Cuando Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo son encerrados en 1575 en Argel por los corsarios berberiscos, poco se podía esperar de su futuro. Sin embargo, su madre, Doña Leonor de Cortinas, no permitirá que sus hijos se pierdan para siempre en aquellas mazmorras. Buscará desesperada fondos con los que liberarlos. Sus hijas, las hermanas del autor de ‘El Quijote’, incluso cederán sus dotes, destinadas en principio a lograr un buen matrimonio, y acabarán por quedar solteras. En 1577, consiguen la liberación de Rodrigo y tres años después la de Miguel. Sin embargo, la historia escrita por los cervantistas entre los siglo XVII y XIX dieron una imagen rocambolesca de las mujeres de la familia hasta el punto de considerarlas prostitutas encubiertas. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que la historia desdibuje hasta tal punto el papel de estas mujeres? ¿Quiénes eran en realidad? Detrás de estas preguntas está la génesis de ‘Las Cervantas. Leyenda negra y verdad de las mujeres de la familia Cervantes’ (Crítica) , el nuevo ensayo de Isabel Castro Latorre. La autora empezó a indagar en la familia cervantina hace unos doce años. En su investigación, se topó en la Real Academia Española con un texto de 1605, ‘Aberiguaciones hechas por mandado del Sr. Alcalde Xpual de Villarroel sobre heridas que se dieron a D. Gaspar de Ezpeleta, Cavallero del Avito de Santiago’, en el que se daba cuenta del asesinato del hidalgo Ezpeleta. A partir de allí se le abrió un oscuro mundo que valía la pena esclarecer . «De las declaraciones de los testigos se entresacan los primeros datos familiares: Cervantes tiene una hija bastarda y dos hermanas con apellidos distintos, que a los cervantistas les hace suponer que son de padres diferentes. Además, una vecina beata y chismosa, Isabel de Ayala, declara que no son mujeres muy ejemplares por ‘las muchas conversaciones y libertad con las que viven’ y que en la casa entran y salen hombres de noche y de día», afirma Castro Latorre. Esta única fuente, centrada en el testimonio cuestionable de una vecina, fue la génesis de la leyenda negra de unas mujeres que a partir de entonces fueron llamadas despectivamente las Cervantas . La investigación de Castro Latorre ha indagado en múltiples fuentes documentales para esclarecer mejor quienes eran estas mujeres. «Hoy sabemos que Cervantes, además de escritor, ejercía de agente de negocios en su casa para incrementar los parcos ingresos de la escritura y esto es lo que hacía que muchos hombres entraran en su domicilio. Sin embargo, este modelo de familia chocaba con los valores morales y la ideología de los primeros biógrafos de Cervantes de los siglos XVIII y XIX. Ante este dilema moral, optan por excluirlas o ningunearlas de la vida de Cervantes», asegura la autora.¿Cuáles eran las mujeres de la vida de Cervantes? Primero de todo, su madre, por supuesto, Doña Leonor de Cortinas , «una mujer excepcional y determinante en la vida del escritor. De buena familia, cristiana y bien educada, enseñó a sus hijas a leer y a escribir, también a coser y bordar. Fue una madre coraje que vestía con toca de viuda sin serlo. El padre de Cervantes, cirujano sin título universitario, fue un enmadrado que, debido a su sordera progresiva, necesitó de las mujeres de la familia para auxiliarlo en su oficio y salir al frente de deudas y embargos», cuenta Castro Latorre.