La novillada de Mayalde echó tres animales extraordinarios, y tres muy deslucidos. Pues los tres sin muchas opciones correspondieron a Emiliano Osornio , que se tuvo que hacer cargo del cierra plaza ante el percance que sufrió Manuel Quintana con el exigente tercero, un animal que ya en capotes cortaba por el pitón izquierdo, y que cortó por ese pitón en los primeros tercios. Y eso le hizo, certero, al cordobés apenas iniciada la faena: por la zuda fue directo por él, levantándole los pies del suelo. Ni un gesto hizo Manuel, y como no sangraba, parecía que se había quedado en un susto aquello, y continuó toreando. A Guardamonte había que llevarlo muy tapadito, porque echaba miraditas, aunque, cuando acudía al engaño, lo hacía con trasmisión. Valiente estuvo el chaval aunque se notaba que no se fiaba de su enemigo. Lógico, y más contando con el poco bagaje de un chico que ha debutado con caballos esta temporada. Una tanda ligada al final de la faena metió de lleno a los tendidos, y habría tocado pelo, de haber acertado con la tizona. Tras saludar una ovación, se metió en la enfermería, y se supo, un buen rato después, que el ‘susto’ era una cornada envainada de quince centímetros. Jorge Hurtado al natural con el súperclase quinto Emilio MéndezTampoco entró la espada de Hurtado, que se sentó en el estribo para llorar, tras la faena al quinto. Aquello olía a puerta grande, pero se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo, mismo honor que se rindió a Chorlito. ¡Qué calidad tenía el de mayalde! Era para disfrutar toreándolo, porque además iba largo y con una nobleza para darle un beso. Y lo gozó Jorge, que comenzó con ayudados por bajo, con gusto. El bravito animal se pegó después otro volteretón -ya había dado una vuelta de campana en el primer tercio-, pero sólo aminoró la velocidad a que acudía a la pañosa, no sus ganas de embestir, continuando con recorrido y clase. Los naturales -por donde cuajó al animal- fueron largos, aprovechando las virtudes del mayalde, y pusieron a la plaza en pie. Pero… no entró la tizona. La verdad es que todo el encierro tuvo tendencia hacia las acrobacias, porque el lote de Osornio no hizo otra cosa. Lo que fue una lástima en el caso del primero, que nada más salir, volteretón de los que duelen con solo verlo. Se quedó ya tocadito, y volvió a clavar el pitón derecho en el segundo tercio. Aunque apenas se le picó, no podía con su almita. Lástima, decíamos, porque la calidad era superior, colocaba la cara de categoría y tenía fijeza. Un animal perfecto para el de Toluca, que estuvo muy templadito. Pero el mayalde estaba más tiempo doblándose de manos que en pie, y así era imposible.Un tío era Guardamonte, que llevaba la cara colocada desde antes del embroque con el capote de Osornio, quien le recetó dos verónicas y la media por el izquierdo, de categoría. Otra cosa fue en el caballo, donde quiso menos. Comenzó doblándose el mexicano, y aquí vino el segundo volatín: clavó los dos pitones el animal en la arena, y se quedó ya rebrincado. Además era desclasadillo, mas no pudo resistirse a embestir tras algunos muletazos, ante buen hacer de Emiliano por naturales. Alfarero de Oro Plaza de toros de Villaseca de la Sagra Sábado, 5 de septiembre de 2026. Más de ¾ de entrada. Novillo de Conde de Mayalde, ovacionados en el arrastre el encastado segundo y el tercero, premiado con la vuelta el enclasado quinto. Emiliano Osornio, de corinto y azabache. Estocada contraria, trasera y atravesada y dos descabellos (silencio). Estocada corta (silencio). Estocada corta atravesada y contraria (silencio). Jorge Hurtado, de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada caía (saludos). Tres pinchazos y estocada baja (vuelta). Manuel Quintana, de blanco y plata. Tres pinchazos y estocada perpendicular (saludos). Herido. Parte de Manuel Quintana: Herida por asta de toro en el tercio inferior del muslo izquierdo, con apertura de un puntazo de 15 centímetros.Con una larga cambiada recibió Osornio a Afrancesado, antes de pegarle unas profundas verónicas, que intentó rematar con una larga, pero se