La exposición que la galería Maisterra dedica a Miguel Ángel Campano reúne pinturas y trabajos sobre papel realizados a lo largo de cuatro décadas. El arco cronológico permite recorrer algunos de los desplazamientos decisivos de su obra: de la disciplina geométrica a la expansión gestual, del diálogo con la tradición francesa a la oscuridad de las series negras y a la renovada intensidad cromática vinculada a sus viajes a la India. Más que ofrecer una retrospectiva exhaustiva, la muestra propone una tesis: la verdadera continuidad de Campano no reside en un estilo reconocible, sino en la decisión de ponerlo continuamente en crisis.Este planteamiento resulta convincente porque evita convertir la diversidad del artista en una simple sucesión de etapas. Las obras no se leen como estaciones de una evolución lineal, sino como respuestas provisionales a una misma pregunta: qué puede aportar todavía la pintura cuando cada solución amenaza con volverse fórmula. En Campano, abandonar un lenguaje ya conquistado no equivale a negar lo anterior; significa conservar su impulso experimental. En las imágenes, ‘Untitled (de la serie Ruth y Booz)’, obra de 1991; ‘Voyelles 11’, de 1979; y ‘Untitled (de la serie Ruth y Booz)’, de 1990-1991 M. Á. CampanoLa exposición acierta al presentar la discontinuidad como una forma exigente de fidelidad. Le presta además especial atención a la serie ‘Ruth y Booth’, desarrollada por Campano entre 1989 y 1992, e inspirada en la contemplación en el Museo del Louvre, del cuadro de Poussin, titulado ‘El verano (Ruth y Booth)’, del ciclo de las cuatro estaciones (1660-1664).El contraste entre los grandes lienzos y la obra sobre papel es especialmente fértil. Los primeros hacen visible la dimensión corporal de la pintura: el gesto, la escala y la materia reclaman una experiencia frontal. Los papeles, en cambio, muestran el laboratorio de la mirada, la serialidad, la duda y la condensación.Sin embargo, la amplitud temporal también introduce una dificultad. Al condensar cuatro décadas en un espacio de galería, el relato corre el riesgo de convertir los cambios radicales de Campano en variaciones armoniosamente reconciliadas. La insistencia curatorial en la «actitud» como principio unificador es útil, pero puede suavizar los conflictos concretos —formales, históricos y biográficos— que impulsaron cada ruptura. Habría sido deseable que el recorrido hiciera más visibles las fricciones entre series y momentos, así como las condiciones que volvieron necesario cada nuevo comienzo.arte_abc_0724A pesar de ser un artista madrileño, y de haber formado parte de las dos exposiciones manifiesto de la pintura de los ochenta: ‘Madrid DF’ y ‘1980’, Campano nunca terminó de identificarse con lo que ha dado en llamarse «la nueva figuración madrileña». Más vinculado a Fernando Zóbel que a Luis Gordillo, y desde luego más cercano a José Guerrero que ninguno de los otros pintores madrileños, el artista desarrolló su fascinación por la pintura fiel a la abstracción, aunque sin renunciar por ello a la figuración. Miguel Ángel Campano Lugar: Galería Maisterra (Madrid) Dirección: C/ Hospital, 8 Clausura: Hasta el 7 de noviembre Valoración: ****Su traslado a París en 1976, su estancia en la India, a mediados de los noventa y, sobre todo, un derrame cerebral acaecido en 1996, lo apartaron considerablemente de esta escena. Por eso Campano nunca formó parte de los Esquizos de Madrid y mantuvo siempre una cierta independencia. La exposición que la galería Maisterra dedica a Miguel Ángel Campano reúne pinturas y trabajos sobre papel realizados a lo largo de cuatro décadas. El arco cronológico permite recorrer algunos de los desplazamientos decisivos de su obra: de la disciplina geométrica a la expansión gestual, del diálogo con la tradición francesa a la oscuridad de las series negras y a la renovada intensidad cromática vinculada a sus viajes a la India. Más que ofrecer una retrospectiva exhaustiva, la muestra propone una tesis: la verdadera continuidad de Campano no reside en un estilo reconocible, sino en la decisión de ponerlo continuamente en crisis.Este planteamiento resulta convincente porque evita convertir la diversidad del artista en una simple sucesión de etapas. Las obras no se leen como estaciones de una evolución lineal, sino como respuestas provisionales a una misma pregunta: qué puede aportar todavía la pintura cuando cada solución amenaza con volverse fórmula. En Campano, abandonar un lenguaje ya conquistado no equivale a negar lo anterior; significa conservar su impulso experimental. En las imágenes, ‘Untitled (de la serie Ruth y Booz)’, obra de 1991; ‘Voyelles 11’, de 1979; y ‘Untitled (de la serie Ruth y Booz)’, de 1990-1991 M. Á. CampanoLa exposición acierta al presentar la discontinuidad como una forma exigente de fidelidad. Le presta además especial atención a la serie ‘Ruth y Booth’, desarrollada por Campano entre 1989 y 1992, e inspirada en la contemplación en el Museo del Louvre, del cuadro de Poussin, titulado ‘El verano (Ruth y Booth)’, del ciclo de las cuatro estaciones (1660-1664).El contraste entre los grandes lienzos y la obra sobre papel es especialmente