Exterior día, plaza Ibiza, barrio de Horta, Barcelona. Hace calor y la gente descansa en las terrazas de los bares con una cerveza y un aperitivo con aspecto derrotado. Antonio y Marino, dos ancianos que han huido de una residencia con las cenizas de un amigo, salen precipitadamente de uno de esos bar obreros típicos. No pueden avanzar ni tres metros cuando una pareja de mossos d’esquadra los detiene y… ¡corten!Esta escena dura apenas 20 segundos, pero es la cuarta vez que los actores Karra Elejalde y Kándido Uranga , sus protagonistas, la repiten. «¡Desde el principio!», repite el co-director, Kike Maíllo. La siguiente toma es idéntica, al menos desde lejos, pero es en los detalles donde está escondida la magia. Eso lo saben todos los directores del mundo. «¡Corten!», repite el director. Son cerca de la una y media del mediodía y hace un calor de espanto. El rodaje es la sensación del momento en el barrio y media centena de personas merodean curiosos por los alrededores. Los ayudantes de dirección hacen lo que pueden para evitar que la gente se meta en medio del plano. Pero esto también es la gracia de los rodajes en medio de la ciudad, son imprevisibles. Interrumpen la vida tal cual sucede y se inventan alternativas. ¿Es tan extraño que los vecinos, hartos de la monotonía, también quieran entrar dentro de las alternativas?Así es el rodaje de ‘El triplete’, de Rodrigo Olmedo (Mérida 1995) , el cortometraje ganador de la sexta edición de las Audi Future Stories. La iniciativa invita a jóvenes creadores y estudiantes de cine a presentar el guion de un cortometraje a un concurso cuyo premio es poder filmar y dirigir la historia con actores de renombre. Y con la guinda de que el gran estreno será en el Festival de Cine de San Sebastián. Casi nada. «Hay que apoyar los cortometrajes, que son la cantera del cine español. Estoy encantado de estar aquí y apostar por historias frescas, y más si son como ésta», reconoce Errejalde en declaraciones a este diario.Está encantado porque el cortometraje habla de algo que apenas puede verse en la ficción, la humanidad intrínseca y las preocupaciones de las personas de la tercera edad. Karra Elejalde es Marino, un anciano rebelde y contestatario que está harto de que en la residencia le hablen como si fuese un niño pequeño, «o un gilipollas», dice. Kándido Uranga es Antonio, más serio, más contenido, pero que irá al infierno por su gran amigo. Juntos robarán la urna donde descansan las cenizas de su otro amigo, Ezequiel, recientemente fallecido y antiguo miembro de su equipo de petanca, En la imagen superior, Kándido Uranga y Karra Elejalde. Abajo Kike Maíllo y Rodrigo Olmedo Adrián QuirogaLa historia podría definirse como una comedia crepuscular, signifique esto lo que signifique. Marino y Antonio quieren evitar que los responsables de la residencia de desprenderse de las cenizas en cualquier rincón y olvidarse del problema. «Todos somos personas. Los mayores también amamos, deseamos, tenemos miedo, comemos. Insisten en invisibilizarnos, pero nuestras historias también importan», afirma Uranga.La primera vez que colaboraron juntos fue hace 30 años, en el rodaje de ‘Vacas’. Vascos los dos, con el mismo histriónico humor, han mantenido una relación de amistad a pesar de que no hayan vuelto a coincidir. Sus carreras han funcionado en paralelo, sin cruzarse. «Acepté el trabajo antes de saber que Karra también participaría y ha sido una gran alegría. Hasta ahora nunca habíamos tenido tanto tiempo en pantalla juntos», asegura Uranga. Ambos reconocen que para rodar una historia de amistad, nada como hacerlo con un amigo. «Odio cuando a los ancianos nos hablan como si fuéramos tontos, que soy mayor no ‘gilipollas’» Karra Errejalde ActorKarra Elejalde vive en Molins de Rei , a 20 minutos de Barcelona, y poder rodar en la ciudad es un lujo. Es un cortometraje, son dos días de trabajo, pero de momento están siendo intensos. «Parece que la vida esté organizada para arrinconar a las personas mayores. Las apartan para que no molesten y les ponen las cosas cada vez más difíciles para que no salgan de casa. Es un orgullo dar el protagonismo que merecen para variar», comenta Elejalde.Olmedo se estrena así en el séptimo arte. Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, empezó a trabajar en agencias publicitarias, pero algo latía en su interior todavía insatisfecho. Se apuntó al Centro de Formación Davante , en Madrid, especializándose en Guion, Dirección y Producción Cinematográfica, y no quiso desaprovechar la oportunidad que se abría en el horizonte con este concurso. «En realidad es la tercera vez que me presento. Intenté pensar en una historia poco habitual, con personajes que no acostumbran a estar en primera página, y se me vino a la cabeza mi abuelo y cómo jugaba conmigo a la petanca de pequeño. Hay películas de tenis, de fútbol, de baloncesto, incluso de ping pong, pero hasta ahora no existía ninguna de petanca», asegura Olmedo.El nuevo director aprendeEl nuevo director asegura estar aprendiendo una barbaridad al lado de Kike Maíllo . «Sólo ver cómo dirige a los actores, cómo mueve las cámaras, cómo controla al equipo es todo un lujo. Estoy aprendiendo en dos días más que en dos años», afirma. Maíllo, por su parte, asegura estar encantado con poder colaborar con Olmedo. «El guion equilibra con enorme sensibilidad la ternura y el humor, mientras aborda una cuestión de plena actualidad: la manera en que nuestra sociedad ha ido desplazando a nuestros mayores hacia los márgenes, relegándolos a un lugar cada vez más invisible e intrascendente dentro del tejido social. Un proyecto como éste ayuda a que una gran idea no se quede encerrada en un cajón, que un talento que hasta ahora permanecía oculto encuentre, por fin, la oportunidad de llegar a los demás», concluye el director. Exterior día, plaza Ibiza, barrio de Horta, Barcelona. Hace calor y la gente descansa en las terrazas de los bares con una cerveza y un aperitivo con aspecto derrotado. Antonio y Marino, dos ancianos que han huido de una residencia con las cenizas de un amigo, salen precipitadamente de uno de esos bar obreros típicos. No pueden avanzar ni tres metros cuando una pareja de mossos d’esquadra los detiene y… ¡corten!Esta escena dura apenas 20 segundos, pero es la cuarta vez que los actores Karra Elejalde y Kándido Uranga , sus protagonistas, la repiten. «¡Desde el principio!», repite el co-director, Kike Maíllo. La siguiente toma es idéntica, al menos desde lejos, pero es en los detalles donde está escondida la magia. Eso lo saben todos los directores del mundo. «¡Corten!», repite el director. Son cerca de la una y media del mediodía y hace un calor de espanto. El rodaje es la sensación del momento en el barrio y media centena de personas merodean curiosos por los alrededores. Los ayudantes de dirección hacen lo que pueden para evitar que la gente se meta en medio del plano. Pero esto también es la gracia de los rodajes en medio de la ciudad, son imprevisibles. Interrumpen la vida tal cual sucede y se inventan alternativas. ¿Es tan extraño que los vecinos, hartos de la monotonía, también quieran entrar dentro de las alternativas?Así es el rodaje de ‘El triplete’, de Rodrigo Olmedo (Mérida 1995) , el cortometraje ganador de la sexta edición de las Audi Future Stories. La iniciativa invita a jóvenes creadores y estudiantes de cine a presentar el guion de un cortometraje a un concurso cuyo premio es poder filmar y dirigir la historia con actores de renombre. Y con la guinda de que el gran estreno será en el Festival de Cine de San Sebastián. Casi nada. «Hay que apoyar los cortometrajes, que son la cantera del cine español. Estoy encantado de estar aquí y apostar por historias frescas, y más si son como ésta», reconoce Errejalde en declaraciones a este diario.Está encantado porque el cortometraje habla de algo que apenas puede verse en la ficción, la humanidad intrínseca y las preocupaciones de las personas de la tercera edad. Karra Elejalde es Marino, un anciano rebelde y contestatario que está harto de que en la residencia le hablen como si fuese un niño pequeño, «o un gilipollas», dice. Kándido Uranga es Antonio, más serio, más contenido, pero que irá al infierno por su gran amigo. Juntos robarán la urna donde descansan las cenizas de su otro amigo, Ezequiel, recientemente fallecido y antiguo miembro de su equipo de petanca, En la imagen superior, Kándido Uranga y Karra Elejalde. Abajo Kike Maíllo y Rodrigo Olmedo Adrián QuirogaLa historia podría definirse como una comedia crepuscular, signifique esto lo que signifique. Marino y Antonio quieren evitar que los responsables de la residencia de