Kenichi Yoda (1974) lleva un Totoro bordado en la solapa del traje, y deja uno de peluche sobre la mesa antes de empezar a hablar, como vigilando la conversación, por si se pone demasiado seria: aquí se trata de contrarrestar la ley de la gravedad. Desde junio, este es el hombre que preside y representa al Studio Ghibli, una referencia mundial e ineludible de la animación, el lugar donde se han levantado ‘La tumba de las luciérnagas’, ‘La princesa Mononoke’ , ‘Mi vecino Totoro’, ‘El viaje de Chihiro’ y tantas otras obras maestras del género, del cine. El viernes recibirá en nombre de su estudio el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. —¿Cómo llega uno a presidir Ghibli sin venir de la animación?—Yo vengo de Nippon TV, que colabora con Ghibli desde siempre [desde 2023, además, es la propietaria mayoritaria del estudio]. De alguna manera, lo que estoy haciendo ahora es lo que hacía, que es apoyar a Ghibli.—Le han dado el premio de Comunicación y Humanidades, no el de las Artes…—Eso despertó mi curiosidad. Me puso a pensar. En Studio Ghibli siempre nos hemos dedicado al cine, a las películas: es lo que hacemos, obras de arte, pero lo que transmitimos, lo que llega de nosotros al público español… Creo que eso explica lo de la comunicación y las humanidades. El premio nos ha alegrado muchísimo, es un honor recibirlo. —El Studio Ghibli tiene un gran público en España, como en todo el mundo. ¿Por qué unas historias tan japonesas han cruzado tan fácilmente las fronteras de su país?—Te responderé con una anécdota. El año pasado se celebró una gran exposición de Ghibli en Corea del Sur, y en la inauguración, un cantante coreano muy famoso entrevistó a Shizuki Toshio, cofundador de Ghibli. Le preguntó esto mismo, que por qué las obras de Ghibli eran tan queridas en todo el mundo. Shizuki respondió con una sola frase: mira nuestras películas y lo entenderás. Y es verdad: cuando las ves, lo entiendes.—En tiempos de inteligencia artificial, la artesanía de Ghibli parece algo contracultural, casi extravagante.—Bueno, no es la primera vez que me lo dicen [y ríe]. Y me gusta porque en el fondo de esa afirmación yo veo una especie de respeto, pero por otra parte es una forma de preguntarnos: ¿hasta cuándo vais a seguir con esto?—Es verdad [risas]. ¿Entonces?—Bueno, es muy difícil hablar de lo que va a pasar en el futuro. Y también es muy difícil negar lo que la inteligencia artificial va a ofrecer. Yo no niego el uso de la inteligencia artificial, pero… Supongamos que estamos en un restaurante. ¿Qué vas a preferir? ¿Un menú confeccionado por la inteligencia artificial o un menú que ha hecho una persona? Yo optaré siempre por lo segundo. —¿Hay cosas que solo se pueden transmitir gracias al dibujo humano, a la artesanía?—Digámoslo así: no creo que la inteligencia artificial pueda superar nunca a Hayao Miyazaki.—Hablando de Miyazaki, la primera vez que se retiró fue en el 98, pero para alegría de muchos aquello fue una mentira. ¿Hasta qué punto Ghibli es Miyazaki?—El Studio Ghibli se fundó para que Isao Takahata y Hayao Miyazaki pudieran crear sus obras. Isao Takahata fue una suerte de maestro para Miyazaki, y sin duda ellos dos nos han demostrado hasta dónde puede llegar el poder expresivo de la animación. Hoy tenemos otros creadores, otros animadores que se han formado con ellos, como Takeshi Honda. Son buenas noticias: hay sucesión, el legado tiene futuro, porque hay gente que ha aprendido esa manera de trabajar de los fundadores de Ghibli. Dicho esto, el poder de la imaginación de Miyazaki es único. Eso no se puede legar.—En 2024 tuvieron 34 millones de euros de beneficios. ¿Cómo un estudio que ha crecido tanto mantiene su identidad, su independencia?