«A un español cuyo nombre no suele aparecer en los ‘papeles’ le debemos que el ‘ Guernica ‘ siga conservándose en relativo buen estado». Cuando la crítica de arte María Fortunata Prieto Barral entrevistó a este desconocido compatriota, el icono del siglo XX de Pablo Picasso también era objeto de polémica, como ahora. En 1977 se hablaba del traslado a Madrid de esta obra universal desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York, aunque esa disputa de ‘ Guernica no, Guernica sí para España’ de entonces (como la actual batalla sobre su préstamo, o no, al País Vasco) tal vez nunca se habría podido plantear, a juicio de la colaboradora de este periódico, «si el avispado Jaume Vidal no hubiera pensado sensatamente por su cuenta».Este catalán «recriado en Montparnasse» trabajó en la casa Castelucho, la más acreditada entre los proveedores parisinos de materiales para artistas, y fue quien preparó la tela sobre la que Picasso pintó su famoso cuadro en la primavera de 1937, por encargo del Gobierno de la República. Prieto lo describió como « el hombre que hizo esperar a Picasso » porque tuvo al pintor aguardando con incontenida impaciencia más de tres horas mientras él montaba la tela de 8 x 3,50 metros en el bastidor y la sujetaba a una viga del techo. La maniobra no resultó sencilla: debido a la limitada altura del taller, hubo que colocar el inmenso lienzo en plano inclinado desde el suelo. El ‘Guernica’ y Picasso, en pleno proceso creativo y detalle de la entrevista a Jaume Vidal publicada en ABC. ABCVidal recordaba que aquella mañana llegó temprano al estudio de la rue des Grands Augustins, con el enorme rollo encargado, y se encontró a Picasso sulfurado. «Pero, ¿dónde está la tela?», le preguntó el genio malagueño. Y él replicó: «Aquí, enrollada… ¡No pensaría usted, señor Picasso, que le iba a traer ya montado un bastidor de ese tamaño! Ahora mismo se lo preparo como es debido». Habían pasado cuarenta años, pero este especialista recordaba vivamente aquella escena de atosigante desesperación del artista, que «piafaba y se revolvía como una fiera enjaulada» entre los bocetos que cubrían el suelo, como un fabuloso rompecabezas. Tampoco se había borrado de su mente la exclamación, casi indignada, de Picasso: «¿Qué has puesto aquí, Jaume? ¡Este no es el lienzo de costumbre! ». «No. Este es lienzo de verdad. Es tela de lino. Para un cuadro tan grande no resistiría la tela mala de algodón. Y debería usted emplear colores mejores que esos…», se atrevió a contestarle este empleado del taller que le suministraba las pinturas. Noticia relacionada general No No Decíamos ayer Los astronautas que se pusieron la Luna por montera Mónica ArrizabalagaA Vidal también le quitó el sueño el ‘Guernica’, una vez terminado. Fue el encargado de enrollar la obra y colocarla en el pabellón español de la Exposición Internacional de París, y no las tenía todas consigo de que la pintura soportara bien el traslado. « Te juro que el negro empezaba a descascarillarse, como yo le había prevenido . Pero nada, nunca más se preocupó del cuadro, ni tampoco contestó cuando le avisaron de Nueva York de que era necesario un retoque… Como si ya no le importara nada su ‘Guernica’ después de tanto ardor para pintarlo. Nunca había trabajado con aquella fiebre», rememoraba este experto en materiales. Traslado a España del ‘Guernica’ en 1981 para su colocación en el Casón del Buen Retiro. ABCSin embargo, Picasso sí se preocupó por el futuro de su obra porque, en 1958, en vista del deterioro ocasionado por sus numerosos viajes por todo el mundo, dio instrucciones para que no se moviera del MoMA hasta su traslado definitivo a España, algo que finalmente ocurrió en 1981. Con extremadas medidas de seguridad fue llevado hasta el Casón del Buen Retiro y, en 1992, al Reina Sofía, donde descansa desde entonces de tanto ajetreo. Un exhaustivo estudio aconseja que no vuelva a ser movido por su delicado estado. Aun con las restauraciones a las que ha sido sometido el cuadro, quién sabe cómo se encontraría hoy «de no haber estado al quite, en el momento mismo de su gestación –como decía Prieto–, el buen Jaume». «A