Sólo unas horas después de que Isabel Allende se alzase con el 75 Premio Planeta con la novela ‘La hora antes del alba’, la escritora todavía le cuesta asimilar lo ocurrido. El relato, que es la cuarta novela dentro del ciclo iniciado con ‘La casa de los espíritus’, vuelve a centrarse en los traumas surgidos tras la irrupción de la dictadura chilena, una grotesca realidad que Allende tuvo que vivir en primera persona y que la obligó a huir de su país con apenas 30 años, con dos hijos, y teniendo que renunciar a una vida acomodada. 50 años después, aquella pesadilla, dice, tiene visos de volverse a producir en cualquier parte del mundo y no ha dudado en advertir que idealizar gobiernos totalitarios siempre es un error: «Me parece aterrador porque lo viví y sé el daño que puede hacer . A mi me importa mucho la democracia, porque la he perdido, y sé lo necesario que es protegerla», asegura.La escritora, que vive en Estados Unidos desde 1988 , ha vivido lo suficiente para saber que todo es cíclico y que no hay dictadura que aguante el paso del tiempo. «Como vienen, se van, eso es cierto», dijo. Por tanto, eso quiere decir que las democracias también vienen y se van, por lo que no hay que tentar a la suerte y responsabilizarse del tiempo que te toca vivir. «El tiempo funciona como una espiral ascendente. Todo vuelve, pero por suerte no perdemos derechos, el progreso es irrenunciable. Sin embargo, hay que tener cuidado. Hoy hay una tendencia a idealizar gobiernos totalitarios con personajes como Trump, que teniendo todas las fallas humanas, se convierten en ídolos de una mayoría», señaló tanto ayer tras recibir el premio como esta mañana, con la adrenalina de la noche del premio algo más relajada.La escritora se ha tenido que volver a poner en la piel de Alba, la única superviviente de ‘La casa de los espíritus’, una joven de 20 años que ha tenido que sufrir la violencia, humillación e indignidad de los difíciles años de la dictadura. Recordar los años más negros de su país le ha obligado a enfrentarse a muchos espíritus. «Tuve que volver atrás a revisar muchas de las cosas que me pasaron a mí. Desde los 30 años he vivido en un estado de memoria , tratando de mantener vivo el recuerdo de mi país. Chile nunca está mencionado en la novela, pero se puede adivinar que esa es la tierra, a la cual siempre vuelvo», aseguró.Según afirmó, algo había en el aire que la llamó para escribir esta conclusión de ‘La casa de los espíritu’. «Éste es un momento en que veo que el mundo peligra. Yo podría haber escrito este libro en 1985, pero todas las circunstancias se repiten. Me parece extraordinario que tanto Sergio (finalista del Planeta), como yo hayamos escrito una novela sobre la represión, de un lugar donde impera la ausencia de libertad. Está claro que el tema está en el aire», añadió.Sobre si teme que, tras el gobierno de Trump y la demonización del inmigrante, tenga que volver a exiliarse, Allende afirma que ahora las circunstancias son muy diferentes. «En la dictadura militar, podían detenerte en la calle y desaparecer para siempre. Entonces tenía niños pequeños que dependían de mí y no me lo podía permitir. Ahora es diferente, soy vieja, tengo recursos, y si me detienen, cojo a mi perro y a mi tercer marido y me voy. Tengo un temor político, visceral, moral, pero no el físico de cuando tenía 30 años», aseguró.La escritora salta a la editorial Planeta después de toda una larga trayectoria en Plaza & Janés, de Penguin Random House . Este salto entre los dos grandes grupos editoriales en lengua española ya se produjo en 2019 cuando Javier Cercas ganó el Planeta. Allende no dudó en señalar que si se decidió a presentarse al premio fue para ganar prestigio y lectores. «Es el premio más importante en lengua española y quería formar parte del selecto grupo de ganadores. Para mí no es muy diferente a ganar el Nobel ».Cierre del universoAunque ‘La hora antes del alba’ podría leerse como el cierre del círculo de ‘La casa de los espíritus’, Allende