La revelación llegó por casualidad hace un par de meses; estábamos en una terraza de la plaza cuando vimos salir de la iglesia a Armando, un viejo compañero del instituto.«¡Pero bueno, ¿qué haces por el pueblo?», le preguntamos. Llevábamos años sin verle el pelo. Venía por un entierro. Bodas y funerales, los únicos motivos para ver a un forastero fuera de Navidad, Semana Santa o fiestas de verano.El difunto era un tío abuelo suyo al que ninguno conocíamos de nombre, hasta que alguien le preguntó si aquel hombre había sido el conserje del instituto. Efectivamente, era él.Aquella noche, en el grupo de Facebook del pueblo, estaban mencionando precisamente lo del sepelio cuando alguien compartió un enlace de una página que nunca había visto . Secrepedia.Juan José Irazábal Uranga, así se llamaba el conserje, tenía dedicada una entrada donde aparecían algunos datos biográficos suyos, escuetos y sin relación entre ellos. Había sido el conserje del instituto entre 1985 y 1998. Su padre trabajó en el servicio de parques y jardines. Frecuentaba El Rincón, donde siempre pedía cerveza rebajada con limón. La página había sido actualizada aquel mismo día para añadir dos detalles, la fecha de su muerte y que le sobrevivía una hermana —la abuela de Armando— y algunos familiares de segundo y tercer grado.Husmeando por la Secrepedia, descubrí también la página dedicada a mi padre. No mencionaba su apellido, pero tenía que ser él: era el único Eustaquio del pueblo. Los únicos datos que incluía era que una vez abolló una motocicleta mientras estacionaba marcha atrás delante del ayuntamiento, que entrenó un tiempo al equipo de fútbol del pueblo y que su hermano mayor —mi tío José Pablo— fue policía municipal.Me costó entenderlo. Aquello era una especie de enciclopedia de gente común de Aldeanueva de Ebro , recopilada por algunos vecinos del pueblo en base a las anécdotas que cada cual iba recabando o tenía a bien compartir.La selección era absolutamente caprichosa, guiada únicamente por fogonazos de memoria. Las páginas de los alcaldes, por ejemplo, apenas decían nada de su gestión, sólo trivialidades. Por ejemplo, de José Luis García, en sus dos legislaturas al frente del consistorio, solo figura que se bañó vestido en la fuente de la plaza la noche que el Madrid ganó la séptima Copa de Europa. La memoria popular de sus decisiones políticas era inexistente; parecía limitarse a enumerar chafardeos en inauguraciones o festejos.La página con más contribuciones del pueblo era, de lejos, la de Andrea, la florista viuda.La arquitectura y el diseño de la página estaba indudablemente inspirada en la Wikipedia, aunque más que un simple plagio parecía como si la Wikipedia y la Secrepedia compartieran un ancestro común.Tirando del hilo en la página de editores, podía comprobarse cómo todos los que contribuían habían abandonado el proyecto americano para involucrarse totalmente en esta versión localmente obsesiva de documentar a la gente común de Aldeanueva de Ebro. El pueblo tenía oficialmente 2.753 habitantes censados; la Secrepedia rondaba las 600 páginas de individuos, presentes o pasados.Todo parece retrotraerse a la actividad pionera de un grupo de editores, de entre los cuales un tal pierrot16 parecía especialmente promiscuo en la redacción de las primeras páginas de la Secrepedia. El apodo aparece también como editor de muchas páginas de Wikipedia en su primera época, e incluso de la Nupedia, aquel intento frustrado de Jimmy Wales de construir una enciclopedia más culta y revisada por pares. No funcionó, porque lo que el proyecto que acabó llamándose Wikipedia demandaba no era un puñado de expertos sentando cátedra sobre un asunto o personaje, sino un millón de amateurs construyendo un boceto en tiempo real, añadiendo y rectificando, corrigiendo y siendo corregidos. La revelación llegó por casualidad hace un par de meses; estábamos en una terraza de la plaza cuando vimos salir de la iglesia a Armando, un viejo compañero del instituto.