un español cuyo nombre no suele aparecer en los ‘papeles’ le debemos que el ‘ Guernica ‘ siga conservándose en relativo buen estado». Cuando la crítica de arte María Fortunata Prieto Barral entrevistó a este desconocido compatriota, el icono del siglo XX de Pablo Picasso también era objeto de polémica, como ahora. En 1977 se hablaba del traslado a Madrid de esta obra universal desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York, aunque esa disputa de ‘ Guernica no, Guernica sí para España’ de entonces (como la actual batalla sobre su préstamo, o no, al País Vasco) tal vez nunca se habría podido plantear, a juicio de la colaboradora de este periódico, «si el avispado Jaume Vidal no hubiera pensado sensatamente por su cuenta».Este catalán «recriado en Montparnasse» trabajó en la casa Castelucho, la más acreditada entre los proveedores parisinos de materiales para artistas, y fue quien preparó la tela sobre la que Picasso pintó su famoso cuadro en la primavera de 1937, por encargo del Gobierno de la República. Prieto lo describió como « el hombre que hizo esperar a Picasso » porque tuvo al pintor aguardando con incontenida impaciencia más de tres horas mientras él montaba la tela de 8 x 3,50 metros en el bastidor y la sujetaba a una viga del techo. La maniobra no resultó sencilla: debido a la limitada altura del taller, hubo que colocar el inmenso lienzo en plano inclinado desde el suelo. El ‘Guernica’ y Picasso, en pleno proceso creativo y detalle de la entrevista a Jaume Vidal publicada en ABC. ABCVidal recordaba que aquella mañana llegó temprano al estudio de la rue des Grands Augustins, con el enorme rollo encargado, y se encontró a Picasso sulfurado. «Pero, ¿dónde está la tela?», le preguntó el genio malagueño. Y él replicó: «Aquí, enrollada… ¡No pensaría usted, señor Picasso, que le iba a traer ya montado un bastidor de ese tamaño! Ahora mismo se lo preparo como es debido». Habían pasado cuarenta años, pero este especialista recordaba vivamente aquella escena de atosigante desesperación del artista, que «piafaba y se revolvía como una fiera enjaulada» entre los bocetos que cubrían el suelo, como un fabuloso rompecabezas. Tampoco se había borrado de su mente la exclamación, casi indignada, de Picasso: «¿Qué has puesto aquí, Jaume? ¡Este no es el lienzo de costumbre! ». «No. Este es lienzo de verdad. Es tela de lino. Para un cuadro tan grande no resistiría la tela mala de algodón. Y debería usted emplear colores mejores que esos…», se atrevió a contestarle este empleado del taller que le suministraba las pinturas. Noticia relacionada general No No Decíamos ayer Los astronautas que se pusieron la Luna por montera Mónica ArrizabalagaA Vidal también le quitó el sueño el ‘Guernica’, una vez terminado. Fue el encargado de enrollar la obra y colocarla en el pabellón español de la Exposición Internacional de París, y no las tenía todas consigo de que la pintura soportara bien el traslado. « Te juro que el negro empezaba a descascarillarse, como yo le había prevenido . Pero nada, nunca más se preocupó del cuadro, ni tampoco contestó cuando le avisaron de Nueva York de que era necesario un retoque… Como si ya no le importara nada su ‘Guernica’ después de tanto ardor para pintarlo. Nunca había trabajado con aquella fiebre», rememoraba este experto en materiales. Traslado a España del ‘Guernica’ en 1981 para su colocación en el Casón del Buen Retiro. ABCSin embargo, Picasso sí se preocupó por el futuro de su obra porque, en 1958, en vista del deterioro ocasionado por sus numerosos viajes por todo el mundo, dio instrucciones para que no se moviera del MoMA hasta su traslado definitivo a España, algo que finalmente ocurrió en 1981. Con extremadas medidas de seguridad fue llevado hasta el Casón del Buen Retiro y, en 1992, al Reina Sofía, donde descansa desde entonces de tanto ajetreo. Un exhaustivo estudio aconseja que no vuelva a ser movido por su delicado estado. Aun con las restauraciones a las que ha sido sometido el cuadro, quién sabe cómo se encontraría hoy «de no haber estado al quite, en el momento mismo de su gestación –como decía Prieto–, el buen Jaume».