desprenderse de las cenizas en cualquier rincón y olvidarse del problema. «Todos somos personas. Los mayores también amamos, deseamos, tenemos miedo, comemos. Insisten en invisibilizarnos, pero nuestras historias también importan», afirma Uranga.La primera vez que colaboraron juntos fue hace 30 años, en el rodaje de ‘Vacas’. Vascos los dos, con el mismo histriónico humor, han mantenido una relación de amistad a pesar de que no hayan vuelto a coincidir. Sus carreras han funcionado en paralelo, sin cruzarse. «Acepté el trabajo antes de saber que Karra también participaría y ha sido una gran alegría. Hasta ahora nunca habíamos tenido tanto tiempo en pantalla juntos», asegura Uranga. Ambos reconocen que para rodar una historia de amistad, nada como hacerlo con un amigo. «Odio cuando a los ancianos nos hablan como si fuéramos tontos, que soy mayor no ‘gilipollas’» Karra Errejalde ActorKarra Elejalde vive en Molins de Rei , a 20 minutos de Barcelona, y poder rodar en la ciudad es un lujo. Es un cortometraje, son dos días de trabajo, pero de momento están siendo intensos. «Parece que la vida esté organizada para arrinconar a las personas mayores. Las apartan para que no molesten y les ponen las cosas cada vez más difíciles para que no salgan de casa. Es un orgullo dar el protagonismo que merecen para variar», comenta Elejalde.Olmedo se estrena así en el séptimo arte. Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, empezó a trabajar en agencias publicitarias, pero algo latía en su interior todavía insatisfecho. Se apuntó al Centro de Formación Davante , en Madrid, especializándose en Guion, Dirección y Producción Cinematográfica, y no quiso desaprovechar la oportunidad que se abría en el horizonte con este concurso. «En realidad es la tercera vez que me presento. Intenté pensar en una historia poco habitual, con personajes que no acostumbran a estar en primera página, y se me vino a la cabeza mi abuelo y cómo jugaba conmigo a la petanca de pequeño. Hay películas de tenis, de fútbol, de baloncesto, incluso de ping pong, pero hasta ahora no existía ninguna de petanca», asegura Olmedo.El nuevo director aprendeEl nuevo director asegura estar aprendiendo una barbaridad al lado de Kike Maíllo . «Sólo ver cómo dirige a los actores, cómo mueve las cámaras, cómo controla al equipo es todo un lujo. Estoy aprendiendo en dos días más que en dos años», afirma. Maíllo, por su parte, asegura estar encantado con poder colaborar con Olmedo. «El guion equilibra con enorme sensibilidad la ternura y el humor, mientras aborda una cuestión de plena actualidad: la manera en que nuestra sociedad ha ido desplazando a nuestros mayores hacia los márgenes, relegándolos a un lugar cada vez más invisible e intrascendente dentro del tejido social. Un proyecto como éste ayuda a que una gran idea no se quede encerrada en un cajón, que un talento que hasta ahora permanecía oculto encuentre, por fin, la oportunidad de llegar a los demás», concluye el director.
Exterior día, plaza Ibiza, barrio de Horta, Barcelona. Hace calor y la gente descansa en las terrazas de los bares con una cerveza y un aperitivo con aspecto derrotado. Antonio y Marino, dos ancianos que han huido de una residencia con las cenizas … de un amigo, salen precipitadamente de uno de esos bar obreros típicos. No pueden avanzar ni tres metros cuando una pareja de mossos d’esquadra los detiene y… ¡corten!
Esta escena dura apenas 20 segundos, pero es la cuarta vez que los actores Karra Elejalde y Kándido Uranga, sus protagonistas, la repiten. «¡Desde el principio!», repite el co-director, Kike Maíllo. La siguiente toma es idéntica, al menos desde lejos, pero es en los detalles donde está escondida la magia. Eso lo saben todos los directores del mundo. «¡Corten!», repite el director.
Son cerca de la una y media del mediodía y hace un calor de espanto. El rodaje es la sensación del momento en el barrio y media centena de personas merodean curiosos por los alrededores. Los ayudantes de dirección hacen lo que pueden para evitar que la gente se meta en medio del plano. Pero esto también es la gracia de los rodajes en medio de la ciudad, son imprevisibles. Interrumpen la vida tal cual sucede y se inventan alternativas. ¿Es tan extraño que los vecinos, hartos de la monotonía, también quieran entrar dentro de las alternativas?
