El pasado 13 de abril, el escritor barcelonés Eduardo Mendoza presentaba su última novela, ‘La intriga del funeral inconveniente’ (Seix Barral) , una nueva aventura de su célebre detective sin nombre. Al final de la rueda de prensa, le preguntaron sobre sus perspectivas para Sant Jordi y cuáles eran sus recomendaciones para regalar en una jornada tan importante para el sector editorial. Con su tradicional deje irónico, dijo: « Fuera Sant Jordi. Voy a iniciar una campaña para que se vuelva a llamar el Día del Libro . Sant Jordi se metió por medio, pero siempre fue el Día del Libro. Sant Jordi es un intruso, un maltratador de animales que seguramente no sabía ni leer». El comentario, con un tono jocoso, levantó la sonrisa de los presentes, pero a muchos otros que no estaban allí no les hizo ninguna gracia. El independentismo se sintió atacado . Poner en duda uno de sus símbolos más emblemáticos de su causa de cara a la opinión pública internacional era anatema y empezaron una campaña de acoso y derribo en redes que parece haber convertido al propio Eduardo Mendoza en uno de los personajes desubicados y superados por las circunstancias de sus novelas irónicas del detective sin nombre.La retahíla de ataques empezaron por la organización Juventut Nacionalista de Cataluña (JNC) , las juventudes del grupo parlamentario Junts, que han iniciado una campaña de firmas para que Salvador Illa retire la Creu de Sant Jordi al escritor y que en apenas unas horas llegaron, afirman, a las 6.500. Además, la JNC tiene previsto llenar Sant Jordi con unas 7.000 octavillas con un claro mapa de cómo actuar para sumarse a la campaña contra el escritor de ‘La ciudad de los prodigios’. La mecha no ha hecho más que crecer y desde las redes incluso existen cuentas con un llamamiento claro para realizar no sólo un boicot pasivo a sus libros, si no protestas frente a los tradicionales puestos de firmas en Barcelona donde Mendoza estará firmando sus novelas. Por último, desde foros extremistas y cuentas anónimas de perfil radical, empezó a circular una presunta quedada para la quema de libros para San Juan, aunque no hay una autoría clara al respecto, ni una convocatoria definida.Noticia relacionada general No No ESPECIAL SANT JORDI 2026 Sant Jordi y el Día del Libro: el origen de una tradición que empezó en España y conquistó el mundo Carlos SalaDicen que sólo se necesita una pequeña chispa para quemar un bosque. Pues parece que sólo es necesario un tuit para convertir Sant Jordi en una sátira típica de Eduardo Mendoza y a él en su protagonista. Las reacciones políticas no se hicieron esperar. El ex president Carles Puigdemont habló de «revancha de los resentidos» para hablar de las palabras del escritor. Su número dos en las pasadas elecciones, Anna Navarro, afirmó rotunda que «Sant Jordi no se toca». Mientras, desde el Govern de Illa intentaban relativizar la situación asegurando no compartir la opinión de Mendoza, pero enmarcándola dentro de una cuestión de libertad de expresión.El caso es que la polémica ha enrarecido los tradicionales días previos a la celebración de Sant Jordi. Desde el gremio, Patrici Tixis, presidente de la Cámara del Libro de Cataluña , en la presentación de los preparativos de la Diada, no quiso valorar las declaraciones del escritor, del que dijo: «sólo quiso hacer una broma». Mientras, Éric de Arco, presidente del Gremio de Libreros de Cataluña, aseguró que el Día del Libro es indisociable con Sant Jordi y así seguirá siendo, apostando por el civismo y la buena concordia que demuestra cada año la fiesta. La ‘broma’ de Mendoza reaviva el debate histórico sobre la unión del Día del Libro y Sant JordiEl caso es que este Sant Jordi se prevé movido. con las tradicionales paradas de libros y rosas batiendo récords, llegando hasta los 3,7 kilómetros de largo si se pusiesen todas unas detrás de otras. En total, serán 425 paradas, 267 de ellas con firmas de escritores como Mendoza, que en ningún momento pensó que este Sant Jordi se convertiría en una especie de referéndum a su persona. En 2025 se vendieron 2 millones de libros, de 75.000 títulos diferentes y una recaudación total de 26 millones de euros, una tendencia al alza en los últimos años que los editores y libreros prevén que se repita. La