Tres, dos, uno, y los tendidos de sol se fundieron. Toda la tarde esperando el eclipse, que en Huesca duró escasos segundos, y fue como un apago la luz y la enciendo. Supo a poco, y eso que hasta se encendieron los focos con tiempo más que suficiente, y se avisó al personal del comportamiento a seguir. Todo atado y bien atado. La megafonía alertó, que toda prudencia era poca, y antes de salir el cuarto toro, se volvió a recordar que el eclipse estaba próximo. Y nos dieron las siete y las ocho, y las ocho y veintinueve. Los peñistas del sol, con tan sólo las últimas filas iluminadas, contaban los segundos, se ponían las gafas negras y el eclipse sobre la plaza, sobre los tendidos abarrotados, sobre los toreros y sus cuadrillas, llegó puntual. Al contrario que el comienzo de la corrida. Nadie sabía qué ocurría, pero desde que el presidente sacó el pañuelo blanco por la balconada hasta que apareció el alguacilillo pasaron cinco minutos, y tres o cuatro más hasta que los toreros pisaron el ruedo. Pocas prisas por empezar y ganas de cabrear a quienes soportaban casi cuarenta grados a la sombra. Sin eclipse todavía.A las ocho y quince minutos piso la arena el quinto, que pese a que manseó en el caballo rompió a embestir en la muleta de Roca Rey. La luz se fue atenuando y el cielo ya gris oscuro cuando, diez minutos más tarde, el peruano cogió la muleta y la espada. Comenzó muy pausado, hasta que ligó la primera serie a derechas, todavía sin apretar. Y justo a y veintinueve, Roca disfrutaba de las embestidas rodilla en tierra con unos molinetes que provocaron el delirio. Los de las gafas las arrojaron al ruedo, el ritmo de la faena fue frenético, siempre a más. Con la izquierda al mismo nivel. Explicaban los expertos que el eclipse podía modificar el comportamiento de los animales. En la plaza, solo el revolotear sin rumbo de algunas palomas y el toro que rompió a embestir. Quién sabe si por influjo del sol y la luna o por lo que ya llevaba dentro el de Algarra.Volvió la luz cuando la máxima figura se entretenía en pasárselo por delante y por detrás en unas luquecinas de asombroso ajuste. Los tendidos se le entregaron como nunca en esta feria. Se perfiló en corto y el pinchazo provocó un ¡ay! de decepción. La estocada que siguió puso las cosas en su sitio. Oreja indiscutible. Otra le había cortado al segundo, un torete chico que se apagó demasiado pronto y con el que Roca se pegó un arrimón justificando su caché.Los tendidos de la plaza de Huesca durante el eclipse TauroemociónLa segunda tarde seguida del «No hay billetes» tuvo mucho más que contar además del ensombrecimiento de los cielo. Y todo pese a una corrida de Luis Algarra mal presentada, ayuna de casta, pero que soltó dos toros, el cuarto y el referido quinto, que sirvieron para levantar la tarde.El segundo del lote de Sebastián Castella, poca cosa de cabeza a rabo embistió con profundidad por los dos pitones, más templado quizás por el izquierdo. El francés lo vio y lo entendió enseguida, y cuajó una faena plena de hondura. De largo trazo los muletazos con una y otra mano, siempre todo muy ligado, y torerísimo en los remates y desplantes. Una actuación sobresaliente que no necesitaba ni sombras ni luces añadidas. Soberbio Castella merecedor de un doble trofeo, que el público pidió con fuerza y que el presidente negó.Feria de la Albahaca Plaza de toros de Huesca Miércoles 12 de agosto de 2026. Tercera corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Luis Algarra mal presentados y descastados, cuarto y quinto buenos. Sebastián Castella, de rojo y oro. Estocada baja y descabello (silencio). Estocada trasera (oreja con petición de la segunda). Andrés Roca Rey, de naranja y azabache. Estocada (oreja). Pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros. Cristiano Torres, de verde oliva y oro. Pinchazo y estocada que asoma (silencio). Estocada y descabello (dos orejas). Salió a hombros.El que las consiguió del sexto fue el aragonés Cristiano Torres que se vio en un cartel de figuras y no quiso dejar escapar la oportunidad de demostrar cuáles son sus poderes. El valor y una mano izquierda que puede dar que hablar. El tercero, rajado y echándose durante la faena no hizo más que aguar sus buenas intenciones, pero ante el sexto se dijo que no se le escapaba. El toro noblote, pero de poco fuste. No era fácil sacar agua de ese pozo y al final lo consiguió. Exponiendo mucho y toreando muy bien con la izquierda. Muy ajustado siempre, pasándose los pitones por la barriga y transmitiendo ganas de ser alguien en este mundo. Con una reciente alternativa tomada en la pasada feria del Pilar, Cristiano no dejó indiferente a nadie, ni al usía que no dudó en sacar el doble pañuelo.Tarde de eclipse y de brillo y luces de una terna muy por encima de una corrida de Luis Algarra que a punto estuvo de eclipsarlo