—Bueno, intentando no ser una empresa más [y ríe de nuevo]. Queremos seguir siendo un estudio de creación, ese es el espíritu de Ghibli. Una vez el señor Toshio Suzuki [expresidente de Ghibli] se enfadó porque los empleados querían numerar las plazas del aparcamiento, y el se negó. Dijo: «No puede ser esto, eso es lo que hacen las empresas, no los estudios de animación».—¿Qué tiene que tener sí o sí una película de Studio Ghibli?—Más allá de la técnica, para nosotros es muy importante que las películas capturen el presente. Cuando empezamos un proyecto, siempre nos preguntamos qué nos dice o qué nos va a decir de nuestro mundo la historia que queremos contar, qué imagen va a proyectar del pasado, del presente o del futuro. Y luego ya empieza el trabajo concreto. —En ‘La tumba de las luciérnagas’, que es de 1988, Takahata mostraba el horror de la guerra, el hambre, la devastación: es un tema que no ha caducado, ni mucho menos. Lo tenemos en las noticias.—De alguna manera, creo que las obras de Ghibli tienen algo que ver con el periodismo, aunque de forma lejana, porque capturan un presente con sus detalles. La guerra está en las primeras películas de Ghibli, pero también en las últimas obras de Miyazaki, como ‘El viento se levanta’ o ‘El chico y la garza’. Parece que quiere volver a lanzar aquel mensaje, por eso tiene sentido este premio de Humanidades. Kenichi Yoda (1974) lleva un Totoro bordado en la solapa del traje, y deja uno de peluche sobre la mesa antes de empezar a hablar, como vigilando la conversación, por si se pone demasiado seria: aquí se trata de contrarrestar la ley de la gravedad. Desde junio, este es el hombre que preside y representa al Studio Ghibli, una referencia mundial e ineludible de la animación, el lugar donde se han levantado ‘La tumba de las luciérnagas’, ‘La princesa Mononoke’ , ‘Mi vecino Totoro’, ‘El viaje de Chihiro’ y tantas otras obras maestras del género, del cine. El viernes recibirá en nombre de su estudio el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. —¿Cómo llega uno a presidir Ghibli sin venir de la animación?—Yo vengo de Nippon TV, que colabora con Ghibli desde siempre [desde 2023, además, es la propietaria mayoritaria del estudio]. De alguna manera, lo que estoy haciendo ahora es lo que hacía, que es apoyar a Ghibli.—Le han dado el premio de Comunicación y Humanidades, no el de las Artes…—Eso despertó mi curiosidad. Me puso a pensar. En Studio Ghibli siempre nos hemos dedicado al cine, a las películas: es lo que hacemos, obras de arte, pero lo que transmitimos, lo que llega de nosotros al público español… Creo que eso explica lo de la comunicación y las humanidades. El premio nos ha alegrado muchísimo, es un honor recibirlo. —El Studio Ghibli tiene un gran público en España, como en todo el mundo. ¿Por qué unas historias tan japonesas han cruzado tan fácilmente las fronteras de su país?—Te responderé con una anécdota. El año pasado se celebró una gran exposición de Ghibli en Corea del Sur, y en la inauguración, un cantante coreano muy famoso entrevistó a Shizuki Toshio, cofundador de Ghibli. Le preguntó esto mismo, que por qué las obras de Ghibli eran tan queridas en todo el mundo. Shizuki respondió con una sola frase: mira nuestras películas y lo entenderás. Y es verdad: cuando las ves, lo entiendes.—En tiempos de inteligencia artificial, la artesanía de Ghibli parece algo contracultural, casi extravagante.—Bueno, no es la primera vez que me lo dicen [y ríe]. Y me gusta porque en el fondo de esa afirmación yo veo una especie de respeto, pero por otra parte es una forma de preguntarnos: ¿hasta cuándo vais a seguir con esto?—Es verdad [risas]. ¿Entonces?—Bueno, es muy difícil hablar de lo que va a pasar en el futuro. Y también es muy difícil negar lo que la inteligencia artificial va a ofrecer. Yo no niego el uso de la inteligencia artificial, pero… Supongamos que estamos en un restaurante. ¿Qué vas a preferir? ¿Un menú confeccionado por la inteligencia artificial o un menú que ha hecho una persona? Yo optaré siempre por lo segundo. —¿Hay cosas que solo se pueden transmitir gracias al dibujo humano, a la artesanía?