Pocos nombres en la Historia del Arte han sido tan vilipendiados como Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) . Y pocas veces las críticas han sido tan feroces y despiadadas con un artista. «Ese chico no tiene ningún talento», decía Manet. Para su colega Mary Cassatt, «sus cuadros de mujeres pelirrojas con cabezas diminutas son lo más horrible que se puede imaginar». «Son Pomonas neumáticas», advertía María de Heredia sobre las mujeres de sus lienzos. Según sus críticos, pasó de pintar parisinas desvestidas a mujeres que nunca conocieron la ropa. Entre los ‘haters’ que inundan las redes sociales con sus manifestaciones de odio, el artista Max Geller, que en 2015 creó un grupo de protesta llamado ‘Renoir Sucks at Painting’ (Renoir apesta como pintor) , instando a varios museos norteamericanos a que retiraran los cuadros del artista de sus salas. La campaña se hizo viral e incluso hubo una manifestación ante el Museo de Bellas Artes de Boston.Los principales dardos contra el artista apuntan, en realidad, a las obras de su última etapa, pintadas por el viejo voyeur hedonista , aquejado de artritis reumatoide. Unos lienzos protagonizados por mujeres desnudas, carnales, voluptuosas, rubensianas, de aspecto algodonoso, que juegan con sus largas melenas, pintadas para el mero placer de la mirada masculina. La Historia del Arte feminista ha presentado una visión descarnada del pintor francés como un misógino. ¿Hay que cancelar a Renoir? Tres señeros museos internacionales tienen claro que no.Dos escenas de baile pintadas por Renoir. Museo d’Orsay de París y Museo de Bellas Artes de Boston. Efe«Nuestra colaboración con el Musée d’Orsay de París y el Museum of Fine Arts de Boston nos permite traer lo mejor de Renoir al Reino Unido en una de las exposiciones más importantes sobre su obra en décadas», afirma Gabriele Finaldi , director de la National Gallery de Londres, un día después de que la ministra de Cultura británica, Lisa Nandy, confirmara que los museos nacionales del Reino Unido seguirán siendo gratuitos, incluidos para los turistas extranjeros. Explica Finaldi que en esta muestra «está lo mejor de su obra, de una gran calidad pictórica. Aborda temas que no le interesaban a otros pintores de vanguardia: la sociabilidad, las escenas del nuevo París…» ¿A qué se debe, entonces, su mala fama? Reconoce que « cierta pintura de Renoir es empalagosa, casi una caricatura del impresionismo . Algunos pintan demasiado… Pero sus pinturas de esta primera etapa tienen mucha carga de originalidad, mucha fuerza. La segunda parte de su carrera es, para mí, menos atractiva». Finaldi no está de acuerdo en absoluto con que sea un mal pintor: «No lo es. Tiene mucha habilidad, mucha técnica, mucha ambición. Pinta la luz, el movimiento, el ruido de la ciudad…» «Creemos conocerlo porque podemos encontrarlo en la sala de espera del dentista o en casa de nuestra abuela , y verlo reproducido por todas partes. Pero, en realidad, su calidad pictórica es absolutamente impresionante. Y por eso queríamos contar con los mejores préstamos posibles», explica una de las comisarias de la exposición. Algo similar le ocurrió a Murillo, cuya popularidad (sus San Juanitos estaban en los almanaques de todas las casas de España) jugó en su contra. Ambos cargaron con ese sambenito.’Renoir y el amor’ es la primera exposición de este museo centrada en el artista desde 2007. Ya se vio en París de marzo a julio de este año y, tras su paso por Londres, viajará a Boston. Con permiso del ‘Tapiz de Bayeux’, que luce en el British Museum, otra estrella del otoño en la capital británica es una de las pinturas más célebres de Renoir, ‘El baile en el Moulin de la Galette’ (1876) , préstamo excepcional del Museo d’Orsay, que se exhibe en el Reino Unido por primera vez. De esta ‘guinguette’ (merendero y sala de baile al aire libre) de Montmartre pintó dos versiones hace 150 años, en las que domina una paleta de azules. Aparte de esta versión, que perteneció al pintor Gustave Caillebotte (legó el cuadro al Estado francés en 1894), hizo otra el mismo año, vendida en 2009 en Sotheby’s de Nueva York por 78,1 millones de dólares . Sigue siendo hoy su cotización más alta en subasta.’Un palco en el teatro’, de Renoir, Clark Art Institute, Williamstown. EfeLa inquina de Geller con Renoir contrasta con el fervor de sus