Varios años después de su última visita a España, Ted Chiang (Nueva York, 1967) está de vuelta en el Festival Celsius de Avilés y no tiene libro nuevo. Solo dos volúmenes de relatos -‘La historia de tu vida’ y ‘Exhalación’- en tres décadas de carrera literaria han bastado para convertirlo en el mejor autor de ciencia ficción del planeta. La ambición filosófica de sus historias y la delicada orfebrería de sus textos han hecho de este científico computacional una de las voces más lúcidas para reflexionar sobre los riesgos del futuro y el potencial destructivo del desarrollo tecnológico. — ¿Cree que los debates en torno a la IA son una cuestión ética antes que tecnológica?—Deberíamos dejar de pensar la IA como un proyecto tecnológico y entenderla como un proyecto político que recorta autonomía a los individuos para transferirla a estructuras de poder centralizadas. La gente tiene cada vez menos control sobre su vida. Los trabajadores cada vez toman menos decisiones por sí mismos, y tienen que hacer lo que el algoritmo les dice. Y no solo pasa con los trabajadores, porque también vemos productos que limitan la capacidad de decisión de los consumidores, e incluso se vende como algo atractivo que tomes menos decisiones para que un producto las tome por ti. En el pasado, la ciencia ficción se planteaba si deberíamos dejar que las máquinas tomen decisiones por nosotros. Pero lo que ha acabado sucediendo, y que la ciencia ficción no predijo, es otra cosa: que Amazon tome decisiones por nosotros. Lo que la ciencia ficción no supo ver es hasta qué punto las máquinas están al servicio de intereses corporativos y no de una lógica objetiva pura. «Creo que la industria de la IA, y Silicon Valley en general, ha ido por mal camino»— Ha contado que, con el tiempo, ha ido adoptando una visión cada vez más crítica al observar los riesgos asociados al desarrollo tecnológico.—Creo que la industria de la IA, y Silicon Valley en general, ha ido por mal camino. No creo que esto fuera inevitable, pero lo cierto es que estamos en un momento en el que las cosas no hacen más que empeorar. Creo que esto se debe, en parte, a que Silicon Valley desempeña un papel muy importante en el desarrollo tecnológico en su conjunto y, al estar en EE.UU., está muy poco regulado. Silicon Valley se ha movido de forma casi exclusiva por el lucro. Yo he hablado con gente del sector que reconoce que, en los 2000, su objetivo era desarrollar un buen producto. Pero diez años después el objetivo era crear un producto que pueda comprar Google y hacerlos a todos ricos. El sector tecnológico se ha visto distorsionado por el funcionamiento que tiene el mercado y las finanzas en Silicon Valley. Mucha gente se ha dado cuenta: cuando comparas el internet de ahora con el de hace veinte años, te das cuenta de que el actual es peor. Las empresas se centran más en satisfacer a sus accionistas que a sus usuarios. Creo que la forma en que la tecnología se ha entrelazado con el capitalismo se ha vuelto muy perjudicial, y que las posibilidades positivas que ofrece la tecnología serán cada vez más difíciles de alcanzar. Todo eso ha contribuido a que mi visión de la tecnología sea cada vez más negativa.Noticia relacionada general No No Asegurar el cerebro de la IA: un problema crítico que amenaza el ‘boom’ en España Daniel Caballero— Como escritor, reflexiona sobre las implicaciones de los avances tecnológicos, y tiene además una sólida formación científica. ¿Echa de menos una mayor cultura científica entre los escritores y humanistas?—Creo que, en general, los humanistas entienden mejor la ciencia que la mayoría de los ingenieros entienden las humanidades. Creo que ese es, en cierto modo, el gran problema al que nos enfrentamos: que la gente de Silicon Valley parece ignorar por completo las humanidades. En general, los humanistas entienden lo suficiente de tecnología como para poder opinar sobre ella. La formación humanística te proporciona una base muy amplia para reflexionar sobre muchos temas. Por el contrario, la formación en ingeniería limita mucho las perspectivas de las personas y las inclina a tener una visión muy estrecha centrada en objetivos concretos y soluciones específicas. «El objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro, sino ayudarnos a reflexionar sobre él»— Muchos avances científicos aparecieron en la ciencia ficción antes que en la realidad: ¿cree que la literatura modela y orienta nuestro futuro?