Melancólico y mordaz creador de universos distópicos inquietantemente parecidos muchas veces a los nuestros, autor de sátiras despiadadas y prodigioso artífice de un estilo torrencial, fastuoso e inimitable, el Premio Nobel de Literatura 2025, László Krasznahorkai (Gyula, sudeste de Hungría, cerca de la frontera rumana, 1954) nunca pudo estar mejor retratado por una definición que siempre le ha perseguido. Una definición hecha en su día por Susan Sontag que lo acompañaría incluso en el momento de la atribución, muy merecida, del Nobel: «Maestro del Apocalipsis». La brillantísima, y sorprendente, novela de una sola frase que ocupa 400 páginas, ahora aparecida, ‘Herscht 07769’, traducida como siempre de forma magnífica por Adan Kovacsics , y publicada originalmente en 2021, podría representar perfectamente una síntesis concentrada de los temas y obsesiones que alumbraron siempre su trayectoria. Narrativa ‘Herscht 07769’ Autor László Krasznahorkai Traducción Adan Kovacsics Editorial Acantilado Año 2026 Páginas 415 Precio 28 euros Valoración *****Desde una espléndida primera obra que lo lanzó a la fama: ‘Tango satánico’, de 1985, llevada al cine por su amigo y cómplice Béla Tarr. Con un estilo visionario e hipnótico , allí ya estaban presentes las profecías mesiánicas en un pequeño villorrio del interior húngaro, donde sus sonambúlicos habitantes «han nacido para ejercer de criados y lo serán hasta el fin de sus días». Aunque también resonarían los ecos fantásticos de la novela de nuevo apocalíptica de 1999, ‘Guerra y guerra’, que transcurría entre Budapest y Nueva York. O, si no, la desintegración más total presente en el alegórico relato gótico ‘Melancolía de la resistencia’, publicado el año de la Caída del Muro, en 1989, advirtiendo tenebrosamente de un posible boomerang o broma histórica que devolvería de nuevo a la democracia húngara a un autoritarismo de corte fascista. Noticia relacionada No No Retrato de Krasznahorkai, premio Nobel: humor, desmesura y frases infinitas Andrés IbáñezAdmirador de Kafka y Beckett, continuador de una línea literaria que iría de Bernhard al ruso Gógol, su amigo, el también Premio Nobel de Literatura húngaro Imre Kértesz, lo definió de forma lapidaria: «Desde Nietzsche, la obra de Krasznahorkai representa el único consuelo metafísico posible». En ‘Herscht 07769’, las pequeñas ciudades húngaras, carcomidas por la mediocridad y una cobarde miseria ambiental, por la crueldad y un miedo narcotizante, en las que Krasznahorkai aplicaba ferozmente su humor negro y su ironía, como sucedía en su novela de 2016, ‘El barón Wenckheim vuelve a casa’ (aparecida como el resto de su obra en Acantilado), se ve sustituida por esa «tierra desolada» que se extiende más allá de Berlín, en el Este de la antigua Alemania Democrática, donde anidan no pocos siniestros grupos neonazis que sueñan con un Cuarto Reich, y en la que la frase lúgubre más exacta que se puede aplicar es la que encabeza esta novela: «La esperanza es un error». Es decir, abandonad toda esperanza.Melancólico y mordaz creador de universos distópicos, autor de sátiras despiadadas y prodigioso artífice de un estilo torrencial La historia transcurre en la imaginaria Kara, en el länder de Turingia. Su protagonista es Florian Herscht, un grandullón inocente y de escasas luces, una especie de sosias de ‘El idiota’ de Dostoievski, que siente pasión por Bach («antes era sordo, pero luego, como por un relámpago, abrió los oídos») y que se deja llevar sumisamente por un tiránico Jefe que lo tiene semiesclavizado en una pequeña empresa de limpieza local, dedicada sobre todo a borrar grafitis. Pronto, en medio de ese humus emponzoñado del lugar, Krasznahorkai traslada sombríamente el miedo de algunas partes de la Europa Central a caer de nuevo en las peores pesadillas de antaño. Amenazas bíblicas, conspiraciones en la sombra, presagios a través de animales como lobos rodeando la población o aves que se toman su venganza, anuncian catástrofes no solo políticas sino también medioambientales o del cosmos. El llamado Jefe, un antisemita nostálgico de Hitler, dirige un pequeño ‘Batallón’ de neonazis locales e insiste a Florian para que se tatúe como él una Cruz de Hierro en el pecho o al menos «un escudo con el águila coloreada», a lo que Florian se resiste. Él solo está interesado en mandarle cartas a la canciller Angela Merkel , ya que como científica lo entenderá, advirtiéndole de una próxima catástrofe o caída en el más absoluto vacío, que él ha descubierto gracias a las enseñanzas de un profesor de física retirado, el señor Köhler. ¿Existe acaso una escapatoria para huir de tan inminente colapso? Cuando la hija de la señora Hopf le comunique que en Dresde «el caos es total» y que a lo mejor regresa a Kana, su madre se lo desaconseja: «¡Ni se os ocurra! ¡Este es el sitio más peligroso!». Melancólico