«A un español cuyo nombre no suele aparecer en los ‘papeles’ le debemos que el ‘Guernica‘ siga conservándose en relativo buen estado». Cuando la crítica de arte María Fortunata Prieto Barral entrevistó a este desconocido compatriota, el icono del siglo XX de Pablo Picasso … también era objeto de polémica, como ahora. En 1977 se hablaba del traslado a Madrid de esta obra universal desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York, aunque esa disputa de ‘Guernica no, Guernica sí para España’ de entonces (como la actual batalla sobre su préstamo, o no, al País Vasco) tal vez nunca se habría podido plantear, a juicio de la colaboradora de este periódico, «si el avispado Jaume Vidal no hubiera pensado sensatamente por su cuenta».
Este catalán «recriado en Montparnasse» trabajó en la casa Castelucho, la más acreditada entre los proveedores parisinos de materiales para artistas, y fue quien preparó la tela sobre la que Picasso pintó su famoso cuadro en la primavera de 1937, por encargo del Gobierno de la República. Prieto lo describió como «el hombre que hizo esperar a Picasso» porque tuvo al pintor aguardando con incontenida impaciencia más de tres horas mientras él montaba la tela de 8 x 3,50 metros en el bastidor y la sujetaba a una viga del techo. La maniobra no resultó sencilla: debido a la limitada altura del taller, hubo que colocar el inmenso lienzo en plano inclinado desde el suelo.
(ABC)
Vidal recordaba que aquella mañana llegó temprano al estudio de la rue des Grands Augustins, con el enorme rollo encargado, y se encontró a Picasso sulfurado. «Pero, ¿dónde está la tela?», le preguntó el genio malagueño. Y él replicó: «Aquí, enrollada… ¡No pensaría usted, señor Picasso, que le iba a traer ya montado un bastidor de ese tamaño! Ahora mismo se lo preparo como es debido». Habían pasado cuarenta años, pero este especialista recordaba vivamente aquella escena de atosigante desesperación del artista, que «piafaba y se revolvía como una fiera enjaulada» entre los bocetos que cubrían el suelo, como un fabuloso rompecabezas. Tampoco se había borrado de su mente la exclamación, casi indignada, de Picasso: «¿Qué has puesto aquí, Jaume? ¡Este no es el lienzo de costumbre!». «No. Este es lienzo de verdad. Es tela de lino. Para un cuadro tan grande no resistiría la tela mala de algodón. Y debería usted emplear colores mejores que esos…», se atrevió a contestarle este empleado del taller que le suministraba las pinturas.
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A Vidal también le quitó el sueño el ‘Guernica’, una vez terminado. Fue el encargado de enrollar la obra y colocarla en el pabellón español de la Exposición Internacional de París, y no las tenía todas consigo de que la pintura soportara bien el traslado. «Te juro que el negro empezaba a descascarillarse, como yo le había prevenido. Pero nada, nunca más se preocupó del cuadro, ni tampoco contestó cuando le avisaron de Nueva York de que era necesario un retoque… Como si ya no le importara nada su ‘Guernica’ después de tanto ardor para pintarlo. Nunca había trabajado con aquella fiebre», rememoraba este experto en materiales.
(ABC)
Sin embargo, Picasso sí se preocupó por el futuro de su obra porque, en 1958, en vista del deterioro ocasionado por sus numerosos viajes por todo el mundo, dio instrucciones para que no se moviera del MoMA hasta su traslado definitivo a España, algo que finalmente ocurrió en 1981. Con extremadas medidas de seguridad fue llevado hasta el Casón del Buen Retiro y, en 1992, al Reina Sofía, donde descansa desde entonces de tanto ajetreo. Un exhaustivo estudio aconseja que no vuelva a ser movido por su delicado estado. Aun con las restauraciones a las que ha sido sometido el cuadro, quién sabe cómo se encontraría hoy «de no haber estado al quite, en el momento mismo de su gestación –como decía Prieto–, el buen Jaume».
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