todo. Tres, dos, uno, y los tendidos de sol se fundieron. Toda la tarde esperando el eclipse, que en Huesca duró escasos segundos, y fue como un apago la luz y la enciendo. Supo a poco, y eso que hasta se encendieron los focos con tiempo más que suficiente, y se avisó al personal del comportamiento a seguir. Todo atado y bien atado. La megafonía alertó, que toda prudencia era poca, y antes de salir el cuarto toro, se volvió a recordar que el eclipse estaba próximo. Y nos dieron las siete y las ocho, y las ocho y veintinueve. Los peñistas del sol, con tan sólo las últimas filas iluminadas, contaban los segundos, se ponían las gafas negras y el eclipse sobre la plaza, sobre los tendidos abarrotados, sobre los toreros y sus cuadrillas, llegó puntual. Al contrario que el comienzo de la corrida. Nadie sabía qué ocurría, pero desde que el presidente sacó el pañuelo blanco por la balconada hasta que apareció el alguacilillo pasaron cinco minutos, y tres o cuatro más hasta que los toreros pisaron el ruedo. Pocas prisas por empezar y ganas de cabrear a quienes soportaban casi cuarenta grados a la sombra. Sin eclipse todavía.A las ocho y quince minutos piso la arena el quinto, que pese a que manseó en el caballo rompió a embestir en la muleta de Roca Rey. La luz se fue atenuando y el cielo ya gris oscuro cuando, diez minutos más tarde, el peruano cogió la muleta y la espada. Comenzó muy pausado, hasta que ligó la primera serie a derechas, todavía sin apretar. Y justo a y veintinueve, Roca disfrutaba de las embestidas rodilla en tierra con unos molinetes que provocaron el delirio. Los de las gafas las arrojaron al ruedo, el ritmo de la faena fue frenético, siempre a más. Con la izquierda al mismo nivel. Explicaban los expertos que el eclipse podía modificar el comportamiento de los animales. En la plaza, solo el revolotear sin rumbo de algunas palomas y el toro que rompió a embestir. Quién sabe si por influjo del sol y la luna o por lo que ya llevaba dentro el de Algarra.Volvió la luz cuando la máxima figura se entretenía en pasárselo por delante y por detrás en unas luquecinas de asombroso ajuste. Los tendidos se le entregaron como nunca en esta feria. Se perfiló en corto y el pinchazo provocó un ¡ay! de decepción. La estocada que siguió puso las cosas en su sitio. Oreja indiscutible. Otra le había cortado al segundo, un torete chico que se apagó demasiado pronto y con el que Roca se pegó un arrimón justificando su caché.Los tendidos de la plaza de Huesca durante el eclipse TauroemociónLa segunda tarde seguida del «No hay billetes» tuvo mucho más que contar además del ensombrecimiento de los cielo. Y todo pese a una corrida de Luis Algarra mal presentada, ayuna de casta, pero que soltó dos toros, el cuarto y el referido quinto, que sirvieron para levantar la tarde.El segundo del lote de Sebastián Castella, poca cosa de cabeza a rabo embistió con profundidad por los dos pitones, más templado quizás por el izquierdo. El francés lo vio y lo entendió enseguida, y cuajó una faena plena de hondura. De largo trazo los muletazos con una y otra mano, siempre todo muy ligado, y torerísimo en los remates y desplantes. Una actuación sobresaliente que no necesitaba ni sombras ni luces añadidas. Soberbio Castella merecedor de un doble trofeo, que el público pidió con fuerza y que el presidente negó.Feria de la Albahaca Plaza de toros de Huesca Miércoles 12 de agosto de 2026. Tercera corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Luis Algarra mal presentados y descastados, cuarto y quinto buenos. Sebastián Castella, de rojo y oro. Estocada baja y descabello (silencio). Estocada trasera (oreja con petición de la segunda). Andrés Roca Rey, de naranja y azabache. Estocada (oreja). Pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros. Cristiano Torres, de verde oliva y oro. Pinchazo y estocada que asoma (silencio). Estocada y descabello (dos orejas). Salió a hombros.El que las consiguió del sexto fue el aragonés Cristiano Torres que se vio en un cartel de figuras y no quiso dejar escapar la oportunidad de demostrar cuáles son sus poderes. El valor y una mano izquierda que puede dar que hablar. El tercero, rajado y echándose durante la faena no hizo más que aguar sus buenas intenciones, pero ante el sexto se dijo que no se le escapaba. El toro noblote, pero de poco fuste. No era fácil sacar agua de ese pozo y al final lo consiguió. Exponiendo mucho y toreando muy bien con la izquierda. Muy ajustado siempre, pasándose los pitones por la barriga y transmitiendo ganas de ser alguien en este mundo. Con una reciente alternativa tomada en la pasada feria del Pilar, Cristiano no dejó indiferente a nadie, ni al usía que no dudó en sacar el doble pañuelo.Tarde de eclipse y de brillo y luces de una terna muy por encima de una corrida de Luis Algarra que a punto estuvo de eclipsarlo todo.
