
“¡Rojo de mierda!“, le gritó este lunes Marcos de Quinto a Ramón Espinar en En boca de todos. Estaba desaforado porque Espinar le había tildado de “fascista miserable” después de que él le restregase los antiguos delitos de su padre (fallecido hace unas semanas, bonus track de miseria para De Quinto). Al menos se quedó en su progenitor. El árbol genealógico completo le están mentando a Fernando de los Santos Menéndez, portavoz del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, del que algunos inframedios se burlan llamándole “el marquesito” porque es de familia de posibles y piensan que para ser de izquierda hay que ser pobres de solemnidad, de calcetín remendado con huevo de zurcir.
Si llamábamos telebasura a los ‘realities’ y los formatos basados en montajes de seudofamosos, ¿cómo deberíamos llamar a los programas que incluyen a individuos como Aldo Comas humillando a una desahuciada o a Marcos de Quinto al grito de “¡rojo de mierda!“?
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Si llamábamos telebasura a los ‘realities’ y los formatos basados en montajes de seudofamosos, ¿cómo deberíamos llamar a los programas que incluyen a individuos como Aldo Comas humillando a una desahuciada o a Marcos de Quinto al grito de “¡rojo de mierda!“?


“¡Rojo de mierda!“, le gritó este lunes Marcos de Quinto a Ramón Espinar en En boca de todos. Estaba desaforado porque Espinar le había tildado de “fascista miserable” después de que él le restregase los antiguos delitos de su padre (fallecido hace unas semanas, bonus track de miseria para De Quinto). Al menos se quedó en su progenitor. El árbol genealógico completo le están mentando a Fernando de los Santos Menéndez, portavoz del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, del que algunos inframedios se burlan llamándole “el marquesito” porque es de familia de posibles y piensan que para ser de izquierda hay que ser pobres de solemnidad, de calcetín remendado con huevo de zurcir.
En boca de todos suma share a golpe de improperio. No le anda a la zaga el renovado El tiempo justo de Joaquín Prat, una ciénaga más de la factoría de Ana Rosa. Mediaset trata el corazón y la política con idéntica falta de escrúpulos porque el malismo se ha puesto de moda. Por eso dan voz a personajes como Aldo Comas —qué afortunados son si no lo conocen—. Para situarles, les diré que él y su pareja, la actriz Macarena Gómez, son como malvados de película de Tim Burton, excepto que ellos no son fruto de un guion. El nuevo tertuliano de las mañanas de Telecinco debutó llamando “purria” a los inmigrantes que entraron en Ceuta y se ha ido envalentonando. “Ahí el único germen que estáis creando es el del herpes”, le espetó esta semana a un acampado en la Puerta del Sol. Completó la mañana humillando a una anciana pendiente de desahucio que, como bastante tiene ella con lo suyo, lo cortó por lo sano. “Si voy a servir de chascarrillo, os dan por culo y una gorra a cuadros”. A favor siempre de los complementos. No será la más educada de la acampada, pero les ha pillado el punto: van allí a reírse de la desesperación ajena.
Esta degradación sin freno me hizo pensar en Yola Berrocal y Malena Gracia y aquello de “Señor Aznar, no somos telebasura. Respetamos su opinión, pero si nos viera, nosotros somos personas que enseñamos cosas. Hemos dibujado las camisetas, tocado las castañuelas”, que soltaron lastimeras en Hotel Glam después de que el entonces presidente alertase contra “los espectáculos de gente que no se sabe quién es, aireando miserias, insultándose de la manera más descarnada”. Ahora esa es la definición perfecta de las tertulias políticas de Mediaset. Y ni siquiera tocan las castañuelas.
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