Crítica de danza ‘Goldberg’ Coreografía Goyo Montero Música Johann Sebastian Bach y Owen Belton Escenografía Leticia Gañán Calvo, Curt Allen Wilmer Vestuario Salvador Mateu Andújar Iluminación Martin Gebhardt Puesta en escena Macarena González, Carlos Lázaro Intérpretes Staatsballett Hannover Lugar Centro de Danza Matadero, Madrid ***La fuga de talentos es, en la danza española, una constante desde hace muchos años (aunque, no nos engañemos, los bailarines son naturalmente nómadas). Uno de esos artistas que dejó nuestro país para buscar mayores oportunidades de desarrollo es Goyo Montero (Madrid, 1975), que lleva más de dos décadas fuera de nuestras fronteras; dieciocho de estos años los ha pasado en Alemania como director del Staatsballett de Nüremberg , primero, y desde mediados del pasado año, al frente del Staatsballett de Hannover .Con esta compañía, precisamente, ha vuelto a Madrid -por primera vez en todo este tiempo-. Montero, hijo de dos grandes y añoradas figuras de nuestra danza, el bailarín y coreógrafo Goyo Montero y la maestra Rosa Naranjo , no ha dejado de repetir en estos días lo feliz que le hace este regreso. Ha elegido para él ‘ Goldberg’ , una coreografía que creó para Nüremberg en 2022 y que ha incorporado nada más llegar al repertorio de Hannover.’Goldberg’, motivada por esa monumental partitura que son las ‘Variaciones Goldberg’ de Johann Sebastian Bach , es una coreografía coral, que interpreta la compañía completa -veintiocho bailarines de trece nacionalidades distintas-, una fantasía onírica, fantasmagórica a veces, que la blanca escenografía de Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer otorga un aire de laboratorio.Noticia relacionada general No No ‘Humo’, la sugerencia del flamenco Julio BravoGoyo Montero no se ha inspirado únicamente en Bach (y en las ‘variaciones’ electrónicas de Owen Belton ), sino también en la historia detrás de la creación: la leyenda señala que el conde Hermann Carl von Keyserlingk no podía dormir y encargó la partitura para que su clavecinista Johann Gottlieb Goldberg se las tocara durante las noches de insomnio. El sueño, sus fases, las pesadillas, están por tanto presentes de alguna manera en la coreografía, en la que Montero demuestra su habilidad para mover los conjuntos -algo abigarrados en el escenario de la Nave 11 de Matadero-, la creatividad de sus movimientos, donde el estilo neoclásico se mezcla con el contemporáneo, y su sabiduría para hacer que sus bailarines muestren su personalidad y sus virtudes dentro del grupo. Si algo se puede reprochar a esta poética y en muchos de sus tramos magnética pieza, es que cae, en ocasiones, en la monotonía y en la uniformidad. Pero más allá de esto, ‘Goldberg’ es una obra inteligente, elaborada y penetrante, que revela la categoría -demostrada a lo largo de los años- de un coreógrafo al que ojalá se le vuelva a ver pronto en los escenarios españoles, su casa al fin y al cabo. Crítica de danza ‘Goldberg’ Coreografía Goyo Montero Música Johann Sebastian Bach y Owen Belton Escenografía Leticia Gañán Calvo, Curt Allen Wilmer Vestuario Salvador Mateu Andújar Iluminación Martin Gebhardt Puesta en escena Macarena González, Carlos Lázaro Intérpretes Staatsballett Hannover Lugar Centro de Danza Matadero, Madrid ***La fuga de talentos es, en la danza española, una constante desde hace muchos años (aunque, no nos engañemos, los bailarines son naturalmente nómadas). Uno de esos artistas que dejó nuestro país para buscar mayores oportunidades de desarrollo es Goyo Montero (Madrid, 1975), que lleva más de dos décadas fuera de nuestras fronteras; dieciocho de estos años los ha pasado en Alemania como director del Staatsballett de Nüremberg , primero, y desde mediados del pasado año, al frente del Staatsballett de Hannover .Con esta compañía, precisamente, ha vuelto a Madrid -por primera vez en todo este tiempo-. Montero, hijo de dos grandes y añoradas figuras de nuestra danza, el bailarín y coreógrafo Goyo Montero y la maestra Rosa Naranjo , no ha dejado de repetir en estos días lo feliz que le hace este regreso. Ha elegido para él ‘ Goldberg’ , una coreografía que creó para Nüremberg en 2022 y que ha incorporado nada más llegar al repertorio de Hannover.’Goldberg’, motivada por esa