¿Qué puede decir hoy una película estrenada hace casi sesenta años sobre la España actual? Esa es la pregunta que impulsa ‘Día de caza’ , la nueva película de Pedro Aguilera. Inspirada en ‘La caza’, el clásico que Carlos Saura dirigió en 1966, la cinta no busca rehacer una de las obras fundamentales del cine español, sino utilizarla como punto de partida para comprobar cuánto han cambiado —y cuánto permanecen— las relaciones de poder, la violencia y las fracturas que atraviesan la sociedad.Cuando comenzó a escribir ‘Día de caza’ en 2018, Aguilera se planteó un reto poco habitual en el cine español: regresar a un clásico para descubrir qué seguía vigente décadas después. «Quería ver qué había cambiado y qué no en el cine y en la historia de España», explica. Cambió la época, transformó a los protagonistas masculinos en cuatro mujeres e incorporó problemáticas contemporáneas. Sin embargo, pronto descubrió que el corazón del relato permanecía intacto. «Me di cuenta de que era más vigente ahora que entonces».Esa misma impresión comparte Blanca Portillo . La actriz reconoce que ‘La caza’ siempre ha sido una de sus películas favoritas de Carlos Saura y admite que la propuesta le produjo tanto entusiasmo como vértigo. «’La caza’ ya está hecha y eso no nos lo roba nadie», resume. Fue el guion el que terminó de convencerla de que el objetivo no era competir con la obra original, sino construir «otro artefacto nuevo y diferente». También Zoe Arnao volvió a ver la película de Saura durante la preparación del personaje y quedó sorprendida por su modernidad. «Cuando la vi pensé que estaba muy avanzada para la época. Los planos, las actuaciones… todo me parecía muy novedoso».El principal cambioEl cambio más evidente respecto al filme de Saura es la sustitución de los cuatro protagonistas masculinos por cuatro mujeres . Sin embargo, Aguilera insiste en que la intención nunca fue simplemente actualizar el reparto, sino comprobar si las dinámicas de ambición, violencia y abuso de poder seguían funcionando desde otra perspectiva. Noticia relacionada general No No Crítica de ‘Citizen vigilante’, la película prohibida en Alemania: «El fascista es usted, no la peli» Rebeca ArgudoEsa decisión también marcó el casting. Aguilera quiso que las cuatro protagonistas veteranas pertenecieran a una generación nacida en la época que se estrenó ‘La caza’ . Más que un guiño, era una forma de establecer un puente entre ambas películas: las actrices crecieron en una España muy distinta a la que retrataba Saura, pero sus personajes siguen enfrentándose a conflictos sorprendentemente similares. El director entendía así el propio reparto como una prolongación del diálogo entre el clásico de 1966 y la España contemporánea. La respuesta, asegura, fue afirmativa. Aunque ‘Día de caza’ incorpora cuestiones actuales como la crisis inmobiliaria o el cambio climático, mantiene intactos algunos de los grandes conflictos de la obra original: la traición, la corrupción y las relaciones de poder que terminan destruyendo cualquier vínculo. Para Blanca Portillo, precisamente ahí reside el interés de los personajes. « No hay espíritus puros en esta película », afirma. Lejos de construir héroes o villanos, reivindica personajes atravesados por contradicciones. «¿Quién no tiene un lado oscuro?». Esa complejidad, sostiene, convierte el conflicto interno de cada uno en el verdadero motor de la historia.La lectura política tampoco desaparece con el cambio de contexto. Zoe Arnao considera que el hecho de que algunas frases de ‘La caza’ se mantengan prácticamente intactas demuestra que muchas cuestiones siguen pendientes. Portillo va un paso más allá y sitúa el foco en la lucha por el poder : quién lo ejerce, quién está dispuesto a hacer cualquier cosa para conservarlo y hasta qué punto esas relaciones continúan definiendo la sociedad actual.El calor del rodaje y de la historiaEn ‘Día de caza’, el paisaje nunca funciona como un simple escenario. El calor, el polvo y la sequedad terminan convirtiéndose en una prolongación de los personajes. Aguilera explica que esa sensación se construye de forma progresiva. A medida que avanza la película, la cámara se acerca a los rostros, los personajes quedan cada vez más aislados y los sonidos del entorno desaparecen. Los animales abandonan el paisaje, el agua deja de escucharse y el espacio adquiere un carácter casi irreal. «Es como desnudar el drama hasta que se autodestruye», resume.Las actrices recuerdan que esa tensión también estuvo presente durante el rodaje. Filmar casi toda la película en exteriores y bajo temperaturas extremas hizo que el calor terminara formando parte de la interpretación. «Había algo del calor externo y del calor interno», explica Portillo. «Estábamos