—El objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro, sino ayudarnos a reflexionar sobre él. Creo que la ciencia ficción es una forma de narrar historias propia de la época posterior a la revolución industrial. Antes de la revolución industrial, la tecnología se desarrollaba muy lentamente. Durante la mayor parte de la historia, el mundo en el que vivirían los nietos sería muy similar al que vivieron los abuelos. Con la revolución industrial todo eso cambia y las cosas suceden muy rápido. La ciencia ficción es el género que se da cuenta de que el futuro no se parecerá al pasado, y nos ayuda a hacer experimentos mentales utilizando el futuro como escenario. Es un género en el que se crea un mundo en el que las cosas son diferentes, y por eso es una forma útil de simular posibles escenarios y alternativas cuando hay quien dice que la situación actual es la única posible. — En buena parte de sus obras se aprecia una preocupación religiosa.—Aunque no soy religioso, siento una genuina curiosidad por cómo ven el mundo las personas que sí lo son. En el pasado nadie creía que hubiera contradicción entre ser científico y ser creyente. En la época de Newton, los científicos estudiaban el universo porque pensaban que la mejor forma de acercarse a Dios era comprender el universo que había creado. Cuando hacían un descubrimiento lo sentían como una experiencia religiosa. Muchos científicos contemporáneos son ateos, pero sienten ese asombro ante un descubrimiento importante. Hay algo muy similar entre el asombro científico y el religioso. Como ateo, ese asombro ante la comprensión del universo es lo que más me interesa, y me hace sentir que tal vez no esté tan lejos de las personas religiosas. Se trata, al final, de la conciencia de que existe un orden en el universo. Varios años después de su última visita a España, Ted Chiang (Nueva York, 1967) está de vuelta en el Festival Celsius de Avilés y no tiene libro nuevo. Solo dos volúmenes de relatos -‘La historia de tu vida’ y ‘Exhalación’- en tres décadas de carrera literaria han bastado para convertirlo en el mejor autor de ciencia ficción del planeta. La ambición filosófica de sus historias y la delicada orfebrería de sus textos han hecho de este científico computacional una de las voces más lúcidas para reflexionar sobre los riesgos del futuro y el potencial destructivo del desarrollo tecnológico. — ¿Cree que los debates en torno a la IA son una cuestión ética antes que tecnológica?—Deberíamos dejar de pensar la IA como un proyecto tecnológico y entenderla como un proyecto político que recorta autonomía a los individuos para transferirla a estructuras de poder centralizadas. La gente tiene cada vez menos control sobre su vida. Los trabajadores cada vez toman menos decisiones por sí mismos, y tienen que hacer lo que el algoritmo les dice. Y no solo pasa con los trabajadores, porque también vemos productos que limitan la capacidad de decisión de los consumidores, e incluso se vende como algo atractivo que tomes menos decisiones para que un producto las tome por ti. En el pasado, la ciencia ficción se planteaba si deberíamos dejar que las máquinas tomen decisiones por nosotros. Pero lo que ha acabado sucediendo, y que la ciencia ficción no predijo, es otra cosa: que Amazon tome decisiones por nosotros. Lo que la ciencia ficción no supo ver es hasta qué punto las máquinas están al servicio de intereses corporativos y no de una lógica objetiva pura. «Creo que la industria de la IA, y Silicon Valley en general, ha ido por mal camino»— Ha contado que, con el tiempo, ha ido adoptando una visión cada vez más crítica al observar los riesgos asociados al desarrollo tecnológico.—Creo que la industria de la IA, y Silicon Valley en general, ha ido por mal camino. No creo que esto fuera inevitable, pero lo cierto es que estamos en un momento en el que las cosas no hacen más que empeorar. Creo que esto se debe, en parte, a que Silicon Valley desempeña un papel muy importante en el desarrollo tecnológico en su conjunto y, al estar en EE.UU., está muy poco regulado. Silicon Valley se ha movido de forma casi exclusiva por el lucro. Yo he hablado con gente del sector que reconoce que, en los 2000, su objetivo era desarrollar un buen producto. Pero diez años después el objetivo era crear un producto que pueda comprar Google y hacerlos a todos ricos. El sector tecnológico se ha visto distorsionado por el funcionamiento que tiene el mercado y las finanzas en Silicon Valley. Mucha gente se ha dado cuenta: cuando comparas el internet de ahora con el de hace veinte años, te das cuenta de que el actual es peor. Las empresas se centran más en satisfacer a sus accionistas que a sus usuarios. Creo que la forma en que la tecnología se ha entrelazado con el capitalismo se ha vuelto muy perjudicial, y que las posibilidades positivas que ofrece la tecnología serán cada vez más difíciles de alcanzar. Todo eso ha contribuido a que mi visión de la tecnología sea cada vez más negativa.Noticia relacionada general No No Asegurar el cerebro de la IA: un problema crítico que amenaza el ‘boom’ en España Daniel Caballero— Como escritor, reflexiona sobre las implicaciones de los avances tecnológicos, y tiene además una sólida formación científica. ¿Echa de menos una mayor cultura científica entre los escritores y humanistas?