Señaló André Gide que con buenas intenciones y buenos sentimientos no se hace buena literatura. Sin embargo, esto no es un axioma absoluto. En nuestras letras, una clara muestra la tenemos en la producción de Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) quien apostando por una literatura luminosa no se despeña en moralina ni en melodramatismo ni sensiblería. Uno de los principales elementos que emplea para sortearlos es el humor. Confiesa Palomas a ABC: «¿Cómo sobrevivir sin el humor? El humor nos salva, quita melodramatismo Yo huyo de eso porque soy muy consciente de que me muevo en ese territorio. Para equilibrar, balancear el drama necesito el humor. Pero uno muy determinado. Hay que tener muy claro que paleta de humor utilizar». Y añade: «Para eso los niños son fundamentales porque no van a caer nunca en un humor hiriente. Es un humor que al adulto nos conecta con algo muy puro y que hace mucho bien». Y mucho humor, a pesar de que se aborda la muerte, la tristeza, el desamor, el duelo… encontramos en ‘Casa’ (Espasa), su última novela, tras títulos como, entre otros, ‘Una madre’, ‘Un perro’, ‘Un amor’ (Premio Nadal 2018) y ‘Una vida’, serie protagonizada por Amalia , un singular y muy querido personaje por los lectores, i nspirado en su propia madre .Narrativa ‘Casa’ Autor Alejandro Palomas Editorial Espasa Año 2026 Páginas 240 Precio 20,90 euros E- book 19,35 eurosAlejandro Palomas acaba de presentar ‘Casa’ en un desayuno de prensa, obra sobre la que su editora destacó: «Es una novela cien x cien Palomas, y a la vez abre nuevos caminos. Es una novela que te acompaña», y reveló que para el título y la portada del volumen se habían barajado varias posibilidades hasta llegar a la nube que aparece finalmente en ella, que les sugirió el propio Palomas: «Ahora vivo buena parte del año en una casa en el valle de Baztan. Tiene un tragaluz. Vi una nube y me dije que esa debía ser la portada. Y que debía titularse ‘Casa’, que es mucho más que un lugar».En ‘Casa’ hallamos a Mika, una niña de siete años, que, tras la separación de sus padres, vive con su progenitor y su abuelo en La Casa de Abajo, ubicada en una aldea rural; a su padre, Pedro; a su madre, Jessica; a sus amigos y compañeros de colegio, Martín y Laura; a Lucía —personaje secundario pero cardinal —, y a dos mascotas que son mucho más que animales, el perro sordo Rolo y Frida, la pequeña zorrita rescatada por Pedro. Pero, sin duda, junto a Mika, el otro gran personaje es su abuelo Tadeo, con quien la pequeña mantiene una relación muy especial y a la que va descubriendo los «mandatos» del bosque.El ‘abu’, como le llama su nieta, enseña a Mika una sabiduría verdaderamente esencial, no accesoria, que en bastante medida hemos olvidado: los ciclos naturales; comprender que el amor perdura más allá de la muerte, como le sucede a Tadeo con su mujer, Celia; que las personas a las que amamos nunca desaparecen mientras las recordemos, escuchar lo que no se ve… Recuperar el bosque perdido en el trigal que rodea la casa une a abuelo y nieta en una complicidad mágica que nos lleva a reflexionar sobre el legado entre generaciones. La pequeña hace mil y una preguntas con ingenuidad desde las más trascendentes hasta curiosas y de asuntos cotidianos. Por ejemplo, al oír hablar a los adultos de los problemas de los autónomos, indaga sobre qué es ser tal. Explica Palomas: «Es una obsesión personal, porque soy autónomo. Pensaba que los niños oyen esto, y qué les debe parecer esa palabra, ‘autónomo’, es muy rara. Como no la entienden tutean e imaginan».«La voz de los niños me encanta. Me da una enorme capacidad de decir lo que yo no puedo como adulto»¿Volverá Mika? «No lo sé —apunta Palomas —. Me pasa con muchos lectores que me preguntan si mis personajes aparecerán en otros libros, quieren saber qué les pasa después. Porque yo retrato a los personajes en un momento muy determinado de sus vidas. Y luego cierro el foco. Pero la voz de los niños me encanta. Me da una enorme capacidad de decir lo que yo no puedo como adulto, me proporciona gran libertad. En la literatura, por lo menos en mi experiencia personal, cuando tienes que plantear cuestiones muy directas y sin filtros, tienes que utilizar la voz de los niños o la de los muy mayores. Si no es complicado, tienes que matizar mucho para no molestar. A los niños