Abría Cazarrata la concurso. Con ese nombre resulta imposible no retrotraernos diez años al demonio que echó esta misma ganadería en este mismo escenario. Casualmente, ese día estuvo también anunciado Venegas , que se las vio con otro satillo imposible, aunque no el histórico, lidiado por Sánchez Vara. En esta ocasión, poco tuvo que ver este primero con su tocayo. Principalmente, porque fue un toro con posibilidades con el que tocó pelo el jienense sin sudar tinta china. Cuatro veces hubo que ponerlo al caballo, pero no por bravo: queriéndose quitar la puya acudió el primero al primer encuentro; segundo y tercero fue remolón, saliendo por patas al sentir el acero; sujetándolo bien Iturralde en el cuarto. El resto de tiempo, se dedicó a buscar las tablas el cardenito, siendo un manso encastado, que quería todo por abajo, como se vio en el inicio de José Carlos, doblándose con él. No siempre recetó esto el torero, pero sí tuvieron emoción las ocasiones en las que lo logró, llegando así los mejores pasajes de una faena demasiado larga y desigual. Antes de comenzar la vuelta al ruedo con la oreja, pidió el torero la cabeza de este Cazarrata.Y ese fue el único trofeo de la tarde, aunque cerquita de cortar otro estuvo Fonseca con el quinto, declarado el mejor toro del festejo a la postre. Ya lo toreó bien de capa un decidido torero, que lo lució en el primer tercio. ¡Con qué alegría iba Imaginario al caballo! En el primero se dejó, pero largo fue en los dos siguientes, pidiendo el público un cuarto, que le costó algo más al astado, aunque no perdió las ganas de embestir al peto con una fijeza increíble. Sobre la cabalgadura estaba Borja Lorente, equilibrado en su acción: dos puyazos malos -primero (tapándole la salida) y tercero (clavando el hierro en un sitio muy feo y muy bajo)- y otros dos buenos, especialmente el cuarto, en el que se redimió, siendo premiado al finalizar el festejo como el mejor picador del mismo. Bueno… tampoco había mucho donde elegir en ese aspecto. Por terminar el tema de los triunfadores, Raúl Ruiz se alzó como mejor brega, y la verdad es que lo bordó en este quinto, donde estuvo cumbre. El animal continuaba galopando, aunque necesitaba sus descansos porque la lidia había sido muy exigente. Como también lo fue le inicio por bajo de Isaac, tan profundo como demoledor para este animal, que se vino abajo muy rápido. Pero por la zurda aún le quedaba algo por decir, yendo a la mexicana en la templada muleta que le presentaba un vertical moreliano, que hizo rugir a la Monumental. Midió bien los tiempos de la faena, y cogió la espada en el momento oportuno, sin alargar lo que el buen Imaginado ya no le podía dar. Eran imponentes las dos velas entre las que tenía que pasar el torero en la suerte suprema. Y, por desgracia, hasta en tres ocasiones tuvo que tirarse, perdiendo así la oreja que tan bien se había ganado. Si hubiera metido la estocada que le dejó al segundo, otro gallo le hubiera cantado. Qué bien hizo la ejecución, y qué bien cayó la espada. Por desgracia, poco pudo hacer con esa pintura. Guapo como él solo el de Partido de Resina, ya salió desentendidillo y sin mucha gracia. Tres veces lo puso el mexicano en el caballo, picando Héctor Vicente las tres traserísimo, lo que a buen seguro no ayudó en la condición de un toro que no humilló un solo segundo, amén de no tener ni recorrido ni fuerza, pese a los intentos de Fonseca de agradar. Qué malo fue el cuarto, un toro de Conde de la Corte que ni pasaba en el capote, ni quería saber mucho del varilarguero, esperaba en banderillas… «Tiene cara de viejo», comentaban las cuadrillas por la mañana. Cara y comportamiento. Parecía que le costara andar. Pero no por falta de fuerza, que se las guardaba todas. Medía a Venegas a cada paso, no tenía recorrido, sólo miraba a tablas. Las Ventas Plaza de toros Monumental de Las Ventas Domingo, 27 de septiembre de 2026. Entrada: 8.634 espectadores. Desafío ganadero con toros de Saltillo, Partido de Resina, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán. José