—Creo que, en general, los humanistas entienden mejor la ciencia que la mayoría de los ingenieros entienden las humanidades. Creo que ese es, en cierto modo, el gran problema al que nos enfrentamos: que la gente de Silicon Valley parece ignorar por completo las humanidades. En general, los humanistas entienden lo suficiente de tecnología como para poder opinar sobre ella. La formación humanística te proporciona una base muy amplia para reflexionar sobre muchos temas. Por el contrario, la formación en ingeniería limita mucho las perspectivas de las personas y las inclina a tener una visión muy estrecha centrada en objetivos concretos y soluciones específicas. «El objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro, sino ayudarnos a reflexionar sobre él»— Muchos avances científicos aparecieron en la ciencia ficción antes que en la realidad: ¿cree que la literatura modela y orienta nuestro futuro?—El objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro, sino ayudarnos a reflexionar sobre él. Creo que la ciencia ficción es una forma de narrar historias propia de la época posterior a la revolución industrial. Antes de la revolución industrial, la tecnología se desarrollaba muy lentamente. Durante la mayor parte de la historia, el mundo en el que vivirían los nietos sería muy similar al que vivieron los abuelos. Con la revolución industrial todo eso cambia y las cosas suceden muy rápido. La ciencia ficción es el género que se da cuenta de que el futuro no se parecerá al pasado, y nos ayuda a hacer experimentos mentales utilizando el futuro como escenario. Es un género en el que se crea un mundo en el que las cosas son diferentes, y por eso es una forma útil de simular posibles escenarios y alternativas cuando hay quien dice que la situación actual es la única posible. — En buena parte de sus obras se aprecia una preocupación religiosa.—Aunque no soy religioso, siento una genuina curiosidad por cómo ven el mundo las personas que sí lo son. En el pasado nadie creía que hubiera contradicción entre ser científico y ser creyente. En la época de Newton, los científicos estudiaban el universo porque pensaban que la mejor forma de acercarse a Dios era comprender el universo que había creado. Cuando hacían un descubrimiento lo sentían como una experiencia religiosa. Muchos científicos contemporáneos son ateos, pero sienten ese asombro ante un descubrimiento importante. Hay algo muy similar entre el asombro científico y el religioso. Como ateo, ese asombro ante la comprensión del universo es lo que más me interesa, y me hace sentir que tal vez no esté tan lejos de las personas religiosas. Se trata, al final, de la conciencia de que existe un orden en el universo.
Varios años después de su última visita a España, Ted Chiang (Nueva York, 1967) está de vuelta en el Festival Celsius de Avilés y no tiene libro nuevo. Solo dos volúmenes de relatos -‘La historia de tu vida’ y ‘Exhalación’- en tres décadas … de carrera literaria han bastado para convertirlo en el mejor autor de ciencia ficción del planeta. La ambición filosófica de sus historias y la delicada orfebrería de sus textos han hecho de este científico computacional una de las voces más lúcidas para reflexionar sobre los riesgos del futuro y el potencial destructivo del desarrollo tecnológico.
—¿Cree que los debates en torno a la IA son una cuestión ética antes que tecnológica?
—Deberíamos dejar de pensar la IA como un proyecto tecnológico y entenderla como un proyecto político que recorta autonomía a los individuos para transferirla a estructuras de poder centralizadas. La gente tiene cada vez menos control sobre su vida. Los trabajadores cada vez toman menos decisiones por sí mismos, y tienen que hacer lo que el algoritmo les dice. Y no solo pasa con los trabajadores, porque también vemos productos que limitan la capacidad de decisión de los consumidores, e incluso se vende como algo atractivo que tomes menos decisiones para que un producto las tome por ti. En el pasado, la ciencia ficción se planteaba si deberíamos dejar que las máquinas tomen decisiones por nosotros. Pero lo que ha acabado sucediendo, y que la ciencia ficción no predijo, es otra cosa: que Amazon tome decisiones por nosotros. Lo que la ciencia ficción no supo ver es hasta qué punto las máquinas están al servicio de intereses corporativos y no de una lógica objetiva pura.
