Quizá una de las mayores virtudes de un libro de historia sea lograr imbuirnos, a los lectores, en el mundo que sus autores intentan iluminar. Las dificultades de tal empresa comienzan cuando entre ese relato y nosotros se ha instalado una brecha cultural o ideológica radical, una modificación de los hábitos y costumbres que hacen irreconocible o de difícil comprensión aquel mundo sobre el cual se nos está contando una historia. Aunque no son tantas las décadas que nos separan del siglo XIX en que Mauricio Rugendas y Clara Álvarez Condarco tuvieron un apasionado romance epistolar, en el ámbito de las relaciones sentimentales y el amor el mundo ha girado en ciento ochenta grados. Siendo así, un gran logro del último libro de María Gabriela Huidobro es que salva con habilidad la inmensa distancia de las costumbres entre el Chile provinciano de los primeros años de la república y nuestra época actual.
María Gabriela Huidobro nos entrega en ‘Clara y Mauricio. Una historia cultural del amor’ mucho más que el relato del romance entre el pintor alemán y la brillante hija de un matrimonio de origen argentino avecindado en Valparaíso
Quizá una de las mayores virtudes de un libro de historia sea lograr imbuirnos, a los lectores, en el mundo que sus autores intentan iluminar. Las dificultades de tal empresa comienzan cuando entre ese relato y nosotros se ha instalado una brecha cultural o ideológica radical, una modificación de los hábitos y costumbres que hacen irreconocible o de difícil comprensión aquel mundo sobre el cual se nos está contando una historia. Aunque no son tantas las décadas que nos separan del siglo XIX en que Mauricio Rugendas y Clara Álvarez Condarco tuvieron un apasionado romance epistolar, en el ámbito de las relaciones sentimentales y el amor el mundo ha girado en ciento ochenta grados. Siendo así, un gran logro del último libro de María Gabriela Huidobro es que salva con habilidad la inmensa distancia de las costumbres entre el Chile provinciano de los primeros años de la república y nuestra época actual.
La historiadora chilena, autora del exitoso Mujeres en la historia de Chile y académica del Tecnológico de Monterrey y de la UNAB, nos entrega en Clara y Mauricio. Una historia cultural del amor (Taurus, 2026) mucho más que el relato del romance entre el pintor alemán y la brillante hija de un matrimonio de origen argentino avecindado en Valparaíso. Hay aquí un ensayo cultural de amplio alcance, que se apoya tanto en la erudición clásica de la autora como en la imaginación histórica en torno a las fuentes disponibles. Es este ejercicio ficcional el que permite elaborar un relato libre acerca de los enamorados, pero también alrededor de las dinámicas de socialización, el matrimonio, los sentimientos y la pasión en el siglo XIX hispanoamericano.
El libro se estructura en capítulos breves que alternan la historia de Clara y Mauricio con pequeñas digresiones acerca de dimensiones fundamentales sobre el amor en el romanticismo, la idea de las almas gemelas, los amores prohibidos o las pruebas y requisitos que, a lo largo de la historia de Occidente, han debido superar los amantes para unirse en matrimonio. Apoyándose profusamente en las cartas de los protagonistas —pero también en una sólida bibliografía especializada puesta sobriamente en notas al pie— Huidobro reconstruye todo un mundo en torno a las tensiones que se establecen entre el matrimonio y el amor, pues aquello que hoy identificamos como realidades estrechamente relacionadas no han sido siempre tan amigas. Es sobre todo en el siglo XIX cuando el matrimonio deja de ser, principalmente, un contrato patrimonial orientado a la estabilidad de las comunidades y pasa a ser algo más relacionado con el encuentro amoroso de los cónyuges. Comprender lo anterior permite, también, explicar mejor el lugar que la infidelidad, las relaciones extramatrimoniales o los quiebros y requiebros maritales han ocupado en la sociedad y en sus representaciones artísticas desde hace varios siglos.
Los puntos más altos del libro son, en primer lugar, su capacidad de reconstruir, a partir de una anécdota puntual y “mínima” de la historia chilena, todo un entramado social y simbólico de ese Chile de mediados del XIX. Aparecen aquí no solo Clara y Mauricio, sino una serie de personajes de la vida cultural y política chilena como Andrés Bello o Alberto Blest Gana. Algunos de ellos de reojo, como simples personajes muy laterales de la incipiente república (como Blest Gana, quien aparece acompañando a su padre médico en sus visitas a los pacientes), pero otros desde un lugar más central, como Carmen Arriagada. Esta sofisticada mujer talquina, que animó la vida cultural del Maule en el siglo XIX, ocupa un relevante lugar en la historia al haber sido amante de Rugendas antes de que el pintor alemán conociera a Clara Álvarez Condarco en 1839.
Con todo, se pueden mencionar quizás dos dimensiones que no terminan de convencer en este ensayo. La primera guarda relación con el excesivo afán dialógico de la autora que, quizás buscando una interpelación directa a los lectores, introduce detalles que poco tienen que ver con el decoro decimonónico que impregna el resto del libro (como cuando dice que una carta no respondida es como hacer ghosting, o cuando menciona a Juan Gabriel o a Dolly Parton para hablar de sus canciones de amor, entre otras cosas). El segundo problema —aunque ciertamente puede haber aquí un defecto del crítico o un exceso sentimental de los mismos protagonistas, cuyas cartas están profusamente citadas— es la cursilería que tiende a colarse a ratos en el relato de la historia de los amantes y en el ensayo cultural en torno al amor. Sí, se está hablando de amor, y de un amor que nada a contracorriente con respecto a las convenciones sociales, que hacían del matrimonio una institución demasiado atenta al estatus social y económico de los cónyuges —y Rugendas, pintor inmigrante y sin fortuna, no era, para el padre de Clara Álvarez Condarco, un buen partido—. Sin embargo, hablar de un amor imposible o resistido por el orden establecido no tiene por qué acercarnos tanto al sentimentalismo exacerbado que a ratos abunda en Clara y Mauricio.
Con todo, la prosa prístina y erudita de Huidobro logra su cometido inicial de construir, utilizando de manera simultánea las herramientas de la historia y la literatura, un relato sobre las dinámicas amorosas del siglo XIX a partir de una anécdota específica. La historia de Mauricio Rugendas y Clara Álvarez Condarco, cuyo desarrollo está muy bien desplegado a lo largo del libro, dosificando sus giros y tensiones al intercalar capítulos de ensayo cultural, resulta ser un caso muy ilustrativo de lo que significaba el amor, el matrimonio y la pasión en el Chile de mediados del siglo XIX.
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