«Resulta revelador que Cervantes escribiera y publicara casi toda su obra cuando convivía con las mujeres de su familia» Isabel Castro LatorreDespués nos encontramos a sus hermanas, Andrea, Luisa (monja que convivirá con Santa Teresa de Jesús y acabará como priora) y Magdalena, que asumirá la tutela de Isabel, la hija ilegítima de Cervantes. «Las Cervantes sustentaron económicamente la casa familiar. Además, fueron emprendedoras. La hermana mayor instaló un taller de costura de ropa blanca para aristócratas en una céntrica calle de Madrid, y cobraba el doble que otras costureras. Treinta años más tarde, cuando la Corte se traslada a Valladolid, siguen a su clientela cortesana. En 1603, perciben de los marqueses de Villafranca, por diversos trabajos de costura y bordado, la cantidad de 2.558 reales, el doble de lo que Cervantes percibiría poco después por los derechos del Quijote y siete años más tarde por las ‘Novelas Ejemplares’», confirma Castro Latorre. Su hermana Andrea, su sobrina Costanza de Ovando y su tía paterna María de Cervantes, que quedó embarazada del duque del Infantado, tuvieron que pleitear por abandono de la promesa de matrimonio. «Era la manera de defender su honra, el honor familiar y el modo que tenía la sociedad para pertrecharse contra los burladores. Cierta tradición cervantina las tilda de familia ‘buscona y oscura’ y a sus hermanas, hija y sobrina, de ‘prostitutas encubiertas’ y una carga para el escritor. Sin embargo, en testamentos, inventarios, dotes y pleitos, emergen unas mujeres cultas, fuertes e independientes, que fueron excluidas de la biografía de Cervantes porque no encajaban moralmente en el mito nacional del Cervantes pobre y ejemplar», insiste Castro LaTorre.El mito del Cervantes pobreLos cervantistas, por tanto, se encargaron de ensalzar la imagen del Cervantes aventurero, valiente y pobre , y para sustentar este relato tuvieron que desacreditar la influencia de las mujeres en su vida. «En casi todas las biografías de Cervantes hay dos hechos recurrentes: Cervantes fue muy pobre y sufrió a su familia con paciencia. Falso. Ni fue una familia depauperada ni marginal, ni las Cervantas esas seductoras ociosas que retrata la leyenda negra», insiste rotunda la autora de ‘Las Cervantas’.Después de analizar la documentación existente, la autora llega a la conclusión de que su papel fue fundamental en el bienestar del autor de ‘El Quijote’. «Siempre apoyaron a sus hombres y mantuvieron a la familia unida . Resulta revelador que Cervantes escribiera y publicara casi toda su obra cuando convivía con las mujeres de su familia, por tanto, no resultarían tan molestas como algunos autores afirman. En los documentos encontramos a las mujeres Cervantes administrando bienes, arrendamientos de viviendas, empeñando joyas y telas, prestando dinero y exportando mercancías al extranjero, incluso tutelando a menores en ausencia de sus hombres, actividades todas que las autoridades no hubieran permitido a unas busconas», concluye Castro Latorre. Cuando Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo son encerrados en 1575 en Argel por los corsarios berberiscos, poco se podía esperar de su futuro. Sin embargo, su madre, Doña Leonor de Cortinas, no permitirá que sus hijos se pierdan para siempre en aquellas mazmorras. Buscará desesperada fondos con los que liberarlos. Sus hijas, las hermanas del autor de ‘El Quijote’, incluso cederán sus dotes, destinadas en principio a lograr un buen matrimonio, y acabarán por quedar solteras. En 1577, consiguen la liberación de Rodrigo y tres años después la de Miguel. Sin embargo, la historia escrita por los cervantistas entre los siglo XVII y XIX dieron una imagen rocambolesca de las mujeres de la familia hasta el punto de considerarlas prostitutas encubiertas. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que la historia desdibuje hasta tal punto el papel de estas mujeres? ¿Quiénes eran en realidad? Detrás de estas preguntas está la génesis de ‘Las Cervantas. Leyenda negra y verdad de las mujeres de la familia Cervantes’ (Crítica) , el nuevo ensayo de Isabel Castro Latorre. La autora empezó a indagar en la familia cervantina hace unos doce años. En su investigación, se topó en la Real Academia Española con un texto de 1605, ‘Aberiguaciones hechas por mandado del Sr. Alcalde Xpual de Villarroel sobre heridas que se dieron a D. Gaspar de Ezpeleta, Cavallero del Avito de Santiago’, en el que se daba