Si hace dos años María Belmonte trazaba en ‘Los murmullos del agua’ una cartografía de fuentes, jardines y divinidades, en ‘Almas libres y joviales’ (Acantilado) sigue los pasos de cuatro personalidades que comparten el inconformismo y la rebeldía del ‘outsider’: el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, la novelista francesa George Sand, el artista británico Edward Lear y el poeta norteamericano Gary Snyder . Desde la adolescencia, Belmonte compiló en cuadernos frases de libros, comentarios sobre amigos, amores, viajes, proyectos, fotografías amarillentas de periódico, entradas a museos, postales, dibujos… Al hojear uno de aquellos cuadernos halló una frase suya a lápiz en la contracubierta de ‘La zozobra del presente’, ensayo sobre Nietzsche del francés Dorian Asto r. La filosofía nietzscheana «nos insta a vivir el instante, a amar lo que nos brinda, y sigue interpelando al cabo de un siglo a las almas más libres y más joviales», anotó. De ahí surgió la idea de sentar a una misma mesa a cuatro personajes de épocas y nacionalidades diferentes. Su rasgo común, la obstinación en ser fieles a sí mismos: «La que llevó a Nietzsche a pensar contra su tiempo, a Sand a vestir y amar sin permiso, a Lear a refugiarse en el absurdo y a Snyder a buscar la verdad en lo salvaje».Belmonte erige a Nietzsche como modelo transversal: «Por su aceptación dionisíaca de la vida con sus luces y sombras. Las ideas como una forma de erotismo». De George Sand destaca su valentía: «Víctima de los prejuicios de la época fue toda su vida una currante que siempre tuvo claro su camino». Poco conocido en España, Edward Lear es una celebridad en el Reino Unido: «Cada año se celebra su día y los niños componen un ‘limerick’; esos versos absurdos con personajes estrafalarios fueron el refugio de Lear –homosexual que no había salido del armario– ante la rígida sociedad victoriana». Entre sus admiradores: Stravinsky, Lennon, Auden (le dedicó una oda), T.S. Eliot y los Monty Phyton. A Gary Snyder, que todavía vive camino de los cien años, Belmonte lo describe como «un hombre libre y bondadoso, incómodo al ser incluido en la Beat Generation (nunca bebió ni consumió drogas)». Y como cada figura tiene su paisaje, la autora siguió las huellas de estas «almas libres y joviales». Entre los instantes áureos, aquel jardín de Sorrento con naranjos cargados de frutos: «Aquel jardín era un lugar nietzscheano. Elegí uno de los árboles más frondosos, me situé debajo y me apoyé en el tronco. Saqué de mi bolsa ‘Humano demasiado humano’ y busqué un pasaje en que el ‘caminante’ pasea bajo los árboles en una mañana serena, recibiendo cosas claras y buenas que caen de sus ramas como regalo de otros espíritus libres, y lo leí en voz alta…» Una introspección cada vez más difícil en estos tiempos de viajes ‘low cost’ y redes sociales: ‘influencers’ que desencantan rincones antes ignotos: «Llegué a Sorrento en noviembre, fuera de temporada, con todo cerrado. Para mí, que soy muy peliculera, viajar es ir en busca de fantasmas». Si hace dos años María Belmonte trazaba en ‘Los murmullos del agua’ una cartografía de fuentes, jardines y divinidades, en ‘Almas libres y joviales’ (Acantilado) sigue los pasos de cuatro personalidades que comparten el inconformismo y la rebeldía del ‘outsider’: el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, la novelista francesa George Sand, el artista británico Edward Lear y el poeta norteamericano Gary Snyder . Desde la adolescencia, Belmonte compiló en cuadernos frases de libros, comentarios sobre amigos, amores, viajes, proyectos, fotografías amarillentas de periódico, entradas a museos, postales, dibujos… Al hojear uno de aquellos cuadernos halló una frase suya a lápiz en la contracubierta de ‘La zozobra del presente’, ensayo sobre Nietzsche del francés Dorian Asto r. La filosofía nietzscheana «nos insta a vivir el instante, a amar lo que nos brinda, y sigue interpelando al cabo de un siglo a las almas más libres y más joviales», anotó. De ahí surgió la idea de sentar a una misma mesa a cuatro personajes de épocas y nacionalidades diferentes. Su rasgo común, la obstinación en ser fieles a sí mismos: «La que llevó a Nietzsche a pensar contra su tiempo, a Sand a vestir y amar sin permiso, a Lear a refugiarse en el absurdo y a Snyder a buscar la verdad en lo salvaje».Belmonte erige a Nietzsche como modelo transversal: «Por su aceptación dionisíaca de la vida con sus luces y sombras. Las ideas como una forma de erotismo». De George Sand destaca su valentía: «Víctima de los prejuicios de la época fue toda su vida una currante que siempre