asegura que no tiene que leerse como una continuación per se «o los lectores se van a decepcionar». La escritora aseguró que se puede leer de forma independiente, sin necesidad de leer las otras partes. «Aquí Alba regresa a la casa, que es como una metáfora de un país, que ahora está completamente vacía. Es la única superviviente y allí dentro revivirá las heridas de aquellos años», comentó.La escritora asegura que la literatura tiene un poder enorme para capturar el pasado, revivirlo, analizarlo e incluso de sanar heridas. «Desde hace décadas se me acercan lectoras para decirme que gracias a la novela volvieron a conectar con sus madres, que hacía ocho años que no hablaban. Mis libros se han traducido a 42 idiomas y funcionan porque hablo de emociones y relaciones, y son universales, todo el mundo siente lo mismo», insistió.La autora de ‘Eva Luna’ empezó a escribir la novela el 8 de enero, una manía que la acompaña desde el principio y con la que consigue disciplina. «Las acabo en octubre, noviembre y entonces mi familia hecha de menos que no me encierre y esté en todas partes», bromea. Allende sigue así este esquema que le ha ayudado a afianzar su escritura, que asegura que puede que se haya hecho menos barroca, pero que sigue persiguiendo los mismos temas. «Con esta novela he descubierto que hay un hilo conductor desde que era pequeña, que era la palabra escrita. Desde los 5 años leo, en una casa en que no había libros para niños. Después fue periodista y luego novelista. Y no he cambiado tanto desde el golpe de estado. Todavía me gustan las mismas cosas, no he cambiado, y en la escritura tampoco, vuelvo y vuelvo a ciertos temas». Sus héroes y heroínas, comenta, siempre se parecen. «Una cosa que me obsesiona como escritora es esa gente anónima que en los momentos más críticos encuentra el coraje, el valor de marcar la diferencia. Porque lo vi en los momentos más crudos de la dictadura . Había mucha gente solidaria, que ayudaba a los demás. También había quien traicionaba, eso es cierto, pero eso forma parte de la vida. La edad no te hace más sabio, te hace más de lo que ya eres», concluye.Sergio Hernández y su «orfandad» de la Guerra CivilSergio Hernández quedó finalista con la novela ‘La añoranza’ una obra que descubre al Antonio Machado más humano en los difíciles años de su exilio, pero lo hace a partir de una historia de amor de Julia, una joven de 18 años que en una manifestación en 1959 se refugia de la policía en la casa de un desconocido, un traductor francés del que se enamorará y marcará el resto de su vida hasta descubrir su implicación en un plan para matar a Machado. «He escrito esta historia desde las entrañas, desde un sentimiento de orfandad respecto a la Guerra Civil. En mi casa nadie explicaba nada, mis abuelos no la vivieron y mis bisabuela sólo tenía anécdotas costumbristas ni tenía abuelos que explicasen historias, así que desde pequeño sentí cierta orfandad al respecto», comenta.En el año 2022, el escritor estaba firmando por primera vez en Sant Jordi con Planeta Cómic. En una de las pausas, una compañera de la editorial le comentó entre firma y firma que ella solía manifestarse a finales de los 70 en el barrio Gótico. Eran manifestaciones ilegales y cuando llegaba la policía, algunos vecinos, que no la conocían de nada, la acogían hasta que se calmaban las aguas. «La historia me voló la cabeza. En ese momento estaba escribiendo otra novela, pero esta historia me obsesionó. No me la podía quitar de la cabeza y decidí unirla a la historia del exilio de Antonio Machado, que siempre me había interesado», afirma. Hernández hace el salto del cómic y la novela juvenil a la novela ‘literaria’, algo que asegura ha hecho de forma natural. «Empecé a escribir para demostrar que era escritor, pero nunca me había preguntado qué tipo de escritor quería ser. Con esta novela lo he descubierto, incluso me ha cambiado por completo como persona y hasta puede que me cambie la vida con este reconocimiento», concluyó. Sólo unas horas después de que Isabel Allende se alzase con el 75 Premio Planeta con la novela ‘La hora antes del alba’, la escritora todavía le cuesta asimilar lo ocurrido. El relato, que es la cuarta novela dentro del ciclo iniciado con ‘La casa de los espíritus’, vuelve a centrarse en los traumas surgidos tras la irrupción de la dictadura chilena, una grotesca realidad que Allende tuvo que vivir en primera persona y que la obligó a huir de su país con apenas 30 años, con dos hijos, y teniendo que renunciar a una vida acomodada. 