fieles seguidores, que son legiones. La muestra de la National Gallery ha batido récord de taquilla en la preventa . Se han vendido ya 32.000 entradas previas a la inauguración, superando a la muestra ‘Van Gogh: Poetas y amantes’, que actualmente es la exposición más vista del museo londinense, con 334.589 visitantes. El impresionista francés, además de adorado por el público, lo es también por los coleccionistas (una de sus pinturas, ‘Joven en la barca’, saldrá a subasta en noviembre en Sotheby’s de Nueva York con un precio estimado de entre 25 y 35 millones de dólares) y, desgraciadamente, también es adorado por los ladrones de arte. Es de suponer que sus obras tienen una buena salida en el mercado negro del arte. En marzo de este año fueron robadas varias obras en la villa de la Fundación Magnani Rocca de Parma. Entre ellas, ‘Los peces’, de Renoir, valorada en unos 3 millones de euros. La Policía italiana las recuperó en agosto. Y este mes sustrajeron dos cuadros del Museo Renoir, en Cagnes-sur-Mer , en la Costa Azul. Siguen en paradero desconocido. Tres obras de Renoir. Arriba, ‘La señora Monet y su hijo’ (1874). Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘En el Milliner’s’ (1878). Detalle. A la derecha, ‘Las hijas de Paul Durand-Ruel, Marie-Thérèse y Jeanne’ (1882). National Gallery, Washington/Harvard Arts Museums-Fogg Museum/Chrysler Museum of ArtFigura clave del impresionismo , sigue la estela de las fiestas galantes de la pintura francesa del Rococó: Fragonard, Watteau, Boucher… Esta exposición se centra en dos décadas de su producción, de 1860 a 1880 , años decisivos en su trayectoria. Aborda como tema central el amor romántico y el afecto, la familia, los amigos, el cortejo, los juegos de seducción… El joven Renoir evita las sombras y explora en sus pinturas los escenarios donde se socializaba en la época: los jardines, los cafés, restaurantes (como el Fournaise), teatros y bulevares de París, los bailes y verbenas, la vida callejera, las orillas del Sena… Creía Renoir que la pintura debía ser agradable, alegre y bonita . Es el pintor de la felicidad . Era consciente de que esa alegría, esa celebración de la vida que destilaban sus obras, le perjudicaba ante la crítica, que la consideraba banal: «Sé muy bien que es difícil convencer a la gente de que una pintura puede ser verdaderamente grandiosa sin dejar de transmitir felicidad», decía el pintor. «Ya hay suficientes cosas desagradables en la vida como para crear más».’Los paraguas’, obra maestra de Renoir, procede de la colección de la National Gallery de Londres. EfeSe le echaba en cara no abordar en sus trabajos la cara más amarga de la sociedad de entonces (la miseria, el dolor, la prostitución, la explotación laboral, el sufrimiento humano…), sino mostrar una cara edulcorada de la misma. Tampoco aparecen en sus pinturas las pasiones tormentosas, el erotismo explícito, ni siquiera el activismo político. Se le menospreciaba por su conservadurismo social y su aparente falta de complejidad y profundidad. Sin recurrir a anécdotas, dramatismos ni sentimentalismos, Renoir presenta una visión jubilosa y desenfadada del amor moderno en el París del siglo XIX. Jean Renoir, hijo del pintor y director de cine, creía que era una máscara tras la que su padre se protegía por su carácter reservado.Tres obras de Renoir. Arriba, ‘Remeros en Chatou’ (1879). Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘El columpio’ (1876). Detalle. A la derecha, ‘Baile en Bougival’ (1883). National Gallery, Washington/Museo d’Orsay, París/Museum of Fine Arts, BostonLa muestra, abierta del 3 de octubre al 31 de enero de 2027 , reúne 45 de sus pinturas . Además de ‘El baile en el Moulin de la Galette’ (uno de los comisarios advierte cierta carga política tras la aparente escena bucólica), entre los préstamos destacan ‘Las grandes bañistas’, del Museo de Arte de Filadelfia;; ‘Mujer con sombrilla en un jardín’ del Museo Thyssen; ‘La taberna de la madre Antony’ (Museo Nacional de Estocolmo); ‘El Paseo’ (Museo Getty de los Ángeles, que acaba de adquirir su primer Velázquez); ‘Los remeros de Chatou’, de la National Gallery de Washington; ‘Baile en Bougival’, del Museo de Bellas Artes de Boston, o ‘El almuerzo de los remeros’, del Art Institute de Chicago (que cosechó un gran éxito). La National Gallery de Londres tiene en su