Por muy escépticos del sueño americano que podamos ser, la historia de Arnold Schwarzenegger (Thal, Austria, 79 años) desafía los límites de la credibilidad tanto como sus películas más exageradas. Que el destino de Hollywood o de la cuarta economía del planeta (el Estado de California, por sí solo) lo haya marcado, durante décadas, un fibroso aldeano austriaco criado entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial nos parecería improbable si no tuviésemos tan naturalizada la existencia del actor y exgobernador, integrado en el paisaje de nuestro imaginario con la misma sorprendente ligereza con la que todo el mundo sabe pronunciar su apellido. Schwarzenegger es una de esas figuras para las que parece haberse inventado la expresión “más grande que la vida”: por la escala de sus logros vitales, de su cine o de su propia corporalidad, 1,88 metros de músculos cincelados cual estatua griega.
La editorial Taschen publica ‘Arnold’, un volumen que, con la colaboración del actor, culturista y exgobernador de California, reúne las mejores imágenes de una vida más allá de los límites de lo verosímil
Por muy escépticos del sueño americano que podamos ser, la historia de Arnold Schwarzenegger (Thal, Austria, 79 años) desafía los límites de la credibilidad tanto como sus películas más exageradas. Que el destino de Hollywood o de la cuarta economía del planeta (el Estado de California, por sí solo) lo haya marcado, durante décadas, un fibroso aldeano austriaco criado entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial nos parecería improbable si no tuviésemos tan naturalizada la existencia del actor y exgobernador, integrado en el paisaje de nuestro imaginario con la misma sorprendente ligereza con la que todo el mundo sabe pronunciar su apellido. Schwarzenegger es una de esas figuras para las que parece haberse inventado la expresión “más grande que la vida”: por la escala de sus logros vitales, de su cine o de su propia corporalidad, 1,88 metros de músculos cincelados cual estatua griega.
No sorprende, por tanto, que el compendio de su vida en imágenes que ha publicado la prestigiosa editorial alemana Taschen sea un libro de cinco kilos, formato XL (26,7 x 37,4 cm) y más de 500 páginas, con retratos a cargo de firmas como Annie Leibovitz, Andy Warhol o Robert Mapplethorpe, ahora en edición especial. Si fuera una lectura de bolsillo apta para la playa, sería una traición. De su coordinación se ha encargado Dian Hanson (Seattle, EE UU, 74 años), que entre 2012 y 2023 ha trabajado codo con codo junto a Schwarzenegger para seleccionar las fotografías que conforman el volumen, entre imágenes de toda su carrera, material de su archivo personal y fotogramas de sus películas. Para la ocasión, también ha llevado a cabo una serie de entrevistas con la estrella y su círculo.
“Cuando el mundo conoció a Arnold, todos querían un pedazo de él, fotografiarlo y entrevistarlo. Era divertido, carismático, inteligente y eso hizo que los músculos se empezaran a ver con otros ojos, lo que desató toda la moda del culturismo de los ochenta”, recuerda Hanson a ICON por videollamada. “Nos conocimos en 1981. Trabajaba para una revista en Nueva York y me enviaron a cubrir el concurso de Mr. Olympia [la máxima competición de culturismo, de la que Schwarzenegger es siete veces campeón]. Él ya no competía, era juez, y nos hicimos una foto entre bastidores. Me rodeó con el brazo para la foto, me giré, lo miré y me impresionó su piel increíblemente perfecta, su rostro, todo su cuerpo…”. La editora asegura que, cada día desde entonces, ha practicado levantamiento de peso inspirada por la epifanía de aquel primer encuentro con el roble austriaco.