—Digámoslo así: no creo que la inteligencia artificial pueda superar nunca a Hayao Miyazaki.—Hablando de Miyazaki, la primera vez que se retiró fue en el 98, pero para alegría de muchos aquello fue una mentira. ¿Hasta qué punto Ghibli es Miyazaki?—El Studio Ghibli se fundó para que Isao Takahata y Hayao Miyazaki pudieran crear sus obras. Isao Takahata fue una suerte de maestro para Miyazaki, y sin duda ellos dos nos han demostrado hasta dónde puede llegar el poder expresivo de la animación. Hoy tenemos otros creadores, otros animadores que se han formado con ellos, como Takeshi Honda. Son buenas noticias: hay sucesión, el legado tiene futuro, porque hay gente que ha aprendido esa manera de trabajar de los fundadores de Ghibli. Dicho esto, el poder de la imaginación de Miyazaki es único. Eso no se puede legar.—En 2024 tuvieron 34 millones de euros de beneficios. ¿Cómo un estudio que ha crecido tanto mantiene su identidad, su independencia?—Bueno, intentando no ser una empresa más [y ríe de nuevo]. Queremos seguir siendo un estudio de creación, ese es el espíritu de Ghibli. Una vez el señor Toshio Suzuki [expresidente de Ghibli] se enfadó porque los empleados querían numerar las plazas del aparcamiento, y el se negó. Dijo: «No puede ser esto, eso es lo que hacen las empresas, no los estudios de animación».—¿Qué tiene que tener sí o sí una película de Studio Ghibli?—Más allá de la técnica, para nosotros es muy importante que las películas capturen el presente. Cuando empezamos un proyecto, siempre nos preguntamos qué nos dice o qué nos va a decir de nuestro mundo la historia que queremos contar, qué imagen va a proyectar del pasado, del presente o del futuro. Y luego ya empieza el trabajo concreto. —En ‘La tumba de las luciérnagas’, que es de 1988, Takahata mostraba el horror de la guerra, el hambre, la devastación: es un tema que no ha caducado, ni mucho menos. Lo tenemos en las noticias.—De alguna manera, creo que las obras de Ghibli tienen algo que ver con el periodismo, aunque de forma lejana, porque capturan un presente con sus detalles. La guerra está en las primeras películas de Ghibli, pero también en las últimas obras de Miyazaki, como ‘El viento se levanta’ o ‘El chico y la garza’. Parece que quiere volver a lanzar aquel mensaje, por eso tiene sentido este premio de Humanidades.
Kenichi Yoda (1974) lleva un Totoro bordado en la solapa del traje, y deja uno de peluche sobre la mesa antes de empezar a hablar, como vigilando la conversación, por si se pone demasiado seria: aquí se trata de contrarrestar la ley de la gravedad. … Desde junio, este es el hombre que preside y representa al Studio Ghibli, una referencia mundial e ineludible de la animación, el lugar donde se han levantado ‘La tumba de las luciérnagas’, ‘La princesa Mononoke’, ‘Mi vecino Totoro’, ‘El viaje de Chihiro’ y tantas otras obras maestras del género, del cine. El viernes recibirá en nombre de su estudio el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
—¿Cómo llega uno a presidir Ghibli sin venir de la animación?
—Yo vengo de Nippon TV, que colabora con Ghibli desde siempre [desde 2023, además, es la propietaria mayoritaria del estudio]. De alguna manera, lo que estoy haciendo ahora es lo que hacía, que es apoyar a Ghibli.
—Le han dado el premio de Comunicación y Humanidades, no el de las Artes…
—Eso despertó mi curiosidad. Me puso a pensar. En Studio Ghibli siempre nos hemos dedicado al cine, a las películas: es lo que hacemos, obras de arte, pero lo que transmitimos, lo que llega de nosotros al público español… Creo que eso explica lo de la comunicación y las humanidades. El premio nos ha alegrado muchísimo, es un honor recibirlo.