«¡Pero bueno, ¿qué haces por el pueblo?», le preguntamos. Llevábamos años sin verle el pelo. Venía por un entierro. Bodas y funerales, los únicos motivos para ver a un forastero fuera de Navidad, Semana Santa o fiestas de verano.El difunto era un tío abuelo suyo al que ninguno conocíamos de nombre, hasta que alguien le preguntó si aquel hombre había sido el conserje del instituto. Efectivamente, era él.Aquella noche, en el grupo de Facebook del pueblo, estaban mencionando precisamente lo del sepelio cuando alguien compartió un enlace de una página que nunca había visto . Secrepedia.Juan José Irazábal Uranga, así se llamaba el conserje, tenía dedicada una entrada donde aparecían algunos datos biográficos suyos, escuetos y sin relación entre ellos. Había sido el conserje del instituto entre 1985 y 1998. Su padre trabajó en el servicio de parques y jardines. Frecuentaba El Rincón, donde siempre pedía cerveza rebajada con limón. La página había sido actualizada aquel mismo día para añadir dos detalles, la fecha de su muerte y que le sobrevivía una hermana —la abuela de Armando— y algunos familiares de segundo y tercer grado.Husmeando por la Secrepedia, descubrí también la página dedicada a mi padre. No mencionaba su apellido, pero tenía que ser él: era el único Eustaquio del pueblo. Los únicos datos que incluía era que una vez abolló una motocicleta mientras estacionaba marcha atrás delante del ayuntamiento, que entrenó un tiempo al equipo de fútbol del pueblo y que su hermano mayor —mi tío José Pablo— fue policía municipal.Me costó entenderlo. Aquello era una especie de enciclopedia de gente común de Aldeanueva de Ebro , recopilada por algunos vecinos del pueblo en base a las anécdotas que cada cual iba recabando o tenía a bien compartir.La selección era absolutamente caprichosa, guiada únicamente por fogonazos de memoria. Las páginas de los alcaldes, por ejemplo, apenas decían nada de su gestión, sólo trivialidades. Por ejemplo, de José Luis García, en sus dos legislaturas al frente del consistorio, solo figura que se bañó vestido en la fuente de la plaza la noche que el Madrid ganó la séptima Copa de Europa. La memoria popular de sus decisiones políticas era inexistente; parecía limitarse a enumerar chafardeos en inauguraciones o festejos.La página con más contribuciones del pueblo era, de lejos, la de Andrea, la florista viuda.La arquitectura y el diseño de la página estaba indudablemente inspirada en la Wikipedia, aunque más que un simple plagio parecía como si la Wikipedia y la Secrepedia compartieran un ancestro común.Tirando del hilo en la página de editores, podía comprobarse cómo todos los que contribuían habían abandonado el proyecto americano para involucrarse totalmente en esta versión localmente obsesiva de documentar a la gente común de Aldeanueva de Ebro. El pueblo tenía oficialmente 2.753 habitantes censados; la Secrepedia rondaba las 600 páginas de individuos, presentes o pasados.Todo parece retrotraerse a la actividad pionera de un grupo de editores, de entre los cuales un tal pierrot16 parecía especialmente promiscuo en la redacción de las primeras páginas de la Secrepedia. El apodo aparece también como editor de muchas páginas de Wikipedia en su primera época, e incluso de la Nupedia, aquel intento frustrado de Jimmy Wales de construir una enciclopedia más culta y revisada por pares. No funcionó, porque lo que el proyecto que acabó llamándose Wikipedia demandaba no era un puñado de expertos sentando cátedra sobre un asunto o personaje, sino un millón de amateurs construyendo un boceto en tiempo real, añadiendo y rectificando, corrigiendo y siendo corregidos.
