Medio siglo formando toreros, con miles de chavales entrando con el sueño de ser figuras. Algunos lo conseguirían, algunos no, pero lo que aprendieron en esta escuela les ha servido para la vida. Y eso recoge la exposición que durante toda esta Feria de Otoño acogerá la sala Antoñete de Las Ventas , en una muestra comisariada por Covadonga Saiz Bernuy, que se presentó un día antes de que comenzara el último ciclo de la Monumental.Imposible fue no recordar al Yiyo , al que está dedicada una vitrina entera con algunos de sus enseres personales. Para recordar aquella etapa estuvo presente Julián Maestro, que destacó lo bello de esos años, en los que «todo es inocencia, aprender, y parece más fácil dentro de lo difícil que es». También habló de la ilusión que despertaron los príncipes y bromeó sobre el carácter de Martín Arranz: «Los entrenamientos eran muy duros. Solamente aguantar eso ya demostraba que querías ser torero».Tampoco faltó Lucio Sandín, otro príncipe, que entró con trece años «diciendo que quería ser torero, pero con ignorancia absoluta. Aprendí años después lo que significaba ese deseo. Y yo sé quién soy gracias a haber tenido el privilegio de haber entrado en la Escuela Taurina de Madrid». En un principio, cuando los chavales entraban, se les daba un carné de alumno, y el número uno fue a manos de Sandín, como recordó José Luis Ramón en el acto, presentado por otra alumna, como fue Patricia Navarro. El periodista, que también tuvo sus comienzos en el Batán, recordó el romanticismo de aquella primera época, en la que un grupo de banderilleros modestos tuvieron la idea de crear esta escuela, antes de recordar que el apoyo institucional llegó más tarde, gracias a Felipe Díaz Murillo.El que fuera director de la escuela Marcial Lalanda recordó cómo, en aquellos tiempos, «Martín Arranz y Molinero me contaron las penurias de la escuela» y, gracias a su puesto en el Ayuntamiento, logró que Tierno Galván y Álvarez del Manzano unieran fuerzas para subvencionarla. «Eso es algo impensable a día de hoy…», se lamentaba Díaz Murillo. También recalcó que «actualmente los alumnos están en unas condiciones inmejorables, pero en aquella época no», remarcando lo fundamental que era que el consistorio apoyara este proyecto.El exalcalde de Madrid fue una figura clave para la transición de algo privado a la administración: «Yo quería que no solo supieran torear, sino que fueran personas útiles para la sociedad. Llegar a ser maestros, un milagro, pero si no lo conseguían, que les ayudara en otras muchas cosas de la vida», sobre el valor extraordinario que vio desde un inicio que podía tener la escuela.También estaba presente otro director, como lo fue El Fundi, al igual que alumno, formando parte del trío que sucedió a los príncipes del toreo. «Recuerdo mi etapa de alumno con ilusión, pero también con miedo e incertidumbre. Fue algo fundamental para mi carrera», comentaba antes de mencionar que «me fui dos veces de la escuela, diciendo que no quería ser torero». A modo de anécdota contó la primera, explicando que Martín Arranz le dijo que saliera a torear una vaca y que él no quería. «Había que tener más valor para decirle que no a Enrique que para torear», dijo ante las risas de los presentes, en una sala llena hasta el ‘No hay billetes’, con muchos alumnos de la escuela como oyentes, al igual que los actuales profesores.Instantes de la conferencia ABCEn tiempos del que fuera tantos años apoderado de Joselito —también fue el maestro de La Guindalera alumno de la escuela— se rodó la mítica película ‘Tú solo’, en la que salían muchos de los ya mencionados toreros, y un pequeño César del Puerto: «Yo entré con seis años, desde pequeño era consciente de que esto no era un juego, pero todo el mundo me trataba como un niño, y era maravilloso». En uno de los lados se puede ver un vestido chiquitito que llama la atención. Fue el primer vestido de Cesitar, que también se puede ver en la obra de Teo Escamilla.Imposible era no mencionar a Gregorio Sánchez, con el que tanto tiempo compartió el Niño de la Taurina, que tan bien le conocía, ya que había estado bastante tiempo viviendo como si fuera su hijo. Por ello, el de Santa Olalla no estaba