Hace un par de meses, Manolo Solo estuvo en Cannes con la película portuguesa ‘Aquí’, de Tiago Guedes , en la que creaba un personaje perfectamente hilvanado con sus mejores virtudes como actor, la seriedad discreta, el humor escondido entre los gestos de su rostro, la voz segura e impregnada de segundas lecturas, la mirada franca a la cámara, probablemente a la vida, y una sensación de entrega de dignidad a cualquiera de sus personajes, ganadores, perdedores, infortunados… ‘Aquí’ es una película trabajada casi enteramente por él, por Simon, un hombre que no es padre, pero merece serlo . Es su última película, pues lo abrupto de su madrugadora muerte lo saca definitivamente del plano.Ha dejado mucha interpretación, mucho cine y algún recuerdo en él completamente imborrable, y aquí, con el permiso de tantos otros, vamos a traer su momento imperecedero: Miguel Garay, director de cine colapsado, en una noche de bohío y playa levantina, con una guitarra y una canción, ‘ My Rifle, My Pony and Me’ , es una escena mágica y desoladora de la última película de Víctor Erice, ‘Cerrar los ojos’ , una obra maestra que se permite el instante glorioso de hacernos olvidar (o recordar) a Dean Martin y Ricky Nelson en ‘Río Bravo’.Es imposible no recordar a ese triste profesor de geografía que encuentra una quinta portuguesa o incluso al sobrio Gutiérrez Mellado de la ‘Anatomía de un instante’, pero en esos o en cualquiera de sus otros grandes personajes, Manolo Solo es ya para la historia el hombre que rasga la guitarra y canta ‘My Rifle, My Pony and Me’ mientras que John Wayne lo mira con asombro y devoción en el interior de esa celda que custodia Walter Brennan. Hace un par de meses, Manolo Solo estuvo en Cannes con la película portuguesa ‘Aquí’, de Tiago Guedes , en la que creaba un personaje perfectamente hilvanado con sus mejores virtudes como actor, la seriedad discreta, el humor escondido entre los gestos de su rostro, la voz segura e impregnada de segundas lecturas, la mirada franca a la cámara, probablemente a la vida, y una sensación de entrega de dignidad a cualquiera de sus personajes, ganadores, perdedores, infortunados… ‘Aquí’ es una película trabajada casi enteramente por él, por Simon, un hombre que no es padre, pero merece serlo . Es su última película, pues lo abrupto de su madrugadora muerte lo saca definitivamente del plano.Ha dejado mucha interpretación, mucho cine y algún recuerdo en él completamente imborrable, y aquí, con el permiso de tantos otros, vamos a traer su momento imperecedero: Miguel Garay, director de cine colapsado, en una noche de bohío y playa levantina, con una guitarra y una canción, ‘ My Rifle, My Pony and Me’ , es una escena mágica y desoladora de la última película de Víctor Erice, ‘Cerrar los ojos’ , una obra maestra que se permite el instante glorioso de hacernos olvidar (o recordar) a Dean Martin y Ricky Nelson en ‘Río Bravo’.Es imposible no recordar a ese triste profesor de geografía que encuentra una quinta portuguesa o incluso al sobrio Gutiérrez Mellado de la ‘Anatomía de un instante’, pero en esos o en cualquiera de sus otros grandes personajes, Manolo Solo es ya para la historia el hombre que rasga la guitarra y canta ‘My Rifle, My Pony and Me’ mientras que John Wayne lo mira con asombro y devoción en el interior de esa celda que custodia Walter Brennan.

Hace un par de meses, Manolo Solo estuvo en Cannes con la película portuguesa ‘Aquí’, de Tiago Guedes, en la que creaba un personaje perfectamente hilvanado con sus mejores virtudes como actor, la seriedad discreta, el humor escondido entre los gestos de su rostro, … la voz segura e impregnada de segundas lecturas, la mirada franca a la cámara, probablemente a la vida, y una sensación de entrega de dignidad a cualquiera de sus personajes, ganadores, perdedores, infortunados… ‘Aquí’ es una película trabajada casi enteramente por él, por Simon, un hombre que no es padre, pero merece serlo. Es su última película, pues lo abrupto de su madrugadora muerte lo saca definitivamente del plano.
Ha dejado mucha interpretación, mucho cine y algún recuerdo en él completamente imborrable, y aquí, con el permiso de tantos otros, vamos a traer su momento imperecedero: Miguel Garay, director de cine colapsado, en una noche de bohío y playa levantina, con una guitarra y una canción, ‘My Rifle, My Pony and Me’, es una escena mágica y desoladora de la última película de Víctor Erice, ‘Cerrar los ojos’, una obra maestra que se permite el instante glorioso de hacernos olvidar (o recordar) a Dean Martin y Ricky Nelson en ‘Río Bravo’.
Es imposible no recordar a ese triste profesor de geografía que encuentra una quinta portuguesa o incluso al sobrio Gutiérrez Mellado de la ‘Anatomía de un instante’, pero en esos o en cualquiera de sus otros grandes personajes, Manolo Solo es ya para la historia el hombre que rasga la guitarra y canta ‘My Rifle, My Pony and Me’ mientras que John Wayne lo mira con asombro y devoción en el interior de esa celda que custodia Walter Brennan.
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