«Creo que la industria de la IA, y Silicon Valley en general, ha ido por mal camino»
—Ha contado que, con el tiempo, ha ido adoptando una visión cada vez más crítica al observar los riesgos asociados al desarrollo tecnológico.
—Creo que la industria de la IA, y Silicon Valley en general, ha ido por mal camino. No creo que esto fuera inevitable, pero lo cierto es que estamos en un momento en el que las cosas no hacen más que empeorar. Creo que esto se debe, en parte, a que Silicon Valley desempeña un papel muy importante en el desarrollo tecnológico en su conjunto y, al estar en EE.UU., está muy poco regulado. Silicon Valley se ha movido de forma casi exclusiva por el lucro. Yo he hablado con gente del sector que reconoce que, en los 2000, su objetivo era desarrollar un buen producto. Pero diez años después el objetivo era crear un producto que pueda comprar Google y hacerlos a todos ricos. El sector tecnológico se ha visto distorsionado por el funcionamiento que tiene el mercado y las finanzas en Silicon Valley. Mucha gente se ha dado cuenta: cuando comparas el internet de ahora con el de hace veinte años, te das cuenta de que el actual es peor. Las empresas se centran más en satisfacer a sus accionistas que a sus usuarios. Creo que la forma en que la tecnología se ha entrelazado con el capitalismo se ha vuelto muy perjudicial, y que las posibilidades positivas que ofrece la tecnología serán cada vez más difíciles de alcanzar. Todo eso ha contribuido a que mi visión de la tecnología sea cada vez más negativa.
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—Como escritor, reflexiona sobre las implicaciones de los avances tecnológicos, y tiene además una sólida formación científica. ¿Echa de menos una mayor cultura científica entre los escritores y humanistas?
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—Creo que, en general, los humanistas entienden mejor la ciencia que la mayoría de los ingenieros entienden las humanidades. Creo que ese es, en cierto modo, el gran problema al que nos enfrentamos: que la gente de Silicon Valley parece ignorar por completo las humanidades. En general, los humanistas entienden lo suficiente de tecnología como para poder opinar sobre ella. La formación humanística te proporciona una base muy amplia para reflexionar sobre muchos temas. Por el contrario, la formación en ingeniería limita mucho las perspectivas de las personas y las inclina a tener una visión muy estrecha centrada en objetivos concretos y soluciones específicas.
«El objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro, sino ayudarnos a reflexionar sobre él»
—Muchos avances científicos aparecieron en la ciencia ficción antes que en la realidad: ¿cree que la literatura modela y orienta nuestro futuro?
—El objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro, sino ayudarnos a reflexionar sobre él. Creo que la ciencia ficción es una forma de narrar historias propia de la época posterior a la revolución industrial. Antes de la revolución industrial, la tecnología se desarrollaba muy lentamente. Durante la mayor parte de la historia, el mundo en el que vivirían los nietos sería muy similar al que vivieron los abuelos. Con la revolución industrial todo eso cambia y las cosas suceden muy rápido. La ciencia ficción es el género que se da cuenta de que el futuro no se parecerá al pasado, y nos ayuda a hacer experimentos mentales utilizando el futuro como escenario. Es un género en el que se crea un mundo en el que las cosas son diferentes, y por eso es una forma útil de simular posibles escenarios y alternativas cuando hay quien dice que la situación actual es la única posible.
—En buena parte de sus obras se aprecia una preocupación religiosa.
—Aunque no soy religioso, siento una genuina curiosidad por cómo ven el mundo las personas que sí lo son. En el pasado nadie creía que hubiera contradicción entre ser científico y ser creyente. En la época de Newton, los científicos estudiaban el universo porque pensaban que la mejor forma de acercarse a Dios era comprender el universo que había creado. Cuando hacían un descubrimiento lo sentían como una experiencia religiosa. Muchos científicos contemporáneos son ateos, pero sienten ese asombro ante un descubrimiento importante. Hay algo muy similar entre el asombro científico y el religioso. Como ateo, ese asombro ante la comprensión del universo es lo que más me interesa, y me hace sentir que tal vez no esté tan lejos de las personas religiosas. Se trata, al final, de la conciencia de que existe un orden en el universo.
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