—El Studio Ghibli tiene un gran público en España, como en todo el mundo. ¿Por qué unas historias tan japonesas han cruzado tan fácilmente las fronteras de su país?
—Te responderé con una anécdota. El año pasado se celebró una gran exposición de Ghibli en Corea del Sur, y en la inauguración, un cantante coreano muy famoso entrevistó a Shizuki Toshio, cofundador de Ghibli. Le preguntó esto mismo, que por qué las obras de Ghibli eran tan queridas en todo el mundo. Shizuki respondió con una sola frase: mira nuestras películas y lo entenderás. Y es verdad: cuando las ves, lo entiendes.
—En tiempos de inteligencia artificial, la artesanía de Ghibli parece algo contracultural, casi extravagante.
—Bueno, no es la primera vez que me lo dicen [y ríe]. Y me gusta porque en el fondo de esa afirmación yo veo una especie de respeto, pero por otra parte es una forma de preguntarnos: ¿hasta cuándo vais a seguir con esto?
—Es verdad [risas]. ¿Entonces?
—Bueno, es muy difícil hablar de lo que va a pasar en el futuro. Y también es muy difícil negar lo que la inteligencia artificial va a ofrecer. Yo no niego el uso de la inteligencia artificial, pero… Supongamos que estamos en un restaurante. ¿Qué vas a preferir? ¿Un menú confeccionado por la inteligencia artificial o un menú que ha hecho una persona? Yo optaré siempre por lo segundo.
—¿Hay cosas que solo se pueden transmitir gracias al dibujo humano, a la artesanía?
—Digámoslo así: no creo que la inteligencia artificial pueda superar nunca a Hayao Miyazaki.
—Hablando de Miyazaki, la primera vez que se retiró fue en el 98, pero para alegría de muchos aquello fue una mentira. ¿Hasta qué punto Ghibli es Miyazaki?
—El Studio Ghibli se fundó para que Isao Takahata y Hayao Miyazaki pudieran crear sus obras. Isao Takahata fue una suerte de maestro para Miyazaki, y sin duda ellos dos nos han demostrado hasta dónde puede llegar el poder expresivo de la animación. Hoy tenemos otros creadores, otros animadores que se han formado con ellos, como Takeshi Honda. Son buenas noticias: hay sucesión, el legado tiene futuro, porque hay gente que ha aprendido esa manera de trabajar de los fundadores de Ghibli. Dicho esto, el poder de la imaginación de Miyazaki es único. Eso no se puede legar.
—En 2024 tuvieron 34 millones de euros de beneficios. ¿Cómo un estudio que ha crecido tanto mantiene su identidad, su independencia?
—Bueno, intentando no ser una empresa más [y ríe de nuevo]. Queremos seguir siendo un estudio de creación, ese es el espíritu de Ghibli. Una vez el señor Toshio Suzuki [expresidente de Ghibli] se enfadó porque los empleados querían numerar las plazas del aparcamiento, y el se negó. Dijo: «No puede ser esto, eso es lo que hacen las empresas, no los estudios de animación».
Noticia relacionada
—¿Qué tiene que tener sí o sí una película de Studio Ghibli?
—Más allá de la técnica, para nosotros es muy importante que las películas capturen el presente. Cuando empezamos un proyecto, siempre nos preguntamos qué nos dice o qué nos va a decir de nuestro mundo la historia que queremos contar, qué imagen va a proyectar del pasado, del presente o del futuro. Y luego ya empieza el trabajo concreto.
—En ‘La tumba de las luciérnagas’, que es de 1988, Takahata mostraba el horror de la guerra, el hambre, la devastación: es un tema que no ha caducado, ni mucho menos. Lo tenemos en las noticias.
—De alguna manera, creo que las obras de Ghibli tienen algo que ver con el periodismo, aunque de forma lejana, porque capturan un presente con sus detalles. La guerra está en las primeras películas de Ghibli, pero también en las últimas obras de Miyazaki, como ‘El viento se levanta’ o ‘El chico y la garza’. Parece que quiere volver a lanzar aquel mensaje, por eso tiene sentido este premio de Humanidades.
RSS de noticias de cultura
