostela en 2013 en el que fallecieron 79 personas. Pero pocos se acuerdan de que en 1972 perdieron la vida 86 viajeros en otra colisión en El Cuervo (Sevilla). En 1939, en Torralba del Moral, otro choque provocó 90 muertos.
El peor de los accidentes relacionados con el ferrocarril se produjo en Madrid el 10 de enero de 1938. Eran los tiempos más duros de la Guerra Civil y la prensa republicana no publicó ni una sola línea de una catástrofe cuyas dimensiones superan a todo lo que sucedido antes y después. Han pasado 88 años y no es posible determinar el balance exacto de las víctimas mortales, que con toda seguridad ascendió a más de un centenar, tal vez el doble.
No fue un siniestro ocasionado por el mal estado de las vías o un problema de señalización. El percance se produjo en el Metro de Madrid y, más concretamente, en la estación de Diego de León. El Gobierno republicano había instalado en el túnel que unía esa estación con la de Goya un taller de montaje y almacenamiento de proyectiles de artillería. Trabajaban allí 300 mujeres cuando se produjo una gigantesca explosión a media mañana. La calle se hundió, se derrumbaron varios edificios y el estruendo se escuchó en toda la ciudad. Los bomberos, el personal militar y los trabajadores de Metro evacuaron a muertos y heridos.
La noticia corrió de boca en boca, pero la censura impidió la publicación del accidente. Una agencia francesa informó de la tragedia. El diario L’Époque señaló que el número de víctimas ascendía a 600. El ABC de Sevilla, que se editaba en la zona nacional, reprodujo la noticia días más tarde. Todavía no se sabe si la gigantesca explosión fue causada por una acción intencionada del enemigo o si se trató de un accidente, lo que parece más probable. El asunto no se investigó. Algunas personas que habían visitado el taller dieron testimonio de que se fumaba en el interior y de que las medidas de seguridad eran muy deficientes.
El historiador Gonzalo Garcival reconstruyó la tragedia, accediendo a documentos reservados y recopilando algunas crónicas periodísticas posteriores. Garcival menciona los archivos militares donde hay un informe del jefe del Estado Mayor que habla de un accidente, indica que se produjeron numerosos desperfectos en la calle Lista (hoy Ortega y Gasset) y apunta que la gran mayoría de los cadáveres eran mujeres que trabajaban en el taller de munición.
Fernando Rodríguez Miaja, oficial y sobrino del general Miaja, jefe de la defensa de Madrid, rememoró desde su exilio en México el fatal suceso. Recuerda que días antes había asistido a un baile que organizaban las obreras del taller en un cine del barrio de Salamanca. Miaja dejo constancia de que acudió al lugar junto al actor Fernando Rey, que entonces tenía 21 años. Muchas de las chicas que estuvieron en la fiesta murieron en la tragedia.
Hay otras crónicas posteriores que recoge Garcival, pero ninguna ofrece un testimonio directo. Carolina Peralta publicó un libro en 1940 en el que señalaba que la explosión levantó por los aires un tranvía y dejo una manzana de casas «en estado ruinoso». Afirma que la onda expansiva afectó a varios trenes en los que murieron decenas de pasajeros. No faltó quien elevó la cifra de muertos a más de 2.000, una exageración a todas luces, aunque el tiempo no ha hecho más que aumentar el misterio sobre esta tragedia que muy pocos habitantes de Madrid conocen hoy.
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