50 años después, aquella pesadilla, dice, tiene visos de volverse a producir en cualquier parte del mundo y no ha dudado en advertir que idealizar gobiernos totalitarios siempre es un error: «Me parece aterrador porque lo viví y sé el daño que puede hacer . A mi me importa mucho la democracia, porque la he perdido, y sé lo necesario que es protegerla», asegura.La escritora, que vive en Estados Unidos desde 1988 , ha vivido lo suficiente para saber que todo es cíclico y que no hay dictadura que aguante el paso del tiempo. «Como vienen, se van, eso es cierto», dijo. Por tanto, eso quiere decir que las democracias también vienen y se van, por lo que no hay que tentar a la suerte y responsabilizarse del tiempo que te toca vivir. «El tiempo funciona como una espiral ascendente. Todo vuelve, pero por suerte no perdemos derechos, el progreso es irrenunciable. Sin embargo, hay que tener cuidado. Hoy hay una tendencia a idealizar gobiernos totalitarios con personajes como Trump, que teniendo todas las fallas humanas, se convierten en ídolos de una mayoría», señaló tanto ayer tras recibir el premio como esta mañana, con la adrenalina de la noche del premio algo más relajada.La escritora se ha tenido que volver a poner en la piel de Alba, la única superviviente de ‘La casa de los espíritus’, una joven de 20 años que ha tenido que sufrir la violencia, humillación e indignidad de los difíciles años de la dictadura. Recordar los años más negros de su país le ha obligado a enfrentarse a muchos espíritus. «Tuve que volver atrás a revisar muchas de las cosas que me pasaron a mí. Desde los 30 años he vivido en un estado de memoria , tratando de mantener vivo el recuerdo de mi país. Chile nunca está mencionado en la novela, pero se puede adivinar que esa es la tierra, a la cual siempre vuelvo», aseguró.Según afirmó, algo había en el aire que la llamó para escribir esta conclusión de ‘La casa de los espíritu’. «Éste es un momento en que veo que el mundo peligra. Yo podría haber escrito este libro en 1985, pero todas las circunstancias se repiten. Me parece extraordinario que tanto Sergio (finalista del Planeta), como yo hayamos escrito una novela sobre la represión, de un lugar donde impera la ausencia de libertad. Está claro que el tema está en el aire», añadió.Sobre si teme que, tras el gobierno de Trump y la demonización del inmigrante, tenga que volver a exiliarse, Allende afirma que ahora las circunstancias son muy diferentes. «En la dictadura militar, podían detenerte en la calle y desaparecer para siempre. Entonces tenía niños pequeños que dependían de mí y no me lo podía permitir. Ahora es diferente, soy vieja, tengo recursos, y si me detienen, cojo a mi perro y a mi tercer marido y me voy. Tengo un temor político, visceral, moral, pero no el físico de cuando tenía 30 años», aseguró.La escritora salta a la editorial Planeta después de toda una larga trayectoria en Plaza & Janés, de Penguin Random House . Este salto entre los dos grandes grupos editoriales en lengua española ya se produjo en 2019 cuando Javier Cercas ganó el Planeta. Allende no dudó en señalar que si se decidió a presentarse al premio fue para ganar prestigio y lectores. «Es el premio más importante en lengua española y quería formar parte del selecto grupo de ganadores. Para mí no es muy diferente a ganar el Nobel ».Cierre del universoAunque ‘La hora antes del alba’ podría leerse como el cierre del círculo de ‘La casa de los espíritus’, Allende