y a los mayores se les perdona todo. Y dicen la verdad. Lo curioso es que haya que perdonar a la gente que dice la verdad. Es como el mundo al revés. Tendríamos que celebrar la verdad».Para Alejandro Palomas las voces resultan decisivas. Precisamente de ellas nace la chispa para escribir una narración. Declara a ABC: «Empieza por una voz. De repente estoy haciendo algo, trabajando en algo, y emerge una voz que no estaba antes y ha ido creciendo hasta que la oigo. La vigilo, pues no sé si va a desaparecer, y si es así me olvido, o si quiere quedarse. En este caso, comienzo a escucharla, con atención, a ver qué tiene que decirme. Y en ‘Casa’ me pasó con la voz del abuelo, que luego resulta que su voz es la mía. El personaje del abuelo soy yo. Reconocí la voz de Tadeo y pensé esta versión de mí me gusta. Me agrada verme así. Es un Alejandro que me habla muy bien de mí». Alejandro Palomas es también un reconocido traductor. ¿Le influye esta tarea en su labor de creación? «Tengo una muralla puesta. Puedo leer mucho mientras estoy escribiendo, traducir, ver teatro, no atraviesan la barrera y eso me da mucha tranquilidad. Lo que no quiere decir que no haya autores que me fascinan, que siento muy cercanos, como Yasmina Reza, Jeannete Winterson o Gertrude Stein , entre otros. Para Winterson o Stein no he necesitado diccionario al traducirlas. Tengo muchos colegas que me comentan que no pueden leer mientras escriben. Yo no. Estoy como las mujeres embarazadas que suelen volverse muy disfrutonas, soy un poco así». Señaló André Gide que con buenas intenciones y buenos sentimientos no se hace buena literatura. Sin embargo, esto no es un axioma absoluto. En nuestras letras, una clara muestra la tenemos en la producción de Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) quien apostando por una literatura luminosa no se despeña en moralina ni en melodramatismo ni sensiblería. Uno de los principales elementos que emplea para sortearlos es el humor. Confiesa Palomas a ABC: «¿Cómo sobrevivir sin el humor? El humor nos salva, quita melodramatismo Yo huyo de eso porque soy muy consciente de que me muevo en ese territorio. Para equilibrar, balancear el drama necesito el humor. Pero uno muy determinado. Hay que tener muy claro que paleta de humor utilizar». Y añade: «Para eso los niños son fundamentales porque no van a caer nunca en un humor hiriente. Es un humor que al adulto nos conecta con algo muy puro y que hace mucho bien». Y mucho humor, a pesar de que se aborda la muerte, la tristeza, el desamor, el duelo… encontramos en ‘Casa’ (Espasa), su última novela, tras títulos como, entre otros, ‘Una madre’, ‘Un perro’, ‘Un amor’ (Premio Nadal 2018) y ‘Una vida’, serie protagonizada por Amalia , un singular y muy querido personaje por los lectores, i nspirado en su propia madre .Narrativa ‘Casa’ Autor Alejandro Palomas Editorial Espasa Año 2026 Páginas 240 Precio 20,90 euros E- book 19,35 eurosAlejandro Palomas acaba de presentar ‘Casa’ en un desayuno de prensa, obra sobre la que su editora destacó: «Es una novela cien x cien Palomas, y a la vez abre nuevos caminos. Es una novela que te acompaña», y reveló que para el título y la portada del volumen se habían barajado varias posibilidades hasta llegar a la nube que aparece finalmente en ella, que les sugirió el propio Palomas: «Ahora vivo buena parte del año en una casa en el valle de Baztan. Tiene un tragaluz. Vi una nube y me dije que esa debía ser la portada. Y que debía titularse ‘Casa’, que es mucho más que un lugar».En ‘Casa’ hallamos a Mika, una niña de siete años, que, tras la separación de sus padres, vive con su progenitor y su abuelo en La Casa de Abajo, ubicada en una aldea rural; a su padre, Pedro; a su madre, Jessica; a sus amigos y compañeros de colegio, Martín y Laura; a Lucía —personaje secundario pero cardinal —, y a dos mascotas que son mucho más que animales, el perro sordo Rolo y Frida, la pequeña zorrita rescatada por Pedro. Pero, sin duda, junto a Mika, el otro gran personaje es su abuelo Tadeo, con quien la pequeña mantiene una relación muy especial y a la que va descubriendo los «mandatos» del bosque.El ‘abu’, como le llama su nieta, enseña a Mika una sabiduría verdaderamente esencial, no accesoria, que en bastante medida hemos olvidado: los ciclos naturales; comprender que el amor perdura más allá de