le quedó el animal debajo, y pegándole un golpe en la cadera. Se echaba la mano a los riñones el chaval, mientras Hurtado se interesaba por su estado, antes de quitar por delantales. Y replicó el matador con unas verónica extraordinarias. Una por el izquierdo fue… Bueno, que la sigue dando por ahí. Y estará varios días seguramente. Pero poco más duró el animalito, soso como él solo, costándole embestir. Muy por encima estuvo el novillero, con naturales ya de matador de toros cuajado, echando la clase que le faltaba al novillo, que correspondía a un herido Quintana, y sacándole a regañadientes lo que no tenía el mayalde.Mientras el cordobés vio la cruz, y Osornio el peor lote, los mejores le correspondieron a Hurtado, porque el segundo de la tarde no tenía una fuerza excesiva, pero sí casta para querer tomar los engaños por abajo. El extremeño brindó a Francisco Montero, y aquello no terminó de romper, pues el chaval estuvo algo aceleradillo, y en cuanto el utrero tocaba la muleta, se descomponía una barbaridad. No hubo unión entre los protagonistas -y tampoco entró la espada-, yéndose el animal con una sonora ovación en el arrastre. Pero la buena versión de Jorge vino después. Y a pie salieron los espadas -porque Manuel también se fue en su furgoneta tras la operación, con una venda, pero como si nada-, pero lo que ocurrió en la plaza había tenido más importancia. También gracias a la buena novillada de Conde de Mayalde. La novillada de Mayalde echó tres animales extraordinarios, y tres muy deslucidos. Pues los tres sin muchas opciones correspondieron a Emiliano Osornio , que se tuvo que hacer cargo del cierra plaza ante el percance que sufrió Manuel Quintana con el exigente tercero, un animal que ya en capotes cortaba por el pitón izquierdo, y que cortó por ese pitón en los primeros tercios. Y eso le hizo, certero, al cordobés apenas iniciada la faena: por la zuda fue directo por él, levantándole los pies del suelo. Ni un gesto hizo Manuel, y como no sangraba, parecía que se había quedado en un susto aquello, y continuó toreando. A Guardamonte había que llevarlo muy tapadito, porque echaba miraditas, aunque, cuando acudía al engaño, lo hacía con trasmisión. Valiente estuvo el chaval aunque se notaba que no se fiaba de su enemigo. Lógico, y más contando con el poco bagaje de un chico que ha debutado con caballos esta temporada. Una tanda ligada al final de la faena metió de lleno a los tendidos, y habría tocado pelo, de haber acertado con la tizona. Tras saludar una ovación, se metió en la enfermería, y se supo, un buen rato después, que el ‘susto’ era una cornada envainada de quince centímetros. Jorge Hurtado al natural con el súperclase quinto Emilio MéndezTampoco entró la espada de Hurtado, que se sentó en el estribo para llorar, tras la faena al quinto. Aquello olía a puerta grande, pero se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo, mismo honor que se rindió a Chorlito. ¡Qué calidad tenía el de mayalde! Era para disfrutar toreándolo, porque además iba largo y con una nobleza para darle un beso. Y lo gozó Jorge, que comenzó con ayudados por bajo, con gusto. El bravito animal se pegó después otro volteretón -ya había dado una vuelta de campana en el primer tercio-, pero sólo aminoró la velocidad a que acudía a la pañosa, no sus ganas de embestir, continuando con recorrido y clase. Los naturales -por donde cuajó al animal- fueron largos, aprovechando las virtudes del mayalde, y pusieron a la plaza en pie. Pero… no entró la tizona. La verdad es que todo el encierro tuvo tendencia hacia las acrobacias, porque el lote de Osornio no hizo otra cosa. Lo que fue una lástima en el caso del primero, que nada más salir, volteretón de los que duelen con solo verlo. Se quedó ya tocadito, y volvió a clavar el pitón derecho en el segundo tercio. Aunque apenas se le picó, no podía con su almita. Lástima, decíamos, porque la calidad era superior, colocaba la cara de categoría y tenía fijeza. Un animal perfecto para el de Toluca, que estuvo muy templadito. Pero el mayalde estaba más tiempo doblándose de manos que en