asegura que no tiene que leerse como una continuación per se «o los lectores se van a decepcionar». La escritora aseguró que se puede leer de forma independiente, sin necesidad de leer las otras partes. «Aquí Alba regresa a la casa, que es como una metáfora de un país, que ahora está completamente vacía. Es la única superviviente y allí dentro revivirá las heridas de aquellos años», comentó.La escritora asegura que la literatura tiene un poder enorme para capturar el pasado, revivirlo, analizarlo e incluso de sanar heridas. «Desde hace décadas se me acercan lectoras para decirme que gracias a la novela volvieron a conectar con sus madres, que hacía ocho años que no hablaban. Mis libros se han traducido a 42 idiomas y funcionan porque hablo de emociones y relaciones, y son universales, todo el mundo siente lo mismo», insistió.La autora de ‘Eva Luna’ empezó a escribir la novela el 8 de enero, una manía que la acompaña desde el principio y con la que consigue disciplina. «Las acabo en octubre, noviembre y entonces mi familia hecha de menos que no me encierre y esté en todas partes», bromea. Allende sigue así este esquema que le ha ayudado a afianzar su escritura, que asegura que puede que se haya hecho menos barroca, pero que sigue persiguiendo los mismos temas. «Con esta novela he descubierto que hay un hilo conductor desde que era pequeña, que era la palabra escrita. Desde los 5 años leo, en una casa en que no había libros para niños. Después fue periodista y luego novelista. Y no he cambiado tanto desde el golpe de estado. Todavía me gustan las mismas cosas, no he cambiado, y en la escritura tampoco, vuelvo y vuelvo a ciertos temas». Sus héroes y heroínas, comenta, siempre se parecen. «Una cosa que me obsesiona como escritora es esa gente anónima que en los momentos más críticos encuentra el coraje, el valor de marcar la diferencia. Porque lo vi en los momentos más crudos de la dictadura . Había mucha gente solidaria, que ayudaba a los demás. También había quien traicionaba, eso es cierto, pero eso forma parte de la vida. La edad no te hace más sabio, te hace más de lo que ya eres», concluye.Sergio Hernández y su «orfandad» de la Guerra CivilSergio Hernández quedó finalista con la novela ‘La añoranza’ una obra que descubre al Antonio Machado más humano en los difíciles años de su exilio, pero lo hace a partir de una historia de amor de Julia, una joven de 18 años que en una manifestación en 1959 se refugia de la policía en la casa de un desconocido, un traductor francés del que se enamorará y marcará el resto de su vida hasta descubrir su implicación en un plan para matar a Machado. «He escrito esta historia desde las entrañas, desde un sentimiento de orfandad respecto a la Guerra Civil. En mi casa nadie explicaba nada, mis abuelos no la vivieron y mis bisabuela sólo tenía anécdotas costumbristas ni tenía abuelos que explicasen historias, así que desde pequeño sentí cierta orfandad al respecto», comenta.En el año 2022, el escritor estaba firmando por primera vez en Sant Jordi con Planeta Cómic. En una de las pausas, una compañera de la editorial le comentó entre firma y firma que ella solía manifestarse a finales de los 70 en el barrio Gótico. Eran manifestaciones ilegales y cuando llegaba la policía, algunos vecinos, que no la conocían de nada, la acogían hasta que se calmaban las aguas. «La historia me voló la cabeza. En ese momento estaba escribiendo otra novela, pero esta historia me obsesionó. No me la podía quitar de la cabeza y decidí unirla a la historia del exilio de Antonio Machado, que siempre me había interesado», afirma. Hernández hace el salto del cómic y la novela juvenil a la novela ‘literaria’, algo que asegura ha hecho de forma natural. «Empecé a escribir para demostrar que era escritor, pero nunca me había preguntado qué tipo de escritor quería ser. Con esta novela lo he descubierto, incluso me ha cambiado por completo como persona y hasta puede que me cambie la vida con este reconocimiento», concluyó.