siempre en la escuela como tal, pero se empapó desde pequeño de la personalidad de estos hombres «que habían vivido el toro desde la dureza, y te inculcaban eso». Ya de novillero, Carlos mató seis novillos en Madrid, a beneficio de la escuela, en agradecimiento a todo lo que le había aportado. El Madrileño y Rafael González resaltaron también la importancia que la escuela había tenido más allá de lo profesional: «Nos ha servido para movernos en la vida, y ha creado hombres de provecho, más allá de la tauromaquia».Cerró el acto el actual director, Fernando Robleño: «Estar de maestro, habiendo sido alumno, ha sido una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Y estoy muy contento con los resultados que estamos teniendo», explicó antes de decir que los alumnos han toreado doscientos noventa y ocho festejos en lo que va de temporada. Una cifra impactante, que demuestra la gran salud de la institución.Y entre vestidos, recuerdos, capotes y carteles de tantos alumnos que han pasado por el Batán, sin olvidar ese pequeño paréntesis en el que la escuela estuvo en Las Ventas, la Monumental recorre cincuenta años de historia, pero también el alma de un proyecto que, por encima de formar toreros, ha formado personas. Medio siglo formando toreros, con miles de chavales entrando con el sueño de ser figuras. Algunos lo conseguirían, algunos no, pero lo que aprendieron en esta escuela les ha servido para la vida. Y eso recoge la exposición que durante toda esta Feria de Otoño acogerá la sala Antoñete de Las Ventas , en una muestra comisariada por Covadonga Saiz Bernuy, que se presentó un día antes de que comenzara el último ciclo de la Monumental.Imposible fue no recordar al Yiyo , al que está dedicada una vitrina entera con algunos de sus enseres personales. Para recordar aquella etapa estuvo presente Julián Maestro, que destacó lo bello de esos años, en los que «todo es inocencia, aprender, y parece más fácil dentro de lo difícil que es». También habló de la ilusión que despertaron los príncipes y bromeó sobre el carácter de Martín Arranz: «Los entrenamientos eran muy duros. Solamente aguantar eso ya demostraba que querías ser torero».Tampoco faltó Lucio Sandín, otro príncipe, que entró con trece años «diciendo que quería ser torero, pero con ignorancia absoluta. Aprendí años después lo que significaba ese deseo. Y yo sé quién soy gracias a haber tenido el privilegio de haber entrado en la Escuela Taurina de Madrid». En un principio, cuando los chavales entraban, se les daba un carné de alumno, y el número uno fue a manos de Sandín, como recordó José Luis Ramón en el acto, presentado por otra alumna, como fue Patricia Navarro. El periodista, que también tuvo sus comienzos en el Batán, recordó el romanticismo de aquella primera época, en la que un grupo de banderilleros modestos tuvieron la idea de crear esta escuela, antes de recordar que el apoyo institucional llegó más tarde, gracias a Felipe Díaz Murillo.El que fuera director de la escuela Marcial Lalanda recordó cómo, en aquellos tiempos, «Martín Arranz y Molinero me contaron las penurias de la escuela» y, gracias a su puesto en el Ayuntamiento, logró que Tierno Galván y Álvarez del Manzano unieran fuerzas para subvencionarla. «Eso es algo impensable a día de hoy…», se lamentaba Díaz Murillo. También recalcó que «actualmente los alumnos están en unas condiciones inmejorables, pero en aquella época no», remarcando lo fundamental que era que el consistorio apoyara este proyecto.El exalcalde de Madrid fue una figura clave para la transición de algo privado a la administración: «Yo quería que no solo supieran torear, sino que fueran personas útiles para la sociedad. Llegar a ser maestros, un milagro, pero si no lo conseguían, que les ayudara en otras muchas cosas de la vida», sobre el valor extraordinario que vio desde un inicio que podía tener la escuela.También estaba presente otro director, como lo fue El Fundi, al igual que alumno, formando parte del trío que sucedió a los príncipes del toreo. «Recuerdo mi etapa de alumno con ilusión, pero también con miedo e incertidumbre. Fue algo fundamental para mi carrera», comentaba antes de mencionar que «me fui dos veces de la