El recorrido empieza en Central Park, en la orilla este del lago. Aquí, una mañana ficticia y fría de 1968, Gordo Farelli le hace a Fabrizio Donatti una de esas ofertas que no se pueden rechazar. «A la mafia se entra por voluntad propia y solo se sale en caja», dice Paloma Sánchez-Garnica , que ha venido a Nueva York a hablar de su libro, ‘Un hombre de honor’ (Planeta). La de hoy es una tarde soleada y agradablemente fresca. Los ‘runners’ esquivan a quienes se plantan a contemplar el ‘skyline’ de la ciudad, quizá pensando en la conquista del lugar, del territorio. También ellos han hecho un pacto secreto, solo que con su cuerpo o Marco Aurelio . «Me interesaba mucho este concepto ambiguo del honor, que está en toda la historia», continúa la autora, que después desgrana la trama de su nueva historia, que en realidad son dos: la persecución de un capo al que nadie ha visto nunca y al que todos llaman Dios y la peripecia de una periodista del ‘New York Times’ que presencia el magnicidio de Robert F. Kennedy en la cocina del Ambassador. De fondo, claro, está el crimen organizado, la heroína, la sangría de la guerra de Vietnam y la siempre sospechosa verdad oficial de la Historia.«Todo empezó después de leer un artículo sobre Sirhan Sirhan, el único condenado por el atentado contra el senador Robert Francis Kennedy en junio de 1968 en Los Ángeles. Era la enésima vez que le denegaban la libertad condicional, y eso me llevó a adentrarme más en el personaje. Ni siquiera sabía que seguía vivo… Empecé a tirar del hilo y me encontré con las irregularidades brutales de la investigación. Y después llegué a la CIA y al proyecto MK Ultra , que tenía como objetivo principal investigar métodos para controlar, modificar o influir en la conducta humana. En ese momento dije: aquí hay una novela. Y escribiendo empecé a pensar en la mafia, releí ‘El Padrino’ y…». Y aquí estamos un nutrido grupo de periodistas acompañando a la premio Planeta de 2024 por los escenarios de su nueva ficción, que llega ahora a librerías.Cruzamos Times Square, que es la materialización más exacta del algoritmo de TikTok, y en la 43 nos paramos frente a la antigua sede del ‘New York Times’. «Es evidente que Sirhan Sirhan disparó a Robert F. Kennedy, pero no fue el único, ni siquiera el responsable del tiro que lo mata. Este se realizó prácticamente a un centímetro de su cabeza, detrás de la oreja, en el lado derecho, y Sirhan Sirhan siempre estuvo de frente y a un metro, como mínimo, de distancia. La versión oficial no encaja, pero en esa época los grandes periódicos, la prensa en general, aceptaban ese juego de la versión oficial en aras de la seguridad nacional. Esto se rompe claramente en Estados Unidos con los Papeles del Pentágono, que los suelta el ‘New York Times’ en el año 71. Y el pensamiento de la prensa cambia definitivamente con el caso Watergate, de 1972: ahí se la juegan y triunfa la verdad, pero una verdad muy descarnada, que desconcierta muchísimo a la sociedad», explica la novelista. —¿Seguimos en el mismo desconcierto?—Esa decisión de contar o no contar es uno de los dilemas que se plantean a lo largo de toda esta novela, a nivel profesional, pero no solo. Me viene a la memoria ahora a la cabeza aquella frase de Edward R. Murrow: una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos.Cerca de Wall Street está el ‘Delmonico’s’, donde comieron Lincoln, Mark Twain, Tesla, Dickens y otros hombres ilustres. «Dicen que fueron los primeros que pusieron manteles de tela en Nueva York, y tenían el menú en francés e inglés: la idea era que aquí podían comer como si estuvieran en París. Y aquí venían las familias ricas, esas que tenían negocios en la guerra de Vietnam. La guerra tenía que seguir porque interesaba a muchos, por eso siguió, de hecho. ¿Quién iba? Chavales pobres, desde luego».La autora, junto a su obra Javier OcañaLa conversación sigue por los muelles de Hoboken y por Harlem, donde se mueven sus personajes. «El año 68 es de una gran transformación, la violencia política fue brutal: es el año del asesinato de Robert F. Kennedy, pero también el de Luther King, que provocó protestas violentísimas a lo largo y ancho de todo el país, porque la lucha por los derechos civiles de la población negra, no tanto de las mujeres, estaba en plena ebullición. Y también estaba la guerra de Vietnam… Es un momento que hay que conocer».