muy pegadas las unas a las otras, muy en la piel, muy en el olfato, y creo que eso se transmite». Para Zoe Arnao, trabajar con un reparto tan reducido favoreció además una interpretación mucho más orgánica: «Podías estar realmente con el otro, escuchar y reaccionar, porque nada distraía de lo que estaba ocurriendo entre los personajes».Ese mismo principio guía también la interpretación. Para Portillo, gran parte del trabajo consiste precisamente en construir aquello que nunca llega a verbalizarse. «Lo más interesante de un personaje no está casi nunca en lo que suelta por la boca , sino en lo que calla». Esa idea conecta directamente con la puesta en escena de Aguilera. Conforme avanza la película, el relato abandona el naturalismo inicial y se vuelve cada vez más abstracto, más seco y más silencioso. La tensión deja entonces de apoyarse en los acontecimientos para instalarse en las miradas, los gestos y los silencios.«Lo más interesante de un personaje no está casi nunca en lo que suelta por la boca, sino en lo que calla» Blanca PortilloQuizá ahí resida el mayor vínculo entre ‘La caza’ y ‘Día de caza’. No tanto en la repetición de escenas o personajes, sino en la certeza de que algunas preguntas siguen abiertas . Quién ejerce el poder, quién está dispuesto a conservarlo a cualquier precio o por qué determinados conflictos sobreviven al paso del tiempo son cuestiones que atravesaban la película de Carlos Saura en 1966 y que, casi seis décadas después, continúan encontrando eco en la sociedad española. ¿Qué puede decir hoy una película estrenada hace casi sesenta años sobre la España actual? Esa es la pregunta que impulsa ‘Día de caza’ , la nueva película de Pedro Aguilera. Inspirada en ‘La caza’, el clásico que Carlos Saura dirigió en 1966, la cinta no busca rehacer una de las obras fundamentales del cine español, sino utilizarla como punto de partida para comprobar cuánto han cambiado —y cuánto permanecen— las relaciones de poder, la violencia y las fracturas que atraviesan la sociedad.Cuando comenzó a escribir ‘Día de caza’ en 2018, Aguilera se planteó un reto poco habitual en el cine español: regresar a un clásico para descubrir qué seguía vigente décadas después. «Quería ver qué había cambiado y qué no en el cine y en la historia de España», explica. Cambió la época, transformó a los protagonistas masculinos en cuatro mujeres e incorporó problemáticas contemporáneas. Sin embargo, pronto descubrió que el corazón del relato permanecía intacto. «Me di cuenta de que era más vigente ahora que entonces».Esa misma impresión comparte Blanca Portillo . La actriz reconoce que ‘La caza’ siempre ha sido una de sus películas favoritas de Carlos Saura y admite que la propuesta le produjo tanto entusiasmo como vértigo. «’La caza’ ya está hecha y eso no nos lo roba nadie», resume. Fue el guion el que terminó de convencerla de que el objetivo no era competir con la obra original, sino construir «otro artefacto nuevo y diferente». También Zoe Arnao volvió a ver la película de Saura durante la preparación del personaje y quedó sorprendida por su modernidad. «Cuando la vi pensé que estaba muy avanzada para la época. Los planos, las actuaciones… todo me parecía muy novedoso».El principal cambioEl cambio más evidente respecto al filme de Saura es la sustitución de los cuatro protagonistas masculinos por cuatro mujeres . Sin embargo, Aguilera insiste en que la intención nunca fue simplemente actualizar el reparto, sino comprobar si las dinámicas de ambición, violencia y abuso de poder seguían funcionando desde otra perspectiva. Noticia relacionada general No No Crítica de ‘Citizen vigilante’, la película prohibida en Alemania: «El fascista es usted, no la peli» Rebeca ArgudoEsa decisión también marcó el casting. Aguilera quiso que las cuatro protagonistas veteranas pertenecieran a una generación nacida en la época que se estrenó ‘La caza’ . Más que un guiño, era una forma de establecer un puente entre ambas películas: las actrices crecieron en una España muy distinta a la que retrataba Saura, pero sus personajes siguen enfrentándose a conflictos sorprendentemente similares. El director entendía así el propio reparto como una prolongación del diálogo entre el clásico de 1966 y la España contemporánea. La respuesta, asegura, fue afirmativa. Aunque ‘Día de caza’ incorpora cuestiones actuales como la crisis inmobiliaria o el cambio climático, mantiene intactos algunos de los grandes conflictos de la obra original: la traición, la corrupción y las relaciones de poder que terminan destruyendo cualquier vínculo. Para Blanca Portillo, precisamente ahí reside el interés de los personajes. « No hay espíritus puros en esta película », afirma. Lejos de construir héroes o villanos, reivindica