pie, y así era imposible.Un tío era Guardamonte, que llevaba la cara colocada desde antes del embroque con el capote de Osornio, quien le recetó dos verónicas y la media por el izquierdo, de categoría. Otra cosa fue en el caballo, donde quiso menos. Comenzó doblándose el mexicano, y aquí vino el segundo volatín: clavó los dos pitones el animal en la arena, y se quedó ya rebrincado. Además era desclasadillo, mas no pudo resistirse a embestir tras algunos muletazos, ante buen hacer de Emiliano por naturales. Alfarero de Oro Plaza de toros de Villaseca de la Sagra Sábado, 5 de septiembre de 2026. Más de ¾ de entrada. Novillo de Conde de Mayalde, ovacionados en el arrastre el encastado segundo y el tercero, premiado con la vuelta el enclasado quinto. Emiliano Osornio, de corinto y azabache. Estocada contraria, trasera y atravesada y dos descabellos (silencio). Estocada corta (silencio). Estocada corta atravesada y contraria (silencio). Jorge Hurtado, de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada caía (saludos). Tres pinchazos y estocada baja (vuelta). Manuel Quintana, de blanco y plata. Tres pinchazos y estocada perpendicular (saludos). Herido. Parte de Manuel Quintana: Herida por asta de toro en el tercio inferior del muslo izquierdo, con apertura de un puntazo de 15 centímetros.Con una larga cambiada recibió Osornio a Afrancesado, antes de pegarle unas profundas verónicas, que intentó rematar con una larga, pero se le quedó el animal debajo, y pegándole un golpe en la cadera. Se echaba la mano a los riñones el chaval, mientras Hurtado se interesaba por su estado, antes de quitar por delantales. Y replicó el matador con unas verónica extraordinarias. Una por el izquierdo fue… Bueno, que la sigue dando por ahí. Y estará varios días seguramente. Pero poco más duró el animalito, soso como él solo, costándole embestir. Muy por encima estuvo el novillero, con naturales ya de matador de toros cuajado, echando la clase que le faltaba al novillo, que correspondía a un herido Quintana, y sacándole a regañadientes lo que no tenía el mayalde.Mientras el cordobés vio la cruz, y Osornio el peor lote, los mejores le correspondieron a Hurtado, porque el segundo de la tarde no tenía una fuerza excesiva, pero sí casta para querer tomar los engaños por abajo. El extremeño brindó a Francisco Montero, y aquello no terminó de romper, pues el chaval estuvo algo aceleradillo, y en cuanto el utrero tocaba la muleta, se descomponía una barbaridad. No hubo unión entre los protagonistas -y tampoco entró la espada-, yéndose el animal con una sonora ovación en el arrastre. Pero la buena versión de Jorge vino después. Y a pie salieron los espadas -porque Manuel también se fue en su furgoneta tras la operación, con una venda, pero como si nada-, pero lo que ocurrió en la plaza había tenido más importancia. También gracias a la buena novillada de Conde de Mayalde.
La novillada de Mayalde echó tres animales extraordinarios, y tres muy deslucidos. Pues los tres sin muchas opciones correspondieron a Emiliano Osornio, que se tuvo que hacer cargo del cierra plaza ante el percance que sufrió Manuel Quintana con el exigente tercero, un … animal que ya en capotes cortaba por el pitón izquierdo, y que cortó por ese pitón en los primeros tercios. Y eso le hizo, certero, al cordobés apenas iniciada la faena: por la zuda fue directo por él, levantándole los pies del suelo.
Ni un gesto hizo Manuel, y como no sangraba, parecía que se había quedado en un susto aquello, y continuó toreando. A Guardamonte había que llevarlo muy tapadito, porque echaba miraditas, aunque, cuando acudía al engaño, lo hacía con trasmisión. Valiente estuvo el chaval aunque se notaba que no se fiaba de su enemigo. Lógico, y más contando con el poco bagaje de un chico que ha debutado con caballos esta temporada. Una tanda ligada al final de la faena metió de lleno a los tendidos, y habría tocado pelo, de haber acertado con la tizona. Tras saludar una ovación, se metió en la enfermería, y se supo, un buen rato después, que el ‘susto’ era una cornada envainada de quince centímetros.