—¿Y nos vale de algo ese conocimiento?—Yo considero que conocer el pasado, comprenderlo, darle forma, es una manera de entendernos como sociedad y de estar alerta. Por eso me interesa tanto el siglo XX. Con toda la información que tenemos ahora, en esta sociedad tan acomodada, es conveniente entender qué nos puede pasar. A lo mejor sucede del mismo modo, pero sí con las mismas consecuencias trágicas. Eso me preocupa.«Yo considero que conocer el pasado, comprenderlo, darle forma, es una manera de entendernos como sociedad y de estar alerta. Por eso me interesa tanto el siglo XX» Paloma Sánchez-GarnicaEn la catedral de San Patricio sucede la última escena. «Es un lugar que invita a la confesión, al perdón, a mirar al cielo, a reconsiderar lo que se ha hecho y se ha callado», explica Sánchez-Garnica en la puerta, esquivando el destripe mientras el caos de la ciudad sigue su curso. Enfrente, ya será casualidad, hay Victoria’s Secret, y alrededor el jaleo de los coches, los aviones sobrevolando Manhattan y la gente caminando como persiguiendo sus sueños o una dirección en Google Maps. Las campanas se mezclan con el ruido de la calle en un solo sonido, y no hay razón para que el ruido resultante no resuma un poco esta ciudad, cualquier ciudad, y también las contradicciones de las que están hechas las historias. Es difícil no pensar en el final de ‘Con faltas y a lo loco’: nadie es perfecto. El recorrido empieza en Central Park, en la orilla este del lago. Aquí, una mañana ficticia y fría de 1968, Gordo Farelli le hace a Fabrizio Donatti una de esas ofertas que no se pueden rechazar. «A la mafia se entra por voluntad propia y solo se sale en caja», dice Paloma Sánchez-Garnica , que ha venido a Nueva York a hablar de su libro, ‘Un hombre de honor’ (Planeta). La de hoy es una tarde soleada y agradablemente fresca. Los ‘runners’ esquivan a quienes se plantan a contemplar el ‘skyline’ de la ciudad, quizá pensando en la conquista del lugar, del territorio. También ellos han hecho un pacto secreto, solo que con su cuerpo o Marco Aurelio . «Me interesaba mucho este concepto ambiguo del honor, que está en toda la historia», continúa la autora, que después desgrana la trama de su nueva historia, que en realidad son dos: la persecución de un capo al que nadie ha visto nunca y al que todos llaman Dios y la peripecia de una periodista del ‘New York Times’ que presencia el magnicidio de Robert F. Kennedy en la cocina del Ambassador. De fondo, claro, está el crimen organizado, la heroína, la sangría de la guerra de Vietnam y la siempre sospechosa verdad oficial de la Historia.«Todo empezó después de leer un artículo sobre Sirhan Sirhan, el único condenado por el atentado contra el senador Robert Francis Kennedy en junio de 1968 en Los Ángeles. Era la enésima vez que le denegaban la libertad condicional, y eso me llevó a adentrarme más en el personaje. Ni siquiera sabía que seguía vivo… Empecé a tirar del hilo y me encontré con las irregularidades brutales de la investigación. Y después llegué a la CIA y al proyecto MK Ultra , que tenía como objetivo principal investigar métodos para controlar, modificar o influir en la conducta humana. En ese momento dije: aquí hay una novela. Y escribiendo empecé a pensar en la mafia, releí ‘El Padrino’ y…». Y aquí estamos un nutrido grupo de periodistas acompañando a la premio Planeta de 2024 por los escenarios de su nueva ficción, que llega ahora a librerías.Cruzamos Times Square, que es la materialización más exacta del algoritmo de TikTok, y en la 43 nos paramos frente a la antigua sede del ‘New York Times’. «Es evidente que Sirhan Sirhan disparó a Robert F. Kennedy, pero no fue el único, ni siquiera el responsable del tiro que lo mata. Este se realizó prácticamente a un centímetro de su cabeza, detrás de la oreja, en el lado derecho, y Sirhan Sirhan siempre estuvo de frente y a un metro, como mínimo, de distancia. La versión oficial no encaja, pero en esa época los grandes periódicos, la prensa en general, aceptaban ese juego de la versión oficial en aras de la seguridad nacional. Esto se rompe claramente en Estados Unidos con los Papeles del Pentágono, que los suelta el ‘New York Times’ en el año 71. Y el pensamiento de la prensa cambia definitivamente con el caso Watergate, de 1972: ahí se la juegan y triunfa la verdad, pero una verdad muy descarnada, que desconcierta muchísimo a la sociedad», explica la novelista. —¿Seguimos en el mismo desconcierto?