escuela, diciendo que no quería ser torero». A modo de anécdota contó la primera, explicando que Martín Arranz le dijo que saliera a torear una vaca y que él no quería. «Había que tener más valor para decirle que no a Enrique que para torear», dijo ante las risas de los presentes, en una sala llena hasta el ‘No hay billetes’, con muchos alumnos de la escuela como oyentes, al igual que los actuales profesores.Instantes de la conferencia ABCEn tiempos del que fuera tantos años apoderado de Joselito —también fue el maestro de La Guindalera alumno de la escuela— se rodó la mítica película ‘Tú solo’, en la que salían muchos de los ya mencionados toreros, y un pequeño César del Puerto: «Yo entré con seis años, desde pequeño era consciente de que esto no era un juego, pero todo el mundo me trataba como un niño, y era maravilloso». En uno de los lados se puede ver un vestido chiquitito que llama la atención. Fue el primer vestido de Cesitar, que también se puede ver en la obra de Teo Escamilla.Imposible era no mencionar a Gregorio Sánchez, con el que tanto tiempo compartió el Niño de la Taurina, que tan bien le conocía, ya que había estado bastante tiempo viviendo como si fuera su hijo. Por ello, el de Santa Olalla no estaba siempre en la escuela como tal, pero se empapó desde pequeño de la personalidad de estos hombres «que habían vivido el toro desde la dureza, y te inculcaban eso». Ya de novillero, Carlos mató seis novillos en Madrid, a beneficio de la escuela, en agradecimiento a todo lo que le había aportado. El Madrileño y Rafael González resaltaron también la importancia que la escuela había tenido más allá de lo profesional: «Nos ha servido para movernos en la vida, y ha creado hombres de provecho, más allá de la tauromaquia».Cerró el acto el actual director, Fernando Robleño: «Estar de maestro, habiendo sido alumno, ha sido una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Y estoy muy contento con los resultados que estamos teniendo», explicó antes de decir que los alumnos han toreado doscientos noventa y ocho festejos en lo que va de temporada. Una cifra impactante, que demuestra la gran salud de la institución.Y entre vestidos, recuerdos, capotes y carteles de tantos alumnos que han pasado por el Batán, sin olvidar ese pequeño paréntesis en el que la escuela estuvo en Las Ventas, la Monumental recorre cincuenta años de historia, pero también el alma de un proyecto que, por encima de formar toreros, ha formado personas.
Medio siglo formando toreros, con miles de chavales entrando con el sueño de ser figuras. Algunos lo conseguirían, algunos no, pero lo que aprendieron en esta escuela les ha servido para la vida. Y eso recoge la exposición que durante toda esta Feria de … Otoño acogerá la sala Antoñete de Las Ventas, en una muestra comisariada por Covadonga Saiz Bernuy, que se presentó un día antes de que comenzara el último ciclo de la Monumental.
Imposible fue no recordar al Yiyo, al que está dedicada una vitrina entera con algunos de sus enseres personales. Para recordar aquella etapa estuvo presente Julián Maestro, que destacó lo bello de esos años, en los que «todo es inocencia, aprender, y parece más fácil dentro de lo difícil que es». También habló de la ilusión que despertaron los príncipes y bromeó sobre el carácter de Martín Arranz: «Los entrenamientos eran muy duros. Solamente aguantar eso ya demostraba que querías ser torero».
Tampoco faltó Lucio Sandín, otro príncipe, que entró con trece años «diciendo que quería ser torero, pero con ignorancia absoluta. Aprendí años después lo que significaba ese deseo. Y yo sé quién soy gracias a haber tenido el privilegio de haber entrado en la Escuela Taurina de Madrid». En un principio, cuando los chavales entraban, se les daba un carné de alumno, y el número uno fue a manos de Sandín, como recordó José Luis Ramón en el acto, presentado por otra alumna, como fue Patricia Navarro. El periodista, que también tuvo sus comienzos en el Batán, recordó el romanticismo de aquella primera época, en la que un grupo de banderilleros modestos tuvieron la idea de crear esta escuela, antes de recordar que el apoyo institucional llegó más tarde, gracias a Felipe Díaz Murillo.