y mordaz creador de universos distópicos inquietantemente parecidos muchas veces a los nuestros, autor de sátiras despiadadas y prodigioso artífice de un estilo torrencial, fastuoso e inimitable, el Premio Nobel de Literatura 2025, László Krasznahorkai (Gyula, sudeste de Hungría, cerca de la frontera rumana, 1954) nunca pudo estar mejor retratado por una definición que siempre le ha perseguido. Una definición hecha en su día por Susan Sontag que lo acompañaría incluso en el momento de la atribución, muy merecida, del Nobel: «Maestro del Apocalipsis». La brillantísima, y sorprendente, novela de una sola frase que ocupa 400 páginas, ahora aparecida, ‘Herscht 07769’, traducida como siempre de forma magnífica por Adan Kovacsics , y publicada originalmente en 2021, podría representar perfectamente una síntesis concentrada de los temas y obsesiones que alumbraron siempre su trayectoria. Narrativa ‘Herscht 07769’ Autor László Krasznahorkai Traducción Adan Kovacsics Editorial Acantilado Año 2026 Páginas 415 Precio 28 euros Valoración *****Desde una espléndida primera obra que lo lanzó a la fama: ‘Tango satánico’, de 1985, llevada al cine por su amigo y cómplice Béla Tarr. Con un estilo visionario e hipnótico , allí ya estaban presentes las profecías mesiánicas en un pequeño villorrio del interior húngaro, donde sus sonambúlicos habitantes «han nacido para ejercer de criados y lo serán hasta el fin de sus días». Aunque también resonarían los ecos fantásticos de la novela de nuevo apocalíptica de 1999, ‘Guerra y guerra’, que transcurría entre Budapest y Nueva York. O, si no, la desintegración más total presente en el alegórico relato gótico ‘Melancolía de la resistencia’, publicado el año de la Caída del Muro, en 1989, advirtiendo tenebrosamente de un posible boomerang o broma histórica que devolvería de nuevo a la democracia húngara a un autoritarismo de corte fascista. Noticia relacionada No No Retrato de Krasznahorkai, premio Nobel: humor, desmesura y frases infinitas Andrés IbáñezAdmirador de Kafka y Beckett, continuador de una línea literaria que iría de Bernhard al ruso Gógol, su amigo, el también Premio Nobel de Literatura húngaro Imre Kértesz, lo definió de forma lapidaria: «Desde Nietzsche, la obra de Krasznahorkai representa el único consuelo metafísico posible». En ‘Herscht 07769’, las pequeñas ciudades húngaras, carcomidas por la mediocridad y una cobarde miseria ambiental, por la crueldad y un miedo narcotizante, en las que Krasznahorkai aplicaba ferozmente su humor negro y su ironía, como sucedía en su novela de 2016, ‘El barón Wenckheim vuelve a casa’ (aparecida como el resto de su obra en Acantilado), se ve sustituida por esa «tierra desolada» que se extiende más allá de Berlín, en el Este de la antigua Alemania Democrática, donde anidan no pocos siniestros grupos neonazis que sueñan con un Cuarto Reich, y en la que la frase lúgubre más exacta que se puede aplicar es la que encabeza esta novela: «La esperanza es un error». Es decir, abandonad toda esperanza.Melancólico y mordaz creador de universos distópicos, autor de sátiras despiadadas y prodigioso artífice de un estilo torrencial La historia transcurre en la imaginaria Kara, en el länder de Turingia. Su protagonista es Florian Herscht, un grandullón inocente y de escasas luces, una especie de sosias de ‘El idiota’ de Dostoievski, que siente pasión por Bach («antes era sordo, pero luego, como por un relámpago, abrió los oídos») y que se deja llevar sumisamente por un tiránico Jefe que lo tiene semiesclavizado en una pequeña empresa de limpieza local, dedicada sobre todo a borrar grafitis. Pronto, en medio de ese humus emponzoñado del lugar, Krasznahorkai traslada sombríamente el miedo de algunas partes de la Europa Central a caer de nuevo en las peores pesadillas de antaño. Amenazas bíblicas, conspiraciones en la sombra, presagios a través de animales como lobos rodeando la población o aves que se toman su venganza, anuncian catástrofes no solo políticas sino también medioambientales o del cosmos. El llamado Jefe, un antisemita nostálgico de Hitler, dirige un pequeño ‘Batallón’ de neonazis locales e insiste a Florian para que se tatúe como él una Cruz de Hierro en el pecho o al menos «un escudo con el águila coloreada», a lo que Florian se resiste. Él solo está interesado en mandarle cartas a la canciller Angela Merkel , ya que como científica lo entenderá, advirtiéndole de una próxima catástrofe o caída en el más absoluto vacío, que él ha descubierto gracias a las enseñanzas de un profesor de física retirado, el señor Köhler. ¿Existe acaso una escapatoria para huir de tan inminente colapso? Cuando la hija de la señora Hopf le comunique que en Dresde «el caos es total» y que a lo mejor regresa a Kana, su madre se lo desaconseja: «¡Ni se os ocurra! ¡Este es el sitio más peligroso!».