fértil. Los primeros hacen visible la dimensión corporal de la pintura: el gesto, la escala y la materia reclaman una experiencia frontal. Los papeles, en cambio, muestran el laboratorio de la mirada, la serialidad, la duda y la condensación.Sin embargo, la amplitud temporal también introduce una dificultad. Al condensar cuatro décadas en un espacio de galería, el relato corre el riesgo de convertir los cambios radicales de Campano en variaciones armoniosamente reconciliadas. La insistencia curatorial en la «actitud» como principio unificador es útil, pero puede suavizar los conflictos concretos —formales, históricos y biográficos— que impulsaron cada ruptura. Habría sido deseable que el recorrido hiciera más visibles las fricciones entre series y momentos, así como las condiciones que volvieron necesario cada nuevo comienzo.arte_abc_0724A pesar de ser un artista madrileño, y de haber formado parte de las dos exposiciones manifiesto de la pintura de los ochenta: ‘Madrid DF’ y ‘1980’, Campano nunca terminó de identificarse con lo que ha dado en llamarse «la nueva figuración madrileña». Más vinculado a Fernando Zóbel que a Luis Gordillo, y desde luego más cercano a José Guerrero que ninguno de los otros pintores madrileños, el artista desarrolló su fascinación por la pintura fiel a la abstracción, aunque sin renunciar por ello a la figuración. Miguel Ángel Campano Lugar: Galería Maisterra (Madrid) Dirección: C/ Hospital, 8 Clausura: Hasta el 7 de noviembre Valoración: ****Su traslado a París en 1976, su estancia en la India, a mediados de los noventa y, sobre todo, un derrame cerebral acaecido en 1996, lo apartaron considerablemente de esta escena. Por eso Campano nunca formó parte de los Esquizos de Madrid y mantuvo siempre una cierta independencia.
La exposición que la galería Maisterra dedica a Miguel Ángel Campano reúne pinturas y trabajos sobre papel realizados a lo largo de cuatro décadas.
El arco cronológico permite recorrer algunos de los desplazamientos decisivos de su obra: de la disciplina geométrica a la … expansión gestual, del diálogo con la tradición francesa a la oscuridad de las series negras y a la renovada intensidad cromática vinculada a sus viajes a la India.
Más que ofrecer una retrospectiva exhaustiva, la muestra propone una tesis: la verdadera continuidad de Campano no reside en un estilo reconocible, sino en la decisión de ponerlo continuamente en crisis.
Noticia relacionada
Este planteamiento resulta convincente porque evita convertir la diversidad del artista en una simple sucesión de etapas. Las obras no se leen como estaciones de una evolución lineal, sino como respuestas provisionales a una misma pregunta: qué puede aportar todavía la pintura cuando cada solución amenaza con volverse fórmula. En Campano, abandonar un lenguaje ya conquistado no equivale a negar lo anterior; significa conservar su impulso experimental.
(M. Á. Campano)
La exposición acierta al presentar la discontinuidad como una forma exigente de fidelidad. Le presta además especial atención a la serie ‘Ruth y Booth’, desarrollada por Campano entre 1989 y 1992, e inspirada en la contemplación en el Museo del Louvre, del cuadro de Poussin, titulado ‘El verano (Ruth y Booth)’, del ciclo de las cuatro estaciones (1660-1664).
El contraste entre los grandes lienzos y la obra sobre papel es especialmente fértil. Los primeros hacen visible la dimensión corporal de la pintura: el gesto, la escala y la materia reclaman una experiencia frontal. Los papeles, en cambio, muestran el laboratorio de la mirada, la serialidad, la duda y la condensación.
Sin embargo, la amplitud temporal también introduce una dificultad. Al condensar cuatro décadas en un espacio de galería, el relato corre el riesgo de convertir los cambios radicales de Campano en variaciones armoniosamente reconciliadas. La insistencia curatorial en la «actitud» como principio unificador es útil, pero puede suavizar los conflictos concretos —formales, históricos y biográficos— que impulsaron cada ruptura. Habría sido deseable que el recorrido hiciera más visibles las fricciones entre series y momentos, así como las condiciones que volvieron necesario cada nuevo comienzo.
Newsletter
A pesar de ser un artista madrileño, y de haber formado parte de las dos exposiciones manifiesto de la pintura de los ochenta: ‘Madrid DF’ y ‘1980’, Campano nunca terminó de identificarse con lo que ha dado en llamarse «la nueva figuración madrileña». Más vinculado a Fernando Zóbel que a Luis Gordillo, y desde luego más cercano a José Guerrero que ninguno de los otros pintores madrileños, el artista desarrolló su fascinación por la pintura fiel a la abstracción, aunque sin renunciar por ello a la figuración.
-
Miguel Ángel Campano

-
Lugar:
Galería Maisterra (Madrid) -
Dirección:
C/ Hospital, 8 -
Clausura:
Hasta el 7 de noviembre -
Valoración:
****
-
Su traslado a París en 1976, su estancia en la India, a mediados de los noventa y, sobre todo, un derrame cerebral acaecido en 1996, lo apartaron considerablemente de esta escena. Por eso Campano nunca formó parte de los Esquizos de Madrid y mantuvo siempre una cierta independencia.
RSS de noticias de cultura

