Bajo la era del Hollywood infantilizador y carente de ideas originales, la unión de un tipo como David Robert Mitchell (‘ It Follows ‘, ‘ Lo que esconde Silver Lake ‘) con J. J. Abrams (‘Perdidos’…) para rodar este ‘El final de Oak Street’ auguraba algo parecido a un aire fresco para la cartelera veraniega. Unos cines donde dominan la enésima cinta de Spider-man (18 películas sobre el hombre araña desde 2002) y la adaptación de Christopher Nolan de un clásico universal como es ‘ La odisea ‘. Pero David Robert Mitchell no rompe nada: se queda en la superficie de una historia de aventuras donde hasta lo original, los dinosaurios deambulando por un barrio pijo, podrían estar en la calle Oak o en un parque de atracciones con las vallas sin electrificar.La premisa es menos profunda que la huella de un tiranosaurio rex: un extraño accidente espacio temporal –que ni se explica ni se justifica– arranca de cuajo a un vecindario y lo trasplantan en la era jurásica. Comienza ahí una película de aventuras donde lo mejor es ver a Anne Hathaway en modo superheroína y a Ewan McGregor con aires de pardillo. Teje Mitchell con inteligencia y sutilezas las relaciones familiares de madre-hija y padre-hijo, con ellas como las que manejan la situación ante la inoperancia de ellos. Y como esto juega a ser una película veraniega, hay mucho humor, algún toque sangriento siempre desde la larga distancia y mucha emoción familiar. Como si se hubieran empeñado en replicar todo lo que hacía Spielberg en sus taquillazos de peripecias familiares. Aunque también esto podría ser un ‘ Cariño, he encogido a los niños ‘ con dinosaurios en lugar de hormigas. Domeñado por la presión de un estudio, o por una vocación de llegar a más gente, o por lo que le haya dado la gana, lo cierto es que David Robert Mitchell no lanza tantas ideas como en ‘Lo que esconde Silver Lake’ ni juega con una premisa tan evocadora como la de ‘It Follows’. Sí demuestra mano en alguna secuencia fluidísima y en la capacidad de diseñar media docena de huidas originales y poco vistas. Y se agradece la decisión de enseñar a los bichos ya desde el tráiler y el cartel, porque el misterio de lo que pasa ni interesa al director, ni intriga a los personajes, ni hace falta al espectador. Fotogramas de ‘El final de Oak Street’El destino final de la calle Oak, llena de viviendas unifamiliares y vecinos variopintos, es una película para gozar del aire acondicionado de las salas en pleno agosto y en la que la pareja Hathaway-McGregor justifica el precio de la entrada. Bajo la era del Hollywood infantilizador y carente de ideas originales, la unión de un tipo como David Robert Mitchell (‘ It Follows ‘, ‘ Lo que esconde Silver Lake ‘) con J. J. Abrams (‘Perdidos’…) para rodar este ‘El final de Oak Street’ auguraba algo parecido a un aire fresco para la cartelera veraniega. Unos cines donde dominan la enésima cinta de Spider-man (18 películas sobre el hombre araña desde 2002) y la adaptación de Christopher Nolan de un clásico universal como es ‘ La odisea ‘. Pero David Robert Mitchell no rompe nada: se queda en la superficie de una historia de aventuras donde hasta lo original, los dinosaurios deambulando por un barrio pijo, podrían estar en la calle Oak o en un parque de atracciones con las vallas sin electrificar.La premisa es menos profunda que la huella de un tiranosaurio rex: un extraño accidente espacio temporal –que ni se explica ni se justifica– arranca de cuajo a un vecindario y lo trasplantan en la era jurásica. Comienza ahí una película de aventuras donde lo mejor es ver a Anne Hathaway en modo superheroína y a Ewan McGregor con aires de pardillo. Teje Mitchell con inteligencia y sutilezas las relaciones familiares de madre-hija y padre-hijo, con ellas como las que manejan la situación ante la inoperancia de