Adolfo Aristarain reflejó en todas sus películas su preocupación por encontrar un lugar en el mundo, y lo encontró en Buenos Aires, donde nació, y en España, donde reconocieron su talento detrás de las cámaras con la Medalla de Oro de la Academia de Cine hace dos años por «por ser uno de los nombres fundamentales de la historia del cine en español». «Es el premio que más me honra recibir. No era algo que esperara. Cuando lo recoja me acordaré de toda la gente amiga. Tengo muchos amigos en España, donde pasé casi siete años trabajando como ayudante de dirección. Mis últimas cinco películas fueron en coproducción con España, trabajé yendo y viniendo», declaró a modo de agradecimiento el cineasta, que ya había logrado un Goya en 2002 por el guión de ‘Lugares comunes’ y a mejor película extranjera de habla hispana en 1992 por ‘Un lugar en el mundo’, que también fue candidata al Oscar. No ganó, aunque estuvo nominado como director, por ‘Martín (Hache)’ , protagonizada por Juan Diego Botto y quizás uno de sus títulos más conocidos, donde abogaba por dejarse seducir por las mentes, la inteligencia y no por el físico. Y para el recuerdo, el monólogo del actor Federico Luppi, que bien servía para su propia vida: «¡La patria es un invento! ¿Qué tengo que ver yo con un tipo que vive en Jujuy? … No se extraña un país. Se extraña el barrio (…) El que se siente patriota, el que cree que pertenece a una nación, es un tarado. O un vivador».Con la nacionalidad española por carta de naturaleza desde 2003, Adolfo Aristarain era un cineasta de acá y de allá, puente entre ambos mundos, siempre a medio camino entre Argentina y España. Aquí, dirigió para TVE la serie ‘Las aventuras de Pepe Carvalho’, basadas en las andanzas del detective creado por Manuel Vázquez Montalbán y trabajó con talentos patrios como José Sacristán, el fallecido Eusebio Poncela o Aitana Sánchez Gijón. Adolfo Aristarain, que falleció ayer a los 82 años, siempre decía que le costaba encontrar historias, pero con su lente contó algunas de las mejores. Lector y cinéfilo empedernido, fue ayudante de dirección en más de una treintena de películas, amigo e íntimo colaborador de Mario Camus, de quien afirmó que era su «único maestro reconocido» (los otros eran palabras mayores: John Ford, Howard Hawks, Raoul Walsh, Nicholas Ray y John Huston). Aristarain tenía una habilidad especial para manejar diálogos y actores, y a menudo sus películas eran un vehículo de lucimiento para el reparto. Así se entienden los premios a Mercedes Sampietro (Lugares comunes) o a Federico Luppi (por Martín Hache), que lograron la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 2002 y 1997, respectivamente. Luppi, su actor fetiche, llegó a decir que sus historias llegaban «al fondo del corazón», y no iba desencaminado.Lo constató Aitana Sánchez Gijón, que rodó a sus órdenes la película ‘La ley de la frontera’, una especie de wéstern con elementos de comedia: «Cada día llegaba con páginas nuevas. Creo que Adolfo Aristarain hizo esta película de encargo, pero a cada día que pasaba y nos entregaba texto la hacía más y más suya».Nacido en Buenos Aires en 1943, Adolfo Aristarain dio el salto como cineasta después de curtirse probando «cosas», es decir, de ser sonidista, hacer sus pinitos en montaje y demás. Y lo hizo siempre con vocación de que sus personajes vencieran el mal y transformaran el mundo en un lugar mejor. Noticia relacionada No No Muere a los 79 años el actor Eusebio Poncela, un hombre (y un actor) siempre excesivo Julio bravoHombre de pocas palabras, era sin embargo categórico sobre los sinsabores del éxito, porque con su trabajo nunca buscaba fama sino verdad. «Cuanto más éxito tienes, también tienes más miedo y pánico en los nuevos proyectos», confesó en una ocasión. Hastiado, quizás, de ver la deriva internacional, había dejado de rodar hace ya más de dos décadas, cuando filmó su última película, ‘Roma’, un homenaje a su madre cuyo guion coescribió con Mario Camus, a cuyas órdenes trabajó en los largometrajes ‘La leyenda del alcalde de Zalamea’ y ‘La cólera del viento’, y la serie ‘Los camioneros’. Adolfo Aristarain reflejó en todas sus películas su preocupación por encontrar un lugar en el mundo, y lo encontró en Buenos Aires, donde nació, y en España, donde reconocieron su talento detrás de las cámaras con la Medalla de Oro de la Academia de Cine hace dos años por «por ser uno de los nombres fundamentales de la historia del cine en español». «Es el premio que más me honra recibir. No era algo que esperara. Cuando lo recoja me acordaré de toda la gente amiga. Tengo muchos amigos en España, donde pasé casi siete años trabajando como ayudante de dirección. Mis últimas cinco películas fueron en coproducción con España, trabajé yendo