Tres, dos, uno, y los tendidos de sol se fundieron. Toda la tarde esperando el eclipse, que en Huesca duró escasos segundos, y fue como un apago la luz y la enciendo. Supo a poco, y eso que hasta se encendieron los focos … con tiempo más que suficiente, y se avisó al personal del comportamiento a seguir. Todo atado y bien atado. La megafonía alertó, que toda prudencia era poca, y antes de salir el cuarto toro, se volvió a recordar que el eclipse estaba próximo.
Y nos dieron las siete y las ocho, y las ocho y veintinueve. Los peñistas del sol, con tan sólo las últimas filas iluminadas, contaban los segundos, se ponían las gafas negras y el eclipse sobre la plaza, sobre los tendidos abarrotados, sobre los toreros y sus cuadrillas, llegó puntual. Al contrario que el comienzo de la corrida. Nadie sabía qué ocurría, pero desde que el presidente sacó el pañuelo blanco por la balconada hasta que apareció el alguacilillo pasaron cinco minutos, y tres o cuatro más hasta que los toreros pisaron el ruedo. Pocas prisas por empezar y ganas de cabrear a quienes soportaban casi cuarenta grados a la sombra. Sin eclipse todavía.
A las ocho y quince minutos piso la arena el quinto, que pese a que manseó en el caballo rompió a embestir en la muleta de Roca Rey. La luz se fue atenuando y el cielo ya gris oscuro cuando, diez minutos más tarde, el peruano cogió la muleta y la espada. Comenzó muy pausado, hasta que ligó la primera serie a derechas, todavía sin apretar. Y justo a y veintinueve, Roca disfrutaba de las embestidas rodilla en tierra con unos molinetes que provocaron el delirio. Los de las gafas las arrojaron al ruedo, el ritmo de la faena fue frenético, siempre a más. Con la izquierda al mismo nivel. Explicaban los expertos que el eclipse podía modificar el comportamiento de los animales. En la plaza, solo el revolotear sin rumbo de algunas palomas y el toro que rompió a embestir. Quién sabe si por influjo del sol y la luna o por lo que ya llevaba dentro el de Algarra.
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Feria de Huesca
Ángel González Abad
Volvió la luz cuando la máxima figura se entretenía en pasárselo por delante y por detrás en unas luquecinas de asombroso ajuste. Los tendidos se le entregaron como nunca en esta feria. Se perfiló en corto y el pinchazo provocó un ¡ay! de decepción. La estocada que siguió puso las cosas en su sitio. Oreja indiscutible. Otra le había cortado al segundo, un torete chico que se apagó demasiado pronto y con el que Roca se pegó un arrimón justificando su caché.
(Tauroemoción)
La segunda tarde seguida del «No hay billetes» tuvo mucho más que contar además del ensombrecimiento de los cielo. Y todo pese a una corrida de Luis Algarra mal presentada, ayuna de casta, pero que soltó dos toros, el cuarto y el referido quinto, que sirvieron para levantar la tarde.
El segundo del lote de Sebastián Castella, poca cosa de cabeza a rabo embistió con profundidad por los dos pitones, más templado quizás por el izquierdo. El francés lo vio y lo entendió enseguida, y cuajó una faena plena de hondura. De largo trazo los muletazos con una y otra mano, siempre todo muy ligado, y torerísimo en los remates y desplantes. Una actuación sobresaliente que no necesitaba ni sombras ni luces añadidas. Soberbio Castella merecedor de un doble trofeo, que el público pidió con fuerza y que el presidente negó.
Feria de la Albahaca
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Plaza de toros de Huesca
Miércoles 12 de agosto de 2026. Tercera corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Luis Algarra mal presentados y descastados, cuarto y quinto buenos.
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Sebastián Castella,
de rojo y oro. Estocada baja y descabello (silencio). Estocada trasera (oreja con petición de la segunda). -
Andrés Roca Rey,
de naranja y azabache. Estocada (oreja). Pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros. -
Cristiano Torres,
de verde oliva y oro. Pinchazo y estocada que asoma (silencio). Estocada y descabello (dos orejas). Salió a hombros.
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El que las consiguió del sexto fue el aragonés Cristiano Torres que se vio en un cartel de figuras y no quiso dejar escapar la oportunidad de demostrar cuáles son sus poderes. El valor y una mano izquierda que puede dar que hablar. El tercero, rajado y echándose durante la faena no hizo más que aguar sus buenas intenciones, pero ante el sexto se dijo que no se le escapaba. El toro noblote, pero de poco fuste. No era fácil sacar agua de ese pozo y al final lo consiguió. Exponiendo mucho y toreando muy bien con la izquierda. Muy ajustado siempre, pasándose los pitones por la barriga y transmitiendo ganas de ser alguien en este mundo. Con una reciente alternativa tomada en la pasada feria del Pilar, Cristiano no dejó indiferente a nadie, ni al usía que no dudó en sacar el doble pañuelo.
Tarde de eclipse y de brillo y luces de una terna muy por encima de una corrida de Luis Algarra que a punto estuvo de eclipsarlo todo.
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