polémica por la fechaLa ‘broma’ de Mendoza ha iniciado también una campaña por la verisimilitud histórica de su idea de que el Día del Libro no debería recibir otro nombre. Como explica el actual especial de Sant Jordi de este diario, este 2026 se celebra el centenario del primer Día del Libro, celebrado en 1926, pero que entonces ocurrió el 7 de octubre, cumpleaños de Cervantes , en una iniciativa de la cámara del libro de entonces, formada sobre todo por editores. La idea, como la de hoy, era crear una iniciativa comercial para incentivar la compra de libros. El éxito fue relativo, con jornadas tanto en Madrid como en Barcelona sin seguimientos masivos. Los editores pensaron que era mejor acercar la fiesta a primavera, donde las jornadas eran más agradables y la gente podía salir a la calle con mejor tiempo. Vieron que en esa época ya se celebraba Sant Jordi, con la fiesta de la rosa de por medio, y comprendieron al instante que comercialmente era perfecto unir las dos fechas. Así que la unión Día del Libro y Sant Jordi sólo fue una cuestión comercial, no identitaria . «El éxito de aquella primera edición fue absoluto, en un ambiente de fiesta popular maravillosa. Con la llegada de la II República, la fiesta empieza a convertirse en tradición, bien forzada por la propaganda de la Generalitat. Porque cuando los hechos se transforman en tradiciones, es muy difícil librarse de ellos», remarcaba el historiador Borja de Riquer, responsable director del volumen ‘La memòria dels catalans’ (Edicions 62), que incluía en su tercera edición un opúsculo firmado por Manel Plana de cómo el Día del libro se fusionó con el mito de Sant Jordi.Noticia relacionada general No No El oasis catalán Bote, bote, bote Miquel Porta PeralesLa broma que incendia Sant JordiComo vemos, dentro de lo absurdo que es buscar la literalidad de lo que Mendoza declara como «una broma», es cierto que el Día del Libro no tiene nada que ver en su inicio con Sant Jordi, aunque también es cierto que sólo fue en sus primeras cinco ediciones. En Madrid, por ejemplo, en los años 40 se quiso declarar el Día del Libro en mayo para acercarlo a las fiestas de San Isidro, pero el 23 de abril ya había quedado muy arraigado en la memoria de los catalanes. «La Generalitat llega a declarar la jornada semi festiva y permite por decreto a los funcionarios y las escuelas tiempo libre para pasear y visitar las paradas», recuerda de Riquer.A falta de saber hasta qué punto afectarán las protestas a la jornada festiva de Sant Jordi, y si habrá o no un referéndum popular por las palabras de Mendoza, el Día del Libro ya calienta motores y no parece haber espacio para ninguna iniciativa que perturbe el buen ambiente general. Nació como una jornada popular por excelencia y así quiere seguir, se llame como se llame. El pasado 13 de abril, el escritor barcelonés Eduardo Mendoza presentaba su última novela, ‘La intriga del funeral inconveniente’ (Seix Barral) , una nueva aventura de su célebre detective sin nombre. Al final de la rueda de prensa, le preguntaron sobre sus perspectivas para Sant Jordi y cuáles eran sus recomendaciones para regalar en una jornada tan importante para el sector editorial. Con su tradicional deje irónico, dijo: « Fuera Sant Jordi. Voy a iniciar una campaña para que se vuelva a llamar el Día del Libro . Sant Jordi se metió por medio, pero siempre fue el Día del Libro. Sant Jordi es un intruso, un maltratador de animales que seguramente no sabía ni leer». El comentario, con un tono jocoso, levantó la sonrisa de los presentes, pero a muchos otros que no estaban allí no les hizo ninguna gracia. El independentismo se sintió atacado . Poner en duda uno de sus símbolos más emblemáticos de su causa de cara a la opinión pública internacional era anatema y empezaron una campaña de acoso y derribo en redes que parece haber convertido al propio Eduardo Mendoza en uno de los personajes desubicados y superados por las circunstancias de sus novelas irónicas del detective sin nombre.La retahíla de ataques empezaron por la organización Juventut Nacionalista de Cataluña (JNC) , las juventudes del grupo parlamentario Junts, que han iniciado una campaña de firmas para que Salvador Illa retire la Creu de Sant Jordi al escritor y que en apenas unas