monumental partitura que son las ‘Variaciones Goldberg’ de Johann Sebastian Bach , es una coreografía coral, que interpreta la compañía completa -veintiocho bailarines de trece nacionalidades distintas-, una fantasía onírica, fantasmagórica a veces, que la blanca escenografía de Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer otorga un aire de laboratorio.Noticia relacionada general No No ‘Humo’, la sugerencia del flamenco Julio BravoGoyo Montero no se ha inspirado únicamente en Bach (y en las ‘variaciones’ electrónicas de Owen Belton ), sino también en la historia detrás de la creación: la leyenda señala que el conde Hermann Carl von Keyserlingk no podía dormir y encargó la partitura para que su clavecinista Johann Gottlieb Goldberg se las tocara durante las noches de insomnio. El sueño, sus fases, las pesadillas, están por tanto presentes de alguna manera en la coreografía, en la que Montero demuestra su habilidad para mover los conjuntos -algo abigarrados en el escenario de la Nave 11 de Matadero-, la creatividad de sus movimientos, donde el estilo neoclásico se mezcla con el contemporáneo, y su sabiduría para hacer que sus bailarines muestren su personalidad y sus virtudes dentro del grupo. Si algo se puede reprochar a esta poética y en muchos de sus tramos magnética pieza, es que cae, en ocasiones, en la monotonía y en la uniformidad. Pero más allá de esto, ‘Goldberg’ es una obra inteligente, elaborada y penetrante, que revela la categoría -demostrada a lo largo de los años- de un coreógrafo al que ojalá se le vuelva a ver pronto en los escenarios españoles, su casa al fin y al cabo.
La fuga de talentos es, en la danza española, una constante desde hace muchos años (aunque, no nos engañemos, los bailarines son naturalmente nómadas). Uno de esos artistas que dejó nuestro país para buscar mayores oportunidades de desarrollo es Goyo Montero (Madrid, 1975), que … lleva más de dos décadas fuera de nuestras fronteras; dieciocho de estos años los ha pasado en Alemania como director del Staatsballett de Nüremberg, primero, y desde mediados del pasado año, al frente del Staatsballett de Hannover.
Con esta compañía, precisamente, ha vuelto a Madrid -por primera vez en todo este tiempo-. Montero, hijo de dos grandes y añoradas figuras de nuestra danza, el bailarín y coreógrafo Goyo Montero y la maestra Rosa Naranjo, no ha dejado de repetir en estos días lo feliz que le hace este regreso. Ha elegido para él ‘Goldberg’, una coreografía que creó para Nüremberg en 2022 y que ha incorporado nada más llegar al repertorio de Hannover.
‘Goldberg’, motivada por esa monumental partitura que son las ‘Variaciones Goldberg’ de Johann Sebastian Bach, es una coreografía coral, que interpreta la compañía completa -veintiocho bailarines de trece nacionalidades distintas-, una fantasía onírica, fantasmagórica a veces, que la blanca escenografía de Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer otorga un aire de laboratorio.
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Julio Bravo
Goyo Montero no se ha inspirado únicamente en Bach (y en las ‘variaciones’ electrónicas de Owen Belton), sino también en la historia detrás de la creación: la leyenda señala que el conde Hermann Carl von Keyserlingk no podía dormir y encargó la partitura para que su clavecinista Johann Gottlieb Goldberg se las tocara durante las noches de insomnio.
El sueño, sus fases, las pesadillas, están por tanto presentes de alguna manera en la coreografía, en la que Montero demuestra su habilidad para mover los conjuntos -algo abigarrados en el escenario de la Nave 11 de Matadero-, la creatividad de sus movimientos, donde el estilo neoclásico se mezcla con el contemporáneo, y su sabiduría para hacer que sus bailarines muestren su personalidad y sus virtudes dentro del grupo. Si algo se puede reprochar a esta poética y en muchos de sus tramos magnética pieza, es que cae, en ocasiones, en la monotonía y en la uniformidad.
Pero más allá de esto, ‘Goldberg’ es una obra inteligente, elaborada y penetrante, que revela la categoría -demostrada a lo largo de los años- de un coreógrafo al que ojalá se le vuelva a ver pronto en los escenarios españoles, su casa al fin y al cabo.
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