Melancólico y mordaz creador de universos distópicos inquietantemente parecidos muchas veces a los nuestros, autor de sátiras despiadadas y prodigioso artífice de un estilo torrencial, fastuoso e inimitable, el Premio Nobel de Literatura 2025, László Krasznahorkai (Gyula, sudeste de Hungría, cerca de la frontera rumana, … 1954) nunca pudo estar mejor retratado por una definición que siempre le ha perseguido. Una definición hecha en su día porSusan Sontag que lo acompañaría incluso en el momento de la atribución, muy merecida, del Nobel: «Maestro del Apocalipsis».
La brillantísima, y sorprendente, novela de una sola frase que ocupa 400 páginas, ahora aparecida, ‘Herscht 07769’, traducida como siempre de forma magnífica por Adan Kovacsics, y publicada originalmente en 2021, podría representar perfectamente una síntesis concentrada de los temas y obsesiones que alumbraron siempre su trayectoria.
Narrativa
-
‘Herscht 07769’

-
Autor
László Krasznahorkai -
Traducción
Adan Kovacsics -
Editorial
Acantilado -
Año
2026 -
Páginas
415 -
Precio
28 euros -
Valoración
*****
-
Desde una espléndida primera obra que lo lanzó a la fama: ‘Tango satánico’, de 1985, llevada al cine por su amigo y cómplice Béla Tarr. Con un estilo visionario e hipnótico, allí ya estaban presentes las profecías mesiánicas en un pequeño villorrio del interior húngaro, donde sus sonambúlicos habitantes «han nacido para ejercer de criados y lo serán hasta el fin de sus días».
Aunque también resonarían los ecos fantásticos de la novela de nuevo apocalíptica de 1999, ‘Guerra y guerra’, que transcurría entre Budapest y Nueva York. O, si no, la desintegración más total presente en el alegórico relato gótico ‘Melancolía de la resistencia’, publicado el año de la Caída del Muro, en 1989, advirtiendo tenebrosamente de un posible boomerang o broma histórica que devolvería de nuevo a la democracia húngara a un autoritarismo de corte fascista.
Admirador de Kafka y Beckett, continuador de una línea literaria que iría de Bernhard al ruso Gógol, su amigo, el también Premio Nobel de Literatura húngaro Imre Kértesz, lo definió de forma lapidaria: «Desde Nietzsche, la obra de Krasznahorkai representa el único consuelo metafísico posible».
En ‘Herscht 07769’, las pequeñas ciudades húngaras, carcomidas por la mediocridad y una cobarde miseria ambiental, por la crueldad y un miedo narcotizante, en las que Krasznahorkai aplicaba ferozmente su humor negro y su ironía, como sucedía en su novela de 2016, ‘El barón Wenckheim vuelve a casa’ (aparecida como el resto de su obra en Acantilado), se ve sustituida por esa «tierra desolada» que se extiende más allá de Berlín, en el Este de la antigua Alemania Democrática, donde anidan no pocos siniestros grupos neonazis que sueñan con un Cuarto Reich, y en la que la frase lúgubre más exacta que se puede aplicar es la que encabeza esta novela: «La esperanza es un error». Es decir, abandonad toda esperanza.
Melancólico y mordaz creador de universos distópicos, autor de sátiras despiadadas y prodigioso artífice de un estilo torrencial
La historia transcurre en la imaginaria Kara, en el länder de Turingia. Su protagonista es Florian Herscht, un grandullón inocente y de escasas luces, una especie de sosias de ‘El idiota’ de Dostoievski, que siente pasión por Bach («antes era sordo, pero luego, como por un relámpago, abrió los oídos») y que se deja llevar sumisamente por un tiránico Jefe que lo tiene semiesclavizado en una pequeña empresa de limpieza local, dedicada sobre todo a borrar grafitis.
Pronto, en medio de ese humus emponzoñado del lugar, Krasznahorkai traslada sombríamente el miedo de algunas partes de la Europa Central a caer de nuevo en las peores pesadillas de antaño. Amenazas bíblicas, conspiraciones en la sombra, presagios a través de animales como lobos rodeando la población o aves que se toman su venganza, anuncian catástrofes no solo políticas sino también medioambientales o del cosmos.
El llamado Jefe, un antisemitanostálgico de Hitler, dirige un pequeño ‘Batallón’ de neonazis locales e insiste a Florian para que se tatúe como él una Cruz de Hierro en el pecho o al menos «un escudo con el águila coloreada», a lo que Florian se resiste. Él solo está interesado en mandarle cartas a la canciller Angela Merkel, ya que como científica lo entenderá, advirtiéndole de una próxima catástrofe o caída en el más absoluto vacío, que él ha descubierto gracias a las enseñanzas de un profesor de física retirado, el señor Köhler.
¿Existe acaso una escapatoria para huir de tan inminente colapso? Cuando la hija de la señora Hopf le comunique que en Dresde «el caos es total» y que a lo mejor regresa a Kana, su madre se lo desaconseja: «¡Ni se os ocurra! ¡Este es el sitio más peligroso!».
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