Sólo unas horas después de que Isabel Allende se alzase con el 75 Premio Planeta con la novela ‘La hora antes del alba’, la escritora todavía le cuesta asimilar lo ocurrido. El relato, que es la cuarta novela dentro del ciclo iniciado con ‘La … casa de los espíritus’, vuelve a centrarse en los traumas surgidos tras la irrupción de la dictadura chilena, una grotesca realidad que Allende tuvo que vivir en primera persona y que la obligó a huir de su país con apenas 30 años, con dos hijos, y teniendo que renunciar a una vida acomodada.
50 años después, aquella pesadilla, dice, tiene visos de volverse a producir en cualquier parte del mundo y no ha dudado en advertir que idealizar gobiernos totalitarios siempre es un error: «Me parece aterrador porque lo viví y sé el daño que puede hacer. A mi me importa mucho la democracia, porque la he perdido, y sé lo necesario que es protegerla», asegura.
La escritora, que vive en Estados Unidos desde 1988, ha vivido lo suficiente para saber que todo es cíclico y que no hay dictadura que aguante el paso del tiempo. «Como vienen, se van, eso es cierto», dijo. Por tanto, eso quiere decir que las democracias también vienen y se van, por lo que no hay que tentar a la suerte y responsabilizarse del tiempo que te toca vivir. «El tiempo funciona como una espiral ascendente. Todo vuelve, pero por suerte no perdemos derechos, el progreso es irrenunciable. Sin embargo, hay que tener cuidado. Hoy hay una tendencia a idealizar gobiernos totalitarios con personajes como Trump, que teniendo todas las fallas humanas, se convierten en ídolos de una mayoría», señaló tanto ayer tras recibir el premio como esta mañana, con la adrenalina de la noche del premio algo más relajada.
La escritora se ha tenido que volver a poner en la piel de Alba, la única superviviente de ‘La casa de los espíritus’, una joven de 20 años que ha tenido que sufrir la violencia, humillación e indignidad de los difíciles años de la dictadura. Recordar los años más negros de su país le ha obligado a enfrentarse a muchos espíritus. «Tuve que volver atrás a revisar muchas de las cosas que me pasaron a mí. Desde los 30 años he vivido en un estado de memoria, tratando de mantener vivo el recuerdo de mi país. Chile nunca está mencionado en la novela, pero se puede adivinar que esa es la tierra, a la cual siempre vuelvo», aseguró.
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Según afirmó, algo había en el aire que la llamó para escribir esta conclusión de ‘La casa de los espíritu’. «Éste es un momento en que veo que el mundo peligra. Yo podría haber escrito este libro en 1985, pero todas las circunstancias se repiten. Me parece extraordinario que tanto Sergio (finalista del Planeta), como yo hayamos escrito una novela sobre la represión, de un lugar donde impera la ausencia de libertad. Está claro que el tema está en el aire», añadió.
Sobre si teme que, tras el gobierno de Trump y la demonización del inmigrante, tenga que volver a exiliarse, Allende afirma que ahora las circunstancias son muy diferentes. «En la dictadura militar, podían detenerte en la calle y desaparecer para siempre. Entonces tenía niños pequeños que dependían de mí y no me lo podía permitir. Ahora es diferente, soy vieja, tengo recursos, y si me detienen, cojo a mi perro y a mi tercer marido y me voy. Tengo un temor político, visceral, moral, pero no el físico de cuando tenía 30 años», aseguró.
La escritora salta a la editorial Planeta después de toda una larga trayectoria en Plaza & Janés, de Penguin Random House. Este salto entre los dos grandes grupos editoriales en lengua española ya se produjo en 2019 cuando Javier Cercas ganó el Planeta. Allende no dudó en señalar que si se decidió a presentarse al premio fue para ganar prestigio y lectores. «Es el premio más importante en lengua española y quería formar parte del selecto grupo de ganadores. Para mí no es muy diferente a ganar el Nobel».
