Probablemente cualquiera que se haga llamar periodista en Chile está familiarizado con el nombre de Lenka Franulic (1908-1961). Aún más probable, sin embargo, es que no haya leído sus textos. Se la conoce como la primera mujer del oficio y, aunque en realidad hubo varias que practicaron lo practicaron antes que ella, ninguna llegó tan lejos con su trabajo e hizo tanto por profesionalizar la carrera. Fue una figura clave en la creación del Círculo de Periodistas y de la primera Escuela de Periodismo del país, en la Universidad de Chile. Pero lo que más hizo Lenka Franulic, fue reportear para radio y medios escritos. Lo hizo con una mirada original e ilustrada y una pluma versátil; bien podía relatar los efectos de la Segunda Guerra Mundial o la conquista del derecho a voto de las chilenas, como lo que significaba la cursilería para la idiosincrasia criolla del momento, o relatar la escena cultural en la voz de sus protagonistas. Mandatarios y destacadas personalidades nacionales e internacionales, como Gabriela Mistral, Frank Sinatra o Simone de Beauvoir, aceptaron responder sus preguntas. Y si bien tenía un marcado estilo personal, se adecuaba con comodidad a los distintos géneros: entrevista, reportaje, crónica e incluso columnas de opinión, en una época en que los hombres dominaban la narrativa. Una muestra del tamaño de la influencia de Lenka Franulic en la primera mitad del siglo XX, es que a su funeral asistió el presidente Jorge Alessandri y Pablo Neruda ofreció un discurso.
Las periodistas Paula Escobar y Cecilia García Huidobro rastrearon cientos de textos de mitad del siglo pasado para reunir las entrevistas, crónicas y perfiles de la pionera del oficio
Probablemente cualquiera que se haga llamar periodista en Chile está familiarizado con el nombre de Lenka Franulic (1908-1961). Aún más probable, sin embargo, es que no haya leído sus textos. Se la conoce como la primera mujer del oficio y, aunque en realidad hubo varias que practicaron el periodismo antes que ella, ninguna llegó tan lejos con su trabajo e hizo tanto por profesionalizar la carrera. Fue una figura clave en la creación del Círculo de Periodistas y de la primera Escuela de Periodismo del país, en la Universidad de Chile. Pero lo que más hizo Lenka Franulic, fue reportear para radio y medios escritos. Lo hizo con una mirada original e ilustrada y una pluma versátil; bien podía relatar los efectos de la Segunda Guerra Mundial o la conquista del derecho a voto de las chilenas, como lo que significaba la cursilería para la idiosincrasia criolla del momento, o relatar la escena cultural en la voz de sus protagonistas. Mandatarios y destacadas personalidades nacionales e internacionales, como Gabriela Mistral, Frank Sinatra o Simone de Beauvoir, aceptaron responder sus preguntas. Y si bien tenía un marcado estilo personal, se adecuaba con comodidad a los distintos géneros: entrevista, reportaje, crónica e incluso columnas de opinión, en una época en que los hombres dominaban la narrativa. Una muestra del tamaño de la influencia de Lenka Franulic en la primera mitad del siglo XX, es que a su funeral asistió el presidente Jorge Alessandri y Pablo Neruda ofreció un discurso.
La paradoja de que se rindiera tributo a su figura hasta el día de hoy pero no se conociera realmente su obra, impulsó a las periodistas Paula Escobar y Cecilia García Huidobro a publicar la primera antología de Franulic; la titularon Reportera (Ediciones Universidad Diego Portales), y su lanzamiento es este martes 10 de noviembre.
A lo largo de las carreras de Escobar y García Huidobro, Lenka Franulic se les apareció varias veces. Ya fuese en trabajos que hicieron sobre las mujeres en la historia de la prensa nacional, en conversaciones con prominentes periodistas que la conocieron o leyendo entrevistas a célebres personajes que llevaban su firma. Pero siempre las rondaba la misma duda: ¿por qué se le reconoce su quehacer, pero no su obra? Conscientes de que el próximo año se cumplirán 70 años desde que recibió el Premio Nacional de Periodismo -en eso también fue pionera-, decidieron llenar el vacío y saldar esa deuda pendiente con su trabajo. “Está lleno de recopilaciones de todo lo que escribió periodísticamente García Márquez, pero aquí no hay ninguna. Menos mal que existe el premio, porque eso ha mantenido su memoria viva en las mujeres periodistas”, apunta Escobar, en alusión al galardón Lenka Franulic, el máximo reconocimiento que puede recibir una periodista en Chile desde la década del sesenta y que recientemente se le otorgó a Rocío Montes, jefa de información de EL PAÍS Chile.