Carlos Venegas, de verde y oro. Estocada contraria (oreja). Estocada (silencio). Isaac Fonseca, de fucsia y oro. Estocada (palmas). Pinchazo, metisaca y estocada (saludos). Alejandro Chicharro, de corinto y oro. Pinchazo y estocada corta desprendidilla (silencio). Pinchazo y estocada corta (silencio).Y tampoco fue ninguna maravilla el lote de Chicharro. Parecía que el toro de Castillejo era ‘el fácil’ del encierro. Es verdad que no puso a nadie en grades aprietos, pero no tuvo una sola virtud. Salió del segundo puyazo sangrando una barbaridad, por lo que, con lógica, pidió el madrileño el cambio ante las protestas generales. El único que podría quejarse era el ganadero, porque para que optara al premio, era necesaria esa tercera vara; pero todo indicaba que lo que se dice bravo, no era. Suavito lo bregó un siempre perfecto Iván García e intentó con ese material hacer algo Alejandro. Pero la gente se debía haber quedado deseosa de ese tercer encuentro con el caballo de este ‘torrencial de casta’, que no pasaba, ni tenía fuerzas, ni clase, ni trasmisión, ni humillaba…. Y estaban muy a la contra. Así que cogió el acero, marrando en un primer encuentro en el que Mariscador le hizo hilo, teniendo que tomar el olivo el torero, que cayó de fea manera, sin consecuencias. En el segundo encuentro le hizo un extraño, estando habilidoso el chaval, que metió la mano con un efecto fulminante.Aún con el enfado por lo que se habían perdido en el tercero, cuando salía el sexto, un espectador advirtió a Chicharro: «Venimos a ver los toros». No vaya a ser que nos privara de disfrutar de las ansias de empujar la cabalgadura del cierraplaza, un toro de Valdellán que veía la puya a lo lejos, y pensaba: «Pies, para qué os quiero». Ya salió tardo y sin recorrido, y fue eterno el primer tercio. Daba igual que lo cerraran cada vez más, él siempre era más rápido para correr a los toriles. Picado de aquella manera, pañuelo blanco, dejó dos pedazo pares Iván García -con un toro nada fácil-, y con la montera calada se lo sacó Chicharro. Qué poco tenía que ver este bruto cárdeno con los del primer desafío de septiembre, en especial a ese quinto que lidió Lamelas. Lo citaba el de Miraflores, Huertando escarbaba, y luego o iba al torero o pegaba un gañafón o ni iba, sin bajar la gaita lo más mínimo. Pero se guardaba toda la fuerza. Ya echado, después de sentir el acero, cogió de fea manera al tercero que se acercaba a apuntillarlo, quedando todo en un susto, pero tardando el caer después, porque no se empleó un segundo. Muy deslucido, vaya. Abría Cazarrata la concurso. Con ese nombre resulta imposible no retrotraernos diez años al demonio que echó esta misma ganadería en este mismo escenario. Casualmente, ese día estuvo también anunciado Venegas , que se las vio con otro satillo imposible, aunque no el histórico, lidiado por Sánchez Vara. En esta ocasión, poco tuvo que ver este primero con su tocayo. Principalmente, porque fue un toro con posibilidades con el que tocó pelo el jienense sin sudar tinta china. Cuatro veces hubo que ponerlo al caballo, pero no por bravo: queriéndose quitar la puya acudió el primero al primer encuentro; segundo y tercero fue remolón, saliendo por patas al sentir el acero; sujetándolo bien Iturralde en el cuarto. El resto de tiempo, se dedicó a buscar las tablas el cardenito, siendo un manso encastado, que quería todo por abajo, como se vio en el inicio de José Carlos, doblándose con él. No siempre recetó esto el torero, pero sí tuvieron emoción las ocasiones en las que lo logró, llegando así los mejores pasajes de una faena demasiado larga y desigual. Antes de comenzar la vuelta al ruedo con la oreja, pidió el torero la cabeza de este Cazarrata.Y ese fue el único trofeo de la tarde, aunque cerquita de cortar otro estuvo Fonseca con el quinto, declarado el mejor toro del festejo a la postre. Ya lo toreó bien de capa un decidido torero, que lo lució en el primer tercio. ¡Con qué alegría iba Imaginario al caballo! En el primero