El encuentro con George Saunders (Amarillo, Texas, 1958), quizás el cuentista estadounidense más importante de nuestro tiempo, tiene lugar en la cafetería de un hotel situado en las inmediaciones de Central Park, no muy lejos del Lincoln Center, en uno de cuyos escenarios principales, el MET, uno de los teatros de ópera más prestigiosos del mundo, se estrenó hace dos semanas Lincoln en el bardo, obra basada en la novela homónima de Saunders, originalmente publicada en 2017. El autor, que imparte clases de escritura creativa en la universidad de Siracusa, ubicada en el norte del estado de Nueva York, donde reside, ha bajado a Manhattan a fin de ver por segunda vez esta producción, trabajo magistral llevado a cabo por Missy Mazzoli, compositora que a los 46 años se ha convertido en la primera mujer a la que el Metropolitan Opera de Nueva York ha encargado una obra propia en toda la historia de la institución. Dice mucho del talante de Saunders, ajeno por completo a toda suerte de egocentrismo, que, pese a lo importante que es para él un logro de tal calibre, eluda hablar de ello, para centrarse en el motivo del encuentro, la traducción al español de uno de los libros más insólitos de su carrera Un baño en una laguna mientras llueve, que cinco años después de su publicación original, llega hoy a las librerías españolas, de la mano de una editorial independiente, Capitán Swing.
El gran creador de cuentos publica en España la antología ‘Un baño en una laguna mientras llueve’ a la vez que estrena en Nueva York una ópera basada en su otro libro ‘Lincoln en el bardo’
El encuentro con George Saunders (Amarillo, Texas, 1958), quizás el cuentista estadounidense más importante de nuestro tiempo, tiene lugar en la cafetería de un hotel situado en las inmediaciones de Central Park, no muy lejos del Lincoln Center, en uno de cuyos escenarios principales, el MET, uno de los teatros de ópera más prestigiosos del mundo, se estrenó hace dos semanas Lincoln en el bardo, obra basada en la novela homónima de Saunders, originalmente publicada en 2017. El autor, que imparte clases de escritura creativa en la universidad de Siracusa, ubicada en el norte del estado de Nueva York, donde reside, ha bajado a Manhattan a fin de ver por segunda vez esta producción, trabajo magistral llevado a cabo por Missy Mazzoli, compositora que a los 46 años se ha convertido en la primera mujer a la que el Metropolitan Opera de Nueva York ha encargado una obra propia en toda la historia de la institución. Dice mucho del talante de Saunders, ajeno por completo a toda suerte de egocentrismo, que, pese a lo importante que es para él un logro de tal calibre, eluda hablar de ello, para centrarse en el motivo del encuentro, la traducción al español de uno de los libros más insólitos de su carrera Un baño en una laguna mientras llueve, que cinco años después de su publicación original, llega hoy a las librerías españolas, de la mano de una editorial independiente, Capitán Swing.
“A lo largo de un periodo de 20 años, de manera intermitente”, comenta el escritor, explicando el origen del volumen “impartí un curso sobre formas narrativas centrado en el relato breve, género del que los maestros absolutos son, para mí, los grandes narradores rusos: Tolstói, Turguéniev, Gógol y por encima de todos, Anton Chéjov, que es de quien procede el título de libro”. Saunders se refiere al momento culminante del relato de Chejov titulado Las grosellas, en el que los personajes se lanzan a las aguas de un lago en plena tormenta. En la vida real, cuenta Saunders en el comentario que hace del cuento en el libro, tuvo lugar un episodio así cuando Tolstói y Chéjov nadaron juntos en un lago mientras llovía. No lo dice en la entrevista, pero la escena, aclara el autor en las páginas de Un baño en una laguna mientras llueve, simboliza el momento mágico del tipo de transfiguración que tiene lugar cuando el acto de leer alcanza el clímax.