—Esa decisión de contar o no contar es uno de los dilemas que se plantean a lo largo de toda esta novela, a nivel profesional, pero no solo. Me viene a la memoria ahora a la cabeza aquella frase de Edward R. Murrow: una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos.Cerca de Wall Street está el ‘Delmonico’s’, donde comieron Lincoln, Mark Twain, Tesla, Dickens y otros hombres ilustres. «Dicen que fueron los primeros que pusieron manteles de tela en Nueva York, y tenían el menú en francés e inglés: la idea era que aquí podían comer como si estuvieran en París. Y aquí venían las familias ricas, esas que tenían negocios en la guerra de Vietnam. La guerra tenía que seguir porque interesaba a muchos, por eso siguió, de hecho. ¿Quién iba? Chavales pobres, desde luego».La autora, junto a su obra Javier OcañaLa conversación sigue por los muelles de Hoboken y por Harlem, donde se mueven sus personajes. «El año 68 es de una gran transformación, la violencia política fue brutal: es el año del asesinato de Robert F. Kennedy, pero también el de Luther King, que provocó protestas violentísimas a lo largo y ancho de todo el país, porque la lucha por los derechos civiles de la población negra, no tanto de las mujeres, estaba en plena ebullición. Y también estaba la guerra de Vietnam… Es un momento que hay que conocer».—¿Y nos vale de algo ese conocimiento?—Yo considero que conocer el pasado, comprenderlo, darle forma, es una manera de entendernos como sociedad y de estar alerta. Por eso me interesa tanto el siglo XX. Con toda la información que tenemos ahora, en esta sociedad tan acomodada, es conveniente entender qué nos puede pasar. A lo mejor sucede del mismo modo, pero sí con las mismas consecuencias trágicas. Eso me preocupa.«Yo considero que conocer el pasado, comprenderlo, darle forma, es una manera de entendernos como sociedad y de estar alerta. Por eso me interesa tanto el siglo XX» Paloma Sánchez-GarnicaEn la catedral de San Patricio sucede la última escena. «Es un lugar que invita a la confesión, al perdón, a mirar al cielo, a reconsiderar lo que se ha hecho y se ha callado», explica Sánchez-Garnica en la puerta, esquivando el destripe mientras el caos de la ciudad sigue su curso. Enfrente, ya será casualidad, hay Victoria’s Secret, y alrededor el jaleo de los coches, los aviones sobrevolando Manhattan y la gente caminando como persiguiendo sus sueños o una dirección en Google Maps. Las campanas se mezclan con el ruido de la calle en un solo sonido, y no hay razón para que el ruido resultante no resuma un poco esta ciudad, cualquier ciudad, y también las contradicciones de las que están hechas las historias. Es difícil no pensar en el final de ‘Con faltas y a lo loco’: nadie es perfecto.
El recorrido empieza en Central Park, en la orilla este del lago. Aquí, una mañana ficticia y fría de 1968, Gordo Farelli le hace a Fabrizio Donatti una de esas ofertas que no se pueden rechazar. «A la mafia se entra por voluntad propia y … solo se sale en caja», dice Paloma Sánchez-Garnica, que ha venido a Nueva York a hablar de su libro, ‘Un hombre de honor’ (Planeta). La de hoy es una tarde soleada y agradablemente fresca. Los ‘runners’ esquivan a quienes se plantan a contemplar el ‘skyline’ de la ciudad, quizá pensando en la conquista del lugar, del territorio. También ellos han hecho un pacto secreto, solo que con su cuerpo o Marco Aurelio. «Me interesaba mucho este concepto ambiguo del honor, que está en toda la historia», continúa la autora, que después desgrana la trama de su nueva historia, que en realidad son dos: la persecución de un capo al que nadie ha visto nunca y al que todos llaman Dios y la peripecia de una periodista del ‘New York Times’ que presencia el magnicidio de Robert F. Kennedy en la cocina del Ambassador. De fondo, claro, está el crimen organizado, la heroína, la sangría de la guerra de Vietnam y la siempre sospechosa verdad oficial de la Historia.