Hanson había coordinado para Taschen otros libros sobre arte fantástico y, en particular, la obra del ilustrador Frank Frazetta, de cuyo mundo, no en vano, Schwarzenegger parece un personaje en movimiento: Frazetta dibujó las más célebres portadas de los libros de Conan el Bárbaro, la saga que le consolidó como estrella de cine. Antes de marcar una época en el género de acción de Hollywood, sus esfuerzos físicos expandieron los horizontes del culturismo. “Joe Weider [el creador de Mr. Olympia] y su hermano Ben dijeron que Arnold hizo que el culturismo se volviera heterosexual. Hasta ese momento, sus revistas se consideraban para hombres gais, los únicos que querían ver a tíos así, con ropa interior ajustada y embadurnados en aceite. Pero de Arnold, que era todo un mujeriego, empezaron a publicarse artículos sobre su atractivo sexual, o sobre cómo parecerse a él para ser más sexy. De repente, se convirtió en una moda para ligar con mujeres”.
La autoconsciencia de Schwarzenegger hizo el resto. Sin ir más lejos, la biografía que el intérprete publicó en 2012, Desafío total: Mi increíble historia (Ediciones Martínez Roca), estaba plagada de ironía homoerótica, desde la descripción del desconcierto que provocaba en su familia, en la Austria rural de los sesenta, su particular objeto de interés. “Había colgado fotografías de hombres musculosos en casi toda la pared detrás de mi cama”, escribía Schwarzenegger en el libro. “Había boxeadores, luchadores profesionales, levantadores de pesas y levantadores de potencia. Pero más que todo había culturistas posando. Estaba orgulloso. Las dispuse de tal manera que quedaban muy bien, pero eso dejó a mi madre muy preocupada”. En 2016, en un tono distinto, confesó que su padre le había pegado por creer que era gay. netflix

Durante la entrevista, a espaldas de Dian Hanson asoma un expositor de cartón de Junior (1994), la comedia donde Schwarzenegger se quedaba embarazado como parte de un experimento científico. Orgullosa, afirma que lo consiguió por 14 dólares en eBay. Una ganga. “Cuando le pregunté por esa película, dijo que nunca dudó en caracterizarse como hombre embarazado o en travestirse [para el tercer acto de Junior, cuando se oculta en una residencia para futuras madres]. Él está muy seguro de su masculinidad, por eso se siente cómodo, sabe reírse de sí mismo y apoya los derechos de los homosexuales. Ahora en Estados Unidos hay hombres preocupados porque la masculinidad está desapareciendo, que creen que todo es woke, cuando lo que les falta a ellos es la masculinidad de Arnold, la comodidad y la tranquilidad de saber quiénes son”.
Cuerpo y mente en construcción
El libro publicado por Taschen pudo verse en la miniserie documental de Netflix de mismo nombre, Arnold (2023), donde el astro repasaba las diferentes fases de su carrera a lo largo de tres capítulos, uno sobre su etapa como culturista, otro sobre su ascenso en la industria del cine y el último dedicado a sus dos legislaturas como gobernador de California, entre 2004 y 2011. A pesar de haber seguido actuando en secuelas de su franquicia más lucrativa, Terminator (1984-2019), Schwarzenegger no ha vuelto a alcanzar en su carrera tardía las cotas de éxito que tuvo antes de entrar en política. Dian Hanson cree que se debe a varios factores: por un lado, su edad, y por otro, que posiblemente una parte del público le diera la espalda por sus posicionamientos republicanos.
En los últimos tiempos, no obstante, su enfrentamiento público con Donald Trump o sus críticas al movimiento antivacunas le han granjeado la enemistad de los sectores más reaccionarios. “Arnold es muy centrista y con los años se ha vuelto más centrista”, asegura la responsable del libro. “No se parece en nada al Partido Republicano que controla el país. Está muy preocupado por el cambio climático e intentó implantar la sanidad universal en California, porque venía de Austria y eso era algo normal para él”. Barack Obama usó como modelo las políticas ambientalistas de Schwarzenegger cuando llegó a la Casa Blanca. El actor, a su vez, aplaudió la legalización de los matrimonios homosexuales en EE UU por parte del presidente demócrata. En redes no le ha asustado exhibir la bandera arcoíris, para disgusto de seguidores recalcitrantes, y sus discursos alertando a los jóvenes del peligro de la ultraderecha –recordando el pasado nazi de su país de nacimiento– han sido aplaudidos internacionalmente.