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El que fuera director de la escuela Marcial Lalanda recordó cómo, en aquellos tiempos, «Martín Arranz y Molinero me contaron las penurias de la escuela» y, gracias a su puesto en el Ayuntamiento, logró que Tierno Galván y Álvarez del Manzano unieran fuerzas para subvencionarla. «Eso es algo impensable a día de hoy…», se lamentaba Díaz Murillo. También recalcó que «actualmente los alumnos están en unas condiciones inmejorables, pero en aquella época no», remarcando lo fundamental que era que el consistorio apoyara este proyecto.
El exalcalde de Madrid fue una figura clave para la transición de algo privado a la administración: «Yo quería que no solo supieran torear, sino que fueran personas útiles para la sociedad. Llegar a ser maestros, un milagro, pero si no lo conseguían, que les ayudara en otras muchas cosas de la vida», sobre el valor extraordinario que vio desde un inicio que podía tener la escuela.
También estaba presente otro director, como lo fue El Fundi, al igual que alumno, formando parte del trío que sucedió a los príncipes del toreo. «Recuerdo mi etapa de alumno con ilusión, pero también con miedo e incertidumbre. Fue algo fundamental para mi carrera», comentaba antes de mencionar que «me fui dos veces de la escuela, diciendo que no quería ser torero». A modo de anécdota contó la primera, explicando que Martín Arranz le dijo que saliera a torear una vaca y que él no quería. «Había que tener más valor para decirle que no a Enrique que para torear», dijo ante las risas de los presentes, en una sala llena hasta el ‘No hay billetes’, con muchos alumnos de la escuela como oyentes, al igual que los actuales profesores.

(ABC)
En tiempos del que fuera tantos años apoderado de Joselito —también fue el maestro de La Guindalera alumno de la escuela— se rodó la mítica película ‘Tú solo’, en la que salían muchos de los ya mencionados toreros, y un pequeño César del Puerto: «Yo entré con seis años, desde pequeño era consciente de que esto no era un juego, pero todo el mundo me trataba como un niño, y era maravilloso». En uno de los lados se puede ver un vestido chiquitito que llama la atención. Fue el primer vestido de Cesitar, que también se puede ver en la obra de Teo Escamilla.
Imposible era no mencionar a Gregorio Sánchez, con el que tanto tiempo compartió el Niño de la Taurina, que tan bien le conocía, ya que había estado bastante tiempo viviendo como si fuera su hijo. Por ello, el de Santa Olalla no estaba siempre en la escuela como tal, pero se empapó desde pequeño de la personalidad de estos hombres «que habían vivido el toro desde la dureza, y te inculcaban eso». Ya de novillero, Carlos mató seis novillos en Madrid, a beneficio de la escuela, en agradecimiento a todo lo que le había aportado. El Madrileño y Rafael González resaltaron también la importancia que la escuela había tenido más allá de lo profesional: «Nos ha servido para movernos en la vida, y ha creado hombres de provecho, más allá de la tauromaquia».
Cerró el acto el actual director, Fernando Robleño: «Estar de maestro, habiendo sido alumno, ha sido una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Y estoy muy contento con los resultados que estamos teniendo», explicó antes de decir que los alumnos han toreado doscientos noventa y ocho festejos en lo que va de temporada. Una cifra impactante, que demuestra la gran salud de la institución.
Y entre vestidos, recuerdos, capotes y carteles de tantos alumnos que han pasado por el Batán, sin olvidar ese pequeño paréntesis en el que la escuela estuvo en Las Ventas, la Monumental recorre cincuenta años de historia, pero también el alma de un proyecto que, por encima de formar toreros, ha formado personas.
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