cuenta del asesinato del hidalgo Ezpeleta. A partir de allí se le abrió un oscuro mundo que valía la pena esclarecer . «De las declaraciones de los testigos se entresacan los primeros datos familiares: Cervantes tiene una hija bastarda y dos hermanas con apellidos distintos, que a los cervantistas les hace suponer que son de padres diferentes. Además, una vecina beata y chismosa, Isabel de Ayala, declara que no son mujeres muy ejemplares por ‘las muchas conversaciones y libertad con las que viven’ y que en la casa entran y salen hombres de noche y de día», afirma Castro Latorre. Esta única fuente, centrada en el testimonio cuestionable de una vecina, fue la génesis de la leyenda negra de unas mujeres que a partir de entonces fueron llamadas despectivamente las Cervantas . La investigación de Castro Latorre ha indagado en múltiples fuentes documentales para esclarecer mejor quienes eran estas mujeres. «Hoy sabemos que Cervantes, además de escritor, ejercía de agente de negocios en su casa para incrementar los parcos ingresos de la escritura y esto es lo que hacía que muchos hombres entraran en su domicilio. Sin embargo, este modelo de familia chocaba con los valores morales y la ideología de los primeros biógrafos de Cervantes de los siglos XVIII y XIX. Ante este dilema moral, optan por excluirlas o ningunearlas de la vida de Cervantes», asegura la autora.¿Cuáles eran las mujeres de la vida de Cervantes? Primero de todo, su madre, por supuesto, Doña Leonor de Cortinas , «una mujer excepcional y determinante en la vida del escritor. De buena familia, cristiana y bien educada, enseñó a sus hijas a leer y a escribir, también a coser y bordar. Fue una madre coraje que vestía con toca de viuda sin serlo. El padre de Cervantes, cirujano sin título universitario, fue un enmadrado que, debido a su sordera progresiva, necesitó de las mujeres de la familia para auxiliarlo en su oficio y salir al frente de deudas y embargos», cuenta Castro Latorre.«Resulta revelador que Cervantes escribiera y publicara casi toda su obra cuando convivía con las mujeres de su familia» Isabel Castro LatorreDespués nos encontramos a sus hermanas, Andrea, Luisa (monja que convivirá con Santa Teresa de Jesús y acabará como priora) y Magdalena, que asumirá la tutela de Isabel, la hija ilegítima de Cervantes. «Las Cervantes sustentaron económicamente la casa familiar. Además, fueron emprendedoras. La hermana mayor instaló un taller de costura de ropa blanca para aristócratas en una céntrica calle de Madrid, y cobraba el doble que otras costureras. Treinta años más tarde, cuando la Corte se traslada a Valladolid, siguen a su clientela cortesana. En 1603, perciben de los marqueses de Villafranca, por diversos trabajos de costura y bordado, la cantidad de 2.558 reales, el doble de lo que Cervantes percibiría poco después por los derechos del Quijote y siete años más tarde por las ‘Novelas Ejemplares’», confirma Castro Latorre. Su hermana Andrea, su sobrina Costanza de Ovando y su tía paterna María de Cervantes, que quedó embarazada del duque del Infantado, tuvieron que pleitear por abandono de la promesa de matrimonio. «Era la manera de defender su honra, el honor familiar y el modo que tenía la sociedad para pertrecharse contra los burladores. Cierta tradición cervantina las tilda de familia ‘buscona y oscura’ y a sus hermanas, hija y sobrina, de ‘prostitutas encubiertas’ y una carga para el escritor. Sin embargo, en testamentos, inventarios, dotes y pleitos, emergen unas mujeres cultas, fuertes e independientes, que fueron excluidas de la biografía de Cervantes porque no encajaban moralmente en el mito nacional del Cervantes pobre y ejemplar», insiste Castro LaTorre.El mito del Cervantes pobreLos cervantistas, por tanto, se encargaron de ensalzar la imagen del Cervantes aventurero, valiente y pobre , y para sustentar este relato tuvieron que desacreditar la influencia de las mujeres en su