colección ‘Los paraguas’, una de las obras emblemáticas del impresionismo. Un caso excepcional en el coleccionismo de Renoir es la Fundación Barnes de Filadelfia , que atesora 181 cuadros del artista. Hasta ahora no podía prestar obras. Ha empezado a hacerlo. En la muestra hay tres. También hay préstamos del Clark Art Institute, de Williamstown (Massachussets), que cuenta con una treintena de pinturas del artista. «Es con mi pincel con lo que amo» , decía Renoir. La relación con sus modelos fue compleja. La fascinaban las costureras, sombrereras y floristas de Montmartre, donde Renoir reclutaba a sus musas durante sus años impresionistas. Posaron para él Nini, Jeanne, Henriette, Ellen, Angèle, Margot, Gabrielle… También, la pintora Suzanne Valadon, con quien mantuvo una relación sentimental. Lise Tréhot fue su modelo favorita y amante durante seis años. Tuvieron dos hijos no reconocidos. A los 49 años se casó con Aline Charigot , otra de sus modelos habituales, con quien tuvo tres hijos: Pierre, Jean y Claude. A Aline la retrata amamantando a su hijo Pierre en ‘Maternidad’, una preciosa obra cedida por el Orsay.’Las grandes bañistas’, de Renoir, del Museo de Arte de Filadelfia. EfeLas pinturas de juventud de Renoir constituyen una ‘cartografía’ de la sociedad de la época , sus gustos, costumbres y lugares de moda. Como La Grenouillère, en Croissy-sur-Seina, cerca de Bougival, mitad balneario, mitad club náutico, frecuentado por Renoir y por Monet, y también por las llamadas ‘grenouilles’ (ranas). No eran prostitutas, sino «chicas jóvenes sin compromiso que cambiaban de amante con facilidad», según Jean Renoir. Allí, la gente se bañaba, conversaba, almorzaba, bebía… También frecuentaban la taberna de la madre Antony en Marlotte, el restaurante Fournaise en Chatou, el Moulin de la Galette y el Cabaret d’Olivier, ambos en Montmartre… El primero era un histórico molino de viento del siglo XVII que la familia Debray convirtió a mediados del XIX en una concurrida ‘guinguette’. En su casa de la rue Saint-Georges retrata a cinco amigos, entre ellos su colega Camille Pissarro. A su mecenas Paul Bérard, en el Castillo de Wargemont; a la familia de Monet, en Argenteuil… Y entre 1884 y 1887 pinta a cinco grandes bañistas desnudas . Esta obra, en la que vuelve al clasicismo (transforma las calles y suburbios de París en una Arcadia femenina idealizada), pone fin a su etapa impresionista y a la exposición, a cuya presentación este miércoles acudió su bisnieta. Renoir no apesta como pintor. Así lo entendieron Picasso , que fue uno de sus mayores admiradores y coleccionistas, y Matisse , que decía de él: «No hay historia más noble y heroica, ni logro más magnífico que el de Renoir». Amén. Pocos nombres en la Historia del Arte han sido tan vilipendiados como Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) . Y pocas veces las críticas han sido tan feroces y despiadadas con un artista. «Ese chico no tiene ningún talento», decía Manet. Para su colega Mary Cassatt, «sus cuadros de mujeres pelirrojas con cabezas diminutas son lo más horrible que se puede imaginar». «Son Pomonas neumáticas», advertía María de Heredia sobre las mujeres de sus lienzos. Según sus críticos, pasó de pintar parisinas desvestidas a mujeres que nunca conocieron la ropa. Entre los ‘haters’ que inundan las redes sociales con sus manifestaciones de odio, el artista Max Geller, que en 2015 creó un grupo de protesta llamado ‘Renoir Sucks at Painting’ (Renoir apesta como pintor) , instando a varios museos norteamericanos a que retiraran los cuadros del artista de sus salas. La campaña se hizo viral e incluso hubo una manifestación ante el Museo de Bellas Artes de Boston.Los principales dardos contra el artista apuntan, en realidad, a las obras de su última etapa, pintadas por el viejo voyeur hedonista , aquejado de artritis reumatoide. Unos lienzos protagonizados por mujeres desnudas, carnales, voluptuosas, rubensianas, de aspecto algodonoso, que juegan con sus largas melenas, pintadas para el mero placer de la mirada masculina. La Historia del Arte feminista ha presentado una visión descarnada del pintor francés como un misógino. ¿Hay que cancelar a Renoir? Tres señeros museos internacionales tienen claro que no.Dos escenas de baile pintadas por Renoir. Museo d’Orsay de París y Museo de Bellas Artes de