personajes atravesados por contradicciones. «¿Quién no tiene un lado oscuro?». Esa complejidad, sostiene, convierte el conflicto interno de cada uno en el verdadero motor de la historia.La lectura política tampoco desaparece con el cambio de contexto. Zoe Arnao considera que el hecho de que algunas frases de ‘La caza’ se mantengan prácticamente intactas demuestra que muchas cuestiones siguen pendientes. Portillo va un paso más allá y sitúa el foco en la lucha por el poder : quién lo ejerce, quién está dispuesto a hacer cualquier cosa para conservarlo y hasta qué punto esas relaciones continúan definiendo la sociedad actual.El calor del rodaje y de la historiaEn ‘Día de caza’, el paisaje nunca funciona como un simple escenario. El calor, el polvo y la sequedad terminan convirtiéndose en una prolongación de los personajes. Aguilera explica que esa sensación se construye de forma progresiva. A medida que avanza la película, la cámara se acerca a los rostros, los personajes quedan cada vez más aislados y los sonidos del entorno desaparecen. Los animales abandonan el paisaje, el agua deja de escucharse y el espacio adquiere un carácter casi irreal. «Es como desnudar el drama hasta que se autodestruye», resume.Las actrices recuerdan que esa tensión también estuvo presente durante el rodaje. Filmar casi toda la película en exteriores y bajo temperaturas extremas hizo que el calor terminara formando parte de la interpretación. «Había algo del calor externo y del calor interno», explica Portillo. «Estábamos muy pegadas las unas a las otras, muy en la piel, muy en el olfato, y creo que eso se transmite». Para Zoe Arnao, trabajar con un reparto tan reducido favoreció además una interpretación mucho más orgánica: «Podías estar realmente con el otro, escuchar y reaccionar, porque nada distraía de lo que estaba ocurriendo entre los personajes».Ese mismo principio guía también la interpretación. Para Portillo, gran parte del trabajo consiste precisamente en construir aquello que nunca llega a verbalizarse. «Lo más interesante de un personaje no está casi nunca en lo que suelta por la boca , sino en lo que calla». Esa idea conecta directamente con la puesta en escena de Aguilera. Conforme avanza la película, el relato abandona el naturalismo inicial y se vuelve cada vez más abstracto, más seco y más silencioso. La tensión deja entonces de apoyarse en los acontecimientos para instalarse en las miradas, los gestos y los silencios.«Lo más interesante de un personaje no está casi nunca en lo que suelta por la boca, sino en lo que calla» Blanca PortilloQuizá ahí resida el mayor vínculo entre ‘La caza’ y ‘Día de caza’. No tanto en la repetición de escenas o personajes, sino en la certeza de que algunas preguntas siguen abiertas . Quién ejerce el poder, quién está dispuesto a conservarlo a cualquier precio o por qué determinados conflictos sobreviven al paso del tiempo son cuestiones que atravesaban la película de Carlos Saura en 1966 y que, casi seis décadas después, continúan encontrando eco en la sociedad española.
¿Qué puede decir hoy una película estrenada hace casi sesenta años sobre la España actual? Esa es la pregunta que impulsa ‘Día de caza’, la nueva película de Pedro Aguilera. Inspirada en ‘La caza’, el clásico que Carlos Saura dirigió en … 1966, la cinta no busca rehacer una de las obras fundamentales del cine español, sino utilizarla como punto de partida para comprobar cuánto han cambiado —y cuánto permanecen— las relaciones de poder, la violencia y las fracturas que atraviesan la sociedad.
Cuando comenzó a escribir ‘Día de caza’ en 2018, Aguilera se planteó un reto poco habitual en el cine español: regresar a un clásico para descubrir qué seguía vigente décadas después. «Quería ver qué había cambiado y qué no en el cine y en la historia de España», explica. Cambió la época, transformó a los protagonistas masculinos en cuatro mujeres e incorporó problemáticas contemporáneas. Sin embargo, pronto descubrió que el corazón del relato permanecía intacto. «Me di cuenta de que era más vigente ahora que entonces».
Esa misma impresión comparte Blanca Portillo. La actriz reconoce que ‘La caza’ siempre ha sido una de sus películas favoritas de Carlos Saura y admite que la propuesta le produjo tanto entusiasmo como vértigo. «’La caza’ ya está hecha y eso no nos lo roba nadie», resume. Fue el guion el que terminó de convencerla de que el objetivo no era competir con la obra original, sino construir «otro artefacto nuevo y diferente». También Zoe Arnao volvió a ver la película de Saura durante la preparación del personaje y quedó sorprendida por su modernidad. «Cuando la vi pensé que estaba muy avanzada para la época. Los planos, las actuaciones… todo me parecía muy novedoso».