la muerte, como le sucede a Tadeo con su mujer, Celia; que las personas a las que amamos nunca desaparecen mientras las recordemos, escuchar lo que no se ve… Recuperar el bosque perdido en el trigal que rodea la casa une a abuelo y nieta en una complicidad mágica que nos lleva a reflexionar sobre el legado entre generaciones. La pequeña hace mil y una preguntas con ingenuidad desde las más trascendentes hasta curiosas y de asuntos cotidianos. Por ejemplo, al oír hablar a los adultos de los problemas de los autónomos, indaga sobre qué es ser tal. Explica Palomas: «Es una obsesión personal, porque soy autónomo. Pensaba que los niños oyen esto, y qué les debe parecer esa palabra, ‘autónomo’, es muy rara. Como no la entienden tutean e imaginan».«La voz de los niños me encanta. Me da una enorme capacidad de decir lo que yo no puedo como adulto»¿Volverá Mika? «No lo sé —apunta Palomas —. Me pasa con muchos lectores que me preguntan si mis personajes aparecerán en otros libros, quieren saber qué les pasa después. Porque yo retrato a los personajes en un momento muy determinado de sus vidas. Y luego cierro el foco. Pero la voz de los niños me encanta. Me da una enorme capacidad de decir lo que yo no puedo como adulto, me proporciona gran libertad. En la literatura, por lo menos en mi experiencia personal, cuando tienes que plantear cuestiones muy directas y sin filtros, tienes que utilizar la voz de los niños o la de los muy mayores. Si no es complicado, tienes que matizar mucho para no molestar. A los niños y a los mayores se les perdona todo. Y dicen la verdad. Lo curioso es que haya que perdonar a la gente que dice la verdad. Es como el mundo al revés. Tendríamos que celebrar la verdad».Para Alejandro Palomas las voces resultan decisivas. Precisamente de ellas nace la chispa para escribir una narración. Declara a ABC: «Empieza por una voz. De repente estoy haciendo algo, trabajando en algo, y emerge una voz que no estaba antes y ha ido creciendo hasta que la oigo. La vigilo, pues no sé si va a desaparecer, y si es así me olvido, o si quiere quedarse. En este caso, comienzo a escucharla, con atención, a ver qué tiene que decirme. Y en ‘Casa’ me pasó con la voz del abuelo, que luego resulta que su voz es la mía. El personaje del abuelo soy yo. Reconocí la voz de Tadeo y pensé esta versión de mí me gusta. Me agrada verme así. Es un Alejandro que me habla muy bien de mí». Alejandro Palomas es también un reconocido traductor. ¿Le influye esta tarea en su labor de creación? «Tengo una muralla puesta. Puedo leer mucho mientras estoy escribiendo, traducir, ver teatro, no atraviesan la barrera y eso me da mucha tranquilidad. Lo que no quiere decir que no haya autores que me fascinan, que siento muy cercanos, como Yasmina Reza, Jeannete Winterson o Gertrude Stein , entre otros. Para Winterson o Stein no he necesitado diccionario al traducirlas. Tengo muchos colegas que me comentan que no pueden leer mientras escriben. Yo no. Estoy como las mujeres embarazadas que suelen volverse muy disfrutonas, soy un poco así».
Señaló André Gide que con buenas intenciones y buenos sentimientos no se hace buena literatura. Sin embargo, esto no es un axioma absoluto. En nuestras letras, una clara muestra la tenemos en la producción de Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) quien apostando por una … literatura luminosa no se despeña en moralina ni en melodramatismo ni sensiblería. Uno de los principales elementos que emplea para sortearlos es el humor. Confiesa Palomas a ABC: «¿Cómo sobrevivir sin el humor? El humor nos salva, quita melodramatismo Yo huyo de eso porque soy muy consciente de que me muevo en ese territorio. Para equilibrar, balancear el drama necesito el humor. Pero uno muy determinado. Hay que tener muy claro que paleta de humor utilizar». Y añade: «Para eso los niños son fundamentales porque no van a caer nunca en un humor hiriente. Es un humor que al adulto nos conecta con algo muy puro y que hace mucho bien».
Y mucho humor, a pesar de que se aborda la muerte, la tristeza, el desamor, el duelo… encontramos en ‘Casa’ (Espasa), su última novela, tras títulos como, entre otros, ‘Una madre’, ‘Un perro’, ‘Un amor’ (Premio Nadal 2018) y ‘Una vida’, serie protagonizada por Amalia, un singular y muy querido personaje por los lectores, inspirado en su propia madre.
