Hace siete años, en agosto de 2019, una pareja realizaba una reforma en un piso de la calle General Pardiñas, de Madrid; en un falso techo aparecieron dos maletas llenas de fotografías, programas, carteles y documentos, todos con un nombre como denominador común: Narciso Hurtado de Córdoba , un bailarín que triunfó en los cuarenta y cincuenta especialmente en Argentina. Un reportaje en Telemadrid dio a conocer la noticia y la búsqueda de posibles familiares por parte de la pareja. Las dos maletas fueron llevadas por la pareja al Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música (Cdaem) , que estudió el material y ha publicado ahora un libro -‘Narciso Hurtado de Córdoba’: la huella de un bailarín errante’-, ilustrado con las fotografías encontradas, sendas presentaciones de Paz Santa Cecilia -directora general del Inaem, del que depende el Cdaem- y Marina Bollaín, directora de este último centro; y artículos de Beatriz Martínez del Fresno, Ana Isabel Elvira y tres investigadores del Cdaem: Miguel Ángel Hermida, Mar Gómez y Álvaro Pajares.Narciso Hurtado de Córdoba (su nombre real era Narciso Hurtado de la Fuente) nació en Madrid el 25 de junio de 1927 y murió en Palma de Mallorca, donde vivió sus últimos años, el 26 de enero de 2019. Niño prodigio, empezó a bailar a los once años. Estudió con Paquita Pagán y Ángel Pericet y al concluir fue contratado por Concha Piquer para su espectáculo ‘Cabalgata’; allí conocería a la actriz Amalia de Isaura, con la que estuvo unido profesional y personalmente durante muchos años -«tenían una relación sentimental, seguro», dice en una entrevista en el libro Pacita Tomás , bailarina que trabajó durante un tiempo Hurtado de Córdoba-. Compartió escenario con figuras como Josephine Baker, Rafael Farina, Celia Gámez, Lola Flores, Carmen Sevilla, Tony Leblanc o Mariemma; bailó en numerosos escenarios de Europa y América, finalmente con su propio ballet, e intervino en películas como ‘El precio de la gloria’ (Jaime Salvador, 1949) o ‘El nuevo caso del inspector Clouseau’ (Blake Edwards, 1964). Noticia relacionada No No París Negro: una historia desconocida del gran arte de 1950 al 2000 Juan Pedro Quiñonero | Corresponsal en París«Soñé y sueño con ser un excepcional artista, con largos viajes, con grandes espectáculos encabezados con mi nombre», dijo en una una ocasión en una entrevista que cita Paz Santa Cecilia. Por su parte, Pacita Tomás justifica que su nombre no sea conocido en nuestro país. « Trabajó poco en España ».«Presentamos -dice Marina Bollaín- a un bailarín prácticamente desconocido, pero no por ello menos interesante, que desarrolla su carrera durante el franquismo, fundamentalmente fuera de España y, a partir de los años 60 en la costa mediterránea. Una carrera desigual, con momentos de grandes éxitos y giras, sobre todo en Hispanoamérica, pero también en Estados Unidos, Reino Unido o Francia. Un artista que llegó a grabar varias películas y a dirigir su propia compañía».El hallazgo de las dos maletas, la clasificación de su legado y la publicación del libro nos devuelven la memoria de un bailarín del que el ‘Daily News’ neoyorquino llegó a decir cuando se presentó en Broadway en 1954: «A diferencia de José Greco, que es bastante firme en todo, De Córdoba es ligero y flexible. Puede realizar las rutinas habituales en español con tanta nitidez y fuerza como sea necesario y también puede realizar muchas proezas con los pies, si se me permite la expresión, que dejarían perplejos a la mayoría de los bailarines que pasan la vida aprendiendo el ballet clásico italo-ruso».Trece cajasEl legado de Hurtado de Córdoba está guardado en trece cajas de archivo. Explican Miguel Ángel Hermida, Mar Gómez y Álvaro Pajares que el bailarín murió en Palma de Mallorca sin dejar herederos. «Tras la Resolución del 10 de marzo de 2020 se declara la condición de heredero abintestato único y universal al Consejo Insular de Mallorca y al Ayuntamiento de Palma de forma conjunta de sus bienes materiales. El Cdaem ha intentado establecer comunicación con las correspondientes administraciones, sin obtener