Boston. Efe«Nuestra colaboración con el Musée d’Orsay de París y el Museum of Fine Arts de Boston nos permite traer lo mejor de Renoir al Reino Unido en una de las exposiciones más importantes sobre su obra en décadas», afirma Gabriele Finaldi , director de la National Gallery de Londres, un día después de que la ministra de Cultura británica, Lisa Nandy, confirmara que los museos nacionales del Reino Unido seguirán siendo gratuitos, incluidos para los turistas extranjeros. Explica Finaldi que en esta muestra «está lo mejor de su obra, de una gran calidad pictórica. Aborda temas que no le interesaban a otros pintores de vanguardia: la sociabilidad, las escenas del nuevo París…» ¿A qué se debe, entonces, su mala fama? Reconoce que « cierta pintura de Renoir es empalagosa, casi una caricatura del impresionismo . Algunos pintan demasiado… Pero sus pinturas de esta primera etapa tienen mucha carga de originalidad, mucha fuerza. La segunda parte de su carrera es, para mí, menos atractiva». Finaldi no está de acuerdo en absoluto con que sea un mal pintor: «No lo es. Tiene mucha habilidad, mucha técnica, mucha ambición. Pinta la luz, el movimiento, el ruido de la ciudad…» «Creemos conocerlo porque podemos encontrarlo en la sala de espera del dentista o en casa de nuestra abuela , y verlo reproducido por todas partes. Pero, en realidad, su calidad pictórica es absolutamente impresionante. Y por eso queríamos contar con los mejores préstamos posibles», explica una de las comisarias de la exposición. Algo similar le ocurrió a Murillo, cuya popularidad (sus San Juanitos estaban en los almanaques de todas las casas de España) jugó en su contra. Ambos cargaron con ese sambenito.’Renoir y el amor’ es la primera exposición de este museo centrada en el artista desde 2007. Ya se vio en París de marzo a julio de este año y, tras su paso por Londres, viajará a Boston. Con permiso del ‘Tapiz de Bayeux’, que luce en el British Museum, otra estrella del otoño en la capital británica es una de las pinturas más célebres de Renoir, ‘El baile en el Moulin de la Galette’ (1876) , préstamo excepcional del Museo d’Orsay, que se exhibe en el Reino Unido por primera vez. De esta ‘guinguette’ (merendero y sala de baile al aire libre) de Montmartre pintó dos versiones hace 150 años, en las que domina una paleta de azules. Aparte de esta versión, que perteneció al pintor Gustave Caillebotte (legó el cuadro al Estado francés en 1894), hizo otra el mismo año, vendida en 2009 en Sotheby’s de Nueva York por 78,1 millones de dólares . Sigue siendo hoy su cotización más alta en subasta.’Un palco en el teatro’, de Renoir, Clark Art Institute, Williamstown. EfeLa inquina de Geller con Renoir contrasta con el fervor de sus fieles seguidores, que son legiones. La muestra de la National Gallery ha batido récord de taquilla en la preventa . Se han vendido ya 32.000 entradas previas a la inauguración, superando a la muestra ‘Van Gogh: Poetas y amantes’, que actualmente es la exposición más vista del museo londinense, con 334.589 visitantes. El impresionista francés, además de adorado por el público, lo es también por los coleccionistas (una de sus pinturas, ‘Joven en la barca’, saldrá a subasta en noviembre en Sotheby’s de Nueva York con un precio estimado de entre 25 y 35 millones de dólares) y, desgraciadamente, también es adorado por los ladrones de arte. Es de suponer que sus obras tienen una buena salida en el mercado negro del arte. En marzo de este año fueron robadas varias obras en la villa de la Fundación Magnani Rocca de Parma. Entre ellas, ‘Los peces’, de Renoir, valorada en unos 3 millones de euros. La Policía italiana las recuperó en agosto. Y este mes sustrajeron dos cuadros del Museo Renoir, en Cagnes-sur-Mer , en la Costa Azul. Siguen en paradero desconocido. Tres obras de Renoir. Arriba, ‘La señora Monet y su hijo’ (1874). Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘En el Milliner’s’ (1878). Detalle. A la derecha, ‘Las hijas de Paul Durand-Ruel, Marie-Thérèse y Jeanne’ (1882). National Gallery, Washington/Harvard Arts Museums-Fogg Museum/Chrysler Museum of ArtFigura clave del impresionismo , sigue la estela de las fiestas galantes de la pintura francesa del Rococó: Fragonard, Watteau, Boucher… Esta exposición se centra en dos décadas de su producción, de 1860 a 1880 , años decisivos en su trayectoria. Aborda como tema central el amor romántico y el afecto, la familia, los amigos, el cortejo, los juegos de seducción… El joven Renoir evita las sombras y explora en sus pinturas los escenarios donde se socializaba en la época: los jardines, los cafés, restaurantes (como el Fournaise), teatros y bulevares de París, los bailes y verbenas, la vida callejera, las orillas del Sena… Creía Renoir que la pintura debía ser agradable, alegre y bonita . Es el pintor de la felicidad . Era consciente de que esa alegría, esa celebración de la vida que destilaban sus obras, le perjudicaba ante la crítica, que la consideraba banal: «Sé muy bien que es difícil convencer a la gente de que una pintura puede ser verdaderamente grandiosa sin dejar de transmitir felicidad», decía el pintor. «Ya hay suficientes cosas desagradables en la vida como para crear más».’Los paraguas’, obra maestra de Renoir, procede de la colección de la National Gallery de Londres. EfeSe le echaba en cara no abordar en sus trabajos la cara más amarga de la sociedad de entonces (la miseria, el dolor, la prostitución, la explotación laboral, el sufrimiento humano…), sino mostrar una cara edulcorada de la misma. Tampoco aparecen en sus pinturas las pasiones tormentosas, el erotismo explícito, ni siquiera el activismo político. Se le menospreciaba por su conservadurismo social y su aparente falta de complejidad y profundidad. Sin recurrir a anécdotas, dramatismos ni sentimentalismos, Renoir presenta una visión jubilosa y desenfadada del amor moderno en el París del siglo XIX. Jean Renoir, hijo del pintor y director de cine, creía que era una máscara tras la que su padre se protegía por su carácter reservado.Tres obras de Renoir. Arriba, ‘Remeros en Chatou’ (1879). Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘El columpio’ (1876). Detalle. A la derecha, ‘Baile en Bougival’ (1883). National Gallery, Washington/Museo d’Orsay, París/Museum of Fine Arts, BostonLa muestra, abierta del 3 de octubre al 31 de enero de 2027 , reúne 45 de sus pinturas . Además de ‘El baile en el Moulin de la Galette’ (uno de los comisarios advierte cierta carga política tras la aparente escena bucólica), entre los préstamos destacan ‘Las grandes bañistas’, del Museo de Arte de Filadelfia;; ‘Mujer con sombrilla en un jardín’ del Museo Thyssen; ‘La taberna de la madre Antony’ (Museo Nacional de Estocolmo); ‘El Paseo’ (Museo Getty de los Ángeles, que acaba de adquirir su primer Velázquez); ‘Los remeros de Chatou’, de la National Gallery de Washington; ‘Baile en Bougival’, del Museo de Bellas Artes de Boston, o ‘El almuerzo de los remeros’, del Art Institute de Chicago (que cosechó un gran éxito). La National Gallery de Londres tiene en su colección ‘Los paraguas’, una de las obras emblemáticas del impresionismo. Un caso excepcional en el coleccionismo de Renoir es la Fundación Barnes de Filadelfia , que atesora 181 cuadros del artista. Hasta ahora no podía prestar obras. Ha empezado a hacerlo. En la muestra hay tres. También hay préstamos del Clark Art Institute, de Williamstown (Massachussets), que cuenta con una treintena de pinturas del artista. «Es con mi pincel con lo que amo» , decía Renoir. La relación con sus modelos fue compleja. La fascinaban las costureras, sombrereras y floristas de Montmartre, donde Renoir reclutaba a sus musas durante sus años impresionistas. Posaron para él Nini, Jeanne, Henriette, Ellen, Angèle, Margot, Gabrielle… También, la pintora Suzanne Valadon, con quien mantuvo una relación sentimental. Lise Tréhot fue su modelo favorita y amante durante seis años. Tuvieron dos hijos no reconocidos. A los 49 años se casó con Aline Charigot , otra de sus modelos habituales, con quien tuvo tres hijos: Pierre, Jean y Claude. A Aline la retrata amamantando a su hijo Pierre en ‘Maternidad’, una preciosa obra cedida por el Orsay.’Las grandes bañistas’, de Renoir, del Museo de Arte de Filadelfia. EfeLas pinturas de juventud de Renoir constituyen una ‘cartografía’ de la sociedad de la época , sus gustos, costumbres y lugares de moda. Como La Grenouillère, en Croissy-sur-Seina, cerca de Bougival, mitad balneario, mitad club náutico, frecuentado por Renoir y por Monet, y también por las llamadas ‘grenouilles’ (ranas). No eran prostitutas, sino «chicas jóvenes sin compromiso que cambiaban de amante con facilidad», según