se dejó, pero largo fue en los dos siguientes, pidiendo el público un cuarto, que le costó algo más al astado, aunque no perdió las ganas de embestir al peto con una fijeza increíble. Sobre la cabalgadura estaba Borja Lorente, equilibrado en su acción: dos puyazos malos -primero (tapándole la salida) y tercero (clavando el hierro en un sitio muy feo y muy bajo)- y otros dos buenos, especialmente el cuarto, en el que se redimió, siendo premiado al finalizar el festejo como el mejor picador del mismo. Bueno… tampoco había mucho donde elegir en ese aspecto. Por terminar el tema de los triunfadores, Raúl Ruiz se alzó como mejor brega, y la verdad es que lo bordó en este quinto, donde estuvo cumbre. El animal continuaba galopando, aunque necesitaba sus descansos porque la lidia había sido muy exigente. Como también lo fue le inicio por bajo de Isaac, tan profundo como demoledor para este animal, que se vino abajo muy rápido. Pero por la zurda aún le quedaba algo por decir, yendo a la mexicana en la templada muleta que le presentaba un vertical moreliano, que hizo rugir a la Monumental. Midió bien los tiempos de la faena, y cogió la espada en el momento oportuno, sin alargar lo que el buen Imaginado ya no le podía dar. Eran imponentes las dos velas entre las que tenía que pasar el torero en la suerte suprema. Y, por desgracia, hasta en tres ocasiones tuvo que tirarse, perdiendo así la oreja que tan bien se había ganado. Si hubiera metido la estocada que le dejó al segundo, otro gallo le hubiera cantado. Qué bien hizo la ejecución, y qué bien cayó la espada. Por desgracia, poco pudo hacer con esa pintura. Guapo como él solo el de Partido de Resina, ya salió desentendidillo y sin mucha gracia. Tres veces lo puso el mexicano en el caballo, picando Héctor Vicente las tres traserísimo, lo que a buen seguro no ayudó en la condición de un toro que no humilló un solo segundo, amén de no tener ni recorrido ni fuerza, pese a los intentos de Fonseca de agradar. Qué malo fue el cuarto, un toro de Conde de la Corte que ni pasaba en el capote, ni quería saber mucho del varilarguero, esperaba en banderillas… «Tiene cara de viejo», comentaban las cuadrillas por la mañana. Cara y comportamiento. Parecía que le costara andar. Pero no por falta de fuerza, que se las guardaba todas. Medía a Venegas a cada paso, no tenía recorrido, sólo miraba a tablas. Las Ventas Plaza de toros Monumental de Las Ventas Domingo, 27 de septiembre de 2026. Entrada: 8.634 espectadores. Desafío ganadero con toros de Saltillo, Partido de Resina, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán. José Carlos Venegas, de verde y oro. Estocada contraria (oreja). Estocada (silencio). Isaac Fonseca, de fucsia y oro. Estocada (palmas). Pinchazo, metisaca y estocada (saludos). Alejandro Chicharro, de corinto y oro. Pinchazo y estocada corta desprendidilla (silencio). Pinchazo y estocada corta (silencio).Y tampoco fue ninguna maravilla el lote de Chicharro. Parecía que el toro de Castillejo era ‘el fácil’ del encierro. Es verdad que no puso a nadie en grades aprietos, pero no tuvo una sola virtud. Salió del segundo puyazo sangrando una barbaridad, por lo que, con lógica, pidió el madrileño el cambio ante las protestas generales. El único que podría quejarse era el ganadero, porque para que optara al premio, era necesaria esa tercera vara; pero todo indicaba que lo que se dice bravo, no era. Suavito lo bregó un siempre perfecto Iván García e intentó con ese material hacer algo Alejandro. Pero la gente se debía haber quedado deseosa de ese tercer encuentro con el caballo de este ‘torrencial de casta’, que no pasaba, ni tenía fuerzas, ni clase, ni trasmisión, ni humillaba…. Y estaban muy a la contra. Así que cogió el acero, marrando en un primer encuentro en el que Mariscador le hizo hilo, teniendo que tomar el olivo el torero, que cayó de fea manera, sin consecuencias. En el segundo encuentro le hizo un extraño, estando habilidoso el chaval, que metió la mano con un efecto fulminante.Aún con el