“Un día me comunicaron que ya no se volvería a ofrecer aquella clase que tantas veces había impartido y se apoderó de mí un profundo sentimiento de nostalgia anticipada. Todo lo que había volcado en aquel curso a lo largo de dos décadas estaba condenado a desaparecer sin dejar huella. Decidí recopilar todas mis notas, releyendo cuanto había acumulado. Este es el resultado”, asegura.
Para sorpresa de todos, empezando por el editor, el libro, un compendio de relatos y ensayos en los que Saunders analiza meticulosamente los cuentos incluidos, se convirtió en un best seller, algo insólitopara una publicación de sus características. “Lo más extraordinario”, comenta sin ocultar su sorpresa, “es que el libro se vende hoy incluso más que cuando salió”.
—¿A qué cree que se debe?
—“No lo acabo de entender. Recibo correos de toda clase de gente que busca a alguien que los guíe. Contar historias es una necesidad primordial y un cuento un mecanismo muy complejo que a veces yo mismo no comprendo.
—¿Sirven de algo los programas de escritura, como el de su universidad?
—“No es fácil ni siquiera entrar. En mi programa recibimos 700 solicitudes y al final admitimos solo a seis”.
—La pregunta es inevitable. ¿Y esos seis qué aprenden?
—En realidad, no les enseño a escribir, sino a acercarse al misterio de la creación. Lo que hago es ayudarles a encontrar su voz, qué pueden hacer para ponerla al servicio del proyecto que tengan entre manos. Es un trabajo meticuloso, línea por línea, frase por frase. Tienen que reconsiderar no solo qué significa escribir sino también saber callar cuando no hay nada que decir. Lo que quieren los lectores es llegar al alma de la historia para entenderla, solo que muchas veces no hay nada que entender. Es un sentimiento que muchas veces no se puede verbalizar ni es algo racional.
—¿Qué es un cuento entonces?
—En un cuento la historia está muy comprimida. Creo que es una forma más bien mágica que no tiene sentido intentar atrapar, o se capta o no, su lectura produce un sentimiento de elevación que se apodera del lector. En toda historia hay dos partes, una es la visible, que contiene las cuestiones prácticas del argumento: ¿Al final se casarán? ¿Lograrán rescatar al tipo del trineo? Luego está lo que podemos llamar la infrahistoria, donde radica propiamente el alma del relato. Yo creo que lo que ocurre con los grandes escritores es que no entienden lo que pasa hasta después de que ha pasado mucho tiempo. Cuando al final ocurre eso tiene lugar lo que llamamos epifanía. De modo que tenemos una historia que se va desarrollando y mientras tanto el escritor está luchando con otra cosa hasta que de pronto se produce una ruptura. Y la experiencia del lector es exactamente la misma. Mientras leemos un cuento vamos siguiendo una metáfora que de repente se hace realidad, se cumple, lo cual es un poco esotérico. Mi impresión es que la forma artística alcanza su plenitud cuando la historia sumergida sale a la luz y entonces el lector lo comprende todo, como ocurre en el final de Los muertos, de James Joyce,uno de los cuentos más bellos jamás escritos. Como lectores no éramos conscientes de la complejidad de nuestros sentimientos hacia Gabriel hasta que llega ese momento mágico. Es algo que ha estado en todo momento dentro de ti, en tu cabeza, en tu corazón, has estado sintiéndolo sin darte cuenta y entonces, de repente Joyce hace que las dos cosas se unan y eso es una forma de arte elevadísima.

Son este tipo de consideraciones, no siempre fáciles de seguir, lo que explica el impacto de George Saunders sobre sus lectores, no solo como autor de un buen número de cuentos perfectos, permeados de una magia inexplicable, sino como una suerte de chamán que es capaz de adentrarse en la imaginación de otros creadores, llegando al centro mismo de lo que se proponen hacer. Solo así se explica que haya creado un substack que tiene más de 330.000 seguidores (Story Club with George Saunders).