Cuentan que Lenka Franulic escribió dos libros, Cien autores contemporáneos (1939) y Antología del cuento norteamericano (1943), y agregan que el primero les serviría como puntapié inicial para su reciente publicación, cuya idea al principio era hacer un perfil de Franulic entremezclado con su obra. Luego, vino el catastro digital. García Huidobro estaba contenta de haber descubierto una decena de escritos pertinentes online. Con posterioridad, ambas profesionales acudieron a la Biblioteca Nacional a probar suerte en los archivos. Ahí encontraron cientos de textos de Franulic en la revista Hoy, Ercilla -que dirigió hasta su muerte- y Eva, de la que también fue directora. Junto a un asistente de investigación, se sumergieron en las microfichas disponibles para resguardar los originales. En algunos casos, cuando era ilegible el material, pudieron acceder con importantes medidas de seguridad a las revistas de mitad del siglo pasado.
El material era tan rico y diverso que supuso tres años de curatoría. No fue fácil. Cuentan que imaginaban dialogar con ella sobre qué artículo le gustaría que seleccionaran y cuál no.
“El primer filtro fue la calidad y la actualidad. No se caían demasiadas cosas, pero sí algunas. Luego, era más como una batalla… porque batallábamos. Era entretenida esa parte”, recuerda entre risas García Huidobro. “Yo tengo una perspectiva generalmente cultural, entonces tiendo a ir por ese carril. Y estaba el contrapeso con Paula, que tiene una visión más periodística, de actualidad”, añade. Ambas han trabajado juntas en varios libros y complementan sus miradas. El resultado fue una fina selección, dividida en perfiles a mujeres, como la propia Mistral o Dorothy Parker; personajes destacados de la época, entre ellos políticos e intelectuales, como Juan Domingo Perón o Joaquín Edwards Bello, y crónicas que van desde sus visitas a la Casa Blanca, tanto como a la cárcel de mujeres.
La idea del perfil ensayístico se desechó rápidamente. “Por cada cosa que escribamos nosotras de su vida, nos planteábamos, no vayamos a hacer lo mismo que hicieron otros antes: quitarle espacio para que la gente la lea. El personaje es ella y queremos que dialoguen con su obra”, explica Escobar.

En la investigación descubrieron que Franulic, nacida en Antofagasta, 1.000 kilómetros al norte de Santiago, logró estar presente en la esfera pública de una manera hegemónica. “Tenía una pasión política, por supuesto, pero diría que tan o más importante era su pasión cultural, la de la literatura, del teatro, de la danza. Ella había sido actriz, tuvo una compañía de teatro. Nos dimos cuenta de todo eso leyéndola”, afirma Escobar. “Realmente tenía una capacidad impresionante de sintonizar con el entorno, con ella misma. Por ejemplo, como ella va hablando de la Segunda Guerra, es de una manera que no encuentras en otra parte”, añade García Huidobro.
Franulic era políglota y amante de los viajes. Eso, sumado a que nunca se casó ni tuvo hijos, le dio una libertad de la que hacía gala para conocer el mundo. En agosto de 1944, escribió sobre un viaje a Estados Unidos al que la invitó el Departamento de Estado. En el texto remarcó como una ventaja la de ser soltera: “Alguna teníamos que tener. Y no es pequeña la satisfacción de poder movilizarse sin tener que suplicar la autorización masculina. Mientras mi madre es ante la ley una menor de edad y no puede dar un paso sin el permiso de su cara mitad, yo, por una paradoja de nuestro sistema legal, soy dueña de mis actos y resoluciones”. En la misma crónica reconoció que temía cometer el menor traspié porque haría que “todos los misóginos” repitieran el argumento “sobre la ineptitud e ineficacia femenina y lanzaran una vez más sus clásicos anatemas, prescribiéndonos a la oscuridad del hogar de donde, según ellos, jamás debimos haber salido”.
Si hubo algún traspié, no trascendió. Por el contrario. La siguieron invitando y, en 1958, un año después de recibir el Premio Nacional de Periodismo, fue elegida Mejor Periodista del Año por la Sociedad Profesional de Mujeres Periodistas de los Estados Unidos.

Su libertad para moverse se notaba también en cómo entrevistaba. “No era condescendiente, para nada, pero no era confrontacional con su entrevistado”, describe Escobar. Agrega que su método era otro; saber preguntar, para que el otro se abriera. Destaca una entrevista a un personaje de Hollywood que le concedió 15 minutos y terminó hablando tres horas… Otra anécdota que se repite – cuenta-, es que para contratarla en Ercilla, le pidieron entrevistar a Mariano Latorre, Premio Nacional de Literatura, famoso por no acceder a dar entrevistas y que, según el relato, lo logró. Con esa oportunidad se abrió camino entre sus colegas que, poco usual en la época, la admiraron y reconocieron en vida. Su solidaridad y gusto por el trabajo en equipo explican parte de las razones de porqué se dio esa rareza.
Cuando ya tenía el diagnóstico de un cáncer agresivo, Franulic llegaba a la redacción repitiendo “tenemos que hacer esto”. Quienes la escuchaban sabían que no llegaría para entonces, pero la conocían. Nunca perdió el apetito por descubrir nuevos personajes e historias en la calle. Por eso el título del libro, el que, después de 70 años, saca a la luz por qué Lenka es siempre Lenka.
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