Jean Renoir. Allí, la gente se bañaba, conversaba, almorzaba, bebía… También frecuentaban la taberna de la madre Antony en Marlotte, el restaurante Fournaise en Chatou, el Moulin de la Galette y el Cabaret d’Olivier, ambos en Montmartre… El primero era un histórico molino de viento del siglo XVII que la familia Debray convirtió a mediados del XIX en una concurrida ‘guinguette’. En su casa de la rue Saint-Georges retrata a cinco amigos, entre ellos su colega Camille Pissarro. A su mecenas Paul Bérard, en el Castillo de Wargemont; a la familia de Monet, en Argenteuil… Y entre 1884 y 1887 pinta a cinco grandes bañistas desnudas . Esta obra, en la que vuelve al clasicismo (transforma las calles y suburbios de París en una Arcadia femenina idealizada), pone fin a su etapa impresionista y a la exposición, a cuya presentación este miércoles acudió su bisnieta. Renoir no apesta como pintor. Así lo entendieron Picasso , que fue uno de sus mayores admiradores y coleccionistas, y Matisse , que decía de él: «No hay historia más noble y heroica, ni logro más magnífico que el de Renoir». Amén.
Pocos nombres en la Historia del Arte han sido tan vilipendiados como Pierre-Auguste Renoir (1841-1919). Y pocas veces las críticas han sido tan feroces y despiadadas con un artista. «Ese chico no tiene ningún talento», decía Manet. Para su colega Mary … Cassatt, «sus cuadros de mujeres pelirrojas con cabezas diminutas son lo más horrible que se puede imaginar». «Son Pomonas neumáticas», advertía María de Heredia sobre las mujeres de sus lienzos. Según sus críticos, pasó de pintar parisinas desvestidas a mujeres que nunca conocieron la ropa. Entre los ‘haters’ que inundan las redes sociales con sus manifestaciones de odio, el artista Max Geller, que en 2015 creó un grupo de protesta llamado ‘Renoir Sucks at Painting’ (Renoir apesta como pintor), instando a varios museos norteamericanos a que retiraran los cuadros del artista de sus salas. La campaña se hizo viral e incluso hubo una manifestación ante el Museo de Bellas Artes de Boston.
Los principales dardos contra el artista apuntan, en realidad, a las obras de su última etapa, pintadas por el viejo voyeur hedonista, aquejado de artritis reumatoide. Unos lienzos protagonizados por mujeres desnudas, carnales, voluptuosas, rubensianas, de aspecto algodonoso, que juegan con sus largas melenas, pintadas para el mero placer de la mirada masculina. La Historia del Arte feminista ha presentado una visión descarnada del pintor francés como un misógino. ¿Hay que cancelar a Renoir? Tres señeros museos internacionales tienen claro que no.

(Efe)
«Nuestra colaboración con el Musée d’Orsay de París y el Museum of Fine Arts de Boston nos permite traer lo mejor de Renoir al Reino Unido en una de las exposiciones más importantes sobre su obra en décadas», afirma Gabriele Finaldi, director de la National Gallery de Londres, un día después de que la ministra de Cultura británica, Lisa Nandy, confirmara que los museos nacionales del Reino Unido seguirán siendo gratuitos, incluidos para los turistas extranjeros. Explica Finaldi que en esta muestra «está lo mejor de su obra, de una gran calidad pictórica. Aborda temas que no le interesaban a otros pintores de vanguardia: la sociabilidad, las escenas del nuevo París…» ¿A qué se debe, entonces, su mala fama? Reconoce que «cierta pintura de Renoir es empalagosa, casi una caricatura del impresionismo. Algunos pintan demasiado… Pero sus pinturas de esta primera etapa tienen mucha carga de originalidad, mucha fuerza. La segunda parte de su carrera es, para mí, menos atractiva». Finaldi no está de acuerdo en absoluto con que sea un mal pintor: «No lo es. Tiene mucha habilidad, mucha técnica, mucha ambición. Pinta la luz, el movimiento, el ruido de la ciudad…»
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«Creemos conocerlo porque podemos encontrarlo en la sala de espera del dentista o en casa de nuestra abuela, y verlo reproducido por todas partes. Pero, en realidad, su calidad pictórica es absolutamente impresionante. Y por eso queríamos contar con los mejores préstamos posibles», explica una de las comisarias de la exposición. Algo similar le ocurrió a Murillo, cuya popularidad (sus San Juanitos estaban en los almanaques de todas las casas de España) jugó en su contra. Ambos cargaron con ese sambenito.