“Surgió directamente del libro. Me interesa mucho el tipo de análisis que acabo de describir, de modo que pensé en aplicarlo a otros autores, como Hemingway, Joyce y Katherine Anne Porter. La gente se registra y cada domingo cuelgo una historia y mantenemos los comentarios durante una semana y al domingo siguiente cuando todos la han leído escribo un breve ensayo invitando a todo el mundo a participar con sus comentarios, que la gente discute a fondo. Es un ejercicio muy inteligente, por completo carente de pretensiones. Todo el mundo es muy respetuoso y muy riguroso y muy positivo y aunque a veces hay desacuerdos, siempre son muy respetuosos”.
—¿Cuál es la última historia que colgó?
—El buen dentista, de la escritora francesa de origen africano Marie Ndiaye. Una de las partes más interesantes del proceso es que reunimos una serie de preguntas y se las enviamos a la autora, que siempre responde con gran interés.
—¿Qué le dicen los lectores cuando se dirigen a usted?
—Algunos me dan las gracias por abrir para ellos un modo de leer. Muchas veces es cuestión de honestidad, se trata de quitar una fachada y hablar de cosas que son incapaces de nombrar, como el miedo o la muerte. También he recibido cartas de gente que ha perdido a sus hijos y después de leer Lincoln en el bardo [cuyo tema es la muerte del hijo del presidente, fallecido a los 11 años de edad, víctima de unas fiebres tifoideas] comparten su dolor conmigo. Es algo muy triste, pero también los redime. Una vez me escribió alguien que había perdido a su hijo hacía cuatro años y el libro le permitió comprender abiertamente lo que sentía. Es esa clase de conexión lo que importa, una conexión que yo no sabía que buscaba pero que a la postre resulta muy gratificante. Te hace sentir que lo que has escrito sirve para algo.
George Saunders se pone de pie, dispuesto a irse. Ha reparado en la presencia del fotógrafo, que aguarda pacientemente al fondo del salón, y le molesta la idea de que está pendiente de él. “No dude en llamarme si necesita preguntarme algo más”, dice y se aleja. Es una manera un tanto abrupta de poner fin a una conversación que apuntaba en direcciones que no hubo tiempo de explorar. Tal vez sea un reflejo de la personalidad de Saunders, que a veces no necesita palabras para dar a entender lo que siente, pero a lo largo de la hora que ha durado la conversación, se han proyectado sobre ella dos sombras que no pueden ser más antagónicas: la del peor presidente que ha tenido Estados Unidos en toda su historia (cuando tuvo lugar el encuentro faltaban dos días para las midterms), y la de uno de los de más noble memoria: Abraham Lincoln.

Por fin, llegó la noche electoral y el partido en el poder sufrió una de las mayores derrotas que se recuerdan. Le envío al autor de Lincoln en el bardo un correo en el que le pregunto sobre cada una de las sombras que no hubo tiempo de nombrar. La primera tiene que ver con Lincoln en el bardo, la ópera basada en su novela.
—¿Qué sintió al verla?
—Para mí se trata algo muy especial, porque conocía el trabajo de Missy Mazzoli. Cuando el MET le ofreció la posibilidad de realizar un proyecto en exclusiva para ellos, propuso hacer una ópera basada en mi novela. Inmediatamente aceptaron la idea. Siguieron ocho años muy intensos, hasta que hace unos días tuvo lugar la premier. Ha sido una experiencia única. He ido a verla ya dos veces y volveré porque tiene un significado muy profundo y me resulta muy extraño saber que no tendré ocasión de volver a verla. Ojalá se represente en otras partes del mundo.
La segunda pregunta tiene que ver con lo que piensa de los resultados de las midterms:
—¿Lo que ha pasado quiere decir que, en contra de lo que muchos sostenían, la democracia estadounidense no ha muerto?
—Sinceramente, me preocupa lo que pueda ocurrir con la democracia en un país que ha votado dos veces por un tipo como el que actualmente ocupa la Casa Blanca. Cruzo los dedos.
EL PAÍS