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Germán Granado
Así es el rodaje de ‘El triplete’, de Rodrigo Olmedo (Mérida 1995), el cortometraje ganador de la sexta edición de las Audi Future Stories. La iniciativa invita a jóvenes creadores y estudiantes de cine a presentar el guion de un cortometraje a un concurso cuyo premio es poder filmar y dirigir la historia con actores de renombre. Y con la guinda de que el gran estreno será en el Festival de Cine de San Sebastián. Casi nada. «Hay que apoyar los cortometrajes, que son la cantera del cine español. Estoy encantado de estar aquí y apostar por historias frescas, y más si son como ésta», reconoce Errejalde en declaraciones a este diario.
Está encantado porque el cortometraje habla de algo que apenas puede verse en la ficción, la humanidad intrínseca y las preocupaciones de las personas de la tercera edad. Karra Elejalde es Marino, un anciano rebelde y contestatario que está harto de que en la residencia le hablen como si fuese un niño pequeño, «o un gilipollas», dice. Kándido Uranga es Antonio, más serio, más contenido, pero que irá al infierno por su gran amigo. Juntos robarán la urna donde descansan las cenizas de su otro amigo, Ezequiel, recientemente fallecido y antiguo miembro de su equipo de petanca,
(Adrián Quiroga)
La historia podría definirse como una comedia crepuscular, signifique esto lo que signifique. Marino y Antonio quieren evitar que los responsables de la residencia de desprenderse de las cenizas en cualquier rincón y olvidarse del problema. «Todos somos personas. Los mayores también amamos, deseamos, tenemos miedo, comemos. Insisten en invisibilizarnos, pero nuestras historias también importan», afirma Uranga.
La primera vez que colaboraron juntos fue hace 30 años, en el rodaje de ‘Vacas’. Vascos los dos, con el mismo histriónico humor, han mantenido una relación de amistad a pesar de que no hayan vuelto a coincidir. Sus carreras han funcionado en paralelo, sin cruzarse. «Acepté el trabajo antes de saber que Karra también participaría y ha sido una gran alegría. Hasta ahora nunca habíamos tenido tanto tiempo en pantalla juntos», asegura Uranga. Ambos reconocen que para rodar una historia de amistad, nada como hacerlo con un amigo.
«Odio cuando a los ancianos nos hablan como si fuéramos tontos, que soy mayor no ‘gilipollas’»
Karra Errejalde
Actor
Karra Elejalde vive en Molins de Rei, a 20 minutos de Barcelona, y poder rodar en la ciudad es un lujo. Es un cortometraje, son dos días de trabajo, pero de momento están siendo intensos. «Parece que la vida esté organizada para arrinconar a las personas mayores. Las apartan para que no molesten y les ponen las cosas cada vez más difíciles para que no salgan de casa. Es un orgullo dar el protagonismo que merecen para variar», comenta Elejalde.
Olmedo se estrena así en el séptimo arte. Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, empezó a trabajar en agencias publicitarias, pero algo latía en su interior todavía insatisfecho. Se apuntó al Centro de Formación Davante, en Madrid, especializándose en Guion, Dirección y Producción Cinematográfica, y no quiso desaprovechar la oportunidad que se abría en el horizonte con este concurso. «En realidad es la tercera vez que me presento. Intenté pensar en una historia poco habitual, con personajes que no acostumbran a estar en primera página, y se me vino a la cabeza mi abuelo y cómo jugaba conmigo a la petanca de pequeño. Hay películas de tenis, de fútbol, de baloncesto, incluso de ping pong, pero hasta ahora no existía ninguna de petanca», asegura Olmedo.
El nuevo director aprende
El nuevo director asegura estar aprendiendo una barbaridad al lado de Kike Maíllo. «Sólo ver cómo dirige a los actores, cómo mueve las cámaras, cómo controla al equipo es todo un lujo. Estoy aprendiendo en dos días más que en dos años», afirma. Maíllo, por su parte, asegura estar encantado con poder colaborar con Olmedo. «El guion equilibra con enorme sensibilidad la ternura y el humor, mientras aborda una cuestión de plena actualidad: la manera en que nuestra sociedad ha ido desplazando a nuestros mayores hacia los márgenes, relegándolos a un lugar cada vez más invisible e intrascendente dentro del tejido social. Un proyecto como éste ayuda a que una gran idea no se quede encerrada en un cajón, que un talento que hasta ahora permanecía oculto encuentre, por fin, la oportunidad de llegar a los demás», concluye el director.
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