tuvo claro su camino». Poco conocido en España, Edward Lear es una celebridad en el Reino Unido: «Cada año se celebra su día y los niños componen un ‘limerick’; esos versos absurdos con personajes estrafalarios fueron el refugio de Lear –homosexual que no había salido del armario– ante la rígida sociedad victoriana». Entre sus admiradores: Stravinsky, Lennon, Auden (le dedicó una oda), T.S. Eliot y los Monty Phyton. A Gary Snyder, que todavía vive camino de los cien años, Belmonte lo describe como «un hombre libre y bondadoso, incómodo al ser incluido en la Beat Generation (nunca bebió ni consumió drogas)». Y como cada figura tiene su paisaje, la autora siguió las huellas de estas «almas libres y joviales». Entre los instantes áureos, aquel jardín de Sorrento con naranjos cargados de frutos: «Aquel jardín era un lugar nietzscheano. Elegí uno de los árboles más frondosos, me situé debajo y me apoyé en el tronco. Saqué de mi bolsa ‘Humano demasiado humano’ y busqué un pasaje en que el ‘caminante’ pasea bajo los árboles en una mañana serena, recibiendo cosas claras y buenas que caen de sus ramas como regalo de otros espíritus libres, y lo leí en voz alta…» Una introspección cada vez más difícil en estos tiempos de viajes ‘low cost’ y redes sociales: ‘influencers’ que desencantan rincones antes ignotos: «Llegué a Sorrento en noviembre, fuera de temporada, con todo cerrado. Para mí, que soy muy peliculera, viajar es ir en busca de fantasmas».

Si hace dos años María Belmonte trazaba en ‘Los murmullos del agua’ una cartografía de fuentes, jardines y divinidades, en ‘Almas libres y joviales’ (Acantilado) sigue los pasos de cuatro personalidades que comparten el inconformismo y la rebeldía del ‘outsider’: el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, … la novelista francesa George Sand, el artista británico Edward Lear y el poeta norteamericano Gary Snyder. Desde la adolescencia, Belmonte compiló en cuadernos frases de libros, comentarios sobre amigos, amores, viajes, proyectos, fotografías amarillentas de periódico, entradas a museos, postales, dibujos… Al hojear uno de aquellos cuadernos halló una frase suya a lápiz en la contracubierta de ‘La zozobra del presente’, ensayo sobre Nietzsche del francés Dorian Astor. La filosofía nietzscheana «nos insta a vivir el instante, a amar lo que nos brinda, y sigue interpelando al cabo de un siglo a las almas más libres y más joviales», anotó.
De ahí surgió la idea de sentar a una misma mesa a cuatro personajes de épocas y nacionalidades diferentes. Su rasgo común, la obstinación en ser fieles a sí mismos: «La que llevó a Nietzsche a pensar contra su tiempo, a Sand a vestir y amar sin permiso, a Lear a refugiarse en el absurdo y a Snyder a buscar la verdad en lo salvaje».
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Belmonte erige a Nietzsche como modelo transversal: «Por su aceptación dionisíaca de la vida con sus luces y sombras. Las ideas como una forma de erotismo». De George Sand destaca su valentía: «Víctima de los prejuicios de la época fue toda su vida una currante que siempre tuvo claro su camino». Poco conocido en España, Edward Lear es una celebridad en el Reino Unido: «Cada año se celebra su día y los niños componen un ‘limerick’; esos versos absurdos con personajes estrafalarios fueron el refugio de Lear –homosexual que no había salido del armario– ante la rígida sociedad victoriana». Entre sus admiradores: Stravinsky, Lennon, Auden (le dedicó una oda), T.S. Eliot y los Monty Phyton.
A Gary Snyder, que todavía vive camino de los cien años, Belmonte lo describe como «un hombre libre y bondadoso, incómodo al ser incluido en la Beat Generation (nunca bebió ni consumió drogas)». Y como cada figura tiene su paisaje, la autora siguió las huellas de estas «almas libres y joviales».
Entre los instantes áureos, aquel jardín de Sorrento con naranjos cargados de frutos: «Aquel jardín era un lugar nietzscheano. Elegí uno de los árboles más frondosos, me situé debajo y me apoyé en el tronco. Saqué de mi bolsa ‘Humano demasiado humano’ y busqué un pasaje en que el ‘caminante’ pasea bajo los árboles en una mañana serena, recibiendo cosas claras y buenas que caen de sus ramas como regalo de otros espíritus libres, y lo leí en voz alta…» Una introspección cada vez más difícil en estos tiempos de viajes ‘low cost’ y redes sociales: ‘influencers’ que desencantan rincones antes ignotos: «Llegué a Sorrento en noviembre, fuera de temporada, con todo cerrado. Para mí, que soy muy peliculera, viajar es ir en busca de fantasmas».
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