Narrativa
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‘Casa’

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Autor
Alejandro Palomas -
Editorial
Espasa -
Año
2026 -
Páginas
240
Precio
20,90 euros
E- book
19,35 euros
-
Páginas
240 -
Precio
20,90 euros -
E- book
19,35 euros
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Alejandro Palomas acaba de presentar ‘Casa’ en un desayuno de prensa, obra sobre la que su editora destacó: «Es una novela cien x cien Palomas, y a la vez abre nuevos caminos. Es una novela que te acompaña», y reveló que para el título y la portada del volumen se habían barajado varias posibilidades hasta llegar a la nube que aparece finalmente en ella, que les sugirió el propio Palomas: «Ahora vivo buena parte del año en una casa en el valle de Baztan. Tiene un tragaluz. Vi una nube y me dije que esa debía ser la portada. Y que debía titularse ‘Casa’, que es mucho más que un lugar».
En ‘Casa’ hallamos a Mika, una niña de siete años, que, tras la separación de sus padres, vive con su progenitor y su abuelo en La Casa de Abajo, ubicada en una aldea rural; a su padre, Pedro; a su madre, Jessica; a sus amigos y compañeros de colegio, Martín y Laura; a Lucía —personaje secundario pero cardinal —, y a dos mascotas que son mucho más que animales, el perro sordo Rolo y Frida, la pequeña zorrita rescatada por Pedro. Pero, sin duda, junto a Mika, el otro gran personaje es su abuelo Tadeo, con quien la pequeña mantiene una relación muy especial y a la que va descubriendo los «mandatos» del bosque.
El ‘abu’, como le llama su nieta, enseña a Mika una sabiduría verdaderamente esencial, no accesoria, que en bastante medida hemos olvidado: los ciclos naturales; comprender que el amor perdura más allá de la muerte, como le sucede a Tadeo con su mujer, Celia; que las personas a las que amamos nunca desaparecen mientras las recordemos, escuchar lo que no se ve… Recuperar el bosque perdido en el trigal que rodea la casa une a abuelo y nieta en una complicidad mágica que nos lleva a reflexionar sobre el legado entre generaciones.
La pequeña hace mil y una preguntas con ingenuidad desde las más trascendentes hasta curiosas y de asuntos cotidianos. Por ejemplo, al oír hablar a los adultos de los problemas de los autónomos, indaga sobre qué es ser tal. Explica Palomas: «Es una obsesión personal, porque soy autónomo. Pensaba que los niños oyen esto, y qué les debe parecer esa palabra, ‘autónomo’, es muy rara. Como no la entienden tutean e imaginan».
«La voz de los niños me encanta. Me da una enorme capacidad de decir lo que yo no puedo como adulto»
¿Volverá Mika? «No lo sé —apunta Palomas —. Me pasa con muchos lectores que me preguntan si mis personajes aparecerán en otros libros, quieren saber qué les pasa después. Porque yo retrato a los personajes en un momento muy determinado de sus vidas. Y luego cierro el foco. Pero la voz de los niños me encanta. Me da una enorme capacidad de decir lo que yo no puedo como adulto, me proporciona gran libertad. En la literatura, por lo menos en mi experiencia personal, cuando tienes que plantear cuestiones muy directas y sin filtros, tienes que utilizar la voz de los niños o la de los muy mayores. Si no es complicado, tienes que matizar mucho para no molestar. A los niños y a los mayores se les perdona todo. Y dicen la verdad. Lo curioso es que haya que perdonar a la gente que dice la verdad. Es como el mundo al revés. Tendríamos que celebrar la verdad».
Para Alejandro Palomas las voces resultan decisivas. Precisamente de ellas nace la chispa para escribir una narración. Declara a ABC: «Empieza por una voz. De repente estoy haciendo algo, trabajando en algo, y emerge una voz que no estaba antes y ha ido creciendo hasta que la oigo. La vigilo, pues no sé si va a desaparecer, y si es así me olvido, o si quiere quedarse. En este caso, comienzo a escucharla, con atención, a ver qué tiene que decirme. Y en ‘Casa’ me pasó con la voz del abuelo, que luego resulta que su voz es la mía. El personaje del abuelo soy yo. Reconocí la voz de Tadeo y pensé esta versión de mí me gusta. Me agrada verme así. Es un Alejandro que me habla muy bien de mí».
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Alejandro Palomas es también un reconocido traductor. ¿Le influye esta tarea en su labor de creación? «Tengo una muralla puesta. Puedo leer mucho mientras estoy escribiendo, traducir, ver teatro, no atraviesan la barrera y eso me da mucha tranquilidad. Lo que no quiere decir que no haya autores que me fascinan, que siento muy cercanos, como Yasmina Reza,Jeannete Winterson o Gertrude Stein, entre otros. Para Winterson o Stein no he necesitado diccionario al traducirlas. Tengo muchos colegas que me comentan que no pueden leer mientras escriben. Yo no. Estoy como las mujeres embarazadas que suelen volverse muy disfrutonas, soy un poco así».
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