La revelación llegó por casualidad hace un par de meses; estábamos en una terraza de la plaza cuando vimos salir de la iglesia a Armando, un viejo compañero del instituto.
«¡Pero bueno, ¿qué haces por el pueblo?», le preguntamos. Llevábamos años sin verle el … pelo. Venía por un entierro. Bodas y funerales, los únicos motivos para ver a un forastero fuera de Navidad, Semana Santa o fiestas de verano.
El difunto era un tío abuelo suyo al que ninguno conocíamos de nombre, hasta que alguien le preguntó si aquel hombre había sido el conserje del instituto. Efectivamente, era él.
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Aquella noche, en el grupo de Facebook del pueblo, estaban mencionando precisamente lo del sepelio cuando alguien compartió un enlace de una página que nunca había visto. Secrepedia.
Juan José Irazábal Uranga, así se llamaba el conserje, tenía dedicada una entrada donde aparecían algunos datos biográficos suyos, escuetos y sin relación entre ellos. Había sido el conserje del instituto entre 1985 y 1998. Su padre trabajó en el servicio de parques y jardines. Frecuentaba El Rincón, donde siempre pedía cerveza rebajada con limón. La página había sido actualizada aquel mismo día para añadir dos detalles, la fecha de su muerte y que le sobrevivía una hermana —la abuela de Armando— y algunos familiares de segundo y tercer grado.
Husmeando por la Secrepedia, descubrí también la página dedicada a mi padre. No mencionaba su apellido, pero tenía que ser él: era el único Eustaquio del pueblo. Los únicos datos que incluía era que una vez abolló una motocicleta mientras estacionaba marcha atrás delante del ayuntamiento, que entrenó un tiempo al equipo de fútbol del pueblo y que su hermano mayor —mi tío José Pablo— fue policía municipal.
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Me costó entenderlo. Aquello era una especie de enciclopedia de gente común de Aldeanueva de Ebro, recopilada por algunos vecinos del pueblo en base a las anécdotas que cada cual iba recabando o tenía a bien compartir.
La selección era absolutamente caprichosa, guiada únicamente por fogonazos de memoria. Las páginas de los alcaldes, por ejemplo, apenas decían nada de su gestión, sólo trivialidades. Por ejemplo, de José Luis García, en sus dos legislaturas al frente del consistorio, solo figura que se bañó vestido en la fuente de la plaza la noche que el Madrid ganó la séptima Copa de Europa. La memoria popular de sus decisiones políticas era inexistente; parecía limitarse a enumerar chafardeos en inauguraciones o festejos.
La página con más contribuciones del pueblo era, de lejos, la de Andrea, la florista viuda.
La arquitectura y el diseño de la página estaba indudablemente inspirada en la Wikipedia, aunque más que un simple plagio parecía como si la Wikipedia y la Secrepedia compartieran un ancestro común.
Tirando del hilo en la página de editores, podía comprobarse cómo todos los que contribuían habían abandonado el proyecto americano para involucrarse totalmente en esta versión localmente obsesiva de documentar a la gente común de Aldeanueva de Ebro. El pueblo tenía oficialmente 2.753 habitantes censados; la Secrepedia rondaba las 600 páginas de individuos, presentes o pasados.
Todo parece retrotraerse a la actividad pionera de un grupo de editores, de entre los cuales un tal pierrot16 parecía especialmente promiscuo en la redacción de las primeras páginas de la Secrepedia. El apodo aparece también como editor de muchas páginas de Wikipedia en su primera época, e incluso de la Nupedia, aquel intento frustrado de Jimmy Wales de construir una enciclopedia más culta y revisada por pares. No funcionó, porque lo que el proyecto que acabó llamándose Wikipedia demandaba no era un puñado de expertos sentando cátedra sobre un asunto o personaje, sino un millón de amateurs construyendo un boceto en tiempo real, añadiendo y rectificando, corrigiendo y siendo corregidos.
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