vida. «En casi todas las biografías de Cervantes hay dos hechos recurrentes: Cervantes fue muy pobre y sufrió a su familia con paciencia. Falso. Ni fue una familia depauperada ni marginal, ni las Cervantas esas seductoras ociosas que retrata la leyenda negra», insiste rotunda la autora de ‘Las Cervantas’.Después de analizar la documentación existente, la autora llega a la conclusión de que su papel fue fundamental en el bienestar del autor de ‘El Quijote’. «Siempre apoyaron a sus hombres y mantuvieron a la familia unida . Resulta revelador que Cervantes escribiera y publicara casi toda su obra cuando convivía con las mujeres de su familia, por tanto, no resultarían tan molestas como algunos autores afirman. En los documentos encontramos a las mujeres Cervantes administrando bienes, arrendamientos de viviendas, empeñando joyas y telas, prestando dinero y exportando mercancías al extranjero, incluso tutelando a menores en ausencia de sus hombres, actividades todas que las autoridades no hubieran permitido a unas busconas», concluye Castro Latorre.
Cuando Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo son encerrados en 1575 en Argel por los corsarios berberiscos, poco se podía esperar de su futuro. Sin embargo, su madre, Doña Leonor de Cortinas, no permitirá que sus hijos se pierdan para siempre en aquellas … mazmorras. Buscará desesperada fondos con los que liberarlos. Sus hijas, las hermanas del autor de ‘El Quijote’, incluso cederán sus dotes, destinadas en principio a lograr un buen matrimonio, y acabarán por quedar solteras.
En 1577, consiguen la liberación de Rodrigo y tres años después la de Miguel. Sin embargo, la historia escrita por los cervantistas entre los siglo XVII y XIX dieron una imagen rocambolesca de las mujeres de la familia hasta el punto de considerarlas prostitutas encubiertas. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que la historia desdibuje hasta tal punto el papel de estas mujeres? ¿Quiénes eran en realidad? Detrás de estas preguntas está la génesis de «Las Cervantas. Leyenda negra y verdad de las mujeres de la familia Cervantes» (Crítica), el nuevo ensayo de Isabel Castro Latorre.
La autora empezó a indagar en la familia cervantina hace unos doce años. En su investigación, se topó en la Real Academia Española con un texto de 1605, ‘Aberiguaciones hechas por mandado del Sr. Alcalde Xpual de Villarroel sobre heridas que se dieron a D. Gaspar de Ezpeleta, Cavallero del Avito de Santiago’, en el que se daba cuenta del asesinato del hidalgo Ezpeleta. A partir de allí se le abrió un oscuro mundo que valía la pena esclarecer . «De las declaraciones de los testigos se entresacan los primeros datos familiares: Cervantes tiene una hija bastarda y dos hermanas con apellidos distintos, que a los cervantistas les hace suponer que son de padres diferentes. Además, una vecina beata y chismosa, Isabel de Ayala, declara que no son mujeres muy ejemplares por ‘las muchas conversaciones y libertad con las que viven’ y que en la casa entran y salen hombres de noche y de día», afirma Castro Latorre.
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Esta única fuente, centrada en el testimonio cuestionable de una vecina, fue la génesis de la leyenda negra de unas mujeres que a partir de entonces fueron llamadas despectivamente las Cervantas. La investigación de Castro Latorre ha indagado en múltiples fuentes documentales para esclarecer mejor quienes eran estas mujeres. «Hoy sabemos que Cervantes, además de escritor, ejercía de agente de negocios en su casa para incrementar los parcos ingresos de la escritura y esto es lo que hacía que muchos hombres entraran en su domicilio. Sin embargo, este modelo de familia chocaba con los valores morales y la ideología de los primeros biógrafos de Cervantes de los siglos XVIII y XIX. Ante este dilema moral, optan por excluirlas o ningunearlas de la vida de Cervantes», asegura la autora.