y viniendo», declaró a modo de agradecimiento el cineasta, que ya había logrado un Goya en 2002 por el guión de ‘Lugares comunes’ y a mejor película extranjera de habla hispana en 1992 por ‘Un lugar en el mundo’, que también fue candidata al Oscar. No ganó, aunque estuvo nominado como director, por ‘Martín (Hache)’ , protagonizada por Juan Diego Botto y quizás uno de sus títulos más conocidos, donde abogaba por dejarse seducir por las mentes, la inteligencia y no por el físico. Y para el recuerdo, el monólogo del actor Federico Luppi, que bien servía para su propia vida: «¡La patria es un invento! ¿Qué tengo que ver yo con un tipo que vive en Jujuy? … No se extraña un país. Se extraña el barrio (…) El que se siente patriota, el que cree que pertenece a una nación, es un tarado. O un vivador».Con la nacionalidad española por carta de naturaleza desde 2003, Adolfo Aristarain era un cineasta de acá y de allá, puente entre ambos mundos, siempre a medio camino entre Argentina y España. Aquí, dirigió para TVE la serie ‘Las aventuras de Pepe Carvalho’, basadas en las andanzas del detective creado por Manuel Vázquez Montalbán y trabajó con talentos patrios como José Sacristán, el fallecido Eusebio Poncela o Aitana Sánchez Gijón. Adolfo Aristarain, que falleció ayer a los 82 años, siempre decía que le costaba encontrar historias, pero con su lente contó algunas de las mejores. Lector y cinéfilo empedernido, fue ayudante de dirección en más de una treintena de películas, amigo e íntimo colaborador de Mario Camus, de quien afirmó que era su «único maestro reconocido» (los otros eran palabras mayores: John Ford, Howard Hawks, Raoul Walsh, Nicholas Ray y John Huston). Aristarain tenía una habilidad especial para manejar diálogos y actores, y a menudo sus películas eran un vehículo de lucimiento para el reparto. Así se entienden los premios a Mercedes Sampietro (Lugares comunes) o a Federico Luppi (por Martín Hache), que lograron la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 2002 y 1997, respectivamente. Luppi, su actor fetiche, llegó a decir que sus historias llegaban «al fondo del corazón», y no iba desencaminado.Lo constató Aitana Sánchez Gijón, que rodó a sus órdenes la película ‘La ley de la frontera’, una especie de wéstern con elementos de comedia: «Cada día llegaba con páginas nuevas. Creo que Adolfo Aristarain hizo esta película de encargo, pero a cada día que pasaba y nos entregaba texto la hacía más y más suya».Nacido en Buenos Aires en 1943, Adolfo Aristarain dio el salto como cineasta después de curtirse probando «cosas», es decir, de ser sonidista, hacer sus pinitos en montaje y demás. Y lo hizo siempre con vocación de que sus personajes vencieran el mal y transformaran el mundo en un lugar mejor. Noticia relacionada No No Muere a los 79 años el actor Eusebio Poncela, un hombre (y un actor) siempre excesivo Julio bravoHombre de pocas palabras, era sin embargo categórico sobre los sinsabores del éxito, porque con su trabajo nunca buscaba fama sino verdad. «Cuanto más éxito tienes, también tienes más miedo y pánico en los nuevos proyectos», confesó en una ocasión. Hastiado, quizás, de ver la deriva internacional, había dejado de rodar hace ya más de dos décadas, cuando filmó su última película, ‘Roma’, un homenaje a su madre cuyo guion coescribió con Mario Camus, a cuyas órdenes trabajó en los largometrajes ‘La leyenda del alcalde de Zalamea’ y ‘La cólera del viento’, y la serie ‘Los camioneros’.
El director argentino Adolfo Aristarain, caracterizado por su capacidad para fusionar la narrativa clásica con un profundo compromiso social y político en su obra, ha fallecido en Buenos Aires a los 82 años, según ha informado este domingo la Academia de las Artes y … las Ciencias Cinematográficas de España. Películas emblemáticas como ‘Martín (Hache)’ o ‘Tiempo de revancha’ lo convirtieron en una de las figuras clave del séptimo arte hispano del último medio siglo.
«El cine es un oficio despiadadamente traidor para quien lo ejerce. Aunque uno intente esconder lo que uno es, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano. El cine que uno hace es lo que uno es», afirmó al recibir la Medalla de Oro de la Academia de Cine correspondiente al año 2024.
Creador fundamental para las filmografías argentina y española de las últimas décadas, el cine entró muy pronto en la vida de este porteño nacido en el barrio del Parque Chas, donde después del colegio veía dos o tres películas al día en aquellas salas de sesión continua. Esta devoción por el séptimo arte le permitieron, con los años, alzarse con un par de goyas: a mejor película iberoamericana por ‘Un lugar en el mundo’ y mejor guion adaptado por ‘Lugares comunes’.
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