enfado por lo que se habían perdido en el tercero, cuando salía el sexto, un espectador advirtió a Chicharro: «Venimos a ver los toros». No vaya a ser que nos privara de disfrutar de las ansias de empujar la cabalgadura del cierraplaza, un toro de Valdellán que veía la puya a lo lejos, y pensaba: «Pies, para qué os quiero». Ya salió tardo y sin recorrido, y fue eterno el primer tercio. Daba igual que lo cerraran cada vez más, él siempre era más rápido para correr a los toriles. Picado de aquella manera, pañuelo blanco, dejó dos pedazo pares Iván García -con un toro nada fácil-, y con la montera calada se lo sacó Chicharro. Qué poco tenía que ver este bruto cárdeno con los del primer desafío de septiembre, en especial a ese quinto que lidió Lamelas. Lo citaba el de Miraflores, Huertando escarbaba, y luego o iba al torero o pegaba un gañafón o ni iba, sin bajar la gaita lo más mínimo. Pero se guardaba toda la fuerza. Ya echado, después de sentir el acero, cogió de fea manera al tercero que se acercaba a apuntillarlo, quedando todo en un susto, pero tardando el caer después, porque no se empleó un segundo. Muy deslucido, vaya.
Abría Cazarrata la concurso. Con ese nombre resulta imposible no retrotraernos diez años al demonio que echó está misma ganadería en este mismo escenario. Casualmente, ese día estuvo también anunciado Venegas, que se las vio con otro satillo imposible, aunque no el histórico, lidiado … por Sánchez Vara. En esta ocasión, poco tuvo que ver este primero con su tocayo. Principalmente, porque fue un toro con posibilidades con el que tocó pelo el jienense sin sudar tinta china. Cuatro veces hubo que ponerlo al caballo, pero no por bravo: queriéndose quitar la puya acudió el primero al primer encuentro; segundo y tercero fue remolón, saliendo por patas al sentir el acero; sujetándolo bien Iturralde en el cuarto. El resto de tiempo, se dedicó a buscar las tablas el cardenito, siendo un manso encastado, que quería todo por abajo, como se vio en el inicio de José Carlos, doblándose con él. No siempre recetó esto el torero, pero sí tuvieron emoción las ocasiones en las que lo legró, llegando así los mejores pasajes de una faena demasiado larga y desigual. Antes de comenzar la vuelta al ruedo con la oreja, pidió el torero la cabeza de este Cazarrata.
Y ese fue el único trofeo de la tarde, aunque cerquita de cortar otro estuvo Fonseca con el quinto, declarado el mejor toro del festejo a la postre. Ya lo toreó bien de capa un decidido torero, que lo lució en el primer tercio. ¡Con qué alegría iba Imaginario al caballo! En el primero se dejó, pero largo fue en los dos siguientes, pidiendo el público un cuarto, que le costó algo más al astado, aunque no perdió las ganas de embestir al peto con una fijeza increíble. Sobre la cabalgadura estaba Borja Lorente, equilibrado en su acción: dos puyazos malos -primero (tapándole la salida) y tercero (clavando el hierro en un sitio muy feo y muy bajo)- y otros dos buenos, especialmente el cuarto, en el que se redimió, siendo premiado al finalizar el festejo como el mejor picador del mismo. Bueno… tampoco había mucho donde elegir en ese aspecto.
Por terminar el tema de los triunfadores, Raúl Ruiz se alzó como mejor brega, y la verdad es que lo bordó en este quinto, donde estuvo cumbre. El animal continuaba galopando, aunque necesitaba sus descansos porque la lidia había sido muy exigente. Como también lo fue le inicio por bajo de Isaac, tan profundo como demoledor para este animal, que se vino abajo muy rápido. Pero por la zurda aún le quedaba algo por decir, yendo a la mexicana en la templada muleta que le presentaba un vertical moreliano, que hizo rugir a la Monumental. Midió bien los tiempos de la faena, y cogió la espada en el momento oportuno, sin alargar lo que el buen Imaginado ya no le podía dar. Eran imponentes las dos velas entre las que tenía que pasar el torero en la suerte suprema. Y, por desgracia, hasta en tres ocasiones tuvo que tirarse, perdiendo así la oreja que tan bien se había ganado.