‘Renoir y el amor’ es la primera exposición de este museo centrada en el artista desde 2007. Ya se vio en París de marzo a julio de este año y, tras su paso por Londres, viajará a Boston. Con permiso del ‘Tapiz de Bayeux’, que luce en el British Museum, otra estrella del otoño en la capital británica es una de las pinturas más célebres de Renoir, ‘El baile en el Moulin de la Galette’ (1876), préstamo excepcional del Museo d’Orsay, que se exhibe en el Reino Unido por primera vez. De esta ‘guinguette’ (merendero y sala de baile al aire libre) de Montmartre pintó dos versiones hace 150 años, en las que domina una paleta de azules. Aparte de esta versión, que perteneció al pintor Gustave Caillebotte (legó el cuadro al Estado francés en 1894), hizo otra el mismo año, vendida en 2009 en Sotheby’s de Nueva York por 78,1 millones de dólares. Sigue siendo hoy su cotización más alta en subasta.

(Efe)
La inquina de Geller con Renoir contrasta con el fervor de sus fieles seguidores, que son legiones. La muestra de la National Gallery ha batido récord de taquilla en la preventa. Se han vendido ya 32.000 entradas previas a la inauguración, superando a la muestra ‘Van Gogh: Poetas y amantes’, que actualmente es la exposición más vista del museo londinense, con 334.589 visitantes. El impresionista francés, además de adorado por el público, lo es también por los coleccionistas (una de sus pinturas, ‘Joven en la barca’, saldrá a subasta en noviembre en Sotheby’s de Nueva York con un precio estimado de entre 25 y 35 millones de dólares) y, desgraciadamente, también es adorado por los ladrones de arte. Es de suponer que sus obras tienen una buena salida en el mercado negro del arte. En marzo de este año fueron robadas varias obras en la villa de la Fundación Magnani Rocca de Parma. Entre ellas, ‘Los peces’, de Renoir, valorada en unos 3 millones de euros. La Policía italiana las recuperó en agosto. Y este mes sustrajeron dos cuadros del Museo Renoir, en Cagnes-sur-Mer, en la Costa Azul. Siguen en paradero desconocido.
(National Gallery, Washington/Harvard Arts Museums-Fogg Museum/Chrysler Museum of Art)
Figura clave del impresionismo, sigue la estela de las fiestas galantes de la pintura francesa del Rococó: Fragonard, Watteau, Boucher… Esta exposición se centra en dos décadas de su producción, de 1860 a 1880, años decisivos en su trayectoria. Aborda como tema central el amor romántico y el afecto, la familia, los amigos, el cortejo, los juegos de seducción… El joven Renoir evita las sombras y explora en sus pinturas los escenarios donde se socializaba en la época: los jardines, los cafés, restaurantes (como el Fournaise), teatros y bulevares de París, los bailes y verbenas, la vida callejera, las orillas del Sena…
Creía Renoir que la pintura debía ser agradable, alegre y bonita. Es el pintor de la felicidad. Era consciente de que esa alegría, esa celebración de la vida que destilaban sus obras, le perjudicaba ante la crítica, que la consideraba banal: «Sé muy bien que es difícil convencer a la gente de que una pintura puede ser verdaderamente grandiosa sin dejar de transmitir felicidad», decía el pintor. «Ya hay suficientes cosas desagradables en la vida como para crear más».

(Efe)
Se le echaba en cara no abordar en sus trabajos la cara más amarga de la sociedad de entonces (la miseria, el dolor, la prostitución, la explotación laboral, el sufrimiento humano…), sino mostrar una cara edulcorada de la misma. Tampoco aparecen en sus pinturas las pasiones tormentosas, el erotismo explícito, ni siquiera el activismo político. Se le menospreciaba por su conservadurismo social y su aparente falta de complejidad y profundidad. Sin recurrir a anécdotas, dramatismos ni sentimentalismos, Renoir presenta una visión jubilosa y desenfadada del amor moderno en el París del siglo XIX. Jean Renoir, hijo del pintor y director de cine, creía que era una máscara tras la que su padre se protegía por su carácter reservado.
(National Gallery, Washington/Museo d’Orsay, París/Museum of Fine Arts, Boston)
La muestra, abierta del 3 de octubre al 31 de enero de 2027, reúne 45 de sus pinturas. Además de ‘El baile en el Moulin de la Galette’ (uno de los comisarios advierte cierta carga política tras la aparente escena bucólica), entre los préstamos destacan ‘Las grandes bañistas’, del Museo de Arte de Filadelfia; ‘Los paraguas’ (de la National Gallery de Londres, una de las obras emblemáticas del impresionismo); ‘Mujer con sombrilla en un jardín’ del Museo Thyssen; ‘La taberna de la madre Antony’ (Museo Nacional de Estocolmo); ‘El Paseo’ (Museo Getty de los Ángeles, que acaba de adquirir su primer Velázquez); ‘Los remeros de Chatou’, de la National Gallery de Washington; ‘Baile en Bougival’, del Museo de Bellas Artes de Boston, o ‘El almuerzo de los remeros’, del Art Institute de Chicago (que cosechó un gran éxito). Un caso excepcional en el coleccionismo de Renoir es la Fundación Barnes de Filadelfia, que atesora 181 cuadros del artista. Hasta ahora no podía prestar obras. Ha empezado a hacerlo. En la muestra hay tres. También hay préstamos del Clark Art Institute, de Williamstown (Massachussets), que cuenta con una treintena de pinturas del artista.
«Es con mi pincel con lo que amo», decía Renoir. La relación con sus modelos fue compleja. La fascinaban las costureras, sombrereras y floristas de Montmartre, donde Renoir reclutaba a sus musas durante sus años impresionistas. Posaron para él Nini, Jeanne, Henriette, Ellen, Angèle, Margot, Gabrielle… También, la pintora Suzanne Valadon, con quien mantuvo una relación sentimental. Lise Tréhot fue su modelo favorita y amante durante seis años. Tuvieron dos hijos no reconocidos. A los 49 años se casó con Aline Charigot, otra de sus modelos habituales, con quien tuvo tres hijos: Pierre, Jean y Claude. A Aline la retrata amamantando a su hijo Pierre en ‘Maternidad’, una preciosa obra cedida por el Orsay.

(Efe)
Las pinturas de juventud de Renoir constituyen una ‘cartografía’ de la sociedad de la época, sus gustos, costumbres y lugares de moda. Como La Grenouillère, en Croissy-sur-Seina, cerca de Bougival, mitad balneario, mitad club náutico, frecuentado por Renoir y por Monet, y también por las llamadas ‘grenouilles’ (ranas). No eran prostitutas, sino «chicas jóvenes sin compromiso que cambiaban de amante con facilidad», según Jean Renoir. Allí, la gente se bañaba, conversaba, almorzaba, bebía… También frecuentaban la taberna de la madre Antony en Marlotte, el restaurante Fournaise en Chatou, el Moulin de la Galette y el Cabaret d’Olivier, ambos en Montmartre… El primero era un histórico molino de viento del siglo XVII que la familia Debray convirtió a mediados del XIX en una concurrida ‘guinguette’. En su casa de la rue Saint-Georges retrata a cinco amigos, entre ellos su colega Camille Pissarro. A su mecenas Paul Bérard, en el Castillo de Wargemont; a la familia de Monet, en Argenteuil… Y pinta a cinco grandes bañistas desnudas en Dieppe en el verano de 1881. Esta pintura, en la que vuelve al clasicismo (transforma las calles y suburbios de París en una Arcadia femenina idealizada), pone fin a su etapa impresionista y a la exposición, a cuya presentación este miércoles acudió su bisnieta. Renoir no apesta como pintor. Así lo entendieron Picasso, que fue uno de sus mayores admiradores y coleccionistas, y Matisse, que decía de él: «No hay historia más noble y heroica, ni logro más magnífico que el de Renoir». Amén.
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