Cierre del universo
Aunque ‘La hora antes del alba’ podría leerse como el cierre del círculo de ‘La casa de los espíritus’, Allende asegura que no tiene que leerse como una continuación per se «o los lectores se van a decepcionar». La escritora aseguró que se puede leer de forma independiente, sin necesidad de leer las otras partes. «Aquí Alba regresa a la casa, que es como una metáfora de un país, que ahora está completamente vacía. Es la única superviviente y allí dentro revivirá las heridas de aquellos años», comentó.
La escritora asegura que la literatura tiene un poder enorme para capturar el pasado, revivirlo, analizarlo e incluso de sanar heridas. «Desde hace décadas se me acercan lectoras para decirme que gracias a la novela volvieron a conectar con sus madres, que hacía ocho años que no hablaban. Mis libros se han traducido a 42 idiomas y funcionan porque hablo de emociones y relaciones, y son universales, todo el mundo siente lo mismo», insistió.
La autora de ‘Eva Luna’ empezó a escribir la novela el 8 de enero, una manía que la acompaña desde el principio y con la que consigue disciplina. «Las acabo en octubre, noviembre y entonces mi familia hecha de menos que no me encierre y esté en todas partes», bromea. Allende sigue así este esquema que le ha ayudado a afianzar su escritura, que asegura que puede que se haya hecho menos barroca, pero que sigue persiguiendo los mismos temas. «Con esta novela he descubierto que hay un hilo conductor desde que era pequeña, que era la palabra escrita. Desde los 5 años leo, en una casa en que no había libros para niños. Después fue periodista y luego novelista. Y no he cambiado tanto desde el golpe de estado. Todavía me gustan las mismas cosas, no he cambiado, y en la escritura tampoco, vuelvo y vuelvo a ciertos temas».
Sus héroes y heroínas, comenta, siempre se parecen. «Una cosa que me obsesiona como escritora es esa gente anónima que en los momentos más críticos encuentra el coraje, el valor de marcar la diferencia. Porque lo vi en los momentos más crudos de la dictadura. Había mucha gente solidaria, que ayudaba a los demás. También había quien traicionaba, eso es cierto, pero eso forma parte de la vida. La edad no te hace más sabio, te hace más de lo que ya eres», concluye.
Sergio Hernández y su «orfandad» de la Guerra Civil
Sergio Hernández quedó finalista con la novela ‘La añoranza’ una obra que descubre al Antonio Machado más humano en los difíciles años de su exilio, pero lo hace a partir de una historia de amor de Julia, una joven de 18 años que en una manifestación en 1959 se refugia de la policía en la casa de un desconocido, un traductor francés del que se enamorará y marcará el resto de su vida hasta descubrir su implicación en un plan para matar a Machado. «He escrito esta historia desde las entrañas, desde un sentimiento de orfandad respecto a la Guerra Civil. En mi casa nadie explicaba nada, mis abuelos no la vivieron y mis bisabuela sólo tenía anécdotas costumbristas ni tenía abuelos que explicasen historias, así que desde pequeño sentí cierta orfandad al respecto», comenta.
En el año 2022, el escritor estaba firmando por primera vez en Sant Jordi con Planeta Cómic. En una de las pausas, una compañera de la editorial le comentó entre firma y firma que ella solía manifestarse a finales de los 70 en el barrio Gótico. Eran manifestaciones ilegales y cuando llegaba la policía, algunos vecinos, que no la conocían de nada, la acogían hasta que se calmaban las aguas. «La historia me voló la cabeza. En ese momento estaba escribiendo otra novela, pero esta historia me obsesionó. No me la podía quitar de la cabeza y decidí unirla a la historia del exilio de Antonio Machado, que siempre me había interesado», afirma.
Hernández hace el salto del cómic y la novela juvenil a la novela ‘literaria’, algo que asegura ha hecho de forma natural. «Empecé a escribir para demostrar que era escritor, pero nunca me había preguntado qué tipo de escritor quería ser. Con esta novela lo he descubierto, incluso me ha cambiado por completo como persona y hasta puede que me cambie la vida con este reconocimiento», concluyó.
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