En la historia de la literatura las madres son tan antiguas como la guerra. Son un eje dramático y político. Doris Lessing consiguió retratarlas como nadie. Lo hizo varias veces. La primera, en 1962, con su novela ‘El cuaderno dorado’, un alegato sobre el afecto y el sacrificio, pero también de los dobleces que la relación madre-hijo encarna. Ambientada en la década de los 50, la historia se sujeta a partir de Anna Wulf, una mujer divorciada, que reside en Londres con su hija Janet y su amiga Molly, también divorciada y madre de un hijo, Tommy. Anna Wulf, un trasunto biográfico de Lessing, es la narradora y autora de las otras tres novelas internas del libro: el cuaderno negro, el rojo, amarillo y azul, y a través de los cuales elabora una lectura mucho más amplia: su relación con Sudáfrica, con el comunismo y la propia idea de libertad. En ese libro el tema de la madre es decisivo, porque vertebra y proyecta la vida de la propia autora. Noticia relacionada general No No LA BARBITÚRICA DE LA SEMANA Lo extraordinario es el teatro Karina Sainz BorgoTambién en su novela ‘El quinto hijo’ Lessing expone el dolor y la entrega, la contradicción y el desgarro, de una mujer que ha de asumir la forma en que su quinto hijo, Ben, un personaje salvaje y brutal, modifica hasta el extremo la vida de la familia y la suya propia. La relación de Lessing con la maternidad fue conflictiva y la abordó en varios libros. De su primer matrimonio con Frank Charles Wisdom , tuvo un hijo, John, y una hija, Jean. A ambos los abandonó tras divorciarse. Un año más tarde, en 1944 se casó con Gottfried Lessing , un exiliado judío-alemán a quien había conocido en un grupo literario marxista. Con él tuvo otro hijo, Peter. Tras su segundo divorcio, en 1949, se marchó a Inglaterra. Pero esta vez se llevó al muchacho con él. Peter sufría esquizofrenia y diabetes. Muchos lectores ven en él al Tommy de ‘El cuaderno dorado’ o al Ben de ‘El quinto hijo’. En tiempos de maternidades inocuas -y en ocasión de la celebración del primer domingo de mayo-, la que Doris Lessing entrega a sus lectores es estremecedora y profunda. Pero, sobre todo, es urgente. En la historia de la literatura las madres son tan antiguas como la guerra. Son un eje dramático y político. Doris Lessing consiguió retratarlas como nadie. Lo hizo varias veces. La primera, en 1962, con su novela ‘El cuaderno dorado’, un alegato sobre el afecto y el sacrificio, pero también de los dobleces que la relación madre-hijo encarna. Ambientada en la década de los 50, la historia se sujeta a partir de Anna Wulf, una mujer divorciada, que reside en Londres con su hija Janet y su amiga Molly, también divorciada y madre de un hijo, Tommy. Anna Wulf, un trasunto biográfico de Lessing, es la narradora y autora de las otras tres novelas internas del libro: el cuaderno negro, el rojo, amarillo y azul, y a través de los cuales elabora una lectura mucho más amplia: su relación con Sudáfrica, con el comunismo y la propia idea de libertad. En ese libro el tema de la madre es decisivo, porque vertebra y proyecta la vida de la propia autora. Noticia relacionada general No No LA BARBITÚRICA DE LA SEMANA Lo extraordinario es el teatro Karina Sainz BorgoTambién en su novela ‘El quinto hijo’ Lessing expone el dolor y la entrega, la contradicción y el desgarro, de una mujer que ha de asumir la forma en que su quinto hijo, Ben, un personaje salvaje y brutal, modifica hasta el extremo la vida de la familia y la suya propia. La relación de Lessing con la maternidad fue conflictiva y la abordó en varios libros. De su primer matrimonio con Frank Charles Wisdom , tuvo un hijo, John, y una hija, Jean. A ambos los abandonó tras divorciarse. Un año más tarde, en 1944 se casó con Gottfried Lessing , un exiliado judío-alemán a quien había conocido en un grupo literario marxista. Con él tuvo otro hijo, Peter. Tras su segundo divorcio, en 1949, se marchó a Inglaterra. Pero esta vez se llevó al muchacho con él. Peter sufría esquizofrenia y diabetes. Muchos lectores ven en él al Tommy de ‘El cuaderno dorado’ o al Ben de ‘El quinto hijo’. En tiempos de maternidades inocuas -y en ocasión de la celebración del primer domingo de mayo-, la que Doris Lessing entrega a sus lectores es estremecedora y profunda. Pero, sobre todo, es urgente.
En la historia de la literatura las madres son tan antiguas como la guerra. Son un eje dramático y político. Doris Lessing consiguió retratarlas como nadie. Lo hizo varias veces. La primera, en 1962, con su novela ‘El cuaderno dorado’, un alegato sobre … el afecto y el sacrificio, pero también de los dobleces que la relación madre-hijo encarna. Ambientada en la década de los 50, la historia se sujeta a partir de Anna Wulf, una mujer divorciada, que reside en Londres con su hija Janet y su amiga Molly, también divorciada y madre de un hijo, Tommy.
Anna Wulf, un trasunto biográfico de Lessing, es la narradora y autora de las otras tres novelas internas del libro: el cuaderno negro, el rojo, amarillo y azul, y a través de los cuales elabora una lectura mucho más amplia: su relación con Sudáfrica, con el comunismo y la propia idea de libertad. En ese libro el tema de la madre es decisivo, porque vertebra y proyecta la vida de la propia autora.
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También en su novela ‘El quinto hijo’ Lessing expone el dolor y la entrega, la contradicción y el desgarro, de una mujer que ha de asumir la forma en que su quinto hijo, Ben, un personaje salvaje y brutal, modifica hasta el extremo la vida de la familia y la suya propia. La relación de Lessing con la maternidad fue conflictiva y la abordó en varios libros. De su primer matrimonio con Frank Charles Wisdom, tuvo un hijo, John, y una hija, Jean. A ambos los abandonó tras divorciarse. Un año más tarde, en 1944 se casó con Gottfried Lessing, un exiliado judío-alemán a quien había conocido en un grupo literario marxista. Con él tuvo otro hijo, Peter. Tras su segundo divorcio, en 1949, se marchó a Inglaterra. Pero esta vez se llevó al muchacho con él. Peter sufría esquizofrenia y diabetes. Muchos lectores ven en él al Tommy de ‘El cuaderno dorado’ o al Ben de ‘El quinto hijo’. En tiempos de maternidades inocuas -y en ocasión de la celebración del primer domingo de mayo-, la que Doris Lessing entrega a sus lectores es estremecedora y profunda. Pero, sobre todo, es urgente.
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