respuesta alguna. En consecuencia, el Fondo se encuentra actualmente en custodia del Cdaem como parte de una donación».El fondo, según explican en el libro los tres investigadores, está dividido en diez series : Documentación personal y familiar, entre ella pasaportes, carnets de asociaciones, permisos de circulación, y el testamento de Amalia de Isaura; Documentación profesional y empresarial: destacan los carnés profesionales del Sindicato Nacional del Espectáculo; Documentación legal, jurídica y mercantil: contratos, recibos, facturas y permisos de trabajo; Un discurso del propio Narciso Hurtado, acompañado de un cuaderno que contiene notas manuscritas; Prensa: con más de setenta recortes y dosieres de prensa provenientes de diversos países y en diferentes idiomas; Documentación gráfica y audiovisual: cerca de 300 fotografías, entre ellas retratos junto a figuras como Amalia de Isaura, Cantinflas, Mario Cabré, Conchita Piquer y Carmen Amaya, además de fotografías de su ballet y de las películas en las que participó como bailarín. Hay también fotografías dedicadas y retratos personales; Un pequeño libro de encuadernación artesanal y manuscrito sobre su biografía y partituras, libretos y poemas dedicados; Objetos: Desde indumentaria laboral hasta elementos de tocador en cristal y plata, castañuelas, abanicos e incluso una colección de cajas de cerillas; Revistas con artículos dedicados al artista; Colección de programas: divididos físicamente en categorías de nacionales e internacionales. Hace siete años, en agosto de 2019, una pareja realizaba una reforma en un piso de la calle General Pardiñas, de Madrid; en un falso techo aparecieron dos maletas llenas de fotografías, programas, carteles y documentos, todos con un nombre como denominador común: Narciso Hurtado de Córdoba , un bailarín que triunfó en los cuarenta y cincuenta especialmente en Argentina. Un reportaje en Telemadrid dio a conocer la noticia y la búsqueda de posibles familiares por parte de la pareja. Las dos maletas fueron llevadas por la pareja al Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música (Cdaem) , que estudió el material y ha publicado ahora un libro -‘Narciso Hurtado de Córdoba’: la huella de un bailarín errante’-, ilustrado con las fotografías encontradas, sendas presentaciones de Paz Santa Cecilia -directora general del Inaem, del que depende el Cdaem- y Marina Bollaín, directora de este último centro; y artículos de Beatriz Martínez del Fresno, Ana Isabel Elvira y tres investigadores del Cdaem: Miguel Ángel Hermida, Mar Gómez y Álvaro Pajares.Narciso Hurtado de Córdoba (su nombre real era Narciso Hurtado de la Fuente) nació en Madrid el 25 de junio de 1927 y murió en Palma de Mallorca, donde vivió sus últimos años, el 26 de enero de 2019. Niño prodigio, empezó a bailar a los once años. Estudió con Paquita Pagán y Ángel Pericet y al concluir fue contratado por Concha Piquer para su espectáculo ‘Cabalgata’; allí conocería a la actriz Amalia de Isaura, con la que estuvo unido profesional y personalmente durante muchos años -«tenían una relación sentimental, seguro», dice en una entrevista en el libro Pacita Tomás , bailarina que trabajó durante un tiempo Hurtado de Córdoba-. Compartió escenario con figuras como Josephine Baker, Rafael Farina, Celia Gámez, Lola Flores, Carmen Sevilla, Tony Leblanc o Mariemma; bailó en numerosos escenarios de Europa y América, finalmente con su propio ballet, e intervino en películas como ‘El precio de la gloria’ (Jaime Salvador, 1949) o ‘El nuevo caso del inspector Clouseau’ (Blake Edwards, 1964). Noticia relacionada No No París Negro: una historia desconocida del gran arte de 1950 al 2000 Juan Pedro Quiñonero | Corresponsal en París«Soñé y sueño con ser un excepcional artista, con largos viajes, con grandes espectáculos encabezados con mi nombre», dijo en una una ocasión en una entrevista que cita Paz Santa Cecilia. Por su parte, Pacita Tomás justifica que su nombre no sea conocido en nuestro país. « Trabajó poco en España ».