El principal cambio
El cambio más evidente respecto al filme de Saura es la sustitución de los cuatro protagonistas masculinos por cuatro mujeres. Sin embargo, Aguilera insiste en que la intención nunca fue simplemente actualizar el reparto, sino comprobar si las dinámicas de ambición, violencia y abuso de poder seguían funcionando desde otra perspectiva.
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Esa decisión también marcó el casting. Aguilera quiso que las cuatro protagonistas veteranas pertenecieran a una generación nacida en la época que se estrenó ‘La caza’. Más que un guiño, era una forma de establecer un puente entre ambas películas: las actrices crecieron en una España muy distinta a la que retrataba Saura, pero sus personajes siguen enfrentándose a conflictos sorprendentemente similares. El director entendía así el propio reparto como una prolongación del diálogo entre el clásico de 1966 y la España contemporánea.
La respuesta, asegura, fue afirmativa. Aunque ‘Día de caza’ incorpora cuestiones actuales como la crisis inmobiliaria o el cambio climático, mantiene intactos algunos de los grandes conflictos de la obra original: la traición, la corrupción y las relaciones de poder que terminan destruyendo cualquier vínculo. Para Blanca Portillo, precisamente ahí reside el interés de los personajes. «No hay espíritus puros en esta película», afirma. Lejos de construir héroes o villanos, reivindica personajes atravesados por contradicciones. «¿Quién no tiene un lado oscuro?». Esa complejidad, sostiene, convierte el conflicto interno de cada uno en el verdadero motor de la historia.
La lectura política tampoco desaparece con el cambio de contexto. Zoe Arnao considera que el hecho de que algunas frases de ‘La caza’ se mantengan prácticamente intactas demuestra que muchas cuestiones siguen pendientes. Portillo va un paso más allá y sitúa el foco en la lucha por el poder: quién lo ejerce, quién está dispuesto a hacer cualquier cosa para conservarlo y hasta qué punto esas relaciones continúan definiendo la sociedad actual.
El calor del rodaje y de la historia
En ‘Día de caza’, el paisaje nunca funciona como un simple escenario. El calor, el polvo y la sequedad terminan convirtiéndose en una prolongación de los personajes. Aguilera explica que esa sensación se construye de forma progresiva. A medida que avanza la película, la cámara se acerca a los rostros, los personajes quedan cada vez más aislados y los sonidos del entorno desaparecen. Los animales abandonan el paisaje, el agua deja de escucharse y el espacio adquiere un carácter casi irreal. «Es como desnudar el drama hasta que se autodestruye», resume.
Las actrices recuerdan que esa tensión también estuvo presente durante el rodaje. Filmar casi toda la película en exteriores y bajo temperaturas extremas hizo que el calor terminara formando parte de la interpretación. «Había algo del calor externo y del calor interno», explica Portillo. «Estábamos muy pegadas las unas a las otras, muy en la piel, muy en el olfato, y creo que eso se transmite». Para Zoe Arnao, trabajar con un reparto tan reducido favoreció además una interpretación mucho más orgánica: «Podías estar realmente con el otro, escuchar y reaccionar, porque nada distraía de lo que estaba ocurriendo entre los personajes».
Ese mismo principio guía también la interpretación. Para Portillo, gran parte del trabajo consiste precisamente en construir aquello que nunca llega a verbalizarse. «Lo más interesante de un personaje no está casi nunca en lo que suelta por la boca, sino en lo que calla». Esa idea conecta directamente con la puesta en escena de Aguilera. Conforme avanza la película, el relato abandona el naturalismo inicial y se vuelve cada vez más abstracto, más seco y más silencioso. La tensión deja entonces de apoyarse en los acontecimientos para instalarse en las miradas, los gestos y los silencios.
«Lo más interesante de un personaje no está casi nunca en lo que suelta por la boca, sino en lo que calla»
Blanca Portillo
Quizá ahí resida el mayor vínculo entre ‘La caza’ y ‘Día de caza’. No tanto en la repetición de escenas o personajes, sino en la certeza de que algunas preguntas siguen abiertas. Quién ejerce el poder, quién está dispuesto a conservarlo a cualquier precio o por qué determinados conflictos sobreviven al paso del tiempo son cuestiones que atravesaban la película de Carlos Saura en 1966 y que, casi seis décadas después, continúan encontrando eco en la sociedad española.
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