(Emilio Méndez)
Tampoco entró la espada de Hurtado, que se sentó en el estribo para llorar, tras la faena al quinto. Aquello olía a puerta grande, pero se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo, mismo honor que se rindió a Chorlito. ¡Qué calidad tenía el de mayalde! Era para disfrutar toreándolo, porque además iba largo y con una nobleza para darle un beso. Y lo gozó Jorge, que comenzó con ayudados por bajo, con gusto. El bravito animal se pegó después otro volteretón -ya había dado una vuelta de campana en el primer tercio-, pero sólo aminoró la velocidad a que acudía a la pañosa, no sus ganas de embestir, continuando con recorrido y clase. Los naturales -por donde cuajó al animal- fueron largos, aprovechando las virtudes del mayalde, y pusieron a la plaza en pie. Pero… no entró la tizona.
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ALFARERO DE ORO
Alicia P. Velarde
La verdad es que todo el encierro tuvo tendencia hacia las acrobacias, porque el lote de Osornio no hizo otra cosa. Lo que fue una lástima en el caso del primero, que nada más salir, volteretón de los que duelen con solo verlo. Se quedó ya tocadito, y volvió a clavar el pitón derecho en el segundo tercio. Aunque apenas se le picó, no podía con su almita. Lástima, decíamos, porque la calidad era superior, colocaba la cara de categoría y tenía fijeza. Un animal perfecto para el de Toluca, que estuvo muy templadito. Pero el mayalde estaba más tiempo doblándose de manos que en pie, y así era imposible.
Un tío era Guardamonte, que llevaba la cara colocada desde antes del embroque con el capote de Osornio, quien le recetó dos verónicas y la media por el izquierdo, de categoría. Otra cosa fue en el caballo, donde quiso menos. Comenzó doblándose el mexicano, y aquí vino el segundo volatín: clavó los dos pitones el animal en la arena, y se quedó ya rebrincado. Además era desclasadillo, mas no pudo resistirse a embestir tras algunos muletazos, ante buen hacer de Emiliano por naturales.
Alfarero de Oro
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Plaza de toros de Villaseca de la Sagra
Sábado, 5 de septiembre de 2026. Más de ¾ de entrada. Novillo de Conde de Mayalde, ovacionados en el arrastre el encastado segundo y el tercero, premiado con la vuelta el enclasado quinto.
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Emiliano Osornio,
de corinto y azabache. Estocada contraria, trasera y atravesada y dos descabellos (silencio). Estocada corta (silencio). Estocada corta atravesada y contraria (silencio). -
Jorge Hurtado,
de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada caía (saludos). Tres pinchazos y estocada baja (vuelta). -
Manuel Quintana,
de blanco y plata. Tres pinchazos y estocada perpendicular (saludos). Herido.
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Con una larga cambiada recibió Osornio a Afrancesado, antes de pegarle unas profundas verónicas, que intentó rematar con una larga, pero se le quedó el animal debajo, y pegándole un golpe en la cadera. Se echaba la mano a los riñones el chaval, mientras Hurtado se interesaba por su estado, antes de quitar por delantales. Y replicó el matador con unas verónica extraordinarias. Una por el izquierdo fue… Bueno, que la sigue dando por ahí. Y estará varios días seguramente. Pero poco más duró el animalito, soso como él solo, costándole embestir. Muy por encima estuvo el novillero, con naturales ya de matador de toros cuajado, echando la clase que le faltaba al novillo, que correspondía a un herido Quintana, y sacándole a regañadientes lo que no tenía el mayalde.
Mientras el cordobés vio la cruz, y Osornio el peor lote, los mejores le correspondieron a Hurtado, porque el segundo de la tarde no tenía una fuerza excesiva, pero sí casta para querer tomar los engaños por abajo. El extremeño brindó a Francisco Montero, y aquello no terminó de romper, pues el chaval estuvo algo aceleradillo, y en cuanto el utrero tocaba la muleta, se descomponía una barbaridad. No hubo unión entre los protagonistas -y tampoco entró la espada-, yéndose el animal con una sonora ovación en el arrastre. Pero la buena versión de Jorge vino después. Y a pie salieron los espadas -porque Manuel también se fue en su furgoneta tras la operación, con una venda, pero como si nada-, pero lo que ocurrió en la plaza había tenido más importancia. También gracias a la buena novillada de Conde de Mayalde.
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