«Todo empezó después de leer un artículo sobre Sirhan Sirhan, el único condenado por el atentado contra el senador Robert Francis Kennedy en junio de 1968 en Los Ángeles. Era la enésima vez que le denegaban la libertad condicional, y eso me llevó a adentrarme más en el personaje. Ni siquiera sabía que seguía vivo… Empecé a tirar del hilo y me encontré con las irregularidades brutales de la investigación. Y después llegué a la CIA y al proyecto MK Ultra, que tenía como objetivo principal investigar métodos para controlar, modificar o influir en la conducta humana. En ese momento dije: aquí hay una novela. Y escribiendo empecé a pensar en la mafia, releí ‘El Padrino’ y…». Y aquí estamos un nutrido grupo de periodistas acompañando a la premio Planeta de 2024 por los escenarios de su nueva ficción, que llega ahora a librerías.
Cruzamos Times Square, que es la materialización más exacta del algoritmo de TikTok, y en la 43 nos paramos frente a la antigua sede del ‘New York Times’. «Es evidente que Sirhan Sirhan disparó a Robert F. Kennedy, pero no fue el único, ni siquiera el responsable del tiro que lo mata. Este se realizó prácticamente a un centímetro de su cabeza, detrás de la oreja, en el lado derecho, y Sirhan Sirhan siempre estuvo de frente y a un metro, como mínimo, de distancia. La versión oficial no encaja, pero en esa época los grandes periódicos, la prensa en general, aceptaban ese juego de la versión oficial en aras de la seguridad nacional. Esto se rompe claramente en Estados Unidos con los Papeles del Pentágono, que los suelta el ‘New York Times’ en el año 71. Y el pensamiento de la prensa cambia definitivamente con el caso Watergate, de 1972: ahí se la juegan y triunfa la verdad, pero una verdad muy descarnada, que desconcierta muchísimo a la sociedad», explica la novelista.
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—¿Seguimos en el mismo desconcierto?
—Esa decisión de contar o no contar es uno de los dilemas que se plantean a lo largo de toda esta novela, a nivel profesional, pero no solo. Me viene a la memoria ahora a la cabeza aquella frase de Edward R. Murrow: una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos.
Cerca de Wall Street está el ‘Delmonico’s’, donde comieron Lincoln, Mark Twain, Tesla, Dickens y otros hombres ilustres. «Dicen que fueron los primeros que pusieron manteles de tela en Nueva York, y tenían el menú en francés e inglés: la idea era que aquí podían comer como si estuvieran en París. Y aquí venían las familias ricas, esas que tenían negocios en la guerra de Vietnam. La guerra tenía que seguir porque interesaba a muchos, por eso siguió, de hecho. ¿Quién iba? Chavales pobres, desde luego».

(Javier Ocaña)
La conversación sigue por los muelles de Hoboken y por Harlem, donde se mueven sus personajes. «El año 68 es de una gran transformación, la violencia política fue brutal: es el año del asesinato de Robert F. Kennedy, pero también el de Luther King, que provocó protestas violentísimas a lo largo y ancho de todo el país, porque la lucha por los derechos civiles de la población negra, no tanto de las mujeres, estaba en plena ebullición. Y también estaba la guerra de Vietnam… Es un momento que hay que conocer».
—¿Y nos vale de algo ese conocimiento?
—Yo considero que conocer el pasado, comprenderlo, darle forma, es una manera de entendernos como sociedad y de estar alerta. Por eso me interesa tanto el siglo XX. Con toda la información que tenemos ahora, en esta sociedad tan acomodada, es conveniente entender qué nos puede pasar. A lo mejor sucede del mismo modo, pero sí con las mismas consecuencias trágicas. Eso me preocupa.
«Yo considero que conocer el pasado, comprenderlo, darle forma, es una manera de entendernos como sociedad y de estar alerta. Por eso me interesa tanto el siglo XX»
Paloma Sánchez-Garnica
En la catedral de San Patricio sucede la última escena. «Es un lugar que invita a la confesión, al perdón, a mirar al cielo, a reconsiderar lo que se ha hecho y se ha callado», explica Sánchez-Garnica en la puerta, esquivando el destripe mientras el caos de la ciudad sigue su curso. Enfrente, ya será casualidad, hay Victoria’s Secret, y alrededor el jaleo de los coches, los aviones sobrevolando Manhattan y la gente caminando como persiguiendo sus sueños o una dirección en Google Maps. Las campanas se mezclan con el ruido de la calle en un solo sonido, y no hay razón para que el ruido resultante no resuma un poco esta ciudad, cualquier ciudad, y también las contradicciones de las que están hechas las historias. Es difícil no pensar en el final de ‘Con faltas y a lo loco’: nadie es perfecto.
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