¿Cuáles eran las mujeres de la vida de Cervantes? Primero de todo, su madre, por supuesto, Doña Leonor de Cortinas, «una mujer excepcional y determinante en la vida del escritor. De buena familia, cristiana y bien educada, enseñó a sus hijas a leer y a escribir, también a coser y bordar. Fue una madre coraje que vestía con toca de viuda sin serlo. El padre de Cervantes, cirujano sin título universitario, fue un enmadrado que, debido a su sordera progresiva, necesitó de las mujeres de la familia para auxiliarlo en su oficio y salir al frente de deudas y embargos», cuenta Castro Latorre.
«Resulta revelador que Cervantes escribiera y publicara casi toda su obra cuando convivía con las mujeres de su familia»
Isabel Castro Latorre
Después nos encontramos a sus hermanas, Andrea, Luisa, monja que convivirá con Santa Teresa de Jesús y acabará como priora, y Magdalena, que asumirá la tutela de Isabel, la hija ilegítima de Cervantes. «Las Cervantes sustentaron económicamente la casa familiar. Además, fueron emprendedoras. La hermana mayor instaló un taller de costura de ropa blanca para aristócratas en una céntrica calle de Madrid, y cobraba el doble que otras costureras. Treinta años más tarde, cuando la Corte se traslada a Valladolid, siguen a su clientela cortesana. En 1603, perciben de los marqueses de Villafranca, por diversos trabajos de costura y bordado, la cantidad de 2.558 reales, el doble de lo que Cervantes percibiría poco después por los derechos del Quijote y siete años más tarde por las Novelas Ejemplares», confirma Castro Latorre.
Su hermana Andrea, su sobrina Costanza de Ovando y su tía paterna María de Cervantes, que quedó embarazada del duque del Infantado, tuvieron que pleitear por abandono de la promesa de matrimonio. «Era la manera de defender su honra, el honor familiar y el modo que tenía la sociedad para pertrecharse contra los burladores. Cierta tradición cervantina las tilda de familia ‘buscona y oscura’ y a sus hermanas, hija y sobrina, de ‘prostitutas encubiertas’ y una carga para el escritor. Sin embargo, en testamentos, inventarios, dotes y pleitos, emergen unas mujeres cultas, fuertes e independientes, que fueron excluidas de la biografía de Cervantes porque no encajaban moralmente en el mito nacional del Cervantes pobre y ejemplar», insiste Castro LaTorre.
El mito del Cervantes pobre
Los cervantistas, por tanto, se encargaron de ensalzar la imagen del Cervantes aventurero, valiente y pobre, y para sustentar este relato tuvieron que desacreditar la influencia de las mujeres en su vida. «En casi todas las biografías de Cervantes hay dos hechos recurrentes: Cervantes fue muy pobre y sufrió a su familia con paciencia. Falso. Ni fue una familia depauperada ni marginal, ni las Cervantas esas seductoras ociosas que retrata la leyenda negra», insiste rotunda la autora de ‘Las Cervantas’.
Después de analizar la documentación existente, la autora llega a la conclusión de que su papel fue fundamental en el bienestar del autor de ‘El Quijote’. «Siempre apoyaron a sus hombres y mantuvieron a la familia unida. Resulta revelador que Cervantes escribiera y publicara casi toda su obra cuando convivía con las mujeres de su familia, por tanto, no resultarían tan molestas como algunos autores afirman. En los documentos encontramos a las mujeres Cervantes administrando bienes, arrendamientos de viviendas, empeñando joyas y telas, prestando dinero y exportando mercancías al extranjero, incluso tutelando a menores en ausencia de sus hombres, actividades todas que las autoridades no hubieran permitido a unas busconas», concluye Castro Latorre.
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