“Si Arnold hubiera nacido en Estados Unidos, con la postura política que tiene, no hay duda de que a estas alturas ya habría sido elegido presidente. Representa exactamente lo que a todos nos gustaría ver, menos división, más solidaridad, más empatía, más humanidad”, opina Hanson. Ese talante conciliador, que le hizo funcionar como verso suelto dentro del Partido Republicano y gobernar un Estado tradicionalmente demócrata, bebe de la cultura de la familia Kennedy, de la que es ilustre miembro por su matrimonio con Maria Schriver, con quien tiene cuatro hijos y de la que se separó en 2011 y divorció en 2021. Ella le pidió el divorcio cuando descubrió que había tenido otro niño fruto de una infidelidad con una trabajadora doméstica. En su autobiografía, el actor se refirió por primera vez al tema, pidiendo perdón a su familia por el daño causado. “Lo gestionó lo mejor que pudo, como cualquiera podría haber hecho. Ha acogido a ese hijo y lo quiere, se ha dejado ver en público con él y yendo al gimnasio juntos. A sus otros hijos no les hace mucha gracia, pero Arnold se reafirmó en que él debía aparecer en el libro”, cuenta su editora y amiga.

A lo largo de las más de cuatro décadas transcurridas desde que lo conoció, Dian Hanson dice que ha visto a la estrella transformarse y madurar significativamente. “Al principio, era alguien muy egoísta. Salió de Austria y fue a Estados Unidos porque lo veía como el lugar para triunfar. Solo se centraba en sí mismo, en alcanzar sus metas, y nada más le importaba”, recuerda. Sin embargo, desde finales de los ochenta, a partir de que le llamaran para dirigir una actividad orientada a personas con dificultades del desarrollo mediante el levantamiento de peso, ha liderado multitud de proyectos benéficos, tanto a título personal (es presidente honorario de los Juegos Olímpicos Especiales) como a través del Instituto Schwarzenegger. Muchos los sigue desarrollando, afirma la coordinadora de Arnold, “sin ningún tipo de publicidad”.
“Le he visto evolucionar y cambiar porque tiene una cualidad única de examinarlo todo constantemente. Nunca se quedó estancado en ningún periodo de tiempo, como les pasa a muchos. Escucha de verdad a la gente cuando habla, reflexiona y así es como ha cambiado sus opiniones sobre muchas cosas”, explica Hanson. Próximo a los 80 años, el actor y exgobernador se ha mostrado cada vez más propenso a hablar de su vida y su legado en propuestas como las del libro o el documental. “Se ha ido volviendo más introspectivo en estos años, a raíz de la muerte de muchos amigos. Últimamente, ha insistido en que él no es un hombre hecho a sí mismo, sino que todas esas personas que han formado parte de su vida le han hecho a él. Además, tiene un cerdo, un pony y un burro miniatura, y lo primero que hace al levantarse es salir a limpiar los establos, alimentarlos, cepillarlos y dejarlos entrar en casa. Según él, es una vuelta a sus raíces, como si hubiera cerrado el círculo y abrazado al niño pobre de pueblo austriaco que fue”.
Otro cierre de círculo programado es su regreso al papel que le dio la fama con King Conan, tercera entrega de Conan el Bárbaro (1982), en preproducción y con Christopher McQuarrie –responsable de las últimas entregas de Misión imposible– al frente. Otro proyecto largamente soñado por Schwarzenegger era la secuela de Los gemelos golpean dos veces (1988), donde los hermanos interpretados por el austriaco y Danny DeVito descubrirían que tienen un tercer gemelo: Eddie Murphy. Preguntada por esta película, Hanson no cree que vaya a salir adelante debido al fallecimiento de Ivan Reitman, el director original. La editora, residente en California, tiene, en cualquier caso, planes más ambiciosos para el ídolo culturista. “Viendo cómo van las cosas por aquí, muchos pensamos que California debería independizarse. Podríamos seguir adelante, tener una vida mejor y a Arnold como nuestro presidente”.
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