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Si hubiera metido la estocada que le dejó al segundo, otro gallo le hubiera cantado. Qué bien hizo la ejecución, y qué bien cayó la espada. Por desgracia, poco pudo hacer con esa pintura. Guapo como él solo el de Partido de Resina, ya salió desentendidillo y sin mucha gracia. Tres veces lo puso el mexicano en el caballo, picando Héctor Vicente las tres traserísimo, lo que a buen seguro no ayudó en la condición de un toro que no humilló un solo segundo, amén de no tener ni recorrido ni fuerza, pese a los intentos de Fonseca de agradar.
Qué malo fue el cuarto, un toro de Conde de la Corte que ni pasaba en el capote, ni quería saber mucho del varilarguero, esperaba en banderillas… «Tiene cara de viejo», comentaban las cuadrillas por la mañana. Cara y comportamiento. Parecía que le costara andar. Pero no por falta de fuerza, que se las guardaba todas. Medía a Venegas a cada paso, no tenía recorrido, sólo miraba a tablas.
Las Ventas
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Plaza de toros Monumental de Las Ventas
Domingo, 27 de septiembre de 2026. Entrada: 8.634 espectadores. Desafío ganadero con toros de Saltillo, Partido de Resina, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán.
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José Carlos Venegas,
de verde y oro. Estocada contraria (oreja). Estocada (silencio). -
Isaac Fonseca,
de fucsia y oro. Estocada (palmas). Pinchazo, metisaca y estocada (saludos). -
Alejandro Chicharro,
de corinto y oro. Pinchazo y estocada corta desprendidilla (silencio). Pinchazo y estocada corta (silencio).
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Y tampoco fue ninguna maravilla el lote de Chicharro. Parecía que el toro de Castillejo era ‘el fácil’ del encierro. Es verdad que no puso a nadie en grades aprietos, pero no tuvo una sola virtud. Salió del segundo puyazo sangrando una barbaridad, por lo que, con lógica, pidió el madrileño el cambio ante las protestas generales. El único que podría quejarse era el ganadero, porque para que optara al premio, era necesaria esa tercera vara; pero todo indicaba que lo que se dice bravo, no era. Suavito lo bregó un siempre perfecto Iván García e intentó con ese material hacer algo Alejandro. Pero la gente se debía haber quedado deseosa de ese tercer encuentro con el caballo de este torrencial de casta, que no pasaba, ni tenía fuerzas, ni clase, ni trasmisión, ni humillaba…. Y estaban muy a la contra. Así que cogió el acero, marrando en un primer encuentro en el que Mariscador le hizo hilo, teniendo que tomar el olivo el torero, que cayó de fea manera, sin consecuencias. En el segundo encuentro le hizo un extraño, estando habilidoso el chaval, que metió la mano con un efecto fulminante.
Aún con el enfado por lo que se habían perdido en el tercero, cuando salía el sexto, un espectador advirtió a Chicharro: «Venimos a ver los toros». No vaya a ser que nos privara de disfrutar de las ansias de empujar la cabalgadura del cierraplaza, un toro de Valdellán que veía la puya a lo lejos, y pensaba: «Pies, para qué os quiero». Ya salió tardo y sin recorrido, y fue eterno el primer tercio. Daba igual que lo cerraran cada vez más, él siempre era más rápido para correr a los toriles. Picado de aquella manera, pañuelo blanco, dejó dos pedazo pares Iván García -con un toro nada fácil-, y con la montera calada se lo sacó Chicharro. Qué poco tenía que ver este bruto cárdeno con los del primer desafío de septiembre, en especial a ese quinto que lidió Lamelas. Lo citaba el de Miraflores, Huertando escarbaba, y luego o iba al torero o pegaba un gañafón o ni iba, sin bajar la gaita lo más mínimo. Pero se guardaba toda la fuerza. Ya echado, después de sentir el acero, cogió de fea manera al tercero que se acercaba a apuntillarlo, quedando todo en un susto, pero tardando el caer después, porque no se empleó un segundo. Muy deslucido, vaya.
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