«Presentamos -dice Marina Bollaín- a un bailarín prácticamente desconocido, pero no por ello menos interesante, que desarrolla su carrera durante el franquismo, fundamentalmente fuera de España y, a partir de los años 60 en la costa mediterránea. Una carrera desigual, con momentos de grandes éxitos y giras, sobre todo en Hispanoamérica, pero también en Estados Unidos, Reino Unido o Francia. Un artista que llegó a grabar varias películas y a dirigir su propia compañía».El hallazgo de las dos maletas, la clasificación de su legado y la publicación del libro nos devuelven la memoria de un bailarín del que el ‘Daily News’ neoyorquino llegó a decir cuando se presentó en Broadway en 1954: «A diferencia de José Greco, que es bastante firme en todo, De Córdoba es ligero y flexible. Puede realizar las rutinas habituales en español con tanta nitidez y fuerza como sea necesario y también puede realizar muchas proezas con los pies, si se me permite la expresión, que dejarían perplejos a la mayoría de los bailarines que pasan la vida aprendiendo el ballet clásico italo-ruso».Trece cajasEl legado de Hurtado de Córdoba está guardado en trece cajas de archivo. Explican Miguel Ángel Hermida, Mar Gómez y Álvaro Pajares que el bailarín murió en Palma de Mallorca sin dejar herederos. «Tras la Resolución del 10 de marzo de 2020 se declara la condición de heredero abintestato único y universal al Consejo Insular de Mallorca y al Ayuntamiento de Palma de forma conjunta de sus bienes materiales. El Cdaem ha intentado establecer comunicación con las correspondientes administraciones, sin obtener respuesta alguna. En consecuencia, el Fondo se encuentra actualmente en custodia del Cdaem como parte de una donación».El fondo, según explican en el libro los tres investigadores, está dividido en diez series : Documentación personal y familiar, entre ella pasaportes, carnets de asociaciones, permisos de circulación, y el testamento de Amalia de Isaura; Documentación profesional y empresarial: destacan los carnés profesionales del Sindicato Nacional del Espectáculo; Documentación legal, jurídica y mercantil: contratos, recibos, facturas y permisos de trabajo; Un discurso del propio Narciso Hurtado, acompañado de un cuaderno que contiene notas manuscritas; Prensa: con más de setenta recortes y dosieres de prensa provenientes de diversos países y en diferentes idiomas; Documentación gráfica y audiovisual: cerca de 300 fotografías, entre ellas retratos junto a figuras como Amalia de Isaura, Cantinflas, Mario Cabré, Conchita Piquer y Carmen Amaya, además de fotografías de su ballet y de las películas en las que participó como bailarín. Hay también fotografías dedicadas y retratos personales; Un pequeño libro de encuadernación artesanal y manuscrito sobre su biografía y partituras, libretos y poemas dedicados; Objetos: Desde indumentaria laboral hasta elementos de tocador en cristal y plata, castañuelas, abanicos e incluso una colección de cajas de cerillas; Revistas con artículos dedicados al artista; Colección de programas: divididos físicamente en categorías de nacionales e internacionales.
Hace siete años, en agosto de 2019, una pareja realizaba una reforma en un piso de la calle General Pardiñas, de Madrid; en un falso techo aparecieron dos maletas llenas de fotografías, programas, carteles y documentos, todos con un nombre como denominador común: Narciso Hurtado … de Córdoba, un bailarín que triunfó en los cuarenta y cincuenta especialmente en Argentina. Un reportaje en Telemadrid dio a conocer la noticia y la búsqueda de posibles familiares por parte de la pareja.
Las dos maletas fueron llevadas por la pareja al Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música (Cdaem), que estudió el material y ha publicado ahora un libro -‘Narciso Hurtado de Córdoba’: la huella de un bailarín errante’-, ilustrado con las fotografías encontradas, sendas presentaciones de Paz Santa Cecilia -directora general del Inaem, del que depende el Cdaem- y Marina Bollaín, directora de este último centro; y artículos de Beatriz Martínez del Fresno, Ana Isabel Elvira y tres investigadores del Cdaem: Miguel Ángel Hermida, Mar Gómez y Álvaro Pajares.