ellos. Y como esto juega a ser una película veraniega, hay mucho humor, algún toque sangriento siempre desde la larga distancia y mucha emoción familiar. Como si se hubieran empeñado en replicar todo lo que hacía Spielberg en sus taquillazos de peripecias familiares. Aunque también esto podría ser un ‘ Cariño, he encogido a los niños ‘ con dinosaurios en lugar de hormigas. Domeñado por la presión de un estudio, o por una vocación de llegar a más gente, o por lo que le haya dado la gana, lo cierto es que David Robert Mitchell no lanza tantas ideas como en ‘Lo que esconde Silver Lake’ ni juega con una premisa tan evocadora como la de ‘It Follows’. Sí demuestra mano en alguna secuencia fluidísima y en la capacidad de diseñar media docena de huidas originales y poco vistas. Y se agradece la decisión de enseñar a los bichos ya desde el tráiler y el cartel, porque el misterio de lo que pasa ni interesa al director, ni intriga a los personajes, ni hace falta al espectador. Fotogramas de ‘El final de Oak Street’El destino final de la calle Oak, llena de viviendas unifamiliares y vecinos variopintos, es una película para gozar del aire acondicionado de las salas en pleno agosto y en la que la pareja Hathaway-McGregor justifica el precio de la entrada.
Bajo la era del Hollywood infantilizador y carente de ideas originales, la unión de un tipo como David Robert Mitchell (‘It Follows‘, ‘Lo que esconde Silver Lake‘) con J. J. Abrams (‘Perdidos’…) para rodar este ‘El final de Oak Street’ auguraba … algo parecido a un aire fresco para la cartelera veraniega. Unos cines donde dominan la enésima cinta de Spider-man (18 películas sobre el hombre araña desde 2002) y la adaptación de Christopher Nolan de un clásico universal como es ‘La odisea‘. Pero David Robert Mitchell no rompe nada: se queda en la superficie de una historia de aventuras donde hasta lo original, los dinosaurios deambulando por un barrio pijo, podrían estar en la calle Oak o en un parque de atracciones con las vallas sin electrificar.
La premisa es menos profunda que la huella de un tiranosaurio rex: un extraño accidente espacio temporal –que ni se explica ni se justifica– arranca de cuajo a un vecindario y lo trasplantan en la era jurásica. Comienza ahí una película de aventuras donde lo mejor es ver a Anne Hathaway en modo superheroína y a Ewan McGregor con aires de pardillo. Teje Mitchell con inteligencia y sutilezas las relaciones familiares de madre-hija y padre-hijo, con ellas como las que manejan la situación ante la inoperancia de ellos. Y como esto juega a ser una película veraniega, hay mucho humor, algún toque sangriento siempre desde la larga distancia y mucha emoción familiar. Como si se hubieran empeñado en replicar todo lo que hacía Spielberg en sus taquillazos de peripecias familiares. Aunque también esto podría ser un ‘Cariño, he encogido a los niños‘ con dinosaurios en lugar de hormigas.
Domeñado por la presión de un estudio, o por una vocación de llegar a más gente, o por lo que le haya dado la gana, lo cierto es que David Robert Mitchell no lanza tantas ideas como en ‘Lo que esconde Silver Lake’ ni juega con una premisa tan evocadora como la de ‘It Follows’. Sí demuestra mano en alguna secuencia fluidísima y en la capacidad de diseñar media docena de huidas originales y poco vistas. Y se agradece la decisión de enseñar a los bichos ya desde el tráiler y el cartel, porque el misterio de lo que pasa ni interesa al director, ni intriga a los personajes, ni hace falta al espectador.
El destino final de la calle Oak, llena de viviendas unifamiliares y vecinos variopintos, es una película para gozar del aire acondicionado de las salas en pleno agosto y en la que la pareja Hathaway-McGregor justifica el precio de la entrada.
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