horas llegaron, afirman, a las 6.500. Además, la JNC tiene previsto llenar Sant Jordi con unas 7.000 octavillas con un claro mapa de cómo actuar para sumarse a la campaña contra el escritor de ‘La ciudad de los prodigios’. La mecha no ha hecho más que crecer y desde las redes incluso existen cuentas con un llamamiento claro para realizar no sólo un boicot pasivo a sus libros, si no protestas frente a los tradicionales puestos de firmas en Barcelona donde Mendoza estará firmando sus novelas. Por último, desde foros extremistas y cuentas anónimas de perfil radical, empezó a circular una presunta quedada para la quema de libros para San Juan, aunque no hay una autoría clara al respecto, ni una convocatoria definida.Noticia relacionada general No No ESPECIAL SANT JORDI 2026 Sant Jordi y el Día del Libro: el origen de una tradición que empezó en España y conquistó el mundo Carlos SalaDicen que sólo se necesita una pequeña chispa para quemar un bosque. Pues parece que sólo es necesario un tuit para convertir Sant Jordi en una sátira típica de Eduardo Mendoza y a él en su protagonista. Las reacciones políticas no se hicieron esperar. El ex president Carles Puigdemont habló de «revancha de los resentidos» para hablar de las palabras del escritor. Su número dos en las pasadas elecciones, Anna Navarro, afirmó rotunda que «Sant Jordi no se toca». Mientras, desde el Govern de Illa intentaban relativizar la situación asegurando no compartir la opinión de Mendoza, pero enmarcándola dentro de una cuestión de libertad de expresión.El caso es que la polémica ha enrarecido los tradicionales días previos a la celebración de Sant Jordi. Desde el gremio, Patrici Tixis, presidente de la Cámara del Libro de Cataluña , en la presentación de los preparativos de la Diada, no quiso valorar las declaraciones del escritor, del que dijo: «sólo quiso hacer una broma». Mientras, Éric de Arco, presidente del Gremio de Libreros de Cataluña, aseguró que el Día del Libro es indisociable con Sant Jordi y así seguirá siendo, apostando por el civismo y la buena concordia que demuestra cada año la fiesta. La ‘broma’ de Mendoza reaviva el debate histórico sobre la unión del Día del Libro y Sant JordiEl caso es que este Sant Jordi se prevé movido. con las tradicionales paradas de libros y rosas batiendo récords, llegando hasta los 3,7 kilómetros de largo si se pusiesen todas unas detrás de otras. En total, serán 425 paradas, 267 de ellas con firmas de escritores como Mendoza, que en ningún momento pensó que este Sant Jordi se convertiría en una especie de referéndum a su persona. En 2025 se vendieron 2 millones de libros, de 75.000 títulos diferentes y una recaudación total de 26 millones de euros, una tendencia al alza en los últimos años que los editores y libreros prevén que se repita. La polémica por la fechaLa ‘broma’ de Mendoza ha iniciado también una campaña por la verisimilitud histórica de su idea de que el Día del Libro no debería recibir otro nombre. Como explica el actual especial de Sant Jordi de este diario, este 2026 se celebra el centenario del primer Día del Libro, celebrado en 1926, pero que entonces ocurrió el 7 de octubre, cumpleaños de Cervantes , en una iniciativa de la cámara del libro de entonces, formada sobre todo por editores. La idea, como la de hoy, era crear una iniciativa comercial para incentivar la compra de libros. El éxito fue relativo, con jornadas tanto en Madrid como en Barcelona sin seguimientos masivos. Los editores pensaron que era mejor acercar la fiesta a primavera, donde las jornadas eran más agradables y la gente podía salir a la calle con mejor tiempo. Vieron que en esa época ya se celebraba Sant Jordi, con la fiesta de la rosa de por medio, y comprendieron al instante que comercialmente era perfecto unir las dos fechas. Así que la unión Día del Libro y Sant Jordi sólo fue una cuestión comercial, no identitaria . «El éxito de aquella primera edición fue absoluto, en un ambiente de fiesta popular maravillosa. Con la llegada de la II República, la fiesta empieza a convertirse en tradición, bien forzada por la propaganda de la Generalitat. Porque cuando los hechos se transforman en tradiciones, es muy difícil librarse de ellos», remarcaba el historiador Borja de Riquer, responsable