Narciso Hurtado de Córdoba (su nombre real era Narciso Hurtado de la Fuente) nació en Madrid el 25 de junio de 1927 y murió en Palma de Mallorca, donde vivió sus últimos años, el 26 de enero de 2019. Niño prodigio, empezó a bailar a los once años. Estudió con Paquita Pagán y Ángel Pericet y al concluir fue contratado por Concha Piquer para su espectáculo ‘Cabalgata’; allí conocería a la actriz Amalia de Isaura, con la que estuvo unido profesional y personalmente durante muchos años -«tenían una relación sentimental, seguro», dice en una entrevista en el libro Pacita Tomás, bailarina que trabajó durante un tiempo Hurtado de Córdoba-. Compartió escenario con figuras como Josephine Baker, Rafael Farina, Celia Gámez, Lola Flores, Carmen Sevilla, Tony Leblanc o Mariemma; bailó en numerosos escenarios de Europa y América, finalmente con su propio ballet, e intervino en películas como ‘El precio de la gloria’ (Jaime Salvador, 1949) o ‘El nuevo caso del inspector Clouseau’ (Blake Edwards, 1964).
«Soñé y sueño con ser un excepcional artista, con largos viajes, con grandes espectáculos encabezados con mi nombre», dijo en una una ocasión en una entrevista que cita Paz Santa Cecilia. Por su parte, Pacita Tomás justifica que su nombre no sea conocido en nuestro país. «Trabajó poco en España».
«Presentamos -dice Marina Bollaín- a un bailarín prácticamente desconocido, pero no por ello menos interesante, que desarrolla su carrera durante el franquismo, fundamentalmente fuera de España y, a partir de los años 60 en la costa mediterránea. Una carrera desigual, con momentos de grandes éxitos y giras, sobre todo en Hispanoamérica, pero también en Estados Unidos, Reino Unido o Francia. Un artista que llegó a grabar varias películas y a dirigir su propia compañía».
El hallazgo de las dos maletas, la clasificación de su legado y la publicación del libro nos devuelven la memoria de un bailarín del que el ‘Daily News’ neoyorquino llegó a decir cuando se presentó en Broadway en 1954: «A diferencia de José Greco, que es bastante firme en todo, De Córdoba es ligero y flexible. Puede realizar las rutinas habituales en español con tanta nitidez y fuerza como sea necesario y también puede realizar muchas proezas con los pies, si se me permite la expresión, que dejarían perplejos a la mayoría de los bailarines que pasan la vida aprendiendo el ballet clásico italo-ruso».
Trece cajas
El legado de Hurtado de Córdoba está guardado en trece cajas de archivo. Explican Miguel Ángel Hermida, Mar Gómez y Álvaro Pajares que el bailarín murió en Palma de Mallorca sin dejar herederos. «Tras la Resolución del 10 de marzo de 2020 se declara la condición de heredero abintestato único y universal al Consejo Insular de Mallorca y al Ayuntamiento de Palma de forma conjunta de sus bienes materiales. El Cdaem ha intentado establecer comunicación con las correspondientes administraciones, sin obtener respuesta alguna. En consecuencia, el Fondo se encuentra actualmente en custodia del Cdaem como parte de una donación».
El fondo, según explican en el libro los tres investigadores, está dividido en diez series: Documentación personal y familiar, entre ella pasaportes, carnets de asociaciones, permisos de circulación, y el testamento de Amalia de Isaura; Documentación profesional y empresarial: destacan los carnés profesionales del Sindicato Nacional del Espectáculo; Documentación legal, jurídica y mercantil: contratos, recibos, facturas y permisos de trabajo; Un discurso del propio Narciso Hurtado, acompañado de un cuaderno que contiene notas manuscritas; Prensa: con más de setenta recortes y dosieres de prensa provenientes de diversos países y en diferentes idiomas; Documentación gráfica y audiovisual: cerca de 300 fotografías, entre ellas retratos junto a figuras como Amalia de Isaura, Cantinflas, Mario Cabré, Conchita Piquer y Carmen Amaya, además de fotografías de su ballet y de las películas en las que participó como bailarín. Hay también fotografías dedicadas y retratos personales; Un pequeño libro de encuadernación artesanal y manuscrito sobre su biografía y partituras, libretos y poemas dedicados; Objetos: Desde indumentaria laboral hasta elementos de tocador en cristal y plata, castañuelas, abanicos e incluso una colección de cajas de cerillas; Revistas con artículos dedicados al artista; Colección de programas: divididos físicamente en categorías de nacionales e internacionales.
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