director del volumen ‘La memòria dels catalans’ (Edicions 62), que incluía en su tercera edición un opúsculo firmado por Manel Plana de cómo el Día del libro se fusionó con el mito de Sant Jordi.Noticia relacionada general No No El oasis catalán Bote, bote, bote Miquel Porta PeralesLa broma que incendia Sant JordiComo vemos, dentro de lo absurdo que es buscar la literalidad de lo que Mendoza declara como «una broma», es cierto que el Día del Libro no tiene nada que ver en su inicio con Sant Jordi, aunque también es cierto que sólo fue en sus primeras cinco ediciones. En Madrid, por ejemplo, en los años 40 se quiso declarar el Día del Libro en mayo para acercarlo a las fiestas de San Isidro, pero el 23 de abril ya había quedado muy arraigado en la memoria de los catalanes. «La Generalitat llega a declarar la jornada semi festiva y permite por decreto a los funcionarios y las escuelas tiempo libre para pasear y visitar las paradas», recuerda de Riquer.A falta de saber hasta qué punto afectarán las protestas a la jornada festiva de Sant Jordi, y si habrá o no un referéndum popular por las palabras de Mendoza, el Día del Libro ya calienta motores y no parece haber espacio para ninguna iniciativa que perturbe el buen ambiente general. Nació como una jornada popular por excelencia y así quiere seguir, se llame como se llame.
El pasado 13 de abril, el escritor barcelonés Eduardo Mendoza presentaba su última novela, ‘La intriga del funeral inconveniente’ (Seix Barral), una nueva aventura de su célebre detective sin nombre. Al final de la rueda de prensa, le preguntaron sobre sus perspectivas para … Sant Jordi y cuáles eran sus recomendaciones para regalar en una jornada tan importante para el sector editorial. Con su tradicional deje irónico, dijo: «Fuera Sant Jordi. Voy a iniciar una campaña para que se vuelva a llamar el Día del Libro. Sant Jordi se metió por medio, pero siempre fue el Día del Libro. Sant Jordi es un intruso, un maltratador de animales que seguramente no sabía ni leer».
El comentario, con un tono jocoso, levantó la sonrisa de los presentes, pero a muchos otros que no estaban allí no les hizo ninguna gracia. El independentismo se sintió atacado. Poner en duda uno de sus símbolos más emblemáticos de su causa de cara a la opinión pública internacional era anatema y empezaron una campaña de acoso y derribo en redes que parece haber convertido al propio Eduardo Mendoza en uno de los personajes desubicados y superados por las circunstancias de sus novelas irónicas del detective sin nombre.
La retahíla de ataques empezaron por la organización Juventut Nacionalista de Cataluña (JNC), las juventudes del grupo parlamentario Junts, que han iniciado una campaña de firmas para que Salvador Illa retire la Creu de Sant Jordi al escritor y que en apenas unas horas llegaron, afirman, a las 6.500. Además, la JNC tiene previsto llenar Sant Jordi con unas 7.000 octavillas con un claro mapa de cómo actuar para sumarse a la campaña contra el escritor de ‘La ciudad de los prodigios’.
La mecha no ha hecho más que crecer y desde las redes incluso existen cuentas con un llamamiento claro para realizar no sólo un boicot pasivo a sus libros, si no protestas frente a los tradicionales puestos de firmas en Barcelona donde Mendoza estará firmando sus novelas. Por último, desde foros extremistas y cuentas anónimas de perfil radical, empezó a circular una presunta quedada para la quema de libros para San Juan, aunque no hay una autoría clara al respecto, ni una convocatoria definida.
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ESPECIAL SANT JORDI 2026
Carlos Sala
Dicen que sólo se necesita una pequeña chispa para quemar un bosque. Pues parece que sólo es necesario un tuit para convertir Sant Jordi en una sátira típica de Eduardo Mendoza y a él en su protagonista. Las reacciones políticas no se hicieron esperar. El ex president Carles Puigdemont habló de «revancha de los resentidos» para hablar de las palabras del escritor. Su número dos en las pasadas elecciones, Anna Navarro, afirmó rotunda que «Sant Jordi no se toca». Mientras, desde el Govern de Illa intentaban relativizar la situación asegurando no compartir la opinión de Mendoza, pero enmarcándola dentro de una cuestión de libertad de expresión.
El caso es que la polémica ha enrarecido los tradicionales días previos a la celebración de Sant Jordi. Desde el gremio, Patrici Tixis, presidente de la Cámara del Libro de Cataluña, en la presentación de los preparativos de la Diada, no quiso valorar las declaraciones del escritor, del que dijo: «sólo quiso hacer una broma». Mientras, Éric de Arco, presidente del Gremio de Libreros de Cataluña, aseguró que el Día del Libro es indisociable con Sant Jordi y así seguirá siendo, apostando por el civismo y la buena concordia que demuestra cada año la fiesta.
La ‘broma’ de Mendoza reaviva el debate histórico sobre la unión del Día del Libro y Sant Jordi
El caso es que este Sant Jordi se prevé movido. con las tradicionales paradas de libros y rosas batiendo récords, llegando hasta los 3,7 kilómetros de largo si se pusiesen todas unas detrás de otras. En total, serán 425 paradas, 267 de ellas con firmas de escritores como Mendoza, que en ningún momento pensó que este Sant Jordi se convertiría en una especie de referéndum a su persona. En 2025 se vendieron 2 millones de libros, de 75.000 títulos diferentes y una recaudación total de 26 millones de euros, una tendencia al alza en los últimos años que los editores y libreros prevén que se repita.
La polémica por la fecha
La ‘broma’ de Mendoza ha iniciado también una campaña por la verisimilitud histórica de su idea de que el Día del Libro no debería recibir otro nombre. Como explica el actual especial de Sant Jordi de este diario, este 2026 se celebra el centenario del primer Día del Libro, celebrado en 1926, pero que entonces ocurrió el 7 de octubre, cumpleaños de Cervantes, en una iniciativa de la cámara del libro de entonces, formada sobre todo por editores. La idea, como la de hoy, era crear una iniciativa comercial para incentivar la compra de libros.
El éxito fue relativo, con jornadas tanto en Madrid como en Barcelona sin seguimientos masivos. Los editores pensaron que era mejor acercar la fiesta a primavera, donde las jornadas eran más agradables y la gente podía salir a la calle con mejor tiempo. Vieron que en esa época ya se celebraba Sant Jordi, con la fiesta de la rosa de por medio, y comprendieron al instante que comercialmente era perfecto unir las dos fechas.
Así que la unión Día del Libro y Sant Jordi sólo fue una cuestión comercial, no identitaria. «El éxito de aquella primera edición fue absoluto, en un ambiente de fiesta popular maravillosa. Con la llegada de la II República, la fiesta empieza a convertirse en tradición, bien forzada por la propaganda de la Generalitat. Porque cuando los hechos se transforman en tradiciones, es muy difícil librarse de ellos», remarcaba el historiador Borja de Riquer, responsable director del volumen ‘La memòria dels catalans’ (Edicions 62), que incluía en su tercera edición un opúsculo firmado por Manel Plana de cómo el Día del libro se fusionó con el mito de Sant Jordi.
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La broma que incendia Sant Jordi
Como vemos, dentro de lo absurdo que es buscar la literalidad de lo que Mendoza declara como «una broma», es cierto que el Día del Libro no tiene nada que ver en su inicio con Sant Jordi, aunque también es cierto que sólo fue en sus primeras cinco ediciones. En Madrid, por ejemplo, en los años 40 se quiso declarar el Día del Libro en mayo para acercarlo a las fiestas de San Isidro, pero el 23 de abril ya había quedado muy arraigado en la memoria de los catalanes. «La Generalitat llega a declarar la jornada semi festiva y permite por decreto a los funcionarios y las escuelas tiempo libre para pasear y visitar las paradas», recuerda de Riquer.
A falta de saber hasta qué punto afectarán las protestas a la jornada festiva de Sant Jordi, y si habrá o no un referéndum popular por las palabras de Mendoza, el Día del Libro ya calienta motores y no parece haber espacio para ninguna iniciativa que